¿Por qué se empeñan en que leamos
en el panel de la cafetera?
Dentro de unos meses, o pocos años, nos reiremos de las vicisitudes que estamos pasando con respecto al libro electrónico.
Hubo un tiempo en que todas las páginas web tenían el fondo gris, y utilizaban la misma tipografía Courier. A nadie se le ocurrió decir que aquel era un formato estándar que había que imponer.
También hubo un tiempo en que además de discos de vinilo, usábamos para el coche y las fiestas en el campo los casetes, ya fueran comprados o grabados a partir del vinilo. O incluso “piratas” comprados en el rastro. No oí entonces a nadie decir que el casete era el futuro y acabaría con el vinilo. Hubo que esperar al CD-audio, con un estandar de calidad equivalente al vinilo, más estable, y con evidentes ventajas de versatilidad, las que ofrecía el casete, para arrinconar a los dos.
Nos han engañado, lo que manejamos no son libros electrónicos, sino textos volcados en un aparato con un software más rudimentario que el panel de una cafetera doméstica. Nadie nos ha explicado aun por qué esto es así.
Hubiera sido más honesto que nos hubieran hablado de dispensadores de texto, en lugar de e-book y e-reader. Aunque también sería más difícil de vender.
El libro electrónico es, de momento, la casete de aquellos años. Alguien pensó que no importaba perder calidad, placer de lectura, con tal de que pudiera leerse en el panel de la cafetera. Además, se pensó que la transformación desde el archivo que el editor tenía para el libro-papel debía ser barata, automatizada, simple… y no dudó en renunciar por ello a la calidad. Sí, un programita convierte el .pdf que se preparó para la imprenta en un e-libro, dando a un botón, sin hacer nada… aunque para ello renunciaremos a juegos tipográficos, a control ortotipográfico, a jerarquías de lectura, hemos vuelto a las primeras webs en Courier y fondo gris.
¿ Hacen falta maquetadores o diseñadores para editar libro electrónico? Para “este” libro electrónico, parece que no. Alguien pudo pensar que eso era un avance. Para los editores, que a menos coste menos reticencia, supongo. Y el siguiente paso fue: si el nuevo libro es un texto en word mal tirado… ¿para qué queremos editores? ¡Sean los autores quienes se autoediten!… esto me suena, la música ya ha pasado por ahí. Con una diferencia: los escritores no dan conciertos.
Se va a pagar cara la torpeza. Si mañana, y pasará, aparece en el mercado un tablet con pantalla de e-reader, todo lo que estamos haciendo carecerá de sentido. Todo vale para justificar lo que se está haciendo… “un .pdf es un formato pesado para un e-reader”… ¡Un .pdf de texto! Han hecho unos aparatos en que todo se ha ido para la pantalla. “El lector decide tamaño, tipo de letra, se hace su libro a medida”… ¡cielos! Estamos hablando de arte, de cultura, de placer… la gente no quiere pintar encima del Guernika, quiere disfrutarlo tal cual es.
De momento, a los diseñadores nos toca estar atentos. Todo apunta a que en poco tiempo esto va a cambiar mucho, y cualquier día nuestro cliente entrará por la puerta y nos dirá: “Vamos a hacer un e-libro, a ver como lo diseñas”. Y no nos puede pillar con el pie cambiado.

















