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18.3.09


Benedicto XVI, el asesino

Mientras aquí desayunamos con la molesta campaña del niño y el lince, el Papa Benedicto XVI, apenas aterrizado en tierras africanas, se descuelga con que "el SIDA no se superará con la distribución de preservativos, que no hacen otra cosa que aumentar los problemas". ¿Irresponsabilidad? No. Irresponsabilidad es cuando alguien lo suelta con los amigos en la barra del bar.

Cuando uno tiene convencidos a millones de personas de que su palabra es la de su dios, cuando para darle altavoz muchos estados le financian sus lujos y los de los suyos con el dinero de los ciudadanos, uno no puede tan alegremente provocar la muerte de cientos de miles, millones de personas.
Por mucho menos, aquí mismo puedes estar unos años a la sombra por un delito de apología del terrorismo. Lo que hace Benedicto es apología de la muerte. Con todos los agravantes: abuso de posición dominante y falsedad.

Es lícito que pueda defender, él y los suyos, que la maldad intrínseca del preservativo justifica su no utilización, asumiendo el coste en número de vidas. Pero no lo es falsear una realidad científica para imponer una moral que acarrea sufrimiento, muertes y dolor a un continente entero. No se me ocurre nada que se parezca más a la apología del genocidio. O al genocidio mismo.

No consta que los editoriales de los principales periódicos hayan dado hoy la voz e alerta. A todos nos parece lo más normal del mundo que un líder espiritual de occidente pueda, con unas declaraciones interesadas, retrasar la erradicación del SIDA varios años. Y causar muertes, infligir dolor, aumentar la desesperanza de los más desfavorecidos. No nos equivoquemos, esto es marketing puro: los fanatismos y las sectas saben que la felicidad y el bienestar no son el mejor caldo de cultivo para extender sus ideas y su poder.

La campaña puesta en marcha en nuestro país y con nuestro dinero –es y será así mientras la Iglesia siga recibiendo fondos del estado para sus intereses– encaminada a bloquear la reforma de la ley del aborto, es torpe. La dirección de arte y el contenido son banales. La comparación entre el niño y el lince es burda. Pero ello no quita para que siga indignando a muchos de ciudadanos que con nuestros impuestos se financien intereses de grupo.

Este post es de opinión, la de quien lo firma. El titular y las afirmaciones hechas pueden traer alguna que otra consecuencia legal. Merecerá la pena, aunque para salir de ésta tenga que echar mano de los ahorros. Sólo la idea de que pudieran denunciarlo y el azar quisiera que cayera en manos de un juez sensato que viera aquí sólo un ejercicio de libertad de expresión –con consecuencias irrelevantes si se compara con las de los mensajes de Benedicto– valdría la pena el esfuerzo y el riesgo. Porque sucedería entonces que lo que aquí solo son afirmaciones fruto de un modo de pensar y de expresarse, alcanzaría el carácter de sentencia jurídica. No caerá esa breva.

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Álvaro Sobrino. Diseñador gráfico, periodista y editor.
Mantiene una columna en la revista VISUAL, con el nombre de Crónicas de Pseudonimma, donde recoge opiniones de otros y las suyas propias acerca de la actualidad del diseño español.