Por dos veces el crowdsourcing ha sido noticia estos días.
Por un lado, Telepi22a tiene un nuevo logo que le costó mil euros, y que estoy
seguro de que no llegarán a utilizar. Pudo elegir entre 916 propuestas –¿cuánto
se tarda en elegir una propuesta si tienes que ver 916?–, y a la vista de la
seleccionada, no quiero pensar como serían las 915 restantes. [consejo 1: si
eres cliente, piensa antes en el tiempo que tardarás en cribar todo eso. Aunque
tu pienses que el tiempo del diseñador no vale dinero, estoy seguro de que
crees que el tuyo es oro].
Por otro, el Ministerio de Educación y Cultura se sube
también al carro, y busca por la misma vía una nueva imagen para el Instituto
Nacional de las Artes Escénicas y de la Música. El premio son los mismos mil
euros, y cuando esto escribo van ya 376 propuestas.
Alguien dijo que si pusiéramos a un millón de chimpancés a
teclear, alguno podría acabar escribiendo una obra de Shakespeare. Siendo así,
también existe la posibilidad teórica de que una “batalla creativa” pudiera dar
con un resultado digno de Milton Glaser. [consejo 2: señores de Adtriboo y
similares… ¿han pensado en poner una granja de chimpancés?]
Veamos primero el modelo de negocio: una relativamente
sencilla web, sin grandes necesidades de mantenimiento. Esa es toda la
inversión. [consejo 3: si estás pensando en montar un portal de estos, no
olvides pedir subvenciones y financiación, que estos proyectos “de internet”
les ponen mucho a los políticos y burócratas. La misma ENISA que dicen que
están ahí para promocionar el diseño, es la que te va a dar la pasta, no sería
la primera vez].
Ofreces un producto por debajo de precio de mercado. Esto es
sencillo, porque juegas con las expectativas de otros, que trabajarán sin
obtener nada a cambio. En la lotería, por lo menos, el que gana se lleva un
porcentaje alto de lo que pierden los demás. Aquí ni eso. [consejo 4: si eres
diseñador y te tienta el crowdsourcing, compra un cupón de la ONCE. Es más
seguro y el premio es mayor]
Es importante tener como gancho a clientes importantes. Como nada arriesgas y trabajan otros, puedes dedicar recursos a “vender” tu propuesta a marcas conocidas. Usa los tres argumentos de venta más antiguos del mundo: “hasta ahora te han estado engañando”, “puedes ser más listo que los demás”, y el definitivo “es muy barato”.
Es importante tener como gancho a clientes importantes. Como nada arriesgas y trabajan otros, puedes dedicar recursos a “vender” tu propuesta a marcas conocidas. Usa los tres argumentos de venta más antiguos del mundo: “hasta ahora te han estado engañando”, “puedes ser más listo que los demás”, y el definitivo “es muy barato”.
Como tú no trabajas porque los creativos lo hacen por ti,
dedícate a las relaciones públicas, a conceder entrevistas, a dar conferencias,
a subir vídeos a YouTube… tu negocio consiste en que muchas empresas prueben y
muchos diseñadores piquen. Tranquilo, estas cosas venden muy bien. El mismo
periodista que despotrica de las webs que están ofreciendo redacción de
contenidos a 0,75€ el folio –sólo si se publica, por supuesto– estará encantado
de dedicarte un espléndido reportaje en su medio.
Si no hay trabajo, por lo menos existe esta alternativa. He
oído y leído esta frase unas cuantas veces. La estadística dice lo contrario,
las propuestas de logos para Telepi22a costaron un euro cada una. Pero a
excepción de uno, los participantes ni siquiera cobraron ese euro. Realmente,
forma parte del engaño: los organizadores de estos concursos presumen de sus
cifras de profesionales registrados –por cierto, sin decir de qué portal anterior
heredaron a muchos de ellos–, pero a la vista de los resultados que se
obtienen, hay muchísimo aficionado, para quien “lo importante es participar”.
¿Absurdo? No tanto. Supongo que el mecanismo es similar a aquel por el que
funcionan tan bien los bares-karaoke.
Pero, ¿puede un diseñador ganar dinero con el crowdsourcing?
Estoy convencido de que sí. Siguiendo las siguientes
premisas:
Se presentan varios cientos, si quitamos a los malos
supongamos que tenemos una posibilidad entre cien, esto es, que ganaremos un 1%
de los concursos. Pongamos que de media el premio son 300€. Digamos que
queremos 300€ cada semana. Y que le vamos a dedicar media jornada. En 20 horas
tendremos que presentarnos a 100 concursos. Esto supone 15 minutos para cada
uno. Hay que dedicar la mitad de ese tiempo a documentarse (google images, ya
sabes). En ese proceso quizá encontremos algo para ser fusilado o adaptado: hay
que recordar que las responsabilidades por el uso de algo que ya tiene
propiedad intelectual recaen sobre quien ejerce el uso, no sobre el creador. A
lo más que nos enfrentaríamos es a una responsabilidad por la autoría, algo que
nunca se denuncia. No tendremos tiempo de buscar e instalar tipografías:
algunas webs de fuentes tienen la opción de que se nos ofrezca de muestra la
palabra que queramos (Telepi22a, por ejemplo). Eso nos permite visualizar
nuestro logo en decenas de tipos distintos en cuestión de segundos. El que nos
guste, directamente copiar un pantallazo (al fin y al cabo, nos piden sólo
calidad jotapegé). Evitar degradados y efectos: nunca elegirán un logo por
ello, y sí puede ser un motivo de descarte. Y además, lleva tiempo. Ya está.
Repetir la operación cada 15 minutos [consejo 5: sr. cliente, esto es lo que
hacen el 80% de los que participan. Está usted pagando posiblemente 1000€ por
un cuarto de hora de trabajo. Y además, muchas veces será un plagio y no podrá
pedir responsabilidades, Siga pensando que es usted el más listo].


























