
Se acerca el Día del Libro. Lo de "el día de" (del padre, de la madre, de los enamorados...) debe ser un invento del El Corte Inglés. Ese consumismo inducido me repele bastante.
Pero bueno, el día del libro es otra cosa. Soy comprador de libros compulsivo, y es el único día del año que me regalo unos cuantos sin remordimientos. Me engaño pensando que lo hago por contribuir a la fiesta, participar de la tradición... todo mentira: soy como los abstemios que beben en la cena de navidad un par de copitas de cava.
Y resulta que ahora es "El día del Libro y de los Derechos de Autor". Como siempre, tenía que venir alguien a estropearlo. Busco un poco y me doy cuenta de que somos inteligentes y seguimos llamándolo Día del Libro a secas, aunque la coletilla ya se la puso la UNESCO en 1995. Pero nadie la usa, más allá de la Dirección General del Libro y algún que otro organismo oficial más.
Está muy bien eso de los derechos de autor, pero es una causa menor si la comparamos con el acceso a la cultura. Es como si al día Internacional de la Mujer se le añadiera "y de la gastronomía con altramuces". Ahora más que nunca entiendo aquel cartel que hiciera mi amigo Pitu para una exposición sobre los derechos culturales que comisariamos hace años Norberto Chaves y yo, en el que decía: "La literatura a veces es arte, pero la cultura está siempre en la lectura".
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