Álvaro Sobrino. Diseñador gráfico, periodista y editor.
Mantiene una columna en la revista VISUAL, con el nombre de Crónicas de Pseudonimma, donde recoge opiniones de otros y las suyas propias acerca de la actualidad del diseño español.
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6.7.09

Concursos de diseño: en Murcia también cuecen habas

[publicado originariamente en soitu.es, el 6 de julio] Los profesionales del diseño gráfico llevan años luchando por el reconocimiento de su labor en lo que se refiere a los concursos, y muy especialmente en los que convocan entidades públicas. Desde la mayoría de las asociaciones, con mayor o menor beligerancia, se reclaman unas condiciones mínimas para garantizar la equidad en las convocatorias y en los resultados. Con poco éxito, hay que decir. Algunos concursos son especialmente dolorosos para los profesionales. El último, el que convoca la Dirección General de Calidad e Innovación de los Servicios Públicos de la Región de Murcia.

Ya hablamos en su día aquí del concurso para el logo del Colegio de Médicos de la Rioja; es también recordado el caso del repullazo, un concurso para la identidad del Gobierno de España que ganó un tal Repullés, quien presentó el identificativo del Gobierno Alemán cambiando los colores de la bandera.

Esta vez le toca al diseño murciano llevarse el berrinche. Si se quisiera haber hecho peor, no se habría conseguido. La convocatoria (bases, en .pdf) se abre para obtener la Imagen Institucional de la Escuela de Administración Pública para el Plan de Formación del año 2010. [seguir leyendo]

13.2.09

Después de los médicos riojanos, los terapeutas ocupacionales

Lo leo en el de blog de Zen que escribe Nano. Como quiera que él lo relata en términos parecidos a lo que yo podría decir, y con un humor exquisito, para no repetirnos, les invito a darse un garbeo por allí, que merece la pena.

10.2.09

SUMMA,
Premio Nacional de Diseño


Hace unas semanas, hablando de los premios nacionales escribí aquí "se me ocurre en primer lugar SUMMA". No me acordaba, y me lo ha señalado Jordi en los comentarios... pues va a resultar que además soy pitoniso. Yo proponía que se le diera, a ellos y a otros cuantos, el premio de la empresa. Pero les han dado el del diseñador. Bien está. Harían bien en no sacar las uñas cuando se les sugiere que el premio es también un poquito de aquellos cinco visionarios que descubrieron la fórmula: el Mir, Oriol Regás, Enrique Rodríguez, Mario y Claret. Es un premio a la trayectoria. Tenemos una memoria de pez en este país, pero aquella suma fue en los noventa un acontecimiento, un ejemplo admirado y envidiado. Y funcionó. Que evolucionara como lo hizo supongo que era lo lógico. En cualquier caso, enhorabuena a todos los de SUMMA, creo que no es un premio que desmerezca la lista. Y abre una puerta. Si alguien quiere leer más, he escrito una crónica en soitu.

Añadido el 11/2: Quizá me precipité con ese comentario sobre "el ponerse de uñas". He hablado con el Mir y él lo tiene claro, y yo también ahora. No se renuncia a los orígenes ni al papel fundamental de aquellos años y aquellas personas, al contrario. Y lo cierto es que releído suena más fuerte de lo que pretendía. Llevo mucho años defendiendo que quitemos el nombre de los estudios, por respeto a los que trabajan en ellos, como para que ahora sea yo quien dispare contra quien sí lo ha hecho. Dándole la vuelta se puede argumentar: si Josep Maria Mir hubiera puesto su nombre al Summa de hoy, posiblemente le habrían dado el premio igual. Y no estaríamos mareando la perdiz. (Mir: ¡enhorabuena otra vez!).

17.1.09

Autodiseñarse puede ser perjudicial

Lo del logo del colegio de los médicos riojanos ha corrido como la pólvora. Al final han rectificado, y de poder presentarse sólo los médicos, lo abren a todo el mundo. O sea, peor el remedio. He encontrado un post en el blog de Paco Barranco donde hace un ordenado recorrido por el desarrollo de la polémica. Estoy molesto: a otros diseñadores que escribieron protestando les han contestado que el concurso había cambiado y era abierto, y que podían presentarse. Pero a mí no me han contestado. Yo les proponía:

"Quería proponerles que de igual modo, cuando el presidente de ese Colegio necesite operarse de hemorroides, convoquen un concurso entre los diseñadores gráficos. Estaremos encantados de acudir en un buen número y trastearle en la puerta de atrás. Lógicamente, aquel que demuestre mayor pericia y delicadeza podrá realizar la intervención. No guarden temor, los diseñadores estamos perfectamente capacitados para ello. Tanto como sus colegiados para desarrollar la identidad del Colegio".

No tienen sentido del humor.

15.1.09

Médicos de diseño en la Rioja

[publicado originariamente en soitu.es, el 15 de enero]
El colectivo de diseñadores lleva tiempo encendido por la convocatoria de concursos indiscriminados por parte de empresas y organismos. Lo consideran un desprecio a su trabajo, al no pedirse otro requisito que la mayoría de edad, en el mejor de los casos. El Colegio Oficial de Médicos de la Rioja ha convocado un concurso para el diseño de su nuevo logotipo. Esta vez no se trata de un concurso abierto, sólo pueden presentarse los propios médicos. Parece que es la gota que colma el vaso de la paciencia de los profesionales del diseño. [seguir leyendo]

8.12.08

me traigo este párrafo del blog de Xenia:

y digo yo: a la vista de que la Administración pública Española parece menospreciar repetidamente los derechos de los profesionales agrupados bajo el epígrafe 74.10 de la CNAE, adjudicando los trabajos que les son propios a aficionados y a estudiantes, ¿no podría este colectivo emprender una reclamación a la luz de las normas de responsabilidad patrimonial del Estado por la posible lesión de sus derechos profesionales? tal vez sería la forma de explicarles claramente, y en un lenguaje que ellos entienden, que es ilógico que contemplen la posibilidad de confiar el programa de identidad corporativa de un gobierno europeo a un estudiante de arte. es que todo lo demás ya lo hemos hecho y, al fin y al cabo, tenemos en este país una judicatura tan peculiar que es más que probable que encontremos un magistrado que quiera defender una causa así...


Es una visión nueva de un problema que no hemos sido capaces de afrontar. Supongo que no "prosperaría", pero el solo intento de que alguna asociación, alguno de los "centros de diseño" tirara una vez por ese camino abriría un debate. Ya sé que por competencias lo lógico sería que lo hiciera el inoperante col.legi, pero sería tal la sorpresa de que por una vez hicieran lo que se espera de ellos, que prometo que si sucediera les mando un jamón.

20.11.08


anniechristian

Hace unos días escribimos y reseñábamos aquí Edu y yo un artículo en soitu.es sobre el reciente concurso para el logotipo de la Presidencia Europea, convocado entre estudiantes de diseño. Ha suscitado comentarios interesantes, pero me ha llamado la atención uno. Tanto que me lo apropio indebidamente, espero que no se moleste, lo suscribo plenamente y envidio la lucidez con la que afronta el tema. Es de anniechristian, que tiene un blog interesante que sigo desde hace tiempo. Me gustaría escribir tan sintético y preclaro como lo hace ella. Juzga tú mismo:

Cuestión de lógica:

¿Por qué a un estudiante se le llama estudiante? Porque aún está estudiando las habilidades y conocimientos que le convertirán en un profesional. ¿Qué es lo que se encarga? Un trabajo profesional, con su uso, exposición y servicio a un público y un cliente. Eso no quita que un estudiante particular pueda ser superior a un profesional particular, pero bajo esas reglas llegaríamos a conclusiones tremendas en cualquier sector.

Cuestión de normas:

Un diseñador paga a Hacienda unos impuestos al mes por la simple posibilidad de tener derecho a trabajar en su sector, luego la lógica nos dice que todas aquellas personas que no pagan esos impuestos no deberían tener derecho a acceder a los trabajos de ese sector.

Cuestión de responsabilidad:

Si se defiende que estos concursos sean cosa de profesionales, también se está defendiendo a los actuales estudiantes -que ahora creen verse perjudicados por algunas opiniones-, que una vez salgan de las escuelas verán como sus compañeros de posteriores promociones y menos preparados que ellos optarán a trabajos para ellos vedados.

Cuestión de respeto a los estudiantes, estudios y profesores:


Simplemente, considerar que un trabajo que representa al país estará mejor en manos de un estudiante que de un profesional significa negar el valor de los estudios, de los estudiantes y de los profesores y concederlo todo a la potencialidad del estudiante. Si se considera la posibilidad de que los estudiantes de primero de diseño están, en general, capacitados para la correcta realización de un trabajo profesional... ¿qué sentido tienen el resto de cursos? ¿y si lo llevamos al extremo de considerar que un estudiante de primero ya lo es cuando pisa el primer día el aula... el acto de matricularse dota de conocimiento?

Respeto al diseño:

En general, muchos de estos concursos no son más que actos promocionales y que se excusan en una mal entendida idea de democracia. Las bases nada suelen explicar de objetivos, intenciones, usos... el resultado se convierte en un dato: "se han presentado 6.000 propuestas", salen más baratos, por lo que trabajan en contra de la profesión... en fin, en este aspecto hay para dar y tomar.

Y lo dejo, que he tirado un buen ladrillo.


en soitu.es, por anniechristian el 20/11/08 a las 10:34

19.11.08

(publicado originariamente en Soitu.es, el 19 de noviembre)

¿Se dejaría López Garrido operar por un estudiante de medicina?

Un certamen abierto entre estudiantes servirá para elegir el próximo logotipo de la Presidencia española de la Unión Europea. Después de que el concurso para la imagen del Gobierno de España lo ganara un participante que presentó el identificativo del gobierno alemán, llevándose doce mil euros por ello y sin que su propuesta llegara a aplicarse, hay que cuestionar de nuevo que estos concursos indiscriminados sean la fórmula para resolver este tipo de necesidades de diseño.

No aprenden o no tienen memoria. Hace un año, Juan Repullés ganó el concurso para elegir el identificativo del gobierno español, con una propuesta que consistía en cambiar los colores de la bandera del equivalente alemán. Lejos de descalificarle, recibió la dotación y fue llamado a un segundo concurso, éste restringido y remunerado, para buscarle alternativa a su repullazo. (seguir leyendo)

23.9.08


Una más de carteles de fiestas: ha sido en Logroño. Otro plagio, y esta vez por Icono Gráfico, un estudio local establecido, ni aficionados ni estudiantes. Lo de los concursos de carteles es una sangría, cada vez se convocan más y con menos criterio.

1.6.08

En Objectar, Jordi ha hecho el esfuerzo de relacionar las "coincidencias" de premios y miembros del jurado de la última edición de los Laus. No quiero hacer valoraciones, pero sí decir que los datos exigen una reflexión interna, cuando menos. Esto viene sucediendo una veces sí y otras no, en los Laus, en el cedecé, en San Sebastián... no es fácil evitarlo, pero hay que hacer todos los esfuerzos.

27.5.08

¿Quién ha ganado en los Laus?

17.5.08

Cómo diseñar 90 habitaciones de hotel distintas por 33 euros

Otra de concursos. Esta vez se trata de Dormirdecine, un hotel temático sobre cine de noventa habitaciones, en Madrid. El caso es que se convoca un concurso abierto para diseñar una habitación, con un premio de 3.000 euros. Hasta aquí, normal, lo de siempre. Pero el caso es que aunque no ganes, tu trabajo será utilizado para una de las 89 habitaciones restantes, sin contraprestación económica, aunque eso sí, te regalarán unas noches en el hotel. Esto ya no es que sea inmoral, es que roza lo delictivo.
Las propuestas hay que mandarlas a un apartado de correos en Elche, qué sospechoso. Sobretodo porque de momento, y aunque el concurso no ha sido fallado, ya hay algunas habitaciones hechas, una de ellas por el director de arte de un estudio de diseño que pertenece a un grupo de comunicación… de Elche, claro.
A éstas alturas no voy a insistir en la opinión que me merecen los concursos abiertos y no remunerados, pero, y esto es peor, parece que se impone esta nueva fórmula, como apuntaba aquí mismo hace unos días hablando del concurso de Fossil: consiste en quedarse con los derechos de todo lo que se presente, sin pagar por ello. Si los concursos antes eran una mala fórmula porque se especulaba con el trabajo de muchos para utilizar (y pagar) sólo uno, ahora son directamente un mecanismo de obtener diseño sin tener que pagarlo. ¿cuánto costaría contratar el diseño de noventa habitaciones a noventa diseñadores?

12.5.08

4.000 niños serán utilizados para elegir el mejor anuncio en El Chupete

[publicado originariamente en soitu.es, el 12 de mayo]. El Chupete es el Festival Internacional de Comunicación Infantil, y su principal promotor es la Generalitat de la Comunitat Valenciana. Este año celebra su cuarta edición.

La publicidad infantil es un tema delicado. Podríamos pensar que es como el consumo de tabaco o alcohol. Bien está que no se prohiba, pero tampoco hay que fomentarla, y habrá que regularla bien.

Las agencias de publicidad, a través de sus asociaciones, y los fabricantes de juguetes organizan un Festival de Publicidad Infantil "con un marcado objetivo social ante la preocupación por la comunicación dirigida a los más pequeños, con el objetivo de concienciar al sector de la importancia de los mensajes, premiando la comunicación creativa y responsable". Es como poner a los lobos a cuidar de las ovejas. Al final, un Festival no es sino la promoción de un sector y una actividad; Es lícito, pero no lo es tanto pretender esconderlo tras unos objetivos "tan" sociales.
(seguir leyendo)








28.2.08


Fossil

Sirva el concurso de la lata de Fossil como ejemplo.
Hay cientos. Estamos llegando al absurdo. Que alguien pare esto, pronto.
Convocan un concurso para diseñar la lata de sus relojes.
El primer premio consiste en un viaje a Nueva York de cinco días para dos personas, un libro y la "producción a nivel mundial de la lata con el diseño ganador". Quiere decir: no te pago, pero consuélate que voy a producir tu diseño que me sale gratis. Insulta a la inteligencia. Hay diez premios menores en lotes de productos Fossil.
No he podido evitar relacionar esto con la magnífica campaña que Cajamadrid está "echando" por la tele: bien podía haber dicho el señor Fossil que no había premio para el ganador, pero eso sí, un peine para todos los que se presenten.
Hay trampa, porque la votación de los accésits es por internet. Y no se cortan: "Para que tus amigos puedan votar haz click en envía a un amigo". Mejor diseño es el de quien tenga más amigos, o sea más cansino.
Hasta aquí, no deja de ser una e-promoción deleznable, como tantas.
Pero me adentro en la letra pequeña, y comienzan los sudores fríos. Leo en las bases:
Para poder ser elegible para la obtención de un premio que incluya la producción su diseño de una lata (1er puesto), usted cederá todos sus derechos, títulos e intereses en el diseño al Patrocinador. Si no desea cedernos sus derechos, no participe en el Concurso.
¿para qué querrán estos tíos la cesión de TODOS los diseños que se presenten?. ¿Irán a poner una boutique de diseños de segunda mano?. No, la solución está más abajo:
Al participar en el concurso, usted está conforme y acepta que su diseño se muestre en el Sitio Web del patrocinador, sin que le correspondan honorarios u otras formas de compensación y acuerda que el Patrocinador pueda mostrar los diseños en programas promocionales futuros y que podrá conservar y efectuar copias de su diseño según considere oportuno para sus propios objetivos comerciales o promocionales.
Bueno, esto es la bomba, ahora se convocan concursos y ya no es que no paguen nada a los perdedores, sino que se quedan con el material para sus "propios objetivos comerciales o promocionales".
En virtud de las presentes reglas usted acuerda indemnizar y eximir de responsabilidad al Patrocinador y sus subsidiarias, filiales, proveedores, distribuidores, empresas matriz, así como todos los responsables, directores, empleados y agentes de dichas empresas contra cualquier reclamación o causa de demanda originada por la utilización de su diseño, lo cual incluye, sin por ello limitarse, a reclamaciones basadas en infracciones de la propiedad intelectual, privacidad, publicidad u otros daños y perjuicios a personas o propiedades.
O lo que es lo mismo, no te pagan, se quedan con los derechos pero la responsabilidad que pudiera derivarse sigue siendo tuya. Todas las ventajas para ellos, pero tu puedes arruinarte.
He llamado a mi colega Starck y no estaba, le he dejado recado. Si me devuelve la llamada, le voy a pedir que no les diseñe ni un reloj más. Por imbéciles.
Toda la información en http://lata.fossil.com.
Por cierto, el concurso aparece "recomendado" en la web del Col.legi Professional de Disseny gràfic de Catalunya. Y estos son los que se supone que defienden esta profesión...

14.9.07

Primeros de septiembre, cena de diseñadores... tema estrella: el concurso del logo del gobierno. Y surge una nueva palabra para definir aquel diseño que pretende pasar por original y en realidad ha sido copiado con descaro y poca destreza de uno existente: REPULLAZO. Ojalá se me hubiera ocurrido a mí, pero no. El copyright es de Miguel Vagalume.
Moncloa ha rectificado, el segundo concurso, además de restringido, finalmente será remunerado. Se han perdido unos meses preciosos, que no nos engañemos, todo esto está condicionado por la proximidad de las elecciones. Tanto esfuerzo para llegar a lo que tendría que haber sido el punto de partida.
A pesar de que por tres veces habían dicho que la ley no permitía remunerar la participación en estos concursos, y a sólo cinco días de la finalización del plazo de entrega de las propuestas, los diseñadores han recibido una llamada en la que se les asegura que cobrarán tres mil euros por presentarse. Evidentemente, la ley sigue siendo la misma, quiere esto decir que existía perfectamente la fórmula para haberlo hecho desde el principio. Si de lo que se trataba es de gestionar bien el dinero público, actitud loable y de agradecer, podría haberse hecho obviando un concurso que sólo sirvió para saber que el logo del gobierno alemán es un buen logo, lástima que ellos lo usen también; tanto gastos de jurado como dotación como comunicación pública podrían haberse ahorrado. Y en la segunda fase, una convocatoria razonablemente restringida y remunerada (cinco o seis diseñadores) hubiera sido más barata y eficaz que todo este culebrón, que ha llevado a una situación sin precedentes: hasta catorce diseñadores pueden estar participando en un concurso restringido con remuneración.
En cualquier caso gana la dignidad de esta profesión: Mantenerse firmes como han hecho los “popes” cuando el atropello viene de donde viene, es un gesto que deberíamos agradecérselo todos, y especialmente los que defienden los concursos abiertos y no remunerados con el argumento de que siempre son los mismos los que participan, y no se dan oportunidades.

12.9.07

Los diseñadores que plantaron al gobierno

El concurso de ideas para el nuevo logotipo del gobierno ha acabado como acaban muchos concursos abiertos, con un plagio como resultado, que no podría ser utilizado aunque se quisiera.
Desatendiendo las voces de un sector indignado –recuérdese la carta avalada por la práctica totalidad de las asociaciones– y en una incomprensible huida hacia adelante en vez de enmendar los errores, el convocante ha mirado hacia otro lado. Y lejos de cuestionar la validez de un resultado vergonzante, el creador (?) del logo no sólo va a cobrar la dotación inmerecida sino que ha sido invitado al segundo concurso.
De todo esto, quizá lo peor es el fraude que supone para el resto de participantes. Es cada vez más habitual que los diseñadores profesionales no participen en este tipo de concursos, ni siquiera la expectativa de ganar es un aliciente para diseñadores establecidos que no necesitan especular con su trabajo. Esta es también, oficialmente, la postura de la mayoría de las asociaciones, dejando quizá al margen a la AEPD, que ha defendido últimamente los concursos abiertos “pero entre profesionales”. Hay que decir que esta es una postura novedosa, auspiciada por la actual directiva, tradicionalmente esta asociación ha sido de las más beligerantes en su negativa a los concursos abiertos, y queremos pensar que este nuevo rumbo no es necesariamente respaldado por la mayoría de sus asociados. En cuaquier caso, cabría esperar de los convocantes una actitud menos política; que los doce mil euros recompensen un trabajo que por razones obvias no va a utilizarse y por tanto no cumple los objetivos de la convocatoria, es un fraude, no ya sólo a los ciudadanos, que podemos indignarnos ante una malversación manifiesta de los recursos públicos, también a los más de trescientos bienintencionados participantes, que han de asistir pasmados e impotentes al atropello.
Durante el mes de agosto se convoca la “continuidad” de concurso, esa segunda entrega restringida para el desarrollo de la nueva identidad. Este nuevo concurso, otra vez sin remuneración, exigía nada menos que la presentación de diez paneles que incluyeran desde el propio logotipo y sus versiones secundarias, hasta las aplicaciones en merchandising (regalos, gorras, camisetas, boligrafos, etc), pasando por el photocall, cartela de spot para TV, creatividad en prensa, aplicaciones en entorno web, carteles, placas y señalética. Debía añadirse a ello además un manual básico de normas gráficas que recoja los usos y aplicaciones del diseño. Hay que insistir, porque parece increíble: todo ello para concursar, sin cobrar por ello, y se pretendía que participaran los primeros espadas del diseño patrio.
Una primera convocatoria es lanzada a una restringida selección de diseñadores conocidos, entre los que se encuentran varios premios nacionales. El importe máximo del contrato es de 30.000 euros IVA incluido, en el entendido de que la licitación lo es también en precio, pudiendo el participante rebajar dicha cuantía. Por poner un ejemplo, el gobierno de Cantabria, sin tantas exigencias y siendo un trabajo de envergadura y dificultad mucho menor, acaba de convocar un concurso similar con un presupuesto de 100.000 euros.
Resulta evidente que ni las cuantías ni las exigencias entran dentro de la lógica del mercado. Varios de los convocados manifiestan su malestar y declinan la invitación a presentarse, lo que provoca, por un lado, una segunda lista de convocados que llega hasta quince. En un intento de salvar los muebles, esta segunda invitación se acompaña de un documento explicativo, que lejos de aplacar los ánimos, los enciende aún más. En él se matiza, frente a las exigencias a las que aludíamos, que “En este concurso se espera una propuesta conceptual, no un manual de identidad visual. Esta propuesta deberá plasmarse, como mínimo, en un cartón pluma de 30cm x 42 cm. El plazo para su presentación es hasta el 12 de septiembre. No es necesario, aunque si recomendable, la realización de versiones en blanco y negro, negativo-positivo, así como identificadores en niveles o aplicaciones en diferentes soportes. Es decir, el material que los participantes consideren que es necesario para que se produzca la comprensión de la propuesta y la ponderación de sus rendimientos técnicos. La presentación de las diez láminas indicada en el pliego de prescripciones es una sugerencia meramente orientativa”. Para entendernos, las exigencias son ahora recomendaciones, en un intento de evitar la desbandada.
Pero no es eso todo, el cuarto punto del documento titulado “¿Por qué la participación en este concurso no está remunerada?” dice: “El Gobierno tiene la máxima consideración por los profesionales del diseño y es plenamente consciente de la importancia de su trabajo”. Vaya, no había ninguna necesidad de afirmarlo, sólo puede existir un motivo: son muy conscientes de lo contrario. Sigue: “Por eso ha querido contar con los mejores en lo que entendemos que es uno de los trabajos más destacados que se pueden realizar en nuestro país en el campo de la imagen visual institucional”. ¿Es necesario tanto halago y empalago cuando de lo que se trata es simplemente de contratar profesionales en la plenitud de conciencia de lo importante que es su trabajo?. Ciertamente no. Se diría que trata de compensarse con ello la absoluta falta de respeto manifiesta en todo este proceso por el trabajo y los conocimientos de los diseñadores. Y apostilla: “Pero las normas de derecho administrativo que rigen los contratos de la Administración General del Estado impiden la remuneración previa por la participación de estos concursos”. Esto puede ser cierto, pero no del todo, porque es legalmente eludible si hay voluntad para ello. Basta con convocar a través de una Sociedad Estatal, curiosamente hay una dedicada precisamente al diseño, a quienes debe salirles el dinero por las orejas a juzgar por lo que invierten en promocionar la artesanía. Se ha hecho otras veces, y se volverá a hacer. También puede convocarse un concurso, restringido o no, en el que no haya que trabajar por adelantado: valorándose trabajos anteriores, curriculum, trayectoria, propuesta económica, etc. A partir de ahí, se elige al diseñador más apropiado y sólo ese realiza el trabajo y lo cobra. Igual que cuando contratan la adquisición de sus vehículos oficiales, o la redecoración de sus despachos. Y para acabar de arreglarlo, en lo que ya supone un menosprecio que roza el insulto, concluye el documento: “En cualquier caso, la Secretaría de Estado de Comunicación está estudiando el tema y tiene previsto algún tipo de publicación de los trabajos, como reconocimiento del trabajo de los diseñadores, ya sea a través de una exposición o de una publicación y siempre de acuerdo con los autores”. Esto nos suena. Este del libro es exactamente el mismo argumento que vienen utilizando el BCD y el Ministerio de Industria desde hace años, cuando se les pregunta cómo es posible que existan más de cincuenta Premios Nacionales en nuestro país, todos ellos con dotación económica, y sólo uno, el Premio Nacional de Diseño, carece de ella. Parece que tratándose del colectivo del diseño los agravios son extrapolables y reutilizables. No es de recibo ese paternalismo, no es admisible que haya dinero para pagar libros y exposiciones que no son sino propaganda y triunfalismo del convocante y no lo haya para remunerar los trabajos que contengan. Los diseñadores no necesitan que se les deslumbre con espejitos ni abalorios, a buen seguro que se contentan con que se les pague su trabajo.

Los convocados

Cuando hemos ido conociendo cómo se desarrollaba esta segunda convocatoria, hemos querido hacer un pequeño trabajo de campo, a efectos meramente estadísticos, contactando a los convocados para saber cuántos de ellos iban a participar. En realidad no es importante quién sí y quién no, con la misma energía que podemos criticar las convocatorias de los concursos abiertos y los no remunerados, si estamos convencidos de que son contraproducentes para el convocante y para los diseñadores, con esa misma energía habrá que defender que mientras sigan convocándose, cada diseñador deberá legítimamente decidir qué postura toma, y si participa o no.
Pero los datos son concluyentes: de los quince convocados, doce diseñadores han manifestado no tener intención de presentarse; uno sí se presentará, uno no contestó y con otro no pudimos contactar. La primera reflexión ha de ser positiva. Dejando de lado que sus motivos sean egoístas o por la defensa del colectivo, es de agradecer que la inmensa mayoría no se preste a dar validez a lo que no la tiene, aunque, al margen del tema económico, la rentabilidad en imagen y la repercusión de un encargo así sea un caramelo para cualquiera.
Hasta aquí la denuncia o pataleta si se quiere, y la reivindicación gremialista. No es importante. El error enorme de este concurso es estratégico. Pensar que el problema es de colores, tipografías, trazos, o elementos gráficos que cualquiera pueda proponer en un concurso abierto es ingenuo. Para llegar a la conclusión de que debe estar el escudo, los colores de la bandera y el lema Gobierno de España les habría bastado con una llamada a Norberto Chaves, a Joan Costa o a Amando de Miguel. Se lo hubieran dicho gratis.

El efecto O.T.

En el fondo, y esperemos que no cunda el ejemplo, lo que está sucediendo es que convertir la creación gráfica en objeto de campaña de imagen puede resultar políticamente rentable. Y por lo mismo, si sale mal el coste en imagen es proporcional. Cuando la convocatoria del concurso es en sí el objetivo, los resultados son impredecibles. Está sucediendo también con la elección del distintivo para la candidatura olímpica de Madrid. Si entre 2691 propuestas, las diez mejores son las que con tanta reiteración hemos visto en los medios, a nadie escapa que el proceso era equivocado. Siempre que el objetivo fuera conseguir el mejor identificativo. En el más puro estilo televisivo, nadie sabe ni quién ni cómo ha hecho la selección. Ahora, mediante un sistema de votación ingenuamente fácil de manipular, se elegirán tres. Y otra vez, sabios expertos de incuestionable prestigio tendrán que decidir entre esos, que aunque en las bases pone que pueden dejarlo desierto, no alcanzo a pensar que el político admita que se contradiga la opinión del pueblo. De algo ya estamos seguros, gane el que gane, tendrán un logotipo de calidad discreta y escasísima eficacia. Con su pan se lo coman.

3.9.07

Cuando saltó el despropósito que suponía el concurso de ideas para el logotipo del gobierno, hace dos meses, parecía que era un escándalo considerable... quién nos iba a decir que aquello era sólo la anécdota, y que lo peor estaba aún por venir.
Los hechos son conocidos, el hilo ha podido seguirse en internet en foros y bitácoras, y la mayoría de periódicos se han hecho eco en sus páginas.
Como se recordará, las asociaciones habían firmado un documento conjunto protestando por la convocatoria del concurso. Presidencia de Gobierno, viendo que existía un malestar general entre los profesionales, contacta con algunas de estas asociaciones ofreciéndoles estar en el jurado, siendo AEPD la única que se somete. En un comunicado a sus socios, justifica el cambio de postura argumentando que “consideramos que en la práctica un buen jurado, experto, representativo y profesional puede introducir esas mejoras y seleccionar la mejor propuesta, objeto del concurso, o en el caso de no haber propuestas de suficiente calidad declararlo desierto. (…) Entendemos que la posición de negativa del concurso y de enfrentamiento a las instituciones, dificulta futuras negociaciones y crea un abismo entre éstas y los diseñadores”. De lo que ha pasado después se deduce que esta complacencia no estaba justificada: proceso y resultado han sido desastrosos, y no se tenía que haber estado ahí.
La convocatoria sigue su curso sin variar un ápice el planteamiento. Los plazos de tiempo se superan y no es hasta mediados de agosto cuando se conocen los resultados. El mismo día en que los periódicos publican el logotipo ganador, en varios foros sobre diseño aparece la información de que es prácticamente igual que el del gobierno alemán, diseñado hace una década por el prestigioso estudio MetaDesign.

El plagio

No es poco habitual que en un concurso abierto e indiscriminado acabe por descubrirse que el trabajo ganador es un plagio. Por muy experto que sea el jurado, es imposible evitarlo. Aunque en este caso, la copia es tan torpe y evidente, y la referencia tan relevante que a poco que hubieran hecho los deberes, se habrían dado cuenta.
En realidad es una consecuencia del proceso viciado: la profesionalidad se demuestra también en eso, y cuando se renuncia a ella de antemano...
En cualquier proceso de diseño de identidad la investigación de lo existente es un eje fundamental en la fase previa. En muchas ocasiones, en el mismo encargo existe documentación al respecto, y si no es así es el propio diseñador quien la recaba. Por otra parte, las exigencias de un buen brief, y en su caso el contrabrief que el diseñador realice y consensue con el cliente, marcan las pautas a seguir, las necesidades, los objetivos, el target, etc. Todo este proceso es inexistente en los concursos abiertos. Siendo así, no es de extrañar que existan auténticos profesionales del concurseo. Al fin y al cabo, en estos casos el objetivo no tiene nada que ver con el diseño: se trata de ganar el concurso, y el público objetivo es el jurado.
Dejando la profesionalidad al margen, es sencillo: uno elabora una recopilación de trabajos ya hechos con características similares, en eso internet y Google son una gran ayuda, y en pocos minutos se dispone de cientos de soluciones. Por este procedimiento es barato, rápido y rentable presentarse a decenas de concursos: turismo, identidad, carteles, etc. Lo más probable es que nadie se dé cuenta, e incluso aunque así sea, la polémica saltará cuando ya se haya obtenido el importe del premio, que las instituciones rara vez reclaman, porque sería tanto como reconocer su error. Frente a esto sólo hay dos obstáculos: el primero es que uno se juega su prestigio profesional: para ello hay que tenerlo, y que importe perderlo. También hay una cuestión de ética profesional, a la que apelar a estas alturas resulta ingenuo.
Cuando se descubre “el pastel”, siempre queda como recurso intentar acogerse a la coincidencia... No es el caso: Cuando Juan Repullés, director del estudio Margen y autor del logo es preguntado en una entrevista en el diario ADN sobre si conocía el logotipo del Gobierno alemán, contesta: “Por supuesto. Hemos analizado los logos de todos los países europeos y de otras importantes naciones, no sólo de Alemania”.

El reconcurso

Algunos diseñadores “de reconocido prestigio” han recibido a mediados de agosto una carta convocándoseles a un nuevo concurso. También estaba previsto que participara el ganador, queda por saber si después del affair Moncloa les mantendrá en la terna. El concurso para desarrollar el trabajo seleccionado estaba contemplado en las bases del primero, hay que pensar que en realidad se tratará de hacer un logo nuevo. El presupuesto es de 30.000 euros, que tampoco es para tirar cohetes.
Los que trabajan para la administración y saben de esto dicen que nada hay más sospechoso que los concursos que se convocan en agosto, y cuyo plazo se cierra en los primeros días de septiembre. La suspicacia está servida, más aun si a ello se une que entre 320 ganó uno que ya trabajaba “para la casa”, pues el estudio Margen es el responsable del diseño de las webs corporativas de la Moncloa y la del Ministerio de la Presidencia del Gobierno.
Varios de los convocados han manifestado su intención de no participar en el “reconcurso”, lo que les honra. Y desmonta en parte la argumentación simplista de quienes defienden que los concursos abiertos rompen la inercia de que siempre sean los mismos los convocados.