Este blog está discontinuado

Hola. Este blog ya no se actualiza. Pero me pareció bien que todo este material siguiera estando ahí. Por si alguna vez alguien quiere leerlo, y por contribuir a la basura informática.
Puedes ver y leer lo que hago y escribo ahora en instagram,
en facebook, en twitter...

15.9.07

La Vanguardia publica hoy en un artículo que la SGAE ha interpuesto querella contra la revista literaria Quimera por un artículo de opinión de Trebor Escargot. Jaime Rodríguez, director de Quimera, ha declarado que "es curiosísimo que una organización que nació para defender los derechos de las ideas y la libertad demande a los que creamos las ideas".
Yo iría más allá... ¿es moralmente lícito que el dinero que nos recaudan a todos para que "no desaparezca la cultura", que es el argumento que más gusta a las entidades de gestión, se invierta en pleitos para amordazar a una revista cultural?
Incluso aunque fuera cierto y no lo es que de la lectura del artículo del señor Escargot se dedujera que el honor de la Sgae, que desde cuándo tienen honor las entidades jurídicas, ha sido mancillado y ha de ser restituido, la desproporción es tal que puede afirmarse que lo que hay detrás es una utilización torticera de la ley para callarles la boca. Los abogados de la Sgae los pagamos entre todos, incluidos los autores a los que se les merma su parte de recaudación para éstos y otros menesteres. Una revista independiente, restringida al ámbito de la creación literaria, difícilmente puede enfrascarse en querellas y pleitos aunque los gane, sin que su economía se resienta y peligre su subsistencia. Así, al margen de la sentencia, aquí ya se sabe quien pierde. Ya se sabe que la próxima vez tendrán más cuidado, ellos y tantas otras revistas, blogs, autores, etc. a los que con el dinero de todos es tan fácil callarnos. El objetivo es la autocensura, que es la peor de las censuras, y poco a poco con cosas como éstas, se va cumpliendo. Y ahí seguirán ellos, con su "quien me la hace, me la paga", eso sí, siempre que los costes los sigamos pagando todos los ciudadanos a escote.
Desde aquí sólo se me ocurre una cosa: además de mandar un abrazo a mis colegas de Quimera, reproducir el artículo. Ojalá que otros también lo hagan: quizá, si muchos lo hacemos y lo difundimos, echen sus cuentas estos vigías de occidente de pacotilla y vean que lo de amordazar puede ser también contraproducente.
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La horda de los gestores

por Trebor Escargot
(PUBLICADO EN EL Nº 282 DE LA REVISTA QUIMERA


En realidad va a parecer que no hablo de literatura, pero sí lo estaré haciendo. Si en este país la piratería prácticamente no afecta al mundo de la literatura, es sólo por motivos circunstanciales, prácticos. Haciendo uso de los medios a nuestra disposición, y obviando la posibilidad de leer en pantalla, en términos económicos hoy en día sale casi por lo mismo fotocopiar un libro que comprarlo. De ahí la narcótica sensación de oasis del noble arte de la escritura, aparentemente a salvo de estos desaprensivos malversadores: los piratas. Pero eso en realidad poco importa, porque la extorsión no tiene a un arte por objeto sino al ciudadano, al lector, al consumidor de productos culturales, y éste (como imagino que es su caso, lector disciplinado) unas veces lee libros y otras ve películas o escucha música. Por eso creo que es importante que usted lo sepa: los piratas existen, están ahí fuera, son malos y nos acechan. Su propósito es acabar con el arte, convertirlo en mercancía y traficar con ella. Le daré algunas pistas para que, en caso de toparse con uno de ellos, pueda usted identificarlo y actuar en consecuencia.

Un confuso vínculo une al pirata con el mundo del arte. Si hoy se dedica a chulearlo y chuparle la sangre en nombre de la gestión y la propiedad intelectual, en otros tiempos lo practicó, normalmente con escasa suerte y altas cotas de mediocridad. Luis Cobos o Pau Donés (que sigue en activo, en serio…) serían ejemplos obvios, pero hay otros ex artistas que sí gozaron alguna vez del favor de las musas (no hay más que recordar la preciosa canción que, en su debut, Víctor Manuel le dedicara a Francisco Franco. Lo cierto es que suelen iniciarse en la piratería cuando se les acaban las ideas, o más bien las ganas de trabajar para tratar de tenerlas).

Sus métodos pueden despistarnos, pues no andan por la vida en barco, ni tienen el valor que requiere empuñar una espada. Han abandonado el ron, en favor del CD-Rom, y la bandera de la calavera por otras más discretas y actuales con las siglas de su banda: SGAE, VEGAP, etc.

Han ampliado su radio de acción, colonizando los mecanismos que en otros tiempos ampararon a una especie hermana: los corsarios. En virtud de esta reestructuración jurídica, y gracias a un juego de sobornos estándar, cuentan con el apoyo de las instituciones y sus representantes (muy próximos a ellos en capacidad intelectual y gusto estético), y en una evolución próxima a la de la mafia clásica, ejecutan un poder parademocrático que suele tener la forma de impuestos y normalmente recibe el nombre de canon.

Como los piratas de verdad en su momento, como el telar manual tras la aparición del mecánico, o como la comunicación mediante tambores después de inventarse el teléfono, estos zafios piratas tienen las horas contadas. Y nosotros, por una mera cuestión generacional, asientos de primera fila para asistir a su cochambrosa y ridícula agonía.

Así que, de momento, dejemos que nos sigan extorsionando. Querrá decir que siguen vivos, que todavía tenemos tiempo para asistir a su hecatombe.

14.9.07




De los diez logos de la candidatura olímpica, algunos sólo salvábamos uno, que tenía un mínimo de calidad gráfica. Quedaba la esperanza de que ese ganara y se salvaran los muebles... pues va a ser que no. Ya le han pillado. Eliminado éste, podemos afirmar rotundamente que el ganador será un auténtico bodrio, hay nueve para elegir.

Estas polémicas, como también la del logo hispano-alemán del gobierno, quizá sirvan para que se reconsidere lo de los concursos abiertos.
Primeros de septiembre, cena de diseñadores... tema estrella: el concurso del logo del gobierno. Y surge una nueva palabra para definir aquel diseño que pretende pasar por original y en realidad ha sido copiado con descaro y poca destreza de uno existente: REPULLAZO. Ojalá se me hubiera ocurrido a mí, pero no. El copyright es de Miguel Vagalume.
Moncloa ha rectificado, el segundo concurso, además de restringido, finalmente será remunerado. Se han perdido unos meses preciosos, que no nos engañemos, todo esto está condicionado por la proximidad de las elecciones. Tanto esfuerzo para llegar a lo que tendría que haber sido el punto de partida.
A pesar de que por tres veces habían dicho que la ley no permitía remunerar la participación en estos concursos, y a sólo cinco días de la finalización del plazo de entrega de las propuestas, los diseñadores han recibido una llamada en la que se les asegura que cobrarán tres mil euros por presentarse. Evidentemente, la ley sigue siendo la misma, quiere esto decir que existía perfectamente la fórmula para haberlo hecho desde el principio. Si de lo que se trataba es de gestionar bien el dinero público, actitud loable y de agradecer, podría haberse hecho obviando un concurso que sólo sirvió para saber que el logo del gobierno alemán es un buen logo, lástima que ellos lo usen también; tanto gastos de jurado como dotación como comunicación pública podrían haberse ahorrado. Y en la segunda fase, una convocatoria razonablemente restringida y remunerada (cinco o seis diseñadores) hubiera sido más barata y eficaz que todo este culebrón, que ha llevado a una situación sin precedentes: hasta catorce diseñadores pueden estar participando en un concurso restringido con remuneración.
En cualquier caso gana la dignidad de esta profesión: Mantenerse firmes como han hecho los “popes” cuando el atropello viene de donde viene, es un gesto que deberíamos agradecérselo todos, y especialmente los que defienden los concursos abiertos y no remunerados con el argumento de que siempre son los mismos los que participan, y no se dan oportunidades.

12.9.07

Los diseñadores que plantaron al gobierno

El concurso de ideas para el nuevo logotipo del gobierno ha acabado como acaban muchos concursos abiertos, con un plagio como resultado, que no podría ser utilizado aunque se quisiera.
Desatendiendo las voces de un sector indignado –recuérdese la carta avalada por la práctica totalidad de las asociaciones– y en una incomprensible huida hacia adelante en vez de enmendar los errores, el convocante ha mirado hacia otro lado. Y lejos de cuestionar la validez de un resultado vergonzante, el creador (?) del logo no sólo va a cobrar la dotación inmerecida sino que ha sido invitado al segundo concurso.
De todo esto, quizá lo peor es el fraude que supone para el resto de participantes. Es cada vez más habitual que los diseñadores profesionales no participen en este tipo de concursos, ni siquiera la expectativa de ganar es un aliciente para diseñadores establecidos que no necesitan especular con su trabajo. Esta es también, oficialmente, la postura de la mayoría de las asociaciones, dejando quizá al margen a la AEPD, que ha defendido últimamente los concursos abiertos “pero entre profesionales”. Hay que decir que esta es una postura novedosa, auspiciada por la actual directiva, tradicionalmente esta asociación ha sido de las más beligerantes en su negativa a los concursos abiertos, y queremos pensar que este nuevo rumbo no es necesariamente respaldado por la mayoría de sus asociados. En cuaquier caso, cabría esperar de los convocantes una actitud menos política; que los doce mil euros recompensen un trabajo que por razones obvias no va a utilizarse y por tanto no cumple los objetivos de la convocatoria, es un fraude, no ya sólo a los ciudadanos, que podemos indignarnos ante una malversación manifiesta de los recursos públicos, también a los más de trescientos bienintencionados participantes, que han de asistir pasmados e impotentes al atropello.
Durante el mes de agosto se convoca la “continuidad” de concurso, esa segunda entrega restringida para el desarrollo de la nueva identidad. Este nuevo concurso, otra vez sin remuneración, exigía nada menos que la presentación de diez paneles que incluyeran desde el propio logotipo y sus versiones secundarias, hasta las aplicaciones en merchandising (regalos, gorras, camisetas, boligrafos, etc), pasando por el photocall, cartela de spot para TV, creatividad en prensa, aplicaciones en entorno web, carteles, placas y señalética. Debía añadirse a ello además un manual básico de normas gráficas que recoja los usos y aplicaciones del diseño. Hay que insistir, porque parece increíble: todo ello para concursar, sin cobrar por ello, y se pretendía que participaran los primeros espadas del diseño patrio.
Una primera convocatoria es lanzada a una restringida selección de diseñadores conocidos, entre los que se encuentran varios premios nacionales. El importe máximo del contrato es de 30.000 euros IVA incluido, en el entendido de que la licitación lo es también en precio, pudiendo el participante rebajar dicha cuantía. Por poner un ejemplo, el gobierno de Cantabria, sin tantas exigencias y siendo un trabajo de envergadura y dificultad mucho menor, acaba de convocar un concurso similar con un presupuesto de 100.000 euros.
Resulta evidente que ni las cuantías ni las exigencias entran dentro de la lógica del mercado. Varios de los convocados manifiestan su malestar y declinan la invitación a presentarse, lo que provoca, por un lado, una segunda lista de convocados que llega hasta quince. En un intento de salvar los muebles, esta segunda invitación se acompaña de un documento explicativo, que lejos de aplacar los ánimos, los enciende aún más. En él se matiza, frente a las exigencias a las que aludíamos, que “En este concurso se espera una propuesta conceptual, no un manual de identidad visual. Esta propuesta deberá plasmarse, como mínimo, en un cartón pluma de 30cm x 42 cm. El plazo para su presentación es hasta el 12 de septiembre. No es necesario, aunque si recomendable, la realización de versiones en blanco y negro, negativo-positivo, así como identificadores en niveles o aplicaciones en diferentes soportes. Es decir, el material que los participantes consideren que es necesario para que se produzca la comprensión de la propuesta y la ponderación de sus rendimientos técnicos. La presentación de las diez láminas indicada en el pliego de prescripciones es una sugerencia meramente orientativa”. Para entendernos, las exigencias son ahora recomendaciones, en un intento de evitar la desbandada.
Pero no es eso todo, el cuarto punto del documento titulado “¿Por qué la participación en este concurso no está remunerada?” dice: “El Gobierno tiene la máxima consideración por los profesionales del diseño y es plenamente consciente de la importancia de su trabajo”. Vaya, no había ninguna necesidad de afirmarlo, sólo puede existir un motivo: son muy conscientes de lo contrario. Sigue: “Por eso ha querido contar con los mejores en lo que entendemos que es uno de los trabajos más destacados que se pueden realizar en nuestro país en el campo de la imagen visual institucional”. ¿Es necesario tanto halago y empalago cuando de lo que se trata es simplemente de contratar profesionales en la plenitud de conciencia de lo importante que es su trabajo?. Ciertamente no. Se diría que trata de compensarse con ello la absoluta falta de respeto manifiesta en todo este proceso por el trabajo y los conocimientos de los diseñadores. Y apostilla: “Pero las normas de derecho administrativo que rigen los contratos de la Administración General del Estado impiden la remuneración previa por la participación de estos concursos”. Esto puede ser cierto, pero no del todo, porque es legalmente eludible si hay voluntad para ello. Basta con convocar a través de una Sociedad Estatal, curiosamente hay una dedicada precisamente al diseño, a quienes debe salirles el dinero por las orejas a juzgar por lo que invierten en promocionar la artesanía. Se ha hecho otras veces, y se volverá a hacer. También puede convocarse un concurso, restringido o no, en el que no haya que trabajar por adelantado: valorándose trabajos anteriores, curriculum, trayectoria, propuesta económica, etc. A partir de ahí, se elige al diseñador más apropiado y sólo ese realiza el trabajo y lo cobra. Igual que cuando contratan la adquisición de sus vehículos oficiales, o la redecoración de sus despachos. Y para acabar de arreglarlo, en lo que ya supone un menosprecio que roza el insulto, concluye el documento: “En cualquier caso, la Secretaría de Estado de Comunicación está estudiando el tema y tiene previsto algún tipo de publicación de los trabajos, como reconocimiento del trabajo de los diseñadores, ya sea a través de una exposición o de una publicación y siempre de acuerdo con los autores”. Esto nos suena. Este del libro es exactamente el mismo argumento que vienen utilizando el BCD y el Ministerio de Industria desde hace años, cuando se les pregunta cómo es posible que existan más de cincuenta Premios Nacionales en nuestro país, todos ellos con dotación económica, y sólo uno, el Premio Nacional de Diseño, carece de ella. Parece que tratándose del colectivo del diseño los agravios son extrapolables y reutilizables. No es de recibo ese paternalismo, no es admisible que haya dinero para pagar libros y exposiciones que no son sino propaganda y triunfalismo del convocante y no lo haya para remunerar los trabajos que contengan. Los diseñadores no necesitan que se les deslumbre con espejitos ni abalorios, a buen seguro que se contentan con que se les pague su trabajo.

Los convocados

Cuando hemos ido conociendo cómo se desarrollaba esta segunda convocatoria, hemos querido hacer un pequeño trabajo de campo, a efectos meramente estadísticos, contactando a los convocados para saber cuántos de ellos iban a participar. En realidad no es importante quién sí y quién no, con la misma energía que podemos criticar las convocatorias de los concursos abiertos y los no remunerados, si estamos convencidos de que son contraproducentes para el convocante y para los diseñadores, con esa misma energía habrá que defender que mientras sigan convocándose, cada diseñador deberá legítimamente decidir qué postura toma, y si participa o no.
Pero los datos son concluyentes: de los quince convocados, doce diseñadores han manifestado no tener intención de presentarse; uno sí se presentará, uno no contestó y con otro no pudimos contactar. La primera reflexión ha de ser positiva. Dejando de lado que sus motivos sean egoístas o por la defensa del colectivo, es de agradecer que la inmensa mayoría no se preste a dar validez a lo que no la tiene, aunque, al margen del tema económico, la rentabilidad en imagen y la repercusión de un encargo así sea un caramelo para cualquiera.
Hasta aquí la denuncia o pataleta si se quiere, y la reivindicación gremialista. No es importante. El error enorme de este concurso es estratégico. Pensar que el problema es de colores, tipografías, trazos, o elementos gráficos que cualquiera pueda proponer en un concurso abierto es ingenuo. Para llegar a la conclusión de que debe estar el escudo, los colores de la bandera y el lema Gobierno de España les habría bastado con una llamada a Norberto Chaves, a Joan Costa o a Amando de Miguel. Se lo hubieran dicho gratis.

El efecto O.T.

En el fondo, y esperemos que no cunda el ejemplo, lo que está sucediendo es que convertir la creación gráfica en objeto de campaña de imagen puede resultar políticamente rentable. Y por lo mismo, si sale mal el coste en imagen es proporcional. Cuando la convocatoria del concurso es en sí el objetivo, los resultados son impredecibles. Está sucediendo también con la elección del distintivo para la candidatura olímpica de Madrid. Si entre 2691 propuestas, las diez mejores son las que con tanta reiteración hemos visto en los medios, a nadie escapa que el proceso era equivocado. Siempre que el objetivo fuera conseguir el mejor identificativo. En el más puro estilo televisivo, nadie sabe ni quién ni cómo ha hecho la selección. Ahora, mediante un sistema de votación ingenuamente fácil de manipular, se elegirán tres. Y otra vez, sabios expertos de incuestionable prestigio tendrán que decidir entre esos, que aunque en las bases pone que pueden dejarlo desierto, no alcanzo a pensar que el político admita que se contradiga la opinión del pueblo. De algo ya estamos seguros, gane el que gane, tendrán un logotipo de calidad discreta y escasísima eficacia. Con su pan se lo coman.

3.9.07

Cuando saltó el despropósito que suponía el concurso de ideas para el logotipo del gobierno, hace dos meses, parecía que era un escándalo considerable... quién nos iba a decir que aquello era sólo la anécdota, y que lo peor estaba aún por venir.
Los hechos son conocidos, el hilo ha podido seguirse en internet en foros y bitácoras, y la mayoría de periódicos se han hecho eco en sus páginas.
Como se recordará, las asociaciones habían firmado un documento conjunto protestando por la convocatoria del concurso. Presidencia de Gobierno, viendo que existía un malestar general entre los profesionales, contacta con algunas de estas asociaciones ofreciéndoles estar en el jurado, siendo AEPD la única que se somete. En un comunicado a sus socios, justifica el cambio de postura argumentando que “consideramos que en la práctica un buen jurado, experto, representativo y profesional puede introducir esas mejoras y seleccionar la mejor propuesta, objeto del concurso, o en el caso de no haber propuestas de suficiente calidad declararlo desierto. (…) Entendemos que la posición de negativa del concurso y de enfrentamiento a las instituciones, dificulta futuras negociaciones y crea un abismo entre éstas y los diseñadores”. De lo que ha pasado después se deduce que esta complacencia no estaba justificada: proceso y resultado han sido desastrosos, y no se tenía que haber estado ahí.
La convocatoria sigue su curso sin variar un ápice el planteamiento. Los plazos de tiempo se superan y no es hasta mediados de agosto cuando se conocen los resultados. El mismo día en que los periódicos publican el logotipo ganador, en varios foros sobre diseño aparece la información de que es prácticamente igual que el del gobierno alemán, diseñado hace una década por el prestigioso estudio MetaDesign.

El plagio

No es poco habitual que en un concurso abierto e indiscriminado acabe por descubrirse que el trabajo ganador es un plagio. Por muy experto que sea el jurado, es imposible evitarlo. Aunque en este caso, la copia es tan torpe y evidente, y la referencia tan relevante que a poco que hubieran hecho los deberes, se habrían dado cuenta.
En realidad es una consecuencia del proceso viciado: la profesionalidad se demuestra también en eso, y cuando se renuncia a ella de antemano...
En cualquier proceso de diseño de identidad la investigación de lo existente es un eje fundamental en la fase previa. En muchas ocasiones, en el mismo encargo existe documentación al respecto, y si no es así es el propio diseñador quien la recaba. Por otra parte, las exigencias de un buen brief, y en su caso el contrabrief que el diseñador realice y consensue con el cliente, marcan las pautas a seguir, las necesidades, los objetivos, el target, etc. Todo este proceso es inexistente en los concursos abiertos. Siendo así, no es de extrañar que existan auténticos profesionales del concurseo. Al fin y al cabo, en estos casos el objetivo no tiene nada que ver con el diseño: se trata de ganar el concurso, y el público objetivo es el jurado.
Dejando la profesionalidad al margen, es sencillo: uno elabora una recopilación de trabajos ya hechos con características similares, en eso internet y Google son una gran ayuda, y en pocos minutos se dispone de cientos de soluciones. Por este procedimiento es barato, rápido y rentable presentarse a decenas de concursos: turismo, identidad, carteles, etc. Lo más probable es que nadie se dé cuenta, e incluso aunque así sea, la polémica saltará cuando ya se haya obtenido el importe del premio, que las instituciones rara vez reclaman, porque sería tanto como reconocer su error. Frente a esto sólo hay dos obstáculos: el primero es que uno se juega su prestigio profesional: para ello hay que tenerlo, y que importe perderlo. También hay una cuestión de ética profesional, a la que apelar a estas alturas resulta ingenuo.
Cuando se descubre “el pastel”, siempre queda como recurso intentar acogerse a la coincidencia... No es el caso: Cuando Juan Repullés, director del estudio Margen y autor del logo es preguntado en una entrevista en el diario ADN sobre si conocía el logotipo del Gobierno alemán, contesta: “Por supuesto. Hemos analizado los logos de todos los países europeos y de otras importantes naciones, no sólo de Alemania”.

El reconcurso

Algunos diseñadores “de reconocido prestigio” han recibido a mediados de agosto una carta convocándoseles a un nuevo concurso. También estaba previsto que participara el ganador, queda por saber si después del affair Moncloa les mantendrá en la terna. El concurso para desarrollar el trabajo seleccionado estaba contemplado en las bases del primero, hay que pensar que en realidad se tratará de hacer un logo nuevo. El presupuesto es de 30.000 euros, que tampoco es para tirar cohetes.
Los que trabajan para la administración y saben de esto dicen que nada hay más sospechoso que los concursos que se convocan en agosto, y cuyo plazo se cierra en los primeros días de septiembre. La suspicacia está servida, más aun si a ello se une que entre 320 ganó uno que ya trabajaba “para la casa”, pues el estudio Margen es el responsable del diseño de las webs corporativas de la Moncloa y la del Ministerio de la Presidencia del Gobierno.
Varios de los convocados han manifestado su intención de no participar en el “reconcurso”, lo que les honra. Y desmonta en parte la argumentación simplista de quienes defienden que los concursos abiertos rompen la inercia de que siempre sean los mismos los convocados.

28.8.07

querido Pedrojota:

Que te follen. hoy ha desaparecido Umbral. Durante años he alternado tu puto periódico con otros, en el bien entendido que todos los periódicos dicen lo mismo, pero tu tenías a Umbral, y mira que me jodía. Cuantas veces he degustado a primera hora su columna, mano a mano con un montado de jamón ibérico y un cafeconleche, en el Sagredo de la avenida del mediterráneo, que por si acaso no me daba ese día tiempo a leer el periódico, ya me tenía leído el Umbral. A sabiendas de que me gano las habichuelas escribiendo, leer a Umbral por las mañanas, antes de empezar, era un aliciente, una puesta a punto del manejo del lenguaje y el orden de las ideas, una gimnasia. A él, le echaré de menos.

2.8.07

Joaquín Rodríguez es uno de los que más sabe de los libros y su futuro, y con él comparto algunos pareceres y otros no, lo que nos lleva a discutir bastante y a que yo aprenda mucho. Ha publicado una interesante entrada en su blog sobre la desnaturalización del diseño editorial.
Merece la pena leerla entera, pero destaco este párrafo:
"En este mercado extremadamente competitivo, tal como ocurre en España, los departamentos de márketing y comunicación acaban, progresivamente, imponiendo sus criterios, tal como cuenta Walter Hellmann, antiguo director de arte de la excelsa editorial Rowohlt: los responsables de la venta elaboran una serie de cuestionarios que los lectores deben rellenar y, una vez obtenidos los resultados y sistematizados sus gustos, imponen a los departamentos de diseño editorial el aspecto que los libros deban tener (desde las tipografías al tipo de imágenes de cubierta), produciéndose el perverso efecto de la homogeneización y pérdida de significado de cada uno libro en particular".

31.7.07

[al lector: este blog no es sobre edición, y por tanto esto no debía estar aquí. Es una pataleta. Sáltatela si quieres]. Cuídame de mis amigos, que de mis enemigos ya me defiendo yo. El libro no necesita amigos. Tengo pendiente entrar de lleno en esa nueva y extraña ley del libro y las bibliotecas. Mientras, sólo algunos apuntes a vuelapluma.
1. Los editores estaremos obligados a imprimir el precio en la cuarta de cubierta, supongo. Y dicen que eso es bueno para el mercado del libro. Lo es para la frenética edición de los best-sellers... ¿qué sucederá con los libros de largo recorrido, que son mayoría? Ningún otro producto es intervenido hasta el punto de obligarse a un precio ad aeternum, no quiero pensar cómo podremos dentro de diez años mantener el precio de lo que estamos editando hoy, y pagar el porte, el almacenaje... al final, la descatalogación es la solución: eso que tanto gusta a las grandes editoriales y que mata a las pequeñas.
2. El libro no podrá ser obsequio promocional como hoy sucede. El que quiera leer, que pague. Libros como objeto de lujo, sólo para ricos. Demasiadas veces la defensa del libro es agresión al lector. Los que compran un periódico por el libro que se regala con él, no son lectores, son llenadores de estanterías. El lector elige lo que lee, no lee lo que es gratis. Pero si hay libros en las estanterías de las casas, estaremos más cerca de que los que viven en ellas empiecen a leer... y después, querrán elegir lo que leen.
3. El canon contra el préstamo en las bibliotecas, que ni van a pagar los lectores, ni saldrá del presupuesto para adquisición de las bibliotecas... es esa teoría del dinero-chicle, que parece que nadie lo pone y tanto gusta a los políticos, ya sea para que los ricos tengan más niños o para desfomentar la lectura.
4. El precio único, con la salvedad del libro de texto [decir libro de texto es como decir agua mojada]... que es precisamente donde la competencia desleal y el dumping es más real. En cualquier mercado la competencia es garantía para el consumidor. La defensa de la lectura, en cambio, pasa siempre por putear al que lee.
5. Lo que de verdad está matando la edición es almacenar y mover libros. Hubo un tiempo en que mandar un libro o revista era casi gratis. Hoy, las tarifas de correos para la cultura son una anécdota, y por la relación calidad-precio casi todos están optando por la mensajería privada. Pobre del editor o distribuidor a quien un librero le pida un libro.
Todos los periódicos son iguales, aunque unos más iguales que otros, como diría Orwell. La diferencia hoy la marcan las columnas de opinión y los suplementos. Pues bien, una vez por semana Juli Capella tiene una colaboración en El Periódico de Catalunya que bien vale cambiarse ese día de diario.
Hace unas semanas publicó este decálogo del buen diseñador. Creo que merece la pena dejarlo aquí.

DECÁLOGO DEL BUEN DISEÑADOR

1.
No beberás, ni fumarás, ni te drogarás.
Porque para ser creativo necesitas todo el cerebro que tienes.
2.
No tendrás costumbres caras.
Si te interesa el dinero, mejor búscate otra profesión, el buen diseñador nace del talento, el empeño y mucho tiempo.
3.
Soñarás y diseñarás, y soñarás y volverás a diseñar…
Ser diseñador no es un oficio con horario, sino una forma integral de vida.
4.
No serás vanidoso.
No te tomes demasiado en serio, no trates de justificarte, no busques la fama y el éxito.
5.
No serás modesto.
Nunca ha habido un buen arquitecto o diseñador que no intentara ser grande.
6.
Pensarás en todo momento en los que son verdaderamente grandes.
Pueden servirte de modelo para encarar unas vivencias que suelen ser comunes al oficio. Si comprendes las técnicas de los maestros, tendrás mayor posibilidad de desarrollar la tuya.
7.
No dejarás pasar ni un solo día sin analizar un diseño clásico.
Deberás visitar Ronchamp, el Pabellón de Mies en Barcelona, la casa de la cascada de Wright, conducir un “escarabajo”, sentarte en una Thonet o en una Cesca, estudiar el plano del metro de Londres…volver a Ronchamp…
8.
No adorarás Londres, Nueva York, París.
No pierdas el tiempo en lo que está de moda, el estilo que triunfa, o qué cosas se publican o ganan concursos y premios. Sé auténtico estés donde estés, el talento lo llevas puesto.
9.
Diseñarás para complacerte a ti mismo.
Sé fiel a lo que verdaderamente te interesa e importa. No intentes agradar a los demás, ni al profesor ni al cliente ni al periodista.
10.
Serás difícil de complacer.
La mayoría de obras se notan inacabadas.
Proyectar empieza a ser emocionante cuando descartas la primera idea, cuando logras mejorarla, cuando elevas tu exigencia.

Juli Capella, basado en un decálogo de Stephen Vizinczey “Los diez mandamientos de un escritor” (Verdad y mentiras en la literatura, Seix Barral, 1989)

18.7.07

Esta vez a Pepe Cortés y a la empresa Signes les dieron el Premio Nacional de Diseño. El acto de entrega es siempre muy protocolario, este año presidido por la infanta Cristina. Los discursos están llenos de palabras vacías, tópicos y lugares comunes, declaraciones de buenas intenciones sobre todo de los políticos... todo pertenece a una liturgia inamovible que se repite cada año.
Los premiados tienen que consensuar un discurso, que lee uno de ellos. El de Pepe y Luis, que fue quien lo leyó, podría haber sido más de lo mismo... pero no fue el caso. Aprovechar la ocasión para llamar la atención de las incongruencias en las que caemos las empresas y los diseñadores y comprometer a las autoridades es una audacia. Y utilizar una oportunidad para hacer que merezca la pena, convertir la parafernalia en utilidad, eso sí es diseño, y del bueno.
A su lado, los discursos de los organizadores y los políticos sonaron especialmente huecos, banales, vacíos... la comparación fue aterradora.
Como quiera que era un acto público, sin pedirles permiso corto y pego el contenido del discurso. Si les molesta, ya me lo dirán y lo quitaré.
Para mí, es uno de los mejores "artículos" que sobre diseño he leído en los últimos tiempos, y leo muchos. Ellos saben que ya de antes tenían mi admiración. Ahora también, mi agradecimiento.

Premio Nacional de Diseño 2006
Discurso de Pepe Cortés y Signes
Barcelona, 27 de junio de 2007

Alteza, autoridades, queridos amigos:

Seremos muy breves: Pepe y yo queremos dar las gracias al jurado, a las instituciones y a todos vosotros por este premio. Estamos muy contentos.

Bueno,…pero ya que estamos aquí vamos a aprovechar para tratar un tema, sólo uno. Tenemos poco tiempo y preferimos ser concisos: quisiéramos hablar del medio ambiente. Sí, algunos pensarán que ¡qué pesados!, otra vez con el tema omnipresente, recurrente y tan sobado. Ciertamente está de moda, va de boca en boca, pero realmente se hace muy poco, basta fijarse en como está el patio... la Tierra. Nos gustaría proponer aquí, en el foro del diseño, con las instituciones responsables presentes y ante el colectivo de creadores y empresarios, que el tema es grave y que necesitamos ayuda.

Hemos elegido hablar de ecología, de ecodiseño, porque pensamos que es uno de los temas que une a empresario y diseñador; y que nos coloca en el centro neurálgico del problema, pues conjuntamente diseñamos y producimos objetos que se están cargando el planeta, y nuestra responsabilidad es mayor que la de muchos otros.

Pero ¿cómo vivir sin objetos, sin casas, sin muebles, sin libros, sin coches…? Sí, nosotros también tenemos esta contradicción, como todo hijo de vecino, desde el emigrante a los mandatarios, pasando por un catedrático en biología. Sea cual sea tu oficio y tipo de vida, constantemente debes elegir entre diversas opciones, ir en bicicleta o comprarte un 4 x 4, reciclar el vidrio o mezclarlo con la basura, imprimir el documento o leerlo en la pantalla, construir en aluminio o en Duralmond… ¿O por qué no con las dos cosas, dependiendo de la circunstancia?

Todos estamos inmersos en la contradicción, por un lado queremos jugar limpio, optar por lo ecológico, salvar el planeta, pero por otro nos resulta imposible ser radicales, estamos confundidos. ¿Qué es más saludable medioambientalmente hablando, fabricar mesas de madera cultivada, o reciclar plástico? Muchos productos baratos que compramos han sido producidos muy lejos,con el consiguiente gasto absurdo en transporte y contaminación. ¿No son finalmente muy sucios? Por tanto, el precio se convierte en una cuestión clave en contra de la compra respetuosa. Hemos de lograr que ser limpio no suponga un extra desorbitado.
Sólo cuando lo ecológico sea asequible la gente lo aceptará. Si solo hay voluntarismo, será imposible detener el desastre que se avecina. Ya sabemos que hay quien nos acusará de agoreros, incluso algún ingenuo dirá que el planeta se recalienta él solo y que no pasará nada. También está el cínico, que asegura que tarde o temprano ya nos las ingeniaremos para sobrevivir, al menos unos cuantos…

Ante esta incertidumbre informativa, ante la falta de datos fiables, con la ausencia de organismos de referencia, el sector del diseño deambula confuso. Por eso creemos que hoy es un buen día para pedir a las instituciones que organizan el premio y a todos los involucrados en el sector, que asuman un compromiso de apoyo en este sentido. Les pedimos que nos den referencias fiables, que hagan leyes concretas, que estipulen oficialmente lo sostenible. No sólo que lo apoyen en discursos banales y protocolarios, y con farragosas promesas electorales. No, queremos compromiso real, una oficina técnica que trabaje exclusivamente en este asunto y donde todos, empresarios y diseñadores, podamos dirigirnos a obtener consejo, baremo y apoyo. En el sistema de contratación actual quien actúa limpiamente apenas está valorado. Y quien invierta en ecodiseño, debería tener algún premio.

Pepe y yo somos pecadores contaminantes, como todos, pero nos gustaría serlo menos
e ir superando contradicciones. Queremos aprender a hacerlo mejor. ¿Nos ayudarán las instituciones? Eso es lo que aquí pedimos, hermanados los premiados de este año.

Antes de despedirnos quisiéramos compartir este premio muy especialmente con nuestros equipos, la gente que colabora día a día y ha colaborado con nosotros durante tantos años,
tanto en el estudio de Pepe Cortés como en Signes y la Fundación Signes.

Muchas gracias a todos.

12.7.07

La mujer del César

Se ha montado una y buena con motivo del Premi Catalunya de Dissenyadors Emergents, que se enmarca dentro del Pla de Dinamització de la Moda que promueve el Departament d'Innovació, Universitats i Empresa de la Generalitat de Catalunya. No suelo ocuparme de temas de moda, básicamente porque soy un auténtico analfabeto en la materia, que yo me quedé en la época de las vacas flacas y todo aquello...
Pero esta vez sí creo que merece una excepción.
Se merece en la medida en que ésta es una polémica, supongo, entre una escuela y todas las demás, pero en la que la moneda de cambio son los estudiantes y su futuro. Aunque si se hurga un poco, puede uno descubrir que hay más, que aquí lo que se está jugando, y bastante duro, es la ostentación del mando y representación en lo que se refiere a la promo de la Moda en Catalunya,
Queda de manifiesto que a la postre la beneficiada ha sido la escuela Felicidad Duce, pero la denuncia se traslada a los medios antes del fallo, o sea, que se preveía que iba a pasar. Tampoco parece muy creíble que todas las escuelas se pongan de acuerdo para la puesta en escena conjunta sin una argumentación de peso. Y para los amantes de las casualidades, y lo manifiesto como hecho objetivo sin relación necesaria de causa-efecto, no vaya nadie a pensar que no digo lo que quiero decir, resulta que la subdirectora de la escuela de marras no es sino la mujer del titular de la Secretaría de Comercio de la Generalitat, que al final son los que organizan y subvencionan.
Ayer se fallaban los premios, y el escándalo parece estar servido, debe ser importante porque se hacen eco al menos en El Mundo, Avui, el Punt, La Vanguardia, ABC, El País, ADN, El Periódico e incluso en la Razón, lógicamente en las ediciones catalanas. Cinco escuelas (Bau, Guerrero, ESDI, IDEP y el Istituto Europeo di Design) emitieron un comunicado y sus representantes no acudieron al desfile y la entrega de premios. Aunque sí participaron sus alumnos, cosa que les honra, a esas escuelas, digo, que una cosa es que las cosas se hagan mal y otra es que los que lo paguen sean los estudiantes.
Participaban alumnos de 8 escuelas, pero de los 20 finalistas, once pertenecían a la misma, que arrambló con nueve de los quince premios. O Son la pera limonera esos chicos, o aquí algo ha fallado. O no. Según para quién, está claro que el acierto es pleno.
Leo que se han presentado mas de 2.500 logos al cachondeíto del logo olímpico.
de momento el negocio lo han hecho:

1. Había que presentarlo en cartón pluma, que cuesta a unos 14 euros el
pliego. Los del cartón pluma se han embolsado 35.000 euros
(recuérdese que la dotación del premio era de 30.000)

2. También debía presentarse en CD o DVD, pensemos en un canon de unos 40
céntimos. Las entidades de gestión se llevan 1.000 euros.

3. Hacerlo llegar con comprobante de entrega (correos o mensajeria
privada) cuesta unos 8 euros. Esos se reparten unos 20.000 euros.

Menudo desproposito...

por cierto, ¿alguien sabe quien está en el primer jurado selector y
en el segundo para elegir entre los finalistas elegidos por votación
popular? ¿nos llevaremos otra sorpresa? la información habla de
"especialistas en el mundo del diseño" y un "equipo de diseñadores",
respectivamente.

Vamos de mal en peor.

10.7.07

Me contesta Don Manuel Ángel Aguilar Belda, adjunto segundo del defensor de no sé que pueblo, a una consulta que realicé hace meses...
Para que quede constancia, dejo aquí la respuesta. Que sirva al menos para que otros no lo intenten por este camino...
La cuestión que le planteaba era bien sencilla. Como creador visual, la ley me reconoce y obliga, porque es un derecho irrenunciable, a percibir me guste o no los devengos del canon de reprografía y el de los soportes digitales. Otra cosa es que para cobrarlo realmente tendría que firmar una cesión a VEGAP de otros derechos que nada tienen que ver... es decir, la administración encomienda la distribución de ese dinero a una sociedad de gestión privada, pero ésta pone sus propias reglas, y nos deja fuera del reparto a la gran mayoría de los creadores porque no estamos dispuestos a encomendarles la gestión de otros derechos que en nada se relacionan con éste. Lo que supone que un mínimo porcentaje de creadores visuales (¿el cinco, el diez por ciento?) se reparten lo que nos corresponde a todos. Y eso, con la connivencia del Ministerio de Cultura y ahora también de mi amigo el adjunto segundo, y tengo que pensar, de su jefe, el defensor.
Yo le planteaba esta cuestión al tal defensor. Incluso le proponía la defensa de una alternativa, por la cual quienes no queremos ejercer ese derecho, al menos no en estas condiciones, pudiéramos derivarlo en otros que no fueran precisamente los que sí lo ejercen. El planteamiento sería que si la inmensa mayoría de los creadores visuales "voluntariamente" no llegamos a percibir algo que se le sustrae a la sociedad o los ciudadanos, exista un mecanismo para devolvérselo, en vez de que se lo repartan entre unos pocos.

Especialmente sugerente es el párrafo en el que me cuenta que "a esta institución [el defensor del pueblo] le parece encomiable que usted quiera destinar los beneficios que se deriven de su obra artística a la mejora de la sociedad civil del país mediante aportaciones de carácter económico y de esta forma poder contribuir a alcanzar los objetivos sociales que en la actualidad tiene asumido el Estado. Asímismo, estará contribuyendo al fomento de la solidaridad voluntaria en favor de la consecución de tales objetivos sociales".
A lo que yo añado tres cosas: no se trata de "beneficios", que esos ya los percibo por otro lado, sino de la parte de un canon compensatorio que se les impone a los ciudadanos. Por otro lado, lamento no poder aceptar, estimado adjunto segundo, que me diga que "estaré contribuyendo" a nada. Eso sería si ustedes (el legislador, el ministerio, o el defensor del pueblo, quien sea...) pusieran a mi alcance algún mecanismo para que los privilegiados de VEGAP no se estuvieran quedando con mi parte y la de cientos de miles de creadores de este país.
Y por último, como argumento para no actuar, dice usted y dice bien: "el Defensor del Pueblo tiene encomendada (...) la defensa de los derechos (...) cuando los mismos sean conculcados como consecuencia de una actuación irregular de la administración pública". Pues eso es exactamente lo que algunos creemos que está sucediendo: un derecho irrenunciable reconocido por la ley, no puede de facto ejercerse por un grupo de ciudadanos, porque la administración (concretamente el Ministerio de Cultura) no actúa, que es otro modo de actuación irregular, para que quienes reciben y deben repartir, esto es, las entidades de gestión, lo hagan conforme a la ley y su espíritu.

25.6.07

Algunas reflexiones más sobre el concurso del logo del gobierno... No ha servido de nada la protesta conjunta de las asociaciones. Al final, profesionales a título personal, muy libres de hacer de su capa un sayo, lo avalan con su participación en el jurado.

Mas incómoda resulta la postura de la AEPD, que está también en el jurado. Si nada ha cambiado y todos los despropósitos se mantienen intactos –y si algo ha cambiado que alguien me lo cuente que yo no lo veo por ninguna parte–, una mínima coherencia hubiera aconsejado mantenerse al margen. si no... ¿para qué protestamos?

Este concurso no es importante, con su pan se lo coman. Habíamos conseguido por una vez consensuar un texto y dar imagen de colectivo capaz de cerrar filas si hace falta. No recuerdo en los últimos 20 años un documento firmado por siete asociaciones. Como cabía esperar, el gobierno llama a algunas o a cada una de ellas tratando de involucrarlas, para tratar de dar validez a lo que no la tiene. Sólo una, que yo sepa, agacha los principios, rompe el consenso, y entra a ese trapo. Me preocupa que asumamos como buena la argumentación que se les da a los socios:  "ante las dificultades, por razones administrativas, para convocar de nuevo el concurso e incluso para modificar las bases, consideramos [la AEPD] que en la práctica un buen jurado, experto, representativo y profesional puede introducir esas mejoras y seleccionar la mejor propuesta, objeto del concurso, o en el caso de no haber propuestas de suficiente calidad declararlo desierto".

El concurso no es ni peor ni más peor porque se esté en el jurado, no somos ninguno tan bueno como para que deje de ser nefasto. No es una cuestión de "en la práctica", sino de principios. Y a esos no hay que renunciar por cuestiones "prácticas". Lo que sí estaba claro es que un concurso con TODAS las asociaciones en contra se hubiera tapado, y nunca se hubiera llegado a utilizar la pieza resultante... no hay que olvidar que se trata de políticos.

Deduzco que en todo momento lo que les ha movido es solucionarle a presidencia el problemita de este concurso, Y no era nuestro problema. Si el gobierno tiene un mal logo es problema suyo. Pero con esto, aunque nos haga mucha ilusión hacernos la foto en Moncloa, hemos dinamitado la estrategia. No entiendo esta carrera entre asociaciones por ver quien está en más jurados, en más concursos...

Pero ahora ya tienen lo que necesitaban: la cohartada de que una asociación firmante de aquel documento, recula y está en el jurado, dando por satisfactorias las supuestas rectificaciones, que ni siquiera han sido tales. Ahora el concurso ya es válido. Lo avala la ASOCIACIÓN ESPAÑOLA. Ahí es nada.

De momento, la única conclusión es que no estamos tan unidos, siempre hay alguien dispuesto a romper la unidad.

Hemos quedado como Dios con los políticos, y mientras algunos han sido firmes, otros han sido maleables, que es lo que los políticos esperan de nosotros (no así los diseñadores y supongo que algunos socios de AEPD).

Se han quedado con el culo al aire el resto de las asociaciones. He hablado con alguno y se han quedado de pasta de boniato. Aquí, al menos con AEPD, no se vuelve a firmar nada en años.

Hemos cumplido con los políticos, pero no con los diseñadores. Tenemos las prioridades cambiadas.

Yo ya no entiendo nada.

Y por último, un consejito gratis: si alguien de la junta directiva de esa asociación se ha presentado al concurso que retire su pieza. No hay que correr ningún riesgo. No vayamos a tener que soportar otro bochornazo como el del Carnaval.

18.6.07

Hace unos días Enric Satué me obsequió con este manifiesto, en un dinacuatro doblado. Me gustó sobretodo que lo hiciera así, fotocopiado en papel, incluso con alguna enmienda hecha a mano, que supongo incorporaría después de impreso el original. Cualquier otro hubiera lanzado un e-correo masivo a todas sus direcciones, que se hubiera recibido en competencia directa con una docena de avisos acerca de viagras y réplicas de rolex. No es lo mismo.
Como quiera que los manifiestos son para difundirse, sin advertirle lo subo a este blog, en la confianza de que no se moleste. El suyo, el original, quiero decir, es más contundente, en caja alta y con un juego tipográfico de cuerpos al que la pantalla no haría justicia.


MANIFIESTO AZUL DEL DISEÑO EDITORIAL
MADRID, MAYO/JUNIO 2007. Enric Satué.

Sin duda, habrá mucho que decir por vía escrita e impresa en una comunidad que ostenta el cuarto lugar entre las lenguas más habladas en el mundo, con 400.000.000 de hispano-hablantes y expectativas de 535.000.000 para 2030.

De modo que no es extraño que la industria editorial española se muestre, aquí y ahora, con una potencia comercial y cultural que supere en peso cuantitativo al cualitativo, aunque no hasta el extremo de pasar inadvertido.

En este contexto, el diseño de cubiertas podría suponer un concepto delicado si no fuera por la pista que dio Elías Canetti para diseñarlas bien, aquí o en Lima.

Refiriéndose a la pequeña editorial para la que trabajaba como corrector, consignó: “Un autor que él publicara (se refería a su combativo editor) no pasaba inadvertido, cosa imposible a causa de las cubiertas que le diseñaba su hermano”.

He aquí la pista a seguir de ahora en adelante en nuestro quehacer creativo. Actuando en consecuencia, la consigna es no ceder al influjo de formas gratuitas, llamativas, diferentes o rompedoras porque sí, sino hacer los imposibles para que las cubiertas no pasen inadvertidas. A los sentidos o a la razón, se entiende, o mejor todavía, a la razón y a los sentidos. Algo difícil de lograr si uno no se llama Heartfield, desde luego, pero seamos ambiciosos y no nos conformemos con llamarnos solamente Pérez.

Ahí están, por cierto, algunos Pérez que no han pasado inadvertidos al mundo, como el inmortal Pérez Prado, Pérez Esquivel, Pérez Rubalcaba, Pérez Enciso, Pérez Reverte, Pérez Burrull o Pérez Sánchez (América para el diseño).

16.6.07

No ha habido vuelta atrás. El concurso del logo del gobierno sigue su curso. Escama, y mucho, que haya habido más de un asociación que se ha ofrecido para intervenir en el entuerto, en lugar de intentar deshacerlo. O lo que es lo mismo: lloramos, pero se nos quitan los reparos si podemos estar en el ajo. Se va sabiendo quiénes han estado en el jurado, y sabremos que alguno firmó el documento-protesta conjunto de las asociaciones para luego agachar los principios cuando se les ofrece estar en la bicoca. Al tiempo.
Se nos acumulan los entuertos, no salimos del logo gubernamental para entrar en el de la candidatura olímpica, y parece que tenemos un naranjito en ciernes. Se convoca un extrañísimo concurso para el logo de la candidatura de Madrid 2016. en la convocatoria se amalgama la invitación a "que todos los ciudadanos, artistas o aficionados que tengan una idea que aportar, puedan enviar sus trabajos, diseños o dibujos" con una dotación de 30.000 euros, y en el más puro estilo Operación Triunfo, la selección se hará por votación popular, aunque luego un jurado elegirá sobre los finalistas; todo epatante para el discurso popular e insultante para los profesionales.
Esto por proximidad afecta más que a nadie a la asociación de los diseñadores de Madrid... ¿habrá toma de postura, o por contra, los favores debidos, mataderos y demás zarandajas, aconsejarán evitar cualquier reivindicación incómoda?. No tengo dudas.
Cada vez hay menos con las manos libres para decir lo que se piensa. Las asociaciones han llegado a un punto de connivencia que da pavor. Han pasado todas, unas más que otras, de la defensa del colectivo a la defensa de sí mismas y sus protas. La di MADrid (¿por qué me sonará tan italiano el denominativo, es desliz o intencionadísimo?) con los suyos, sin cuestionar ni un ápice todo lo que salga del espejo de lo que somos o de la casa gallarda.
La incoherencia y el arribismo están definitivamente instalados en el asociacionismo de esta profesión. Da vergüenza. Cada vaivén sin respuesta es un punto más de debilidad. No hicimos nada cuando trampearon los Premios Nacionales para dárselo a quien interesaba saltándose el veredicto del jurado, no hemos hecho nada en cada concurso denigrante que convocan, cada vez somos más débiles y ellos se hacen invulnerables.

4.5.07

Siguiendo con el concurso del logotipo del gobierno, resulta que el 16 de abril se publicó en el BOE la resolución del ministerio de administraciones públicas y no el de presidencia, ojo al dato, en la que se adoptaba un nuevo logo. Quién sabe si es que no les pareció en Moncloa suficientemente buena la propuesta (coherente con la imagen corporativa existente) y por ello se convoca el concursito. Tendría gracia que todo esto no fuera sino un tira y afloja interdepartamental. Y no sorprendería.
Lo mejor de todo, el anexo II, donde se especifican los datos técnicos para su aplicación en INTERNET, tema importante, donde se aclara el número de Pantone del amarillo huevo que hay que usar, Y SUS PORCENTAJES DE MAGENTA Y ALLO.
Ya sea para normalizar colores o convocar concursos, ¿¿¿no podrían antes de meter tanto la pata, asesorarse un pelín, que organismos expertos en diseño haylos en el organigrama y muy buenos, en lugar de dedicarlos a pagar dotaciones a los artesanos????

1.5.07


En un comentario a otro post le prometía a Flipatu argumentar por qué me parece acertado el diseño del nuevo plano del Metro de Madrid, que tanto revuelo ha suscitado. En la polémica acerca de si son muchos los 95.000 euros que se han pagado por él (a mí no me parece tanto…) y sobre la adjudicación del encargo no voy a entrar, que ya lo han hecho los periódicos de información general, que para eso estamos en pre-campaña y hay que buscar argumentos de acoso y derribo, los haya o no. Y no digo que en este caso no los haya, ni lo contrario. La polémica ha servido, otra vez, para mostrar con qué facilidad los medios de comunicación y asociaciones varias entran a valorar aspectos muy técnicos de nuestro trabajo, con escaso conocimiento y argumentos peregrinos.

Entrando en materia, debo decir que el tema de los planos de metro da muchísimo de sí. A quien quiera profundizar y disfrutar recomiendo mucho visitar el blog de Edu Moratinos donde hablaba de ello con lucidez y criterio, mucho antes de la polémica que ahora salta.

El eje central del debate técnico sería: ¿debe un plano/mapa de Metro reflejar la geografía real de la ciudad?.

El plano de Metro es susceptible de ser utilizado como plano de la ciudad, y si se corresponde con distancias y ubicaciones reales, orienta también sobre las alternativas entre estaciones para acudir a un mismo sitio, e incluso permite intuir, según la extensión, el tiempo de recorrido. Bien está, convengamos que es la mejor solución para redes de metro de tamaño pequeño y mediano. Pero, ¿qué sucede cuando las redes son grandes, y además crecen, en algunos casos como el del Madrid de las tuneladoras, de un modo desaforado?

Parece claro que uno de los mayores condicionantes de un plano de Metro es su tamaño, pues debe, con un número limitado de pliegues, supongamos uno en horizontal y tres posteriores, acabar en un formato de bolsillo. Con esta premisa llega un momento en que entra en cuestión la idoneidad de la representación geográfica real. Todos los planos de Metro de las grandes ciudades, en un momento u otro, llegan a esta disyuntiva. Valga como ejemplo el de la ciudad de Nueva York. Tiene la característica de haber retrocedido en la decisión. Si en el plano que magistralmente diseñara Massimo Vignelli en 1972 se optó por la esquematización y la renuncia al subyacente geográfico, el actual ha reculado y vuelve a ser real, y con ello caótico.

Veamos también el detalle de la zona centro en el que nos ocupa, el de Madrid. Fijémonos en la estación de Chueca, a la que le corresponde una mínima protuberancia sobre la línea verde, que compite con un enorme y casi equidistante bolillo, que en realidad es la estación de Gran Vía. Lo mismo sucede con la estación de Sevilla, con el agravante de que en este caso el inicio de la palabra, que intuitivamente identificamos como el lugar a señalar, está sensiblemente más cerca del bolillo que de la pequeña muesca roja que le corresponde. Estoy en la certeza de que más de uno ha errado en la interpretación de un código que no está establecido, y ha acabado en Gran Vía cuando quería ir a parar a alguna de las estaciones mencionadas. Es un problema de eficacia comunicacional, porque está basado en la comparación entre las opciones, cuando la realidad es que nuestro sistema de percepción es selectivo e intencionadamente elude la información periférica para concentrarse en la puntual, sin establecer esa comparativa imprescindible para interpretarlo correctamente.

Por ello, amigo Flipatu, yo estoy a favor de este nuevo plano, el único que conozco que ha renunciado a las diagonales, y ha sido fuertemente criticado por ello, eludiendo radicalmente a la realidad geográfica y no solo a medias como sucede en el de Barcelona o Londres; ¿era ya el momento de tan drástica decisión? Yo creo que sí.

29.4.07

No ganamos para sustos. El Gobierno convoca (ver bases) un concurso abierto para "propiciar la concurrencia de ideas con el fin de seleccionar un logotipo del Gobierno de España". Hale, alegría de la huerta. Del mismo modo, yo propongo, con todo respeto, eso sí, que cuando haya de operarse de hemorroides el Señor Zapatero, se convoque asimismo un concurso abierto para que cualquier médico, qué digo, tampoco hace falta que sea médico, para que cualquiera pueda optar a trastearle en la puerta de atrás a nuestro presidente, a ver quien lo hace con mayor tiento y delicadeza. Y si no le gusta ninguno, pues se declara desierto y nos ahorramos todos el importe del premio.
No voy a hacer ningún chiste acerca de que las bases estén publicadas en Comic Sans. Supongo que, dirigiéndose a los diseñadores, han pensado que había que ser modernos, enrrollaos y creativos.
El planteamiento hace aguas por todos lados: ¿cómo puede contemplarse que quede desierto un concurso con premio en metálico? Podrá no usarse la solución escogida, pero nunca declararlo desierto. ¿para qué un jurado, si "la resolución del concurso de ideas será adoptada por el Secretario de Estado de Comunicación"? Se supone que se constituyen los jurados para contrarrestar el carácter subjetivo o la arbitriariedad de las decisiones unipersonales.
Aunque sea un concurso abierto, no remunerado y con posibilidad de desierto, no tienen reparos. Hubiera bastado la solución gráfica, para que sólo el definitivo se desarrollara después. Pero no, que trabajen los diseñadores, que al fin y al cabo nos sale gratis:
"se valorarán positivamente los siguientes aspectos: Las propuestas que muestren cómo se adapta el logotipo a los espacios y formatos en los que éste se incluirá en el futuro (web, cartelería, papelería, publicaciones, etc.). Las propuestas que muestren cómo sería un manual de imagen institucional inspirado en el logotipo presentado". Ya puestos, yo propongo que cuando convoquen a concurso a las constructoras para hacer una autovía, les exijan que la entreguen acabada, y paguen sólo la que quede más bonita. Se acabarían los atascos de Semana Santa.
No contentos, para aprovechar al máximo tanto esfuerzo no retribuido, los autores de los logotipos presentados (ojo, que no dice ni premiados ni seleccionados, se refiere a todos) "cederán de manera gratuita sus derechos de distribución y comunicación pública al Ministerio de la Presidencia para que sean mostrados en exposición o formen parte de un catálogo o publicación".
Por si fuera poco, "con posterioridad a la resolución del presente concurso de ideas, el Ministerio de la Presidencia contratará, si fuera necesario, los trabajos necesarios para la adaptación del logotipo, pudiendo adjudicar dichos contratos al ganador del concurso de ideas, siempre que supongan una continuidad del concurso". Al margen de que la última frase no tiene sentido (¿de qué depende que suponga una continuidad del concurso? ¿qué es una continuidad del concurso?) lo que quiere decir es que se quedan con las manos libres para encargar a "otro" el desarrollo, por si alguien pensaba que por ganar iba a tener trabajo después.
Cabría pensar que todo esto se justifica con una dotación al ganador muy por encima del valor de mercado. Pues no. El que gane, si gana alguien, se llevará doce mil euros. Menos de lo que paga cualquier ayuntamiento de provincias porque le adecenten el escudo.
No sigo por no aburrir, pero podría.
Aunque no quiero acabar sin mencionar el mejor párrafo de las bases, el no va más de la ineptitud:
"De acuerdo con lo dispuesto en el artículo 14 del TRPLI prestarán su autorización para que el Ministerio pueda modificar, desarrollar o adaptar dicho diseño, pudiendo utilizar para ello cualquier medio que considere oportuno".
Señores de Moncloa, no es el TRPLI sino el TRLPI. ¿Un descuido, o una zancadilla no sea que nos dé por buscar el artículo de marras en google?. Pero bueno, lo he encontrado y dice:
"Corresponden al autor los siguientes derechos irrenunciables e inalienables:
(...) 5. Exigir el respeto a la integridad de la obra e impedir cualquier deformación, modificación, alteración o atentado contra ella que suponga perjuicio a sus legítimos intereses o menoscabo a su reputación".
O sea, que ese artículo lo que especifica es que no se puede hacer precisamente eso que el gobierno quiere hacer amparándose en ese artículo. Absolutamente marxista (de Groucho).

19.3.07

motiva

compartimiento

Me llamó un buen amigo, presidente de una de las asociaciones de diseñadores de este país. Como cada año le habían convocado, y sabía que a mí también, a participar "bytheface" en una de esas colectivas de concienciación o reflexión. En este caso, sobre la energía sostenible, con el auspicio de un ayuntamiento. Llaman a unos cuantos, y los carteles se exponen en el lado institucional de los muppis/oppis de la ciudad. La inquietud que me transimía este colega es compartida por muchos... la iniciativa es interesante, después se hace un catálogo bien editado, apetece participar, pero escama tanto esfuerzo no recompensado. Ante esta tesitura, hace ya mucho que decidimos quienes conmigo trabajan y yo mismo que estos "encargos" sin recompensa los atenderíamos bajo licencia creativecommons. Y así hacemos. Por egoísmo. Porque esas convocatorias te obligan a un ejercicio doble, no sólo de analizar la simpatía con la causa, sino con el convocante. ¿Apetece atender esas peticiones cuando vienen de fundaciones privadas dependientes de multinacionales? ¿o de organismos varios de poder, sea éste local, autonómico o estatal, gobernados en ocasiones por ideologías con las que discrepas? ¿o de entidades desanimadas de lucro u ONG's de las que no tienes suficiente información como para estar seguro de sus intenciones? Así, con esa licencia de por medio, invalidamos todas las cláusulas contractuales de cesión exclusiva, por un lado. Por el otro, nos tranquilizamos al pensar que cualquiera con buena intención puede hacer uso de ese trabajo, que no estamos trabajando para el encargante sino para el común.
Acepto como hipótesis que todo esto sea una vez más acallar nuestras conciencias con perífrasis mentales... pero no se me ocurre un modo mejor de hacerlo.
____________________________________________
(Nota: después de argumentarle a mi amiguete todo esto, unos días más tarde, me enteré de que es miembro de VEGAP, ya me vale... ¿me haría caso? ¿le habrían dejado en VEGAP seguir mi consejo? Se lo tengo que preguntar...)

10.3.07

Siete motivos para no asociarse a VEGAP, y uno solo para pertenecer a ella.

Como casi todo en la vida, tiene sus pros y sus contras. Así, ante la duda acerca de si es interesante para un creador visual pertenecer a la única entidad de gestión que puede representar sus derechos, he hecho esta lista, por si a alguien le sirve:

1. Si entras en VEGAP, tienes que firmar un contrato innegociable. Les cederás en exclusiva todos tus derechos de reproducción por cinco años, con la única excepción del trabajo de encargo.

2. Si te haces de VEGAP es muy posible que dejen de llamarte para algunas exposiciones colectivas o individuales, tanto fundaciones y museos como otros organismos públicos y privados, para evitarse problemas con el material promocional y el catálogo.

3. Algunas revistas, televisiones, editoriales, han optado por evitar la publicación de obras del repertorio. Nunca sabrás cuántas entrevistas y reportajes han dejado de hacerte por ser de VEGAP. O porqué en algunos libros de historia o crítica de arte, hablan de tí pero sin reproducir ninguna obra, cuando sí lo hacen con otros autores.

4. No podrás puntualmente ceder derechos de reproducción, aunque te apetezca, por ejemplo para una campaña de concienciación, para una subasta benéfica que tenga catálogo, para un blog de alguien que te admira o para el corto de un amigo que quiere abrirse paso en el cine.

5. No podrás decidir que una parte de tu obra o toda ella sea de libre reproducción, ni siquiera para usos no comerciales.

6. Aunque puede que no estés de acuerdo con el canon, la ley dice que es un derecho irrenunciable (o sea, una obligación). Sin embargo, no verás un duro de la parte que “legalmente” te corresponde. VEGAP cobrará el canon por tu trabajo, pero no te lo liquidará a no ser que aceptes el resto de las condiciones de su contrato.

7. Si llegas a entrar en la wikipedia, por ejemplo, pasarás a la historia. Pero sin imágenes de tu obra hasta 70 años después de que te mueras. Curiosamente, en la wikipedia inglesa sí aparecerán esas imágenes.

Hasta aquí los inconvenientes. Y ahora la ventaja:

Si firmas el contrato de VEGAP, además de ese taloncito a final de año, formarás parte de esa élite de mil y pico artistas que se quedan con unos ingresos de compensación por copia privada (canon) que corresponde realmente a los cientos de miles de honestos ilustradores, fotógrafos, diseñadores, artistas plásticos y videocreadores que hay en este país.
(de pseudonimma)

3.3.07

Con los derechos de autor no se juega

Demasiadas veces las entidades de gestión juegan con nuestra indefensión y todos los retruécanos legales que manejan con maestría para llevarse a su favor todo aquello que esté en duda. Un ejemplo claro está en el vacío legal que se produce cuando hablamos de obras reproducidas en la red, acompañado de una indecente voluntad de algunos por mantener en una espesa nebulosa todas estas cuestiones en beneficio propio. La reproduccción de obras en la red VEGAP la tiene en esas tarifas que le aprueba la señora ministra, con lo que no queda sino aceptarlo. Pero... ¿qué sucede con los enlaces?. Aun a riesgo de meterme en un lío enorme, voy a tratar de averiguarlo.
Por un lado, ya aparece como sujeto a tarifa el enlace a "la obra de videocreación [que]se haya creado para su difusión online o bien [esta] sea una forma de divulgación de la misma". El precedente es terrible, porque es el primer paso para después tarificar los enlaces a museos, webs de artistas, todas aquellas en las que se reproducan creaciones visuales.
En el absurdo de la paranoia recaudante, habría que pagar por cualquier enlace. Siempre se podrá argumentar que un enlace lleva a otro, y así hasta llegar a una obra protegida. O a todas las que hay en la red, con lo que el coste de cada enlace sería infinito.
La reproducción en una web de una obra plástica también está en tarifa. Con ello, se dan casos tan absurdos como que en la wikipedia podemos encontrar a Goya, a Leonardo o a Alberto Corazón. La diferencia es que en este último caso, no hay imágenes (aunque sé que a él no le importaría, al revés).
Bien. Pero ¿qué sucede cuando la imagen no reside en una web, sino que simplemente se enlaza a un servidor donde está esa imagen?. Eso es lo que trato de averiguar. ¿Un enlace es una reproducción, o es simplemente una llamada al visitante de la web en el sentido de que "aquí hay una imagen por si quieres verla"? ¿Qué diferencia existe entre enlazar a esa imagen (como he hecho con las que se acompañan al final de este texto) o poner "si quieres ver la imagen pincha aquí o aquí"? El resultado es el mismo, sólo es una cuestión de comodidad.
Las dos imágenes que aparecen al final están hospedadas en el servidor de VEGAP. Ni me las he bajado, ni residen en mi servidor ni en nigún otro que no sea el suyo. La primera es de Vicente Beneyto, la segunda es del propio Alberto Corazón, Presidente de la Fundación Arte y Derecho. Las he escogido porque los dos son amigos míos, así si al final tengo que pagar, por lo menos que se lo lleven mis colegas. Y porque los dos tienen mi teléfono y la suficiente confianza conmigo como para llamarme si les molesta, y pedirme que las quite, cosa que haré si me llaman. Según tarifa, si esto es una reproducción y no una cita o enlace creo que tendré que pagar veinte euros siempre que yo sea una entidad sin ánimo de lucro y éste un uso de caracter cultural y educativo, un suponer. Si soy una entidad con animo de lucro, serán 25. Si soy una entidad de carácter comercial o si soy no lucrativo pero este uso les da por decir que es con fines comerciales, serán 40 euros al mes. Creo que puedo permitírmelo, al menos durante unos meses (pocos, ¿eh?). Cuando acabe de escribir esto mandaré un email a VEGAP, para que me aclaren cuanto tengo que pagar. Ya os contaré. También es posible que las imágenes desaparezcan en unos días. Querrá decir que las han cambiado de nombre o de lugar en su servidor. Al margen de otras consideraciones, sería la demostración de lo que decía antes: la voluntad de mantener en el aire todos estos temas en beneficio propio, en lugar de afrontarlos. O del mismo modo, podrían argumentar que exigen la desaparición del enlace porque les genera un tráfico excesivo. Sería delirante. O simplemente, acogerse a los escalofriantes términos en que está redactado el "aviso legal" de su web, donde no sólo te comprometen a leerlo cada vez que entras en una de sus páginas (supongo que será por si desde la última vez que lo leíste se les ha ocurrido una nueva forma de limitar o dificultar el acceso a la cultura), sino que te prohiben "incluir hipervínculos a la página que no se limiten única y exclusivamente al acceso a la página principal", o lo que es lo mismo, el redescubrimiento de internet por parte de los abogados; es tanto como poner una escultura en la calle y prohibir a la gente que la mire, o que invite a otro a mirarla. Aunque bien pensado, sospecho que eso de la escultura les gustaría poder hacerlo.
Una última consideración, ya al margen de todo esto: me parece un insulto a la cultura, a la obra, al autor, a los ciudadanos, reproducir una pieza pictórica mancillada con el logotipo de VEGAP encima, como puede verse en las imagenes de los cuadros de Vicente y Alberto. Personalmente creo que la avaricia recaudadora no justifica todos los medios, y por encima de unos devengos de más o de menos, está el respeto a la cultura. Y a los que la crean. Y a los que la disfrutan.


beneyto

alberto

4.2.07

El extraño caso del manifiesto mutante

antiguo

nuevo

[estas dos imagenes corresponden al pdf de la web de la Fundación Arte y Derecho, han pasado varios días y no lo han cambiado, y a la página de publicidad en El País del 1/2/2007, que la Fundación contrató para difundir el manifiesto]


Todo es política. Permítaseme entonces esta vez escribir de política. El lector paciente que llegue al final, verá que se acaba hablando también de los diseñadores, de VEGAP, del derecho de autor y de la cultura. Y del Trosko.
A los ciudadanos de base, proletarios del sistema democrático, nos quedan pocos resquicios no ya para participar en las decisiones, sino para siquiera ser oídos, más allá del bisiesto ejercicio de la urna. A botepronto, solo se me ocurren dos:
El derecho de manifestación. Anónimo como el voto, es básicamente cuantitativo o de bulto, y como vemos últimamente, tremendamente vulnerable a la utilización torticera por parte de los políticos y los partidos. Como opción que no recomiendo ni dejo de recomendar, renuncié hace años tanto al derecho de papeleta como al de "manifa", reservándolos sólo como recurso último, para casos extremos de indignación o desasosiego.
Así, ya solo me queda el otro, el derecho de manifiesto.
El de manifiesto tiene ventajas: por un lado, permite la adhesión precisa a determinados argumentos, sin posterior utilización intencionada por terceros. Exige mayor compromiso porque la adhesión es firmada e individual, con nombre y D.N.I., y además es pública o susceptible de serlo.
En democracia, el manifiesto es el tercer acto en significación que podemos contraer de compromiso. Los manifiestos son importantes y útiles. Pocas veces unos pocos centenares o miles de ciudadanos podrán perturbar la paz del gobernante como con un manifiesto y su difusión. Precisamente por ese valor, hay que ser escrupuloso y exquisito en su propuesta y su gestión.
Viene todo esto a cuento del manifiesto que propuso esa aristocracia rancia de la creación que es VEGAP. Resulta que había que entregarlo en acto público a la ministra esta semana, y parece claro que sólo las 500 firmas recogidas desde su proclamación hace ocho meses no eran ni aval ni representación, máxime si sabemos que renunciaron al democrático e higiénicamente imprescindible "los abajofirmantes" para sustituirlo por ese otro injustificable, impresentable y manipulador genérico de "los creadores visuales", metiéndonos una vez más a todos en un mismo saco ideológico bastante cuestionable, sin preguntarnos siquiera.
Sospecho que todo eran prisas, y hasta una asociación de diseñadores (no sé a otras) nos llegó el compromiso de modificar el redactado incluyendo a "los diseñadores" a cambio del consabido apoyo. Me lo hizo ver un artista conceptual que anda siempre huyendo de cualquier circuito, al que los amigos cercanos apodamos el Trosko. "debo ser el único artista del mundo que, aunque mal, vivo de mi arte, y mi nombre sigue sin aparecer en Google. Si tu nombre aparece, formas parte del Problema", me escribía orgulloso no hace mucho.
Yo me había reído de la incorporación tardía y chapucera de nuestra profesión al documento, porque me parecía ridícula y oportunista ¿acaso no éramos creadores visuales hace unos meses? En cualquier caso, no me parecía que modificara sustancialmente el contenido. A fecha de hoy, en su web todavía sigue la versión antigua. Pero como decía, me lo hizo ver el Trosko en su último email: "a tí te hace gracia lo de que añadan a los diseñadores a su panfleto, pero es el atentado mayor que he visto contra "vuestro" sistema. Nunca hubiera firmado aquello, pero podría haberlo hecho. Y sabes que yo con los diseñadores o los publicitarios no voy ni a tomar un café, porque sois lo peor, el último escalón de la pirámide del arte, el que usas para limpiarte cuando pisas una mierda. Ahora resulta que los que les prestaron su firma, ven como se la calzan junto a "los diseñadores", los mercenarios que habeis hecho del arte un camino fácil y vendido para haceros ricos, simplemente poniendo vuestra habilidad al servicio del capitalismo por dinero. Cuando emprendes un viaje, tienes derecho a saber con quién. Y no hay cosa que más me joda que a medio camino se te apunten otros". Debo decir en mi descargo que con el Trosko comparto muchas más cervezas que opiniones.
Querido Trosko, casi nunca tienes razón, pero esta vez sí. Cuando uno firma un manifiesto tiene derecho a saber con quien lo firma, y sobretodo, que no será modificado después. No están escritas, pero son las reglas del juego. ¿preguntarán ahora a los quinientos anteriores si mantienen su firma despues del nuevo redactado? Y los que lo firmen a partir de ahora... ¿que garantía tienen de que no será después modificado por algún pequeño interés puntual?. Tiene razón el Trosko, no es de recibo.
(de pseudonimma)

23.1.07

Ya es público el fallo del concurso para elegir el cartel del Carnaval 2007 del Ayuntamiento de Madrid. El ganador es el vicepresidente de AEPD, Gonzalo Ribot. En el jurado estaba Soledad Hernández de la Rosa, presidenta de AEPD. La dotación del premio es de 6.000 euros.

22.1.07

Carta abierta a la Fundacion Arte y Derecho

(Esta carta se publica en el número 124 de la revista Visual, enero 2007)
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Estimados colegas:

He tenido conocimiento de la redacción y la difusión que estáis promoviendo del “Manifiesto de Santander”.
Me siento incómodo. El que yo no esté de acuerdo con la mayoría de vuestros planteamientos, no debería ser un problema, basta con que los respete. Trato de hacerlo. Pero tengo la sensación de que ese respeto no es recíproco. No alcanzo a entender ese plural genérico que utilizáis (los creadores visuales somos, los creadores visuales reclamamos, los creadores visuales necesitamos, los creadores visuales ofrecemos, los creadores visuales pedimos…), que me resulta ofensivo e injusto.
Es vuestra opinión, y la de quienes la suscriban. Nada más. Las opiniones y reivindicaciones que hacéis no podéis atribuírnoslas a todos los creadores visuales. Somos ya unos cuantos, y cada vez más, los creadores visuales y de los otros que estamos argumentando, debatiendo y defendiendo actitudes y propuestas alternativas no excluyentes a las premisas “oficialistas” respecto a la creación, a los derechos de autor y a sus devengos. Posiblemente no gozamos del mismo beneplácito ni beneficio que vosotros, no recibimos los apoyos institucionales que vosotros recibís, pero no somos peores.

Decís en vuestro manifiesto: “Los creadores visuales (…) consideramos inadmisibles las discriminaciones que contiene la actual Ley de Propiedad Intelectual”. Estoy de acuerdo. Las leyes de propiedad intelectual (no sólo la española) proponen muchas medidas para fomentar inadmisibles discriminaciones: la de quienes en función del trozo de mundo en el que les ha tocado nacer, sus recursos económicos, los gobiernos que en suerte les ha tocado sufrir, no tienen garantizado un acceso libre a la cultura. Eso también está en la Declaración de los Derechos Humanos. Aunque sospecho que no es a éstas discriminaciones a las que os referís en vuestro manifiesto.

Leo también en vuestro manifiesto: “El derecho de Autor forma parte del mosaico legal que hace posible el fortalecimiento de sociedades libres y abiertas”. Estoy seguro de que podríamos discutir mucho sobre el concepto de lo que son las sociedades libres y abiertas. En cualquier caso, es la defensa lícita del derecho de autor la que en demasiadas ocasiones se utiliza para promover unas sociedades con un planteamiento mercantilista y excluyente de la cultura, agrandando las diferencias entre unas pocas sociedades ricas y el resto, y dentro de una misma sociedad, entre ricos y pobres. No estamos de acuerdo con vuestro planteamiento algunos creadores, y no por ello dejamos de serlo.

“Sin el respeto al derecho de autor no puede haber cultura”. No puedo estar en desacuerdo mayor. No es ya sólo que la historia se empecina en demostrarnos una y otra vez que la ausencia de respeto a los derechos es casi siempre un acicate a la creación y a la cultura, que la creación es una herramienta para la defensa de los derechos y no al revés; me resulta sonrojante ver cómo en nombre de quienes nos dedicamos a la creación visual os permitís la arrogancia de condicionar la existencia de algo tan serio como la cultura a vuestras pequeñas e irrelevantes reivindicaciones. Por favor, dejadnos fuera de planteamientos como éstos, me siento avergonzado, me indigna y preocupa la imagen que estáis proyectando de un colectivo al que pertenezco; a decir verdad, es este punto el detonante que me ha llevado a escribir esta carta.

“Los creadores visuales nos vemos obligados a reclamar la atención de todas las fuerzas políticas, sobre la urgente necesidad de proteger y estimular a la creación artística española como un componente esencial de nuestra contribución a la generación de una nueva y competitiva identidad europea”. No acabo de entender a qué os referís con la generación de una nueva y competitiva identidad europea, pero me asusta. Frente a las propuestas y actitudes como las de Estados Unidos, que entienden su cultura y “lifestyle” como algo a imponer al resto del mundo, Europa está apostando por el respeto y la convivencia entre las culturas e identidades, con especial atención a las minorías culturales y a las identidades minoritarias. Que alguien mezcle términos como cultura y creación artística con una supuesta identidad europea competitiva nueva (¿competitiva con quién, sólo con la cultura e identidad americana o también con las culturas e identidades del tercer mundo?), produce desasosiego. Transmitir que somos los creadores quienes abogamos por ello, es, además de una falsedad, un enorme error estratégico.

“El Derecho de Autor comporta derechos de carácter moral y derechos de carácter económico. Los unos sin los otros son inviables”. Sospechaba que aquí era adonde queríais llegar. Cuando miles de creadores (una inmensa minoría, de momento) estamos trabajando para que los derechos de carácter moral y de carácter económico no estén vinculados, y que estos últimos queden definidos en cada caso según la voluntad del creador (ese es también un derecho), vosotros, atribuyéndoos la voz y representación de todos los creadores, afirmáis lo contrario. No es la creación lo que peligra, no es la cultura, ni tan sólo los derechos económicos que la creación genera, lo único que está en cuestión es vuestro modelo excluyente. Es eso lo que os preocupa, y por si hubiera dudas, lo dejáis claro y diáfano en el siguiente párrafo: “La gestión, divulgación, promoción y defensa del derecho de autor sólo es posible a través de la gestión colectiva de los propios autores”.

En cualquier caso, esto son sólo opiniones, como las vuestras. Aunque existe una diferencia: sólo pretendo defenderlas como lo que son: las mías, y las de quienes manifiesten estar de acuerdo con ellas. Y eso es lo que se esperaría de vosotros: que sigáis defendiendo vuestro modo de entender los derechos de autor sin menospreciar otros, sin actitudes excluyentes, sin arrogaros una representación que no tenéis, más allá de vuestros miembros y quienes suscriban vuestros manifiestos. Cuando esto suceda, recuperaré el respeto que os he tenido siempre desde la discrepancia.

Alvaro Sobrino
Editor y creador visual.

12.1.07

Hasta la identidad corporativa puede ser traicionera. Recibo una carta de la Bipresidenta del Ddi y de la Fudación de la Artesanía a que me refería en el post anterior, en la que se comunica el nombramiento de la nueva directora del Ddi. El Ddi tiene una nueva e inmejorable identidad corporativa, obra del impagable Eskenazi, en la que cada pieza comunicacional se encabeza con una sentencia relativa al diseño. En este caso, es la de J. Frascara, que reza "un diseñador se ocupa del bienestar de la gente". Deliciosa. Y suscrita por el Ddi, más aún. Empiezo a leer y el contraste es desolador: dice la carta que "contribuirá a que ddi se constituya como instrumento estratégico para el apoyo, implantación y difusión de las políticas de competitividad empresarial dirigidas a promover la innovación y el diseño entre las empresas".
Es de agradecer lo diáfano del argumento, por lo menos no se andan con paños calientes. ¿Cuál era hasta ahora, que supiéramos, la finalidad del Ddi? Todavía puede leerse en su web, aunque no por mucho tiempo, me temo: "Su objeto social contempla la realización de acciones de promoción y difusión del diseño y la innovación, y la sensibilización de las pequeñas y medianas empresas del valor estratégico de esos factores para incrementar su competitividad".
Es decir, hemos pasado de la promoción del diseño y la sensibilización de las empresas, a la competitividad empresarial donde el diseño es sólo un medio a exprimir y rentabilizar.
Más claro no pueden ponérnoslo. ¿y del diseño como cultura? De eso, mejor, vayamos olvidándonos. Apañaítos estamos.

26.12.06

Encaje de bolillos


Quizá lo recuerden, escribí hace un tiempo sobre los premios nacionales de Artesanía, que resulta que tienen cinco dotaciones que se pagan con los fondos de la promoción del diseño (los del Ddi, se entiende). Como recurso retórico, planteaba entonces aquello como el resultado de un partido: Artesanos, 5 – Diseñadores, 0.
En este tiempo ha habido corrimientos en el Ddi, que ha cambiado de directora y no hay que pensar que sea para mal. El tiempo dirá, lo cierto es que antes de que entrara la que ahora sale (X.V., esa a la que Pedro G. Ramos bautizó con cariño como “la baranda”), hacía mucho tiempo que el Ddi no estaba en manos de alguien tan próximo, sabedor y sensible con las cosas del diseño. Y hay que reconocer que eso se ha notado. El balance, a mi entender, ha sido positivo, muy positivo, y lo digo ahora porque ella no está y así no se me puede acusar de connivir con el poder, porque ya no hay poder que valga. Hay quienes creemos incluso que de haber tenido un poco más de tiempo, hasta habría conseguido arreglarnos lo de los Premios Nacionales. Ahora volvemos a la antigua fórmula de que quien mande sea del organigrama del ministerio, eso que antaño se llamaba funcionario de carrera, y de un tiempo a esta parte viene a denominarse como “alguien de la casa”. Insisto, ni bueno ni malo, concedámonos el beneficio de la duda.
Pero volvamos a lo de la Artesanía, que tiene mucho que ver. Resulta que esos Premios que se pagan con lo que sería nuestra dote si la hubiere, los convoca la Fundación Española para la Innovación de la Artesanía, que pertenece al ministerio. Asistí a la entrega de los Premios (triste, triste, les juro, había allí menos glamour que en el pijama de la niña de Srek). Me llamó la atención que el logo del Ddi, ni por asomo. En los discursos, ni por asomo tampoco, y los representantes del Ddi… pues tampoco. Que digo yo que les invitarían, siendo los que pagaban la dote; que si no fuera porque lo tengo leído en el BOE, empezaría a dudarlo.
Cabría pensar que ese partido con los artesanos (con los políticos de la artesanía, entiéndaseme) lo hemos perdido, pues bueno, no pasa nada. Pero resulta que, no contentos, parece ser que hay partido de vuelta, y en este sí que nos están dando la del pulpo. Si lo de las dotaciones no dejaba de ser anécdota, enormemente sintomática si se quiere, pero anécdota al fin, esto otro es mucho más serio: es esencial. Les cuento.
Resulta que hace un par de años esta misma fundación ministerial de los artesanos organiza un programa de esos de apoyo, que consiste en que un puñado de diseñadores trabajan en diseños para otros tantos artesanos y talleres, a precio de mínimos como casi siempre sucede, y quien pone la lana es el ministerio. Para que se hagan una idea, una línea de producto (ahí se hablaba de familia de objetos) por menos de 2.000 euros. Más o menos, como los programas de apoyo a las PYMES en materia de diseño e identidad, pero para la artesanía. En aquel entonces se maneja un borrador de contrato en el que se decía que “Los diseños presentados por los diseñadores a los talleres artesanos y aceptados por éstos, serán propiedad del promotor del proyecto FUNDACIÓN ESPAÑOLA PARA LA ARTESANIA, si bien el diseñador siempre mantendrá la autoría del diseño y así quedará reflejado en todas las comunicaciones que se hagan del proyecto y productos. Una vez comercializado el producto se firmará un contrato entre el diseñador y el taller artesano para que el diseñador tenga derecho a los denominados “royalties” sobre facturación”.
Lo cierto es que chirriaba un poco (un poco bastante, a qué engañarnos) eso de que los diseños sean propiedad del promotor cuando éste es el ministerio de industria. Aquello nunca se firmó por las partes, porque como pasa tantas veces, la realidad supera los contratos. Han pasado dos años, y aquellos diseñadores han recibido ahora el susto de su vida: les llega un nuevo contrato para que lo firmen. En éste, lo de los royalties ha desaparecido, y en su lugar, la claúsula es la siguiente: “que, desde su realización y debido a la naturaleza y objeto del encargo realizado, cedió en exclusiva a La Fundación la titularidad de todos los derechos de explotación sobre EL DISEÑO, para el ámbito territorial mundial y por el tiempo de duración legal de los derechos”.
Traten de imaginárselo, que yo no puedo: el ministerio de industria, con la promoción de los artesanos como señuelo, compra a saldo diseños industriales, quedándose de por vida y para todo el mundo con todos los derechos. ¿Alguien se imagina cómo se pondrían los artistas plásticos, músicos o escritores si el Ministerio de Cultura hiciera lo propio, y se quedara con los derechos de autor cuando concede ayudas a la creación? ¿o el de Sanidad, cuando promueve la investigación médica?
Algunos de entre los diseñadores damnificados han firmado, y hay quien interesadamente va diciendo que es porque les dará igual, y yo me inclino más por que sea el miedo a retratarse lo que les mueve; no seré yo quien les afee el gesto, que con las cosas de Palacio no se juega. Por si fuera poco, a los que han dicho que no lo firman, les han contestado que expongan por escrito sus motivos. Por mi parte no hay comentarios al respecto, que me ha dicho mi abogado que escribo en el filo de lo imposible últimamente, y he hecho propósito de comedirme.
Y quizá se pregunte alguien por qué me empeño tanto en relacionar lo uno y lo otro, el diseño y la artesanía, unos premios bien dotados y otros tan honoríficos, la fundación de marras y el Ddi… pues porque me estoy temiendo que aquí casi nada es ya casual, y lo que tenemos es una de vasos comunicantes en la que nos toca ser el que se vacía. Y si no, fíjense: si uno mira para arriba y sigue los hilos, se da cuenta que al final la presidenta de esta Fundación no es otra que doña María Callejón, la mismita presidenta… del Ddi. Para no creérselo, ¿verdad?

11.11.06

Ese extraño canon, para todos menos para los diseñadores

El canon que pagamos todos cada vez que hacemos una fotocopia, adquirimos una impresora o compramos un soporte informático virgen es un despropósito, pero mucho más si cabe lo es el reparto arbitrario que de él se hace.
“Se adivinan amenazas por los cambios de normativa, que propician facilitar el comercio internacional a costa de eliminar la protección a las creaciones intelectuales, las cuales corren el riesgo de convertirse en meras inversiones, valoradas como los zapatos o los productos industriales masivos”. Leo esta frase y bastaría decir simplemente que es desafortunada: barre de un plumazo la propiedad intelectual del diseñador, es más, nos pone como ejemplo de aquello que no es susceptible de ser considerado creación intelectual. No tendría más importancia si no fuera porque el que la suscribe es ni más ni menos que Juan Mollá, vicepresidente de CEDRO, la tercera en discordia en el bucanero reparto de ese botín que son los cánones, con la SGAE y VEGAP (hay más, pero para qué enfrascarnos en el baile de siglas… son todas lo mismo),.
Cuando alguien fotocopia un libro, una revista, y pronto veremos que también cuando lo almacene en un cedé, CEDRO reparte su parte entre el editor, el autor, y el traductor. A buen seguro que es imposible copiar algo sin reproducir también su diseño, pero para CEDRO ni los zapatos ni los productos industriales masivos ni los libros ni las revistas los diseña nadie, y por tanto, no hay necesidad de liquidarnos a nosotros. Curiosamente, CEDRO destina una parte de lo que recauda a engrosar las arcas de VEGAP, en el entendido que cuando se fotocopia un libro suele haber por medio alguna imagen, obra de arte, ilustración o fotografía… ¿y el diseño? ¿y la diagramación? De eso ni los unos ni los otros quieren oír ni hablar.
Posiblemente de este agravio tengamos más culpa que nadie los diseñadores gráficos. Son excepción quienes condicionan sus honorarios a la tirada (si a alguien le han pagado alguna vez por el diseño en caso de reedición que lo diga y le hacemos una fiesta). Por lo general, los diseñadores gráficos entendemos que nuestro trabajo debe cobrarse de golpe la primera vez, y de momento no nos ha ido del todo mal: Quizá hemos ganado menos dinero, pero hemos ahorrado en abogados y en berrinches. Sin embargo parece que esto está cambiando: si bien la sociedad y muchos autores han empezado a entender que la creación es cultura, y como tal hay que contemplar el derecho de los pueblos y las personas a su disfrute (sin menoscabo de la lógica remuneración por el trabajo de cada uno), los gobiernos y los legisladores parecen empeñados en gravar todo lo que graba o reproduce, para mayor engorde de la industria y unos pocos autores. Si así tiene que ser, y ojalá que la tendencia cambie… ¿a qué viene este conformismo? ¿cómo no han empezado ya a dar esta batalla las asociaciones de diseñadores?.
Álvaro Sobrino. Diseñador gráfico, periodista y editor.
Mantiene una columna en la revista VISUAL, con el nombre de Crónicas de Pseudonimma, donde recoge opiniones de otros y las suyas propias acerca de la actualidad del diseño español.