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2.12.11

Economía para zotes (IX). La devaluación, esa desconocida

Prácticamente todos los economistas coinciden en que la devaluación de la moneda es una herramienta válida para las economías, otra cosa es que no se pongan de acuerdo ni en el momento de usarla ni en su proporción. Por primera vez oí a Arcadi Oliveres hace meses hablar de que había que desdoblar la moneda única, un euro para los países fuertes y otro para los que están –estamos, debería decir– en mayores dificultades. Hoy es una opinión que empieza a extenderse. Hace poco leí que la solución (pido perdón, no recuerdo dónde ni quien lo escribía) era que se salieran del euro Francia y Alemania. Y no parecía que lo dijera en broma: ellos podrían tener sus monedas fuertes y el euro no tendría que ser reforzado artificialmente fastidiándonos a los demás. Y si antes de verano era "anatemático" hablar de que Grecia y algún país tenían que salir de la moneda única, hoy aunque se diga poco, creo que son muchos los que creen que eso es lo que acabará pasando.

Todo esto, al final se reduce a algo muy simple: una misma moneda para economías distintas supone que su mayor o menor fortaleza puede beneficiar a unos, pero perjudicará a otros. Y como aquí las decisiones las condicionan los países que pretenden una moneda fuerte, los demás sufrimos más de lo debido por no poder usar la devaluación como herramienta.

Pero, ¿a quien beneficia la devaluación? Supone un esfuerzo para el ciudadano de a pie, que pasa a cobrar menos; o habría que decir lo mismo, pero en una moneda que vale menos. Por muy bien que se haga acabará produciéndose una cierta inflación, débil a corto plazo porque las economías están prácticamente estancadas, pero segura a medio plazo. De la mano de esa inflación subirán los sueldos en una proporción parecida.

Sin dejar de lado esto último, en realidad, a quien de verdad le perjudica es a cualquiera que tenga dinero. Esto es, a los ahorradores y a los ricos. ¿Sólo a ellos? No, hay alguien aun más perjudicado: los bancos. Cuando la deuda privada es alta, y aquí lo es, una devaluación le amarga la vida al prestamista y alivia al deudor. Si yo tengo una hipoteca cuyo montante es hoy de, pongamos 100.000 euros "fuertes", después de la devaluación yo debería la misma cantidad, pero de euros débiles. El banco me prestó un dinero con el que se podían comprar más cosas que con el que le voy a devolver. Y algo parecido sucede con la deuda pública: el estado imprime billetes con los que pagarla, pero esos billetes, aunque su valor nominal sea el mismo, valen menos. Ahí tenemos el ejemplo de Islandia, que crece este año al 3% después de haber devaluado su moneda un 25%. O el de Irlanda, que en una situación parecida, no ha podido devaluar al estar en la zona euro.

Y siendo así, ¿cuánto falta para que empecemos a devaluar, para que ganen los ciudadanos y los estados y por una vez, sean los mercados los que pierdan? Seguramente, en cuanto Ángela deje de confundir Alemania con "los bancos alemanes".

Álvaro Sobrino. Diseñador gráfico, periodista y editor.
Mantiene una columna en la revista VISUAL, con el nombre de Crónicas de Pseudonimma, donde recoge opiniones de otros y las suyas propias acerca de la actualidad del diseño español.