Este blog está discontinuado
Hola. Este blog ya no se actualiza. Pero me pareció bien que todo este material siguiera estando ahí. Por si alguna vez alguien quiere leerlo, y por contribuir a la basura informática.
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23.1.07
22.1.07
Carta abierta a la Fundacion Arte y Derecho
(Esta carta se publica en el número 124 de la revista Visual, enero 2007)
____________________________
Estimados colegas:
He tenido conocimiento de la redacción y la difusión que estáis promoviendo del “Manifiesto de Santander”.
Me siento incómodo. El que yo no esté de acuerdo con la mayoría de vuestros planteamientos, no debería ser un problema, basta con que los respete. Trato de hacerlo. Pero tengo la sensación de que ese respeto no es recíproco. No alcanzo a entender ese plural genérico que utilizáis (los creadores visuales somos, los creadores visuales reclamamos, los creadores visuales necesitamos, los creadores visuales ofrecemos, los creadores visuales pedimos…), que me resulta ofensivo e injusto.
Es vuestra opinión, y la de quienes la suscriban. Nada más. Las opiniones y reivindicaciones que hacéis no podéis atribuírnoslas a todos los creadores visuales. Somos ya unos cuantos, y cada vez más, los creadores visuales y de los otros que estamos argumentando, debatiendo y defendiendo actitudes y propuestas alternativas no excluyentes a las premisas “oficialistas” respecto a la creación, a los derechos de autor y a sus devengos. Posiblemente no gozamos del mismo beneplácito ni beneficio que vosotros, no recibimos los apoyos institucionales que vosotros recibís, pero no somos peores.
Decís en vuestro manifiesto: “Los creadores visuales (…) consideramos inadmisibles las discriminaciones que contiene la actual Ley de Propiedad Intelectual”. Estoy de acuerdo. Las leyes de propiedad intelectual (no sólo la española) proponen muchas medidas para fomentar inadmisibles discriminaciones: la de quienes en función del trozo de mundo en el que les ha tocado nacer, sus recursos económicos, los gobiernos que en suerte les ha tocado sufrir, no tienen garantizado un acceso libre a la cultura. Eso también está en la Declaración de los Derechos Humanos. Aunque sospecho que no es a éstas discriminaciones a las que os referís en vuestro manifiesto.
Leo también en vuestro manifiesto: “El derecho de Autor forma parte del mosaico legal que hace posible el fortalecimiento de sociedades libres y abiertas”. Estoy seguro de que podríamos discutir mucho sobre el concepto de lo que son las sociedades libres y abiertas. En cualquier caso, es la defensa lícita del derecho de autor la que en demasiadas ocasiones se utiliza para promover unas sociedades con un planteamiento mercantilista y excluyente de la cultura, agrandando las diferencias entre unas pocas sociedades ricas y el resto, y dentro de una misma sociedad, entre ricos y pobres. No estamos de acuerdo con vuestro planteamiento algunos creadores, y no por ello dejamos de serlo.
“Sin el respeto al derecho de autor no puede haber cultura”. No puedo estar en desacuerdo mayor. No es ya sólo que la historia se empecina en demostrarnos una y otra vez que la ausencia de respeto a los derechos es casi siempre un acicate a la creación y a la cultura, que la creación es una herramienta para la defensa de los derechos y no al revés; me resulta sonrojante ver cómo en nombre de quienes nos dedicamos a la creación visual os permitís la arrogancia de condicionar la existencia de algo tan serio como la cultura a vuestras pequeñas e irrelevantes reivindicaciones. Por favor, dejadnos fuera de planteamientos como éstos, me siento avergonzado, me indigna y preocupa la imagen que estáis proyectando de un colectivo al que pertenezco; a decir verdad, es este punto el detonante que me ha llevado a escribir esta carta.
“Los creadores visuales nos vemos obligados a reclamar la atención de todas las fuerzas políticas, sobre la urgente necesidad de proteger y estimular a la creación artística española como un componente esencial de nuestra contribución a la generación de una nueva y competitiva identidad europea”. No acabo de entender a qué os referís con la generación de una nueva y competitiva identidad europea, pero me asusta. Frente a las propuestas y actitudes como las de Estados Unidos, que entienden su cultura y “lifestyle” como algo a imponer al resto del mundo, Europa está apostando por el respeto y la convivencia entre las culturas e identidades, con especial atención a las minorías culturales y a las identidades minoritarias. Que alguien mezcle términos como cultura y creación artística con una supuesta identidad europea competitiva nueva (¿competitiva con quién, sólo con la cultura e identidad americana o también con las culturas e identidades del tercer mundo?), produce desasosiego. Transmitir que somos los creadores quienes abogamos por ello, es, además de una falsedad, un enorme error estratégico.
“El Derecho de Autor comporta derechos de carácter moral y derechos de carácter económico. Los unos sin los otros son inviables”. Sospechaba que aquí era adonde queríais llegar. Cuando miles de creadores (una inmensa minoría, de momento) estamos trabajando para que los derechos de carácter moral y de carácter económico no estén vinculados, y que estos últimos queden definidos en cada caso según la voluntad del creador (ese es también un derecho), vosotros, atribuyéndoos la voz y representación de todos los creadores, afirmáis lo contrario. No es la creación lo que peligra, no es la cultura, ni tan sólo los derechos económicos que la creación genera, lo único que está en cuestión es vuestro modelo excluyente. Es eso lo que os preocupa, y por si hubiera dudas, lo dejáis claro y diáfano en el siguiente párrafo: “La gestión, divulgación, promoción y defensa del derecho de autor sólo es posible a través de la gestión colectiva de los propios autores”.
En cualquier caso, esto son sólo opiniones, como las vuestras. Aunque existe una diferencia: sólo pretendo defenderlas como lo que son: las mías, y las de quienes manifiesten estar de acuerdo con ellas. Y eso es lo que se esperaría de vosotros: que sigáis defendiendo vuestro modo de entender los derechos de autor sin menospreciar otros, sin actitudes excluyentes, sin arrogaros una representación que no tenéis, más allá de vuestros miembros y quienes suscriban vuestros manifiestos. Cuando esto suceda, recuperaré el respeto que os he tenido siempre desde la discrepancia.
Alvaro Sobrino
Editor y creador visual.
(Esta carta se publica en el número 124 de la revista Visual, enero 2007)
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Estimados colegas:
He tenido conocimiento de la redacción y la difusión que estáis promoviendo del “Manifiesto de Santander”.
Me siento incómodo. El que yo no esté de acuerdo con la mayoría de vuestros planteamientos, no debería ser un problema, basta con que los respete. Trato de hacerlo. Pero tengo la sensación de que ese respeto no es recíproco. No alcanzo a entender ese plural genérico que utilizáis (los creadores visuales somos, los creadores visuales reclamamos, los creadores visuales necesitamos, los creadores visuales ofrecemos, los creadores visuales pedimos…), que me resulta ofensivo e injusto.
Es vuestra opinión, y la de quienes la suscriban. Nada más. Las opiniones y reivindicaciones que hacéis no podéis atribuírnoslas a todos los creadores visuales. Somos ya unos cuantos, y cada vez más, los creadores visuales y de los otros que estamos argumentando, debatiendo y defendiendo actitudes y propuestas alternativas no excluyentes a las premisas “oficialistas” respecto a la creación, a los derechos de autor y a sus devengos. Posiblemente no gozamos del mismo beneplácito ni beneficio que vosotros, no recibimos los apoyos institucionales que vosotros recibís, pero no somos peores.
Decís en vuestro manifiesto: “Los creadores visuales (…) consideramos inadmisibles las discriminaciones que contiene la actual Ley de Propiedad Intelectual”. Estoy de acuerdo. Las leyes de propiedad intelectual (no sólo la española) proponen muchas medidas para fomentar inadmisibles discriminaciones: la de quienes en función del trozo de mundo en el que les ha tocado nacer, sus recursos económicos, los gobiernos que en suerte les ha tocado sufrir, no tienen garantizado un acceso libre a la cultura. Eso también está en la Declaración de los Derechos Humanos. Aunque sospecho que no es a éstas discriminaciones a las que os referís en vuestro manifiesto.
Leo también en vuestro manifiesto: “El derecho de Autor forma parte del mosaico legal que hace posible el fortalecimiento de sociedades libres y abiertas”. Estoy seguro de que podríamos discutir mucho sobre el concepto de lo que son las sociedades libres y abiertas. En cualquier caso, es la defensa lícita del derecho de autor la que en demasiadas ocasiones se utiliza para promover unas sociedades con un planteamiento mercantilista y excluyente de la cultura, agrandando las diferencias entre unas pocas sociedades ricas y el resto, y dentro de una misma sociedad, entre ricos y pobres. No estamos de acuerdo con vuestro planteamiento algunos creadores, y no por ello dejamos de serlo.
“Sin el respeto al derecho de autor no puede haber cultura”. No puedo estar en desacuerdo mayor. No es ya sólo que la historia se empecina en demostrarnos una y otra vez que la ausencia de respeto a los derechos es casi siempre un acicate a la creación y a la cultura, que la creación es una herramienta para la defensa de los derechos y no al revés; me resulta sonrojante ver cómo en nombre de quienes nos dedicamos a la creación visual os permitís la arrogancia de condicionar la existencia de algo tan serio como la cultura a vuestras pequeñas e irrelevantes reivindicaciones. Por favor, dejadnos fuera de planteamientos como éstos, me siento avergonzado, me indigna y preocupa la imagen que estáis proyectando de un colectivo al que pertenezco; a decir verdad, es este punto el detonante que me ha llevado a escribir esta carta.
“Los creadores visuales nos vemos obligados a reclamar la atención de todas las fuerzas políticas, sobre la urgente necesidad de proteger y estimular a la creación artística española como un componente esencial de nuestra contribución a la generación de una nueva y competitiva identidad europea”. No acabo de entender a qué os referís con la generación de una nueva y competitiva identidad europea, pero me asusta. Frente a las propuestas y actitudes como las de Estados Unidos, que entienden su cultura y “lifestyle” como algo a imponer al resto del mundo, Europa está apostando por el respeto y la convivencia entre las culturas e identidades, con especial atención a las minorías culturales y a las identidades minoritarias. Que alguien mezcle términos como cultura y creación artística con una supuesta identidad europea competitiva nueva (¿competitiva con quién, sólo con la cultura e identidad americana o también con las culturas e identidades del tercer mundo?), produce desasosiego. Transmitir que somos los creadores quienes abogamos por ello, es, además de una falsedad, un enorme error estratégico.
“El Derecho de Autor comporta derechos de carácter moral y derechos de carácter económico. Los unos sin los otros son inviables”. Sospechaba que aquí era adonde queríais llegar. Cuando miles de creadores (una inmensa minoría, de momento) estamos trabajando para que los derechos de carácter moral y de carácter económico no estén vinculados, y que estos últimos queden definidos en cada caso según la voluntad del creador (ese es también un derecho), vosotros, atribuyéndoos la voz y representación de todos los creadores, afirmáis lo contrario. No es la creación lo que peligra, no es la cultura, ni tan sólo los derechos económicos que la creación genera, lo único que está en cuestión es vuestro modelo excluyente. Es eso lo que os preocupa, y por si hubiera dudas, lo dejáis claro y diáfano en el siguiente párrafo: “La gestión, divulgación, promoción y defensa del derecho de autor sólo es posible a través de la gestión colectiva de los propios autores”.
En cualquier caso, esto son sólo opiniones, como las vuestras. Aunque existe una diferencia: sólo pretendo defenderlas como lo que son: las mías, y las de quienes manifiesten estar de acuerdo con ellas. Y eso es lo que se esperaría de vosotros: que sigáis defendiendo vuestro modo de entender los derechos de autor sin menospreciar otros, sin actitudes excluyentes, sin arrogaros una representación que no tenéis, más allá de vuestros miembros y quienes suscriban vuestros manifiestos. Cuando esto suceda, recuperaré el respeto que os he tenido siempre desde la discrepancia.
Alvaro Sobrino
Editor y creador visual.
12.1.07
Hasta la identidad corporativa puede ser traicionera. Recibo una carta de la Bipresidenta del Ddi y de la Fudación de la Artesanía a que me refería en el post anterior, en la que se comunica el nombramiento de la nueva directora del Ddi. El Ddi tiene una nueva e inmejorable identidad corporativa, obra del impagable Eskenazi, en la que cada pieza comunicacional se encabeza con una sentencia relativa al diseño. En este caso, es la de J. Frascara, que reza "un diseñador se ocupa del bienestar de la gente". Deliciosa. Y suscrita por el Ddi, más aún. Empiezo a leer y el contraste es desolador: dice la carta que "contribuirá a que ddi se constituya como instrumento estratégico para el apoyo, implantación y difusión de las políticas de competitividad empresarial dirigidas a promover la innovación y el diseño entre las empresas".
Es de agradecer lo diáfano del argumento, por lo menos no se andan con paños calientes. ¿Cuál era hasta ahora, que supiéramos, la finalidad del Ddi? Todavía puede leerse en su web, aunque no por mucho tiempo, me temo: "Su objeto social contempla la realización de acciones de promoción y difusión del diseño y la innovación, y la sensibilización de las pequeñas y medianas empresas del valor estratégico de esos factores para incrementar su competitividad".
Es decir, hemos pasado de la promoción del diseño y la sensibilización de las empresas, a la competitividad empresarial donde el diseño es sólo un medio a exprimir y rentabilizar.
Más claro no pueden ponérnoslo. ¿y del diseño como cultura? De eso, mejor, vayamos olvidándonos. Apañaítos estamos.
Es de agradecer lo diáfano del argumento, por lo menos no se andan con paños calientes. ¿Cuál era hasta ahora, que supiéramos, la finalidad del Ddi? Todavía puede leerse en su web, aunque no por mucho tiempo, me temo: "Su objeto social contempla la realización de acciones de promoción y difusión del diseño y la innovación, y la sensibilización de las pequeñas y medianas empresas del valor estratégico de esos factores para incrementar su competitividad".
Es decir, hemos pasado de la promoción del diseño y la sensibilización de las empresas, a la competitividad empresarial donde el diseño es sólo un medio a exprimir y rentabilizar.
Más claro no pueden ponérnoslo. ¿y del diseño como cultura? De eso, mejor, vayamos olvidándonos. Apañaítos estamos.
26.12.06
Encaje de bolillos
Quizá lo recuerden, escribí hace un tiempo sobre los premios nacionales de Artesanía, que resulta que tienen cinco dotaciones que se pagan con los fondos de la promoción del diseño (los del Ddi, se entiende). Como recurso retórico, planteaba entonces aquello como el resultado de un partido: Artesanos, 5 – Diseñadores, 0.
En este tiempo ha habido corrimientos en el Ddi, que ha cambiado de directora y no hay que pensar que sea para mal. El tiempo dirá, lo cierto es que antes de que entrara la que ahora sale (X.V., esa a la que Pedro G. Ramos bautizó con cariño como “la baranda”), hacía mucho tiempo que el Ddi no estaba en manos de alguien tan próximo, sabedor y sensible con las cosas del diseño. Y hay que reconocer que eso se ha notado. El balance, a mi entender, ha sido positivo, muy positivo, y lo digo ahora porque ella no está y así no se me puede acusar de connivir con el poder, porque ya no hay poder que valga. Hay quienes creemos incluso que de haber tenido un poco más de tiempo, hasta habría conseguido arreglarnos lo de los Premios Nacionales. Ahora volvemos a la antigua fórmula de que quien mande sea del organigrama del ministerio, eso que antaño se llamaba funcionario de carrera, y de un tiempo a esta parte viene a denominarse como “alguien de la casa”. Insisto, ni bueno ni malo, concedámonos el beneficio de la duda.
Pero volvamos a lo de la Artesanía, que tiene mucho que ver. Resulta que esos Premios que se pagan con lo que sería nuestra dote si la hubiere, los convoca la Fundación Española para la Innovación de la Artesanía, que pertenece al ministerio. Asistí a la entrega de los Premios (triste, triste, les juro, había allí menos glamour que en el pijama de la niña de Srek). Me llamó la atención que el logo del Ddi, ni por asomo. En los discursos, ni por asomo tampoco, y los representantes del Ddi… pues tampoco. Que digo yo que les invitarían, siendo los que pagaban la dote; que si no fuera porque lo tengo leído en el BOE, empezaría a dudarlo.
Cabría pensar que ese partido con los artesanos (con los políticos de la artesanía, entiéndaseme) lo hemos perdido, pues bueno, no pasa nada. Pero resulta que, no contentos, parece ser que hay partido de vuelta, y en este sí que nos están dando la del pulpo. Si lo de las dotaciones no dejaba de ser anécdota, enormemente sintomática si se quiere, pero anécdota al fin, esto otro es mucho más serio: es esencial. Les cuento.
Resulta que hace un par de años esta misma fundación ministerial de los artesanos organiza un programa de esos de apoyo, que consiste en que un puñado de diseñadores trabajan en diseños para otros tantos artesanos y talleres, a precio de mínimos como casi siempre sucede, y quien pone la lana es el ministerio. Para que se hagan una idea, una línea de producto (ahí se hablaba de familia de objetos) por menos de 2.000 euros. Más o menos, como los programas de apoyo a las PYMES en materia de diseño e identidad, pero para la artesanía. En aquel entonces se maneja un borrador de contrato en el que se decía que “Los diseños presentados por los diseñadores a los talleres artesanos y aceptados por éstos, serán propiedad del promotor del proyecto FUNDACIÓN ESPAÑOLA PARA LA ARTESANIA, si bien el diseñador siempre mantendrá la autoría del diseño y así quedará reflejado en todas las comunicaciones que se hagan del proyecto y productos. Una vez comercializado el producto se firmará un contrato entre el diseñador y el taller artesano para que el diseñador tenga derecho a los denominados “royalties” sobre facturación”.
Lo cierto es que chirriaba un poco (un poco bastante, a qué engañarnos) eso de que los diseños sean propiedad del promotor cuando éste es el ministerio de industria. Aquello nunca se firmó por las partes, porque como pasa tantas veces, la realidad supera los contratos. Han pasado dos años, y aquellos diseñadores han recibido ahora el susto de su vida: les llega un nuevo contrato para que lo firmen. En éste, lo de los royalties ha desaparecido, y en su lugar, la claúsula es la siguiente: “que, desde su realización y debido a la naturaleza y objeto del encargo realizado, cedió en exclusiva a La Fundación la titularidad de todos los derechos de explotación sobre EL DISEÑO, para el ámbito territorial mundial y por el tiempo de duración legal de los derechos”.
Traten de imaginárselo, que yo no puedo: el ministerio de industria, con la promoción de los artesanos como señuelo, compra a saldo diseños industriales, quedándose de por vida y para todo el mundo con todos los derechos. ¿Alguien se imagina cómo se pondrían los artistas plásticos, músicos o escritores si el Ministerio de Cultura hiciera lo propio, y se quedara con los derechos de autor cuando concede ayudas a la creación? ¿o el de Sanidad, cuando promueve la investigación médica?
Algunos de entre los diseñadores damnificados han firmado, y hay quien interesadamente va diciendo que es porque les dará igual, y yo me inclino más por que sea el miedo a retratarse lo que les mueve; no seré yo quien les afee el gesto, que con las cosas de Palacio no se juega. Por si fuera poco, a los que han dicho que no lo firman, les han contestado que expongan por escrito sus motivos. Por mi parte no hay comentarios al respecto, que me ha dicho mi abogado que escribo en el filo de lo imposible últimamente, y he hecho propósito de comedirme.
Y quizá se pregunte alguien por qué me empeño tanto en relacionar lo uno y lo otro, el diseño y la artesanía, unos premios bien dotados y otros tan honoríficos, la fundación de marras y el Ddi… pues porque me estoy temiendo que aquí casi nada es ya casual, y lo que tenemos es una de vasos comunicantes en la que nos toca ser el que se vacía. Y si no, fíjense: si uno mira para arriba y sigue los hilos, se da cuenta que al final la presidenta de esta Fundación no es otra que doña María Callejón, la mismita presidenta… del Ddi. Para no creérselo, ¿verdad?
Quizá lo recuerden, escribí hace un tiempo sobre los premios nacionales de Artesanía, que resulta que tienen cinco dotaciones que se pagan con los fondos de la promoción del diseño (los del Ddi, se entiende). Como recurso retórico, planteaba entonces aquello como el resultado de un partido: Artesanos, 5 – Diseñadores, 0.
En este tiempo ha habido corrimientos en el Ddi, que ha cambiado de directora y no hay que pensar que sea para mal. El tiempo dirá, lo cierto es que antes de que entrara la que ahora sale (X.V., esa a la que Pedro G. Ramos bautizó con cariño como “la baranda”), hacía mucho tiempo que el Ddi no estaba en manos de alguien tan próximo, sabedor y sensible con las cosas del diseño. Y hay que reconocer que eso se ha notado. El balance, a mi entender, ha sido positivo, muy positivo, y lo digo ahora porque ella no está y así no se me puede acusar de connivir con el poder, porque ya no hay poder que valga. Hay quienes creemos incluso que de haber tenido un poco más de tiempo, hasta habría conseguido arreglarnos lo de los Premios Nacionales. Ahora volvemos a la antigua fórmula de que quien mande sea del organigrama del ministerio, eso que antaño se llamaba funcionario de carrera, y de un tiempo a esta parte viene a denominarse como “alguien de la casa”. Insisto, ni bueno ni malo, concedámonos el beneficio de la duda.
Pero volvamos a lo de la Artesanía, que tiene mucho que ver. Resulta que esos Premios que se pagan con lo que sería nuestra dote si la hubiere, los convoca la Fundación Española para la Innovación de la Artesanía, que pertenece al ministerio. Asistí a la entrega de los Premios (triste, triste, les juro, había allí menos glamour que en el pijama de la niña de Srek). Me llamó la atención que el logo del Ddi, ni por asomo. En los discursos, ni por asomo tampoco, y los representantes del Ddi… pues tampoco. Que digo yo que les invitarían, siendo los que pagaban la dote; que si no fuera porque lo tengo leído en el BOE, empezaría a dudarlo.
Cabría pensar que ese partido con los artesanos (con los políticos de la artesanía, entiéndaseme) lo hemos perdido, pues bueno, no pasa nada. Pero resulta que, no contentos, parece ser que hay partido de vuelta, y en este sí que nos están dando la del pulpo. Si lo de las dotaciones no dejaba de ser anécdota, enormemente sintomática si se quiere, pero anécdota al fin, esto otro es mucho más serio: es esencial. Les cuento.
Resulta que hace un par de años esta misma fundación ministerial de los artesanos organiza un programa de esos de apoyo, que consiste en que un puñado de diseñadores trabajan en diseños para otros tantos artesanos y talleres, a precio de mínimos como casi siempre sucede, y quien pone la lana es el ministerio. Para que se hagan una idea, una línea de producto (ahí se hablaba de familia de objetos) por menos de 2.000 euros. Más o menos, como los programas de apoyo a las PYMES en materia de diseño e identidad, pero para la artesanía. En aquel entonces se maneja un borrador de contrato en el que se decía que “Los diseños presentados por los diseñadores a los talleres artesanos y aceptados por éstos, serán propiedad del promotor del proyecto FUNDACIÓN ESPAÑOLA PARA LA ARTESANIA, si bien el diseñador siempre mantendrá la autoría del diseño y así quedará reflejado en todas las comunicaciones que se hagan del proyecto y productos. Una vez comercializado el producto se firmará un contrato entre el diseñador y el taller artesano para que el diseñador tenga derecho a los denominados “royalties” sobre facturación”.
Lo cierto es que chirriaba un poco (un poco bastante, a qué engañarnos) eso de que los diseños sean propiedad del promotor cuando éste es el ministerio de industria. Aquello nunca se firmó por las partes, porque como pasa tantas veces, la realidad supera los contratos. Han pasado dos años, y aquellos diseñadores han recibido ahora el susto de su vida: les llega un nuevo contrato para que lo firmen. En éste, lo de los royalties ha desaparecido, y en su lugar, la claúsula es la siguiente: “que, desde su realización y debido a la naturaleza y objeto del encargo realizado, cedió en exclusiva a La Fundación la titularidad de todos los derechos de explotación sobre EL DISEÑO, para el ámbito territorial mundial y por el tiempo de duración legal de los derechos”.
Traten de imaginárselo, que yo no puedo: el ministerio de industria, con la promoción de los artesanos como señuelo, compra a saldo diseños industriales, quedándose de por vida y para todo el mundo con todos los derechos. ¿Alguien se imagina cómo se pondrían los artistas plásticos, músicos o escritores si el Ministerio de Cultura hiciera lo propio, y se quedara con los derechos de autor cuando concede ayudas a la creación? ¿o el de Sanidad, cuando promueve la investigación médica?
Algunos de entre los diseñadores damnificados han firmado, y hay quien interesadamente va diciendo que es porque les dará igual, y yo me inclino más por que sea el miedo a retratarse lo que les mueve; no seré yo quien les afee el gesto, que con las cosas de Palacio no se juega. Por si fuera poco, a los que han dicho que no lo firman, les han contestado que expongan por escrito sus motivos. Por mi parte no hay comentarios al respecto, que me ha dicho mi abogado que escribo en el filo de lo imposible últimamente, y he hecho propósito de comedirme.
Y quizá se pregunte alguien por qué me empeño tanto en relacionar lo uno y lo otro, el diseño y la artesanía, unos premios bien dotados y otros tan honoríficos, la fundación de marras y el Ddi… pues porque me estoy temiendo que aquí casi nada es ya casual, y lo que tenemos es una de vasos comunicantes en la que nos toca ser el que se vacía. Y si no, fíjense: si uno mira para arriba y sigue los hilos, se da cuenta que al final la presidenta de esta Fundación no es otra que doña María Callejón, la mismita presidenta… del Ddi. Para no creérselo, ¿verdad?
11.11.06
Ese extraño canon, para todos menos para los diseñadores
El canon que pagamos todos cada vez que hacemos una fotocopia, adquirimos una impresora o compramos un soporte informático virgen es un despropósito, pero mucho más si cabe lo es el reparto arbitrario que de él se hace.
“Se adivinan amenazas por los cambios de normativa, que propician facilitar el comercio internacional a costa de eliminar la protección a las creaciones intelectuales, las cuales corren el riesgo de convertirse en meras inversiones, valoradas como los zapatos o los productos industriales masivos”. Leo esta frase y bastaría decir simplemente que es desafortunada: barre de un plumazo la propiedad intelectual del diseñador, es más, nos pone como ejemplo de aquello que no es susceptible de ser considerado creación intelectual. No tendría más importancia si no fuera porque el que la suscribe es ni más ni menos que Juan Mollá, vicepresidente de CEDRO, la tercera en discordia en el bucanero reparto de ese botín que son los cánones, con la SGAE y VEGAP (hay más, pero para qué enfrascarnos en el baile de siglas… son todas lo mismo),.
Cuando alguien fotocopia un libro, una revista, y pronto veremos que también cuando lo almacene en un cedé, CEDRO reparte su parte entre el editor, el autor, y el traductor. A buen seguro que es imposible copiar algo sin reproducir también su diseño, pero para CEDRO ni los zapatos ni los productos industriales masivos ni los libros ni las revistas los diseña nadie, y por tanto, no hay necesidad de liquidarnos a nosotros. Curiosamente, CEDRO destina una parte de lo que recauda a engrosar las arcas de VEGAP, en el entendido que cuando se fotocopia un libro suele haber por medio alguna imagen, obra de arte, ilustración o fotografía… ¿y el diseño? ¿y la diagramación? De eso ni los unos ni los otros quieren oír ni hablar.
Posiblemente de este agravio tengamos más culpa que nadie los diseñadores gráficos. Son excepción quienes condicionan sus honorarios a la tirada (si a alguien le han pagado alguna vez por el diseño en caso de reedición que lo diga y le hacemos una fiesta). Por lo general, los diseñadores gráficos entendemos que nuestro trabajo debe cobrarse de golpe la primera vez, y de momento no nos ha ido del todo mal: Quizá hemos ganado menos dinero, pero hemos ahorrado en abogados y en berrinches. Sin embargo parece que esto está cambiando: si bien la sociedad y muchos autores han empezado a entender que la creación es cultura, y como tal hay que contemplar el derecho de los pueblos y las personas a su disfrute (sin menoscabo de la lógica remuneración por el trabajo de cada uno), los gobiernos y los legisladores parecen empeñados en gravar todo lo que graba o reproduce, para mayor engorde de la industria y unos pocos autores. Si así tiene que ser, y ojalá que la tendencia cambie… ¿a qué viene este conformismo? ¿cómo no han empezado ya a dar esta batalla las asociaciones de diseñadores?.
El canon que pagamos todos cada vez que hacemos una fotocopia, adquirimos una impresora o compramos un soporte informático virgen es un despropósito, pero mucho más si cabe lo es el reparto arbitrario que de él se hace.
“Se adivinan amenazas por los cambios de normativa, que propician facilitar el comercio internacional a costa de eliminar la protección a las creaciones intelectuales, las cuales corren el riesgo de convertirse en meras inversiones, valoradas como los zapatos o los productos industriales masivos”. Leo esta frase y bastaría decir simplemente que es desafortunada: barre de un plumazo la propiedad intelectual del diseñador, es más, nos pone como ejemplo de aquello que no es susceptible de ser considerado creación intelectual. No tendría más importancia si no fuera porque el que la suscribe es ni más ni menos que Juan Mollá, vicepresidente de CEDRO, la tercera en discordia en el bucanero reparto de ese botín que son los cánones, con la SGAE y VEGAP (hay más, pero para qué enfrascarnos en el baile de siglas… son todas lo mismo),.
Cuando alguien fotocopia un libro, una revista, y pronto veremos que también cuando lo almacene en un cedé, CEDRO reparte su parte entre el editor, el autor, y el traductor. A buen seguro que es imposible copiar algo sin reproducir también su diseño, pero para CEDRO ni los zapatos ni los productos industriales masivos ni los libros ni las revistas los diseña nadie, y por tanto, no hay necesidad de liquidarnos a nosotros. Curiosamente, CEDRO destina una parte de lo que recauda a engrosar las arcas de VEGAP, en el entendido que cuando se fotocopia un libro suele haber por medio alguna imagen, obra de arte, ilustración o fotografía… ¿y el diseño? ¿y la diagramación? De eso ni los unos ni los otros quieren oír ni hablar.
Posiblemente de este agravio tengamos más culpa que nadie los diseñadores gráficos. Son excepción quienes condicionan sus honorarios a la tirada (si a alguien le han pagado alguna vez por el diseño en caso de reedición que lo diga y le hacemos una fiesta). Por lo general, los diseñadores gráficos entendemos que nuestro trabajo debe cobrarse de golpe la primera vez, y de momento no nos ha ido del todo mal: Quizá hemos ganado menos dinero, pero hemos ahorrado en abogados y en berrinches. Sin embargo parece que esto está cambiando: si bien la sociedad y muchos autores han empezado a entender que la creación es cultura, y como tal hay que contemplar el derecho de los pueblos y las personas a su disfrute (sin menoscabo de la lógica remuneración por el trabajo de cada uno), los gobiernos y los legisladores parecen empeñados en gravar todo lo que graba o reproduce, para mayor engorde de la industria y unos pocos autores. Si así tiene que ser, y ojalá que la tendencia cambie… ¿a qué viene este conformismo? ¿cómo no han empezado ya a dar esta batalla las asociaciones de diseñadores?.
6.9.06
Pati Núñez, Premio Nacional de Diseño
No es una broma de mal gusto, la noticia saltó en algunos periódicos catalanes. Y es verdad. Porque así se llama el premio que otorga la Generalitat. Y claro, la pobre Pati se ha tenido que pasar semanas aclarando que sí, que es el Premio Nacional de Catalunya, a todos los que pensaban que le habían dado el honorífico. ¿he escrito la pobre Pati…? Pues rectifico. Porque éste, el de Catalunya, sí tiene dotación, y además viene por el lado de la Consellería de Cultura, que no de Industria. Dos matices que no hacen sino evidenciar el despropósito que comentábamos; ahora ahora el desagravio no es ya sólo con los artesanos (y con los poetas, y con los del circo, y con los médicos, y con los cocineros, y con los investigadores…). Ahora también los es entre diseñadores catalanes y los de la resta del Estado. Y mira por dónde, la primera mujer que ganará el P.N., la pobre Pati, a lo mejor hasta se encuentre que para entonces se haya resuelto ya el tema, y le habría merecido la pena la espera: sería la primera en tener dos Premios Nacionales con dotación. Ahí es nada.
Y también Roberto
Y va de premios. En el editorial de esta revista, en su número anterior, se embestía con virulencia por el despropósito de los Premios de Diseño de La Rioja. Pues lo mismo, punto por punto, puede decirse de los de Castilla-La Mancha, de quien El CEDIR de la Rioja debió tomar el modelo, y no tanto de los PP.NN. como se afirmaba (aunque cuando se lo he hecho ver, mi señorito me ha saltado con que a ver de dónde lo tomaron entonces los de C-LM, y no le falta razón…). En cualquier caso, todo esto es anecdótico porque el Premio va y le toca al que más ha hecho: Roberto Turégano. Que la convocatoria sea un despropósito no quita para que Roberto lo merezca sobradamente, no ya por su trabajo y su hacer, que es de lo mejor en el descampado que es Madrid en esto del diseño, sino porque Roberto representa todo eso a lo que los diseñadores deberíamos aspirar y que tan lejos está de la parafernalia léxica oficialista de los desarrollos, las competitividades, las herramientas exportadoras y los valores añadidos (a la mierda, que se enteren: el diseño es un valor ESENCIAL, no añadido).
Cuando alguien menciona en la misma frase las palabras diseño y cultura, siempre pienso en Roberto.
(de Pseudonimma)
No es una broma de mal gusto, la noticia saltó en algunos periódicos catalanes. Y es verdad. Porque así se llama el premio que otorga la Generalitat. Y claro, la pobre Pati se ha tenido que pasar semanas aclarando que sí, que es el Premio Nacional de Catalunya, a todos los que pensaban que le habían dado el honorífico. ¿he escrito la pobre Pati…? Pues rectifico. Porque éste, el de Catalunya, sí tiene dotación, y además viene por el lado de la Consellería de Cultura, que no de Industria. Dos matices que no hacen sino evidenciar el despropósito que comentábamos; ahora ahora el desagravio no es ya sólo con los artesanos (y con los poetas, y con los del circo, y con los médicos, y con los cocineros, y con los investigadores…). Ahora también los es entre diseñadores catalanes y los de la resta del Estado. Y mira por dónde, la primera mujer que ganará el P.N., la pobre Pati, a lo mejor hasta se encuentre que para entonces se haya resuelto ya el tema, y le habría merecido la pena la espera: sería la primera en tener dos Premios Nacionales con dotación. Ahí es nada.
Y también Roberto
Y va de premios. En el editorial de esta revista, en su número anterior, se embestía con virulencia por el despropósito de los Premios de Diseño de La Rioja. Pues lo mismo, punto por punto, puede decirse de los de Castilla-La Mancha, de quien El CEDIR de la Rioja debió tomar el modelo, y no tanto de los PP.NN. como se afirmaba (aunque cuando se lo he hecho ver, mi señorito me ha saltado con que a ver de dónde lo tomaron entonces los de C-LM, y no le falta razón…). En cualquier caso, todo esto es anecdótico porque el Premio va y le toca al que más ha hecho: Roberto Turégano. Que la convocatoria sea un despropósito no quita para que Roberto lo merezca sobradamente, no ya por su trabajo y su hacer, que es de lo mejor en el descampado que es Madrid en esto del diseño, sino porque Roberto representa todo eso a lo que los diseñadores deberíamos aspirar y que tan lejos está de la parafernalia léxica oficialista de los desarrollos, las competitividades, las herramientas exportadoras y los valores añadidos (a la mierda, que se enteren: el diseño es un valor ESENCIAL, no añadido).
Cuando alguien menciona en la misma frase las palabras diseño y cultura, siempre pienso en Roberto.
(de Pseudonimma)
5.9.06
Artesanos 5 – Diseñadores 0
El verbo enciscar no existe según la RAE. Pero aun así una se siente ya enciscada con el tema de los premios nacionales de diseño. Y con un complejillo de andar siempre con lo mismo y de si no estaré aburriendo al personal. Llámeseme cansina, pero correré una vez más el riesgo.
Alguien de quien aprendí mucho, decía siempre: "hay pocas lecturas imprescindibles, en realidad, sólo dos: la biblia y el Boletín Oficial del Estado". Respecto a la primera no le hice nunca caso, pero en lo del BOE tiene su parte de razón. Y es que ahí te enteras de cosas interesantes y de otras peregrinas. Al principio parece aburrido, pero les aseguro que acaba enganchando.
Dándole un vistazo al índice del 11 de julio, me encuentro con que hay un Premio Nacional nuevo, el de Artesanía. Como quiera que por activa y por pasiva vengo calentando de atrás con el tema de la dotación de los 45 premios existentes, y la excepción del P.N. de Diseño, el honorífico, me adentro en el legajo no sea que éste nuevo sea también de gratis y me dinamite el argumento. Para mi tranquilidad y gozo de los artesanos, estos sí tienen cinco dotaciones para otras tantas categorías. Sigo leyendo y me cae la primera en la frente: lo convoca el Ministerio de Industria (igualico que el "nuestro"). Y a una le asalta la duda, acerca de si no hubiera estado mejor vestir al santo desnudo antes de inventarse otro. Tiene difícil explicación que un mismo ministerio no sea capaz de resolver el agravio comparativo que el diseño viene sufriendo con respecto a los otros premios nacionales existentes, antes de inventarse un premio nuevo y, a éste sí, dotarle económicamente. Pero sigo leyendo, y me cae la segunda y definitiva: "la concesión de los premios comportará la siguiente dotación económica, que se otorgará por la Sociedad Estatal para el Desarrollo del Diseño y la Innovación Ddi, etc, etc, etc.". Es decir, el Ddi, nuestro mentor en la administración, el órgano que se supone que gestiona los fondos para el desarrollo y la promo del diseño, no tiene para los diseñadores –o no cree que lo merezcamos– pero en cambio sí para los artesanos. Sólo se me ocurren dos posibilidades: que esto haya de ser así porque esa es la intención, la filosofía, y entonces habría que cuestionar muchas cosas, o que simplemente sea una cuestión de orden temporal: que por fin se esté reculando después de tantos años y se haya escuchado a quienes vienen reclamando esa necesaria reconversión de nuestros premios, y sea sólo cuestión de tiempo, es decir, que la solución a lo nuestro ya estuviera en marcha y se trate tan solo de que las decisiones vayan desacompasadas. Ojalá que sea esto y para la edición del 2007 se resuelvan los temas pendientes, el del BCD y su extraño papel de organizador consorte, el de la confusión que genera el premio a la empresa y su duplicidad con el Premio Príncipe Felipe, y por supuesto, el de la dotación, que es quizá lo menos importante pero lo más significativo.
Si sucede, pongo a este teclado por testigo de que en esta misma página pediré perdón a los responsables del Ddi por haber mi incredulidad y mi desconfianza, y a los lectores por lo cansina que una puede llegar a ser.
De lo contrario, habremos de pensar que mejor nos hubiera ido aparcando esta vocación para dedicarnos al encaje de bolillos, al ganchillo y punto de cruz o al diseño de botijos falicoformes. Al menos, nos hubiéramos ahorrado tantas veces la pregunta de nuestras abuelas: “¿pero hija, tú exactamente que es lo que haces?”. Nada, abuela, una cosa que no tiene dotación.
(de Pseudonimma)
El verbo enciscar no existe según la RAE. Pero aun así una se siente ya enciscada con el tema de los premios nacionales de diseño. Y con un complejillo de andar siempre con lo mismo y de si no estaré aburriendo al personal. Llámeseme cansina, pero correré una vez más el riesgo.
Alguien de quien aprendí mucho, decía siempre: "hay pocas lecturas imprescindibles, en realidad, sólo dos: la biblia y el Boletín Oficial del Estado". Respecto a la primera no le hice nunca caso, pero en lo del BOE tiene su parte de razón. Y es que ahí te enteras de cosas interesantes y de otras peregrinas. Al principio parece aburrido, pero les aseguro que acaba enganchando.
Dándole un vistazo al índice del 11 de julio, me encuentro con que hay un Premio Nacional nuevo, el de Artesanía. Como quiera que por activa y por pasiva vengo calentando de atrás con el tema de la dotación de los 45 premios existentes, y la excepción del P.N. de Diseño, el honorífico, me adentro en el legajo no sea que éste nuevo sea también de gratis y me dinamite el argumento. Para mi tranquilidad y gozo de los artesanos, estos sí tienen cinco dotaciones para otras tantas categorías. Sigo leyendo y me cae la primera en la frente: lo convoca el Ministerio de Industria (igualico que el "nuestro"). Y a una le asalta la duda, acerca de si no hubiera estado mejor vestir al santo desnudo antes de inventarse otro. Tiene difícil explicación que un mismo ministerio no sea capaz de resolver el agravio comparativo que el diseño viene sufriendo con respecto a los otros premios nacionales existentes, antes de inventarse un premio nuevo y, a éste sí, dotarle económicamente. Pero sigo leyendo, y me cae la segunda y definitiva: "la concesión de los premios comportará la siguiente dotación económica, que se otorgará por la Sociedad Estatal para el Desarrollo del Diseño y la Innovación Ddi, etc, etc, etc.". Es decir, el Ddi, nuestro mentor en la administración, el órgano que se supone que gestiona los fondos para el desarrollo y la promo del diseño, no tiene para los diseñadores –o no cree que lo merezcamos– pero en cambio sí para los artesanos. Sólo se me ocurren dos posibilidades: que esto haya de ser así porque esa es la intención, la filosofía, y entonces habría que cuestionar muchas cosas, o que simplemente sea una cuestión de orden temporal: que por fin se esté reculando después de tantos años y se haya escuchado a quienes vienen reclamando esa necesaria reconversión de nuestros premios, y sea sólo cuestión de tiempo, es decir, que la solución a lo nuestro ya estuviera en marcha y se trate tan solo de que las decisiones vayan desacompasadas. Ojalá que sea esto y para la edición del 2007 se resuelvan los temas pendientes, el del BCD y su extraño papel de organizador consorte, el de la confusión que genera el premio a la empresa y su duplicidad con el Premio Príncipe Felipe, y por supuesto, el de la dotación, que es quizá lo menos importante pero lo más significativo.
Si sucede, pongo a este teclado por testigo de que en esta misma página pediré perdón a los responsables del Ddi por haber mi incredulidad y mi desconfianza, y a los lectores por lo cansina que una puede llegar a ser.
De lo contrario, habremos de pensar que mejor nos hubiera ido aparcando esta vocación para dedicarnos al encaje de bolillos, al ganchillo y punto de cruz o al diseño de botijos falicoformes. Al menos, nos hubiéramos ahorrado tantas veces la pregunta de nuestras abuelas: “¿pero hija, tú exactamente que es lo que haces?”. Nada, abuela, una cosa que no tiene dotación.
(de Pseudonimma)
16.8.06
Sigo regularmente los artículos que aparecen en Foroalfa. Es muy cómodo: te suscribes en la misma web y te avisan con reseña y enlace de cada nueva entrada. El formato (lo de limitar la extension es un acierto) es ligero, y sin embargo los contenidos suelen ser profundos.
En contra diré que un foro de debate (articulo y contraarticulo) donde confluyen argentinos, chilenos y mexicanos es muchas veces garantía de pedantería y retórica enrevesada. No se entienda esto como una crítica ni como un arranque de chovinismo, a ellos es lo que les pirra, simplemente me parece que a nosotros lo que nos gusta es que las cosas se digan sencillas y ordenadas, con expresiones de uso común, no creemos en el elitismo de la comprensión, que ellos practican con fervor: un texto que no cueste asimilarlo, cuyo entendimiento no esté reservado a unos pocos, nunca puede ser considerado. Demasiadas veces al leer textos de teoría de la comunicación me viene a la memoria el cuento de los mercaderes que le venden al rey tela invisible para hacerse un traje, y me entran ganas de gritar: "el rey está desnudo".
Pero a lo que iba, que quiero recomendar el último artículo en Foroalfa de Norberto Chaves, que aunque argentino de acento es catalán en cuanto a lo práctico, es sencillamente delicioso, y la demostración de que el humor no está reñido con el interés.
En contra diré que un foro de debate (articulo y contraarticulo) donde confluyen argentinos, chilenos y mexicanos es muchas veces garantía de pedantería y retórica enrevesada. No se entienda esto como una crítica ni como un arranque de chovinismo, a ellos es lo que les pirra, simplemente me parece que a nosotros lo que nos gusta es que las cosas se digan sencillas y ordenadas, con expresiones de uso común, no creemos en el elitismo de la comprensión, que ellos practican con fervor: un texto que no cueste asimilarlo, cuyo entendimiento no esté reservado a unos pocos, nunca puede ser considerado. Demasiadas veces al leer textos de teoría de la comunicación me viene a la memoria el cuento de los mercaderes que le venden al rey tela invisible para hacerse un traje, y me entran ganas de gritar: "el rey está desnudo".
Pero a lo que iba, que quiero recomendar el último artículo en Foroalfa de Norberto Chaves, que aunque argentino de acento es catalán en cuanto a lo práctico, es sencillamente delicioso, y la demostración de que el humor no está reñido con el interés.
4.7.06
CEDIR, otro premio más
Lo peor de que se hagan mal las cosas, es que puede haber quien las tome como modelo. Así, el Centro de Diseño Integral de la Rioja CEDIR ha convocado su premio “no nacional” de diseño a imagen y semejanza de los PENES (Premios Nacionales). Y ni siquiera han aprovechado todos estos años de despropósitos enmendados y errores que su hermano mayor ya cometió y subsanó, y se cometen como si fueran nuevos.
El premio se desdobla en dos, el del diseñador y el de la empresa (esto nos suena…) y con ello, una vez más, no hay dotación, por supuesto.
A diferencia de los Premios Nacionales, aquí no hay proceso de nominación por comité consultor externo, sino que cada quién se autopropone. Con ello, no hay criba, y donde no hay criba, difícilmente hay excelencia. Y aunque como “argumento de venta” les funcionará, resulta inquietante la afirmación de que los ganadores automáticamente pasarán a estar nominados en los Premios Nacionales, o lo que es lo mismo: los diseñadores y empresas riojanos -– y los de Castilla-La Mancha, que comparten el modelo– son a partir de ahora los únicos que pueden, por esta vía, postularse por iniciativa propia al Premio Nacional sin someterse a la nominación por terceros.
Otro asunto espinoso son los criterios de valoración, que son parecido a los de los PENES… ¿los mismos? No exactamente. Están los ya sabidos de “el diseño como herramienta de competitividad y desarrollo”, que afortunadamente desapareció en los PENES, y lo de los “beneficios medioambientales” que siempre queda bien, hueco pero bien. A fuerza de apretar se ha ido consiguiendo que el valor cultural del diseño (diseño para usuarios o diseño para la economía…) se incorpore a los PENES como criterio de valoración: ya sea como “aportaciones significativas a la cultura del diseño”, o como “compromiso en la evolución de la cultura contemporánea”. En los del CEDIR, ni por asomo: la convocatoria y las bases conforman un desplegable de ocho páginas en el que la palabra “cultura” no aparece ni por descuido.
Y por último, y aquí ya se nos cae cualquier atisbo de condescendencia que pudiera quedarnos, está el jurado. Lo forman un representante de cada uno de estos organismos: Agencia de Desarrollo Económico de la Rioja ADER, Centro de Diseño Integral CEDIR, Dirección General de Educación de La Rioja; la Cámara de Comercio, la Federación de Empresarios y el Club de Marketing de la Rioja; la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Logroño, y los colegios de Arquitectos y de Decoradores de la Rioja. Sospecho que no soy el único a quien le surge la misma duda indignante… ¿dónde están los diseñadores? ¿dónde los expertos en diseño?. Una vez más, los diseñadores nos tenemos que someter al juicio subjetivo de funcionarios, gestores y políticos, al de los arquitectos o al de los decoradores, porque ya se sabe, de diseño puede opinar cualquiera.
La cadena de despropósitos es difícilmente superable. Y lo peor, con el poco dinero que pueda haber para la promoción del diseño, éste es casi siempre el perfil de quienes lo gestionan. Con amigos como éstos, quién necesita…
Lo peor de que se hagan mal las cosas, es que puede haber quien las tome como modelo. Así, el Centro de Diseño Integral de la Rioja CEDIR ha convocado su premio “no nacional” de diseño a imagen y semejanza de los PENES (Premios Nacionales). Y ni siquiera han aprovechado todos estos años de despropósitos enmendados y errores que su hermano mayor ya cometió y subsanó, y se cometen como si fueran nuevos.
El premio se desdobla en dos, el del diseñador y el de la empresa (esto nos suena…) y con ello, una vez más, no hay dotación, por supuesto.
A diferencia de los Premios Nacionales, aquí no hay proceso de nominación por comité consultor externo, sino que cada quién se autopropone. Con ello, no hay criba, y donde no hay criba, difícilmente hay excelencia. Y aunque como “argumento de venta” les funcionará, resulta inquietante la afirmación de que los ganadores automáticamente pasarán a estar nominados en los Premios Nacionales, o lo que es lo mismo: los diseñadores y empresas riojanos -– y los de Castilla-La Mancha, que comparten el modelo– son a partir de ahora los únicos que pueden, por esta vía, postularse por iniciativa propia al Premio Nacional sin someterse a la nominación por terceros.
Otro asunto espinoso son los criterios de valoración, que son parecido a los de los PENES… ¿los mismos? No exactamente. Están los ya sabidos de “el diseño como herramienta de competitividad y desarrollo”, que afortunadamente desapareció en los PENES, y lo de los “beneficios medioambientales” que siempre queda bien, hueco pero bien. A fuerza de apretar se ha ido consiguiendo que el valor cultural del diseño (diseño para usuarios o diseño para la economía…) se incorpore a los PENES como criterio de valoración: ya sea como “aportaciones significativas a la cultura del diseño”, o como “compromiso en la evolución de la cultura contemporánea”. En los del CEDIR, ni por asomo: la convocatoria y las bases conforman un desplegable de ocho páginas en el que la palabra “cultura” no aparece ni por descuido.
Y por último, y aquí ya se nos cae cualquier atisbo de condescendencia que pudiera quedarnos, está el jurado. Lo forman un representante de cada uno de estos organismos: Agencia de Desarrollo Económico de la Rioja ADER, Centro de Diseño Integral CEDIR, Dirección General de Educación de La Rioja; la Cámara de Comercio, la Federación de Empresarios y el Club de Marketing de la Rioja; la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Logroño, y los colegios de Arquitectos y de Decoradores de la Rioja. Sospecho que no soy el único a quien le surge la misma duda indignante… ¿dónde están los diseñadores? ¿dónde los expertos en diseño?. Una vez más, los diseñadores nos tenemos que someter al juicio subjetivo de funcionarios, gestores y políticos, al de los arquitectos o al de los decoradores, porque ya se sabe, de diseño puede opinar cualquiera.
La cadena de despropósitos es difícilmente superable. Y lo peor, con el poco dinero que pueda haber para la promoción del diseño, éste es casi siempre el perfil de quienes lo gestionan. Con amigos como éstos, quién necesita…
1.7.06
¿Es el .pdf sólo un formato?
Para quienes trabajamos con información, el pedeefe es sobretodo un formato cómodo. Respeta con suficiente grado de fiabilidad los aspectos formales y de contenido del documento de origen, sin necesidad de remitirse a la aplicación con que fue creado. Es lo que a quienes se dedican a la industria del software les gusta tanto definir como un estándar. A ello se le añade su gran versatilidad (otra palabra que también les gusta mucho), que lo hace propio para presentación en pantalla, para su traslado al papel y para contenidos en internet, sobretodo si proceden de formato impreso. Una audaz política expansionista de Adobe frente a otras más restrictivas y mercantilistas que plantearon en origen otros productos similares lo ha convertido, insistimos, en el estándar. Y también lo está siendo como enlace en el proceso de las artes gráficas, gracias a una arquitectura increíblemente abierta y modular. Con ello, no hemos llegado a saber donde está el huevo y dónde la gallina: ¿son los pedeefes nuestro modo habitual de intercambio de documentos porque es el formato natural en las artes gráficas, o acaso un formato creado para el tránsito de documentación en las empresas se ha demostrado tan potente que han sido los impresores quienes lo han adoptado frente a otras alternativas más costosas, cerradas y opacas? Debe haber un poco de las dos cosas.
Pero más allá, el pedeefe está siendo para la difusión de la cultura impresa lo que el mp3 sería para la música. Y del mismo modo que éste último está resquebrajando los hábitos y maneras de la industria discográfica, el pedeefe lo hará pronto con la industria editorial.
No estamos ante la alternativa al papel, que esa discusión parece que la vamos superando, la revolución es mucho más profunda. Del mismo modo que ha explosionado un debate no siempre pausado y amable acerca de los límites de los derechos de autor y de propiedad intelectual en el mundo de la música, en el que los legisladores y los mal llamados gestores de derechos corren desesperados para intentar acercarse a una realidad que les supera ampliamente, no falta mucho para que esa situación se traslade, de la mano del bendito pedeefe, a la cultura de lo impreso. Los motivos son casi perversos: tradicionalmente, la remuneración patrimonial de la propiedad intelectual ha ido asociada al coste-soporte: Cuando comprábamos un disco, con su funda, su libreto y su soporte fonográfico, sabíamos que estábamos pagando esa remuneraciónal autor, aunque ahora hemos descubierto que es menor de lo que pensábamos.
El problema ha surgido cuando de la mano del mp3 y las descargas ese coste-soporte desaparece, y si se me permite, se descubre el pastel. Exactamente lo mismo sucede con lo impreso. Nadie duda que al comprar un libro o una revista, en el precio está metido lo que los autores han de percibir. O sea, vinculado y se diría que escondido en el coste-soporte. Y ahora, al desaparecer el coste del soporte, ese que se mide en unidades, se almacena en naves y se transporta en camiones, nos encontramos con el mismo problema. Entre otras cosas porque la industria y la legislación siguen usando una unidad de medida obsoleta: la tirada, que se conforma en número de ejemplares. Dos conceptos que no tienen cabida cuando la música ya no son discos, ni la literatura son libros.
No se trata aquí de alzar utópicas banderas por la difusión libre y gratuita, sino de alertar sobre la necesidad de abrir este debate. Acaso haya que replantearse unas politicas de remuneración que hoy son exclusivamente por royalties, y que habrá que pensar si no hay que combinarlas también con las de los honorarios. De momento, todo esto está sirviendo para que empiecen a oirse voces que reivindican un cambio de percepción. Y los gobiernos, los legisladores, los autores y creadores, la industria y los receptores vamos a tener que introducir una variable nueva: además de los derechos de autor, de los derechos patrimoniales que se devengan de ellos, de los de propiedad intelectual, de los de explotación, tendremos que barajar uno que de momento tenemos olvidado: el derecho que toda persona tiene al acceso a la cultura. No es nuevo, está desde 1948 en los artículos 22 y 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
El reto de todos es, como sucede casi siempre, encontrar las fórmulas para que lejos de estar enfrentados estos derechos sean compatibles.
La cultura no es un derecho para unos pocos, para los privilegiados, para el primer mundo.
Vamos a tener que redefinirlo todo. Incluso las palabras se nos están quedando obsoletas: la propiedad es material por definición, indica posesión frente al que no posee, pero las ideas no tienen propiedad: tienen autoría. La propiedad de una idea es del que la conoce, no del que la tuvo. Afortunadamente.
No es la primera vez que lo escribo: Si el pan o la leche pudiéramos pasarlos a .pdf, se acabaría el hambre en el mundo... ya que es posible hacerlo con la cultura, hagámoslo.
Para quienes trabajamos con información, el pedeefe es sobretodo un formato cómodo. Respeta con suficiente grado de fiabilidad los aspectos formales y de contenido del documento de origen, sin necesidad de remitirse a la aplicación con que fue creado. Es lo que a quienes se dedican a la industria del software les gusta tanto definir como un estándar. A ello se le añade su gran versatilidad (otra palabra que también les gusta mucho), que lo hace propio para presentación en pantalla, para su traslado al papel y para contenidos en internet, sobretodo si proceden de formato impreso. Una audaz política expansionista de Adobe frente a otras más restrictivas y mercantilistas que plantearon en origen otros productos similares lo ha convertido, insistimos, en el estándar. Y también lo está siendo como enlace en el proceso de las artes gráficas, gracias a una arquitectura increíblemente abierta y modular. Con ello, no hemos llegado a saber donde está el huevo y dónde la gallina: ¿son los pedeefes nuestro modo habitual de intercambio de documentos porque es el formato natural en las artes gráficas, o acaso un formato creado para el tránsito de documentación en las empresas se ha demostrado tan potente que han sido los impresores quienes lo han adoptado frente a otras alternativas más costosas, cerradas y opacas? Debe haber un poco de las dos cosas.
Pero más allá, el pedeefe está siendo para la difusión de la cultura impresa lo que el mp3 sería para la música. Y del mismo modo que éste último está resquebrajando los hábitos y maneras de la industria discográfica, el pedeefe lo hará pronto con la industria editorial.
No estamos ante la alternativa al papel, que esa discusión parece que la vamos superando, la revolución es mucho más profunda. Del mismo modo que ha explosionado un debate no siempre pausado y amable acerca de los límites de los derechos de autor y de propiedad intelectual en el mundo de la música, en el que los legisladores y los mal llamados gestores de derechos corren desesperados para intentar acercarse a una realidad que les supera ampliamente, no falta mucho para que esa situación se traslade, de la mano del bendito pedeefe, a la cultura de lo impreso. Los motivos son casi perversos: tradicionalmente, la remuneración patrimonial de la propiedad intelectual ha ido asociada al coste-soporte: Cuando comprábamos un disco, con su funda, su libreto y su soporte fonográfico, sabíamos que estábamos pagando esa remuneraciónal autor, aunque ahora hemos descubierto que es menor de lo que pensábamos.
El problema ha surgido cuando de la mano del mp3 y las descargas ese coste-soporte desaparece, y si se me permite, se descubre el pastel. Exactamente lo mismo sucede con lo impreso. Nadie duda que al comprar un libro o una revista, en el precio está metido lo que los autores han de percibir. O sea, vinculado y se diría que escondido en el coste-soporte. Y ahora, al desaparecer el coste del soporte, ese que se mide en unidades, se almacena en naves y se transporta en camiones, nos encontramos con el mismo problema. Entre otras cosas porque la industria y la legislación siguen usando una unidad de medida obsoleta: la tirada, que se conforma en número de ejemplares. Dos conceptos que no tienen cabida cuando la música ya no son discos, ni la literatura son libros.
No se trata aquí de alzar utópicas banderas por la difusión libre y gratuita, sino de alertar sobre la necesidad de abrir este debate. Acaso haya que replantearse unas politicas de remuneración que hoy son exclusivamente por royalties, y que habrá que pensar si no hay que combinarlas también con las de los honorarios. De momento, todo esto está sirviendo para que empiecen a oirse voces que reivindican un cambio de percepción. Y los gobiernos, los legisladores, los autores y creadores, la industria y los receptores vamos a tener que introducir una variable nueva: además de los derechos de autor, de los derechos patrimoniales que se devengan de ellos, de los de propiedad intelectual, de los de explotación, tendremos que barajar uno que de momento tenemos olvidado: el derecho que toda persona tiene al acceso a la cultura. No es nuevo, está desde 1948 en los artículos 22 y 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
El reto de todos es, como sucede casi siempre, encontrar las fórmulas para que lejos de estar enfrentados estos derechos sean compatibles.
La cultura no es un derecho para unos pocos, para los privilegiados, para el primer mundo.
Vamos a tener que redefinirlo todo. Incluso las palabras se nos están quedando obsoletas: la propiedad es material por definición, indica posesión frente al que no posee, pero las ideas no tienen propiedad: tienen autoría. La propiedad de una idea es del que la conoce, no del que la tuvo. Afortunadamente.
No es la primera vez que lo escribo: Si el pan o la leche pudiéramos pasarlos a .pdf, se acabaría el hambre en el mundo... ya que es posible hacerlo con la cultura, hagámoslo.
1.5.06
Alex Morcillo me decubre esta maravilla publicada en la web de El Mundo.
Dentro de la más exigente calidad en el mundo de la protesta creativa, este sujeto anónimo ha dedicado algo de dinero y mucha genialidad a la loable iniciativa de forrar los parquímetros de Madrid con la sugerente pegatina de la foto, de manera que al pagar por aparcar a uno le queda el consuelo de decirle a este alcalde que nos ha tocado: "...por donde te quepa".
Buenísimo.
7.4.06
Señalética
Hoy en El País Vicente Molina Foix publica un artículo titulado Señalética, que no tiene desperdicio.
Y mientras lo buscaba, me topé con este otro, ya antiguo, pero que también es para disfrutarlo.
Hoy en El País Vicente Molina Foix publica un artículo titulado Señalética, que no tiene desperdicio.
Y mientras lo buscaba, me topé con este otro, ya antiguo, pero que también es para disfrutarlo.