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23.10.08

Diseñar en tiempos de crisis

Parece que sí, que hay crisis y va para largo. No creo que existan fórmulas para sobrellevar los períodos de vacas flacas en los estudios y entre los diseñadores. Pero conocer algunos factores puede ayudar a sobrellevarlo mejor. Aprovecho una tertulia informal de diseñadores para plantear el tema, y entre las muchas cosas que se dicen me apropio de éstas.


Las estructuras hinchables

Muchos estudios mantienen una estructura mínima, que se aumenta para proyectos concretos o temporadas de más trabajo, bien sea contando con freelances o personal contratado “por proyecto”. Esa estructura tiene más facilidad para adecuarse a estos tiempos, basta con “repartir” menos trabajo a otros profesionales.

Ser más pequeño de lo que podríamos

Es una fórmula parecida, que consiste en que el estudio no crezca nunca aunque la demanda parezca exigirlo. En los momentos de más trabajo, permite ser exigente y “elegir” los proyectos y los clientes. Cuando la demanda es menor, basta con rebajar ese nivel de exigencia.

El autoencargo y la investigación

Lo cierto es que suena muy bonito, pero hay que tener el riñón cubierto para renunciar al nivel de ingresos habitual; a cambio, pueden afrontarse esas actividades para las que nunca hay tiempo: escribir un libro, organizar el archivo y preparar un book del estudio, hacer un blog o dar conferencias. Incluso aprovechar para viajar y realizar estancias en estudios de otros países.

Las clases

Los diseñadores que comparten su tiempo con la docencia lo hacen mucho más por dedicación vocacional que por dinero. Pero en tiempos de crisis, tienen su recompensa: esos ingresos que en condiciones normales parecían no merecer la pena, se convierten en un colchoncito de tranquilidad todos los meses. Las crisis son un buen momento para ofrecernos a esas escuelas que alguna vez nos tentaron y les dijimos que no.

Inventar problemas

Alguien me dijo hace poco que “los diseñadores somos capaces de idear un problema para cada solución”. En condiciones normales, esperamos a que el cliente venga con un problema y se lo resolvemos. Pero a veces el cliente no sabe dónde está el problema, y habrá que descubrírselo. Podemos ofrecerle nuevas soluciones (líneas de producto hasta ahora residuales, nuevos mercados, acciones promocionales…) sin que él venga a buscarnos

Las reediciones

Es habitual hablar de ellas en el sector editorial, pero como estrategia vale para casi todos los sectores. Consiste en que, a falta de recursos para generar productos o servicios estrictamente novedosos, se adecentan y actualizan los existentes. El diseño tiene ahí un campo enorme: rediseñar un producto y su comunicación puede abrirle otros targets y establecer nuevos posicionamientos. En el caso de que trabajemos directamente con fabricantes, es muy posible que empiecen a tener paradas de producción por la falta de demanda. Aunque parezca mentira, es un buen momento para proponer proyectos novedosos que, en condiciones normales, nunca pueden hacerse, porque retrasarían la producción.

No rebajar los precios

Los clientes van a pretender que compartamos sus dificultades. Una buena fórmula es adelantarse, y hacerles llegar una carta comunicándoles que ante esta situación, no vamos a subir nuestras tarifas este año, y procuraremos no hacerlo tampoco al siguiente. Posiblemente no estemos regalando nada –no iban a dejar que se las subiéramos…– pero cuando adquirimos ese compromiso, sin darse cuenta ellos también lo están adquiriendo con nosotros, quedaría muy feo que pretendieran hacernos rebajas cuando las cosas se pongan feas. Y además, con esta actitud quizá consigamos que sean menos permeables cuando aparezcan los francotiradores, que aparecerán, siempre lo hacen en tiempos difíciles. Rebajar nuestros precios es peligroso, costará años volver al punto de partida. La crisis va a suponer que nos apretaremos el cinturón, habrá menos alegrías, pero a cambio dispondremos de más tiempo. Eso si somos capaces de no entrar en la espiral de los precios a la baja: si lo hacemos, seguiremos haciendo la misma cantidad de trabajo o más, con lo que no se reducirán nuestros costes, pero sí nuestros ingresos. O lo que es lo mismo, una crisis agobiante, con dificultades financieras y trabajando muchas más horas. No perece la pena.

El peligro de los concursos

“Como no tengo mucho trabajo, voy a presentarme a unos cuantos concursos, a ver si hay suerte”. Es habitual oír esto en tiempos difíciles. Es un error. Hay menos concursos, que la crisis también lo es para los convocantes, y además se presenta mucha más gente, con lo que la estadística es doblemente peor que en condiciones normales. Dicen que ahora se vende más lotería que hace unos meses, vale para las sufridas economías personales y domésticas tentar a la suerte, pero no tiene sentido en el ámbito profesional. A los concursos también hay que dedicarles tiempo y recursos, y no es el momento de especular: todos los esfuerzos deben ir encaminados a mantener fuerte nuestra posición en el mercado, nuestros clientes deben sentirse mejor tratados que nunca, y habrá que esforzarse por no fallar en nada, porque están recibiendo ofertas de nuestra competencia todos los días.

Vestirse de torero

Esto es, la corbata, los zapatos brillantes, nuestras mejores luces… y a la calle. Habrá que dedicar más tiempo a captar clientes nuevos pero sobretodo a tratar con los existentes. Lo del fax y el email nos ha venido muy bien en nuestro trabajo, pero nos pasamos meses sin verle la cara al cliente. Es el momento de fidelizar, de las visitas y los cafelitos… a ninguno nos gusta, pero es lo que toca. Y de recuperar el figureo profesional: inauguraciones de exposiciones, presentaciones de libros, entregas de premios, conferencias, actividades varias de las asociaciones… nunca se sabe donde va a saltar la liebre, pero está claro que en estas épocas los cotilleos son oro en paño. Y compartir con los colegas las penas y dificultades hace que nos sintamos menos jodidos, ya se sabe, el consuelo de tontos.

Las crisis son buenas

Aunque parezca que no, de una crisis se sale reforzado siempre. Si se sale, claro. Servirá para detectar donde están los gastos supérfluos de nuestras estructuras. Parece mentira lo que se puede ahorrar en gastos generales, y eso sólo se aprende en ocasiones como estas. La crisis ventila el sector, y descubre las vergüenzas. Los francotiradores a los que hacía referencia suelen acabar por desaparecer del mercado porque no pueden esconder sus carencias como en el “vale todo” de las épocas de bonanza. También nuestros clientes optimizan sus estructuras, y cuando se acaba la tormenta, están mejor preparados para lanzarse al mercado con alegría… y nos necesitarán para ello. Las crisis unen mucho. A las personas del estudio, las dificultades nos llevan a conocernos mejor y proponen retos y situaciones límite, que una vez superadas constituyen un activo. Y también se refuerzan las relaciones con los clientes, la crisis la viven y la superan juntos clientes y diseñadores.

En fin, parece que me ha salido un artículo un poco “quien se ha comido mi queso”, de esos que parecen de autoayuda para ejecutivos de multinacional. Pues lo siento, no lo pretendía… aunque, qué narices, ¿no es este el tipo de cosas que escriben todos los gurús en estos tiempos?

1 comentario:

Xavi dijo...

Buenisimo el artículo, le sube a uno la moral. Son esos temas que más o menos todos pensamos, pero que nunca ordenmos en nuestra cabeza.

Salut

Xavi

Álvaro Sobrino. Diseñador gráfico, periodista y editor.
Mantiene una columna en la revista VISUAL, con el nombre de Crónicas de Pseudonimma, donde recoge opiniones de otros y las suyas propias acerca de la actualidad del diseño español.