Este blog está discontinuado

Hola. Este blog ya no se actualiza. Pero me pareció bien que todo este material siguiera estando ahí. Por si alguna vez alguien quiere leerlo, y por contribuir a la basura informática.
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16.4.08

Hoy he tomado café en el nuevo estudio de Cros Machín, en la calle Almagro. A Miguel y Chema hacía años que no los veía, y además me he encontrado con un viejo colega, de los de oficio, al que no ubicaba desde hace tres lustros: Jacobo Regueira. Y si la visita era de cortesía, y con ello quiero decir que distendida, el tema estaba claro: el logo de MAD(rid). Releo al llegar a casa el escrito de Xènia al que me refería hace un par de días, y parece pitonisa, cómo ha intuido la tía lo acontecido, que hoy he conocido de primera mano...
Quedan para mí los detalles, entiendo que tratándose la conversación sobre las relaciones entre cliente y estudio no procede andar aireándola.
Dicho esto, sí quiero aclarar que cualquier juicio que hubiera podido emitir antes –cómo me alegro de no haberlo hecho– hubiera sido injusto. A partir de la solución final no es posible valorar el proceso, ni el conjunto ni la intención. Así, lo que hoy conocemos es por un lado el resultado de los condicionantes, y por otro, la primera entrega de una estrategia de medio recorrido, no la resultante.
Sirva entonces todo esto como banderín de enganche para algunas reflexiones:
Determinados encargos empiezan a ser de alto riesgo para los diseñadores. Más allá de las bondades o no de un diseño, este tipo de trabajos que otrora significaban notoriedad y reconocimiento, hoy son un regalo envenenado. Los políticos utilizan el diseño como acontecimiento, inauguran logotipos como si de túneles o líneas de Metro se tratara, sometiendo nuestro trabajo a una banalización en el análisis, y atribuyéndole una notoriedad mediática que carece de sentido, y que provoca juicios infundados e inexpertos. Al final, el perjudicado es el diseñador. Consecuencia de ello, los medios de comunicación encuentran en estos acontecimientos "de diseño" argumentos para sus críticas y estrategias. No tiene sentido, por ejemplo, que en el caso que nos ocupa los periodistas que supieron encontrar profesionales dispuestos a opinar –negativamente– sobre el trabajo de unos compañeros, no intentaran siquiera contactar con los autores para conocer su punto de vista.
Con respecto a esas críticas, es saludable que se produzcan de un modo razonado, de igual a igual entre colegas. Lo hacen los arquitectos, y los escritores, y hasta los futbolistas. Y debería sin embargo ser terreno vedado a los representantes del colectivo. No imagino al decano del Colegio de Arquitectos criticando públicamente el trabajo de sus colegiados. Pero el diseño es otra cosa. No es la primera vez. Que el Presidente de la Asociación de Diseñadores de Madrid cuestione abiertamente el trabajo de unos profesionales desde las páginas de El País, valorando despectivamente aspectos como la idoneidad tipográfica, la legibilidad o la reproductibilidad es sencillamente inadmisible, e impensable en cualquier otro colectivo. ¿Habría hecho lo mismo si fueran miembros de su asociación? es evidente que no. Así, el problema de los señores machines sería el de estar en la asociación equivocada, curiosamente esa de la que este señor escindió la suya, al no poder hacerse con la presidencia. Alguien podrá argumentar que al fin y al cabo, no hay que darle importancia, a cualquiera le puede suceder que te llamen de un periódico, te pregunten y contestes sin medir mucho el alcance. Sin olvidar la interpretación y sesgo que el redactor aplique después. Bien está, pero para eso está el teléfono: han pasado dos semanas, y el de Cros Machín no ha sonado. Ni sonará.
No nos engañemos. El trasfondo de todo este asunto es político, las diferencias entre la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento están detrás de todo este affaire. Hoy salpican al diseño, y mañana será otro colectivo el que se encuentre en la refriega. La fuerte significación política de esta asociación, abonada a los favores del Consistorio, está también detrás de esta estridente toma de postura que, insisto, es mucho más política que profesional. Lo escribí no hace mucho en el diario Público: la identidad de la ciudad de Madrid es la peor aplicada del mundo, pero está por oírse el menor atisbo de crítica al respecto desde la asociación que agrupa a los diseñadores madrileños. Tratándose en cambio de la Comunidad –que también tiene lo suyo, no crean– hay que apuntarse al vapuleo mediático, aunque en el camino nos llevemos por delante a intachables profesionales del diseño. Que se hubieran hecho socios.
Álvaro Sobrino. Diseñador gráfico, periodista y editor.
Mantiene una columna en la revista VISUAL, con el nombre de Crónicas de Pseudonimma, donde recoge opiniones de otros y las suyas propias acerca de la actualidad del diseño español.