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26.9.08







CODIG, ¿torpeza o delito?


Hubo una época en que un grupo de mediocres diseñadores quisieron alcanzar el control de esta profesión promoviendo un Colegio de obligado cumplimiento. La Generalitat les concedió finalmente su colegio, pero con buen criterio decidió que fuera voluntario, o lo que es lo mismo, innecesario e inoperante, una anécdota en la estructura profesional del diseño. La historia del CODIG, la asociación previa al Colegio, está llena de claroscuros, algún día se sabrá cómo funcionaba aquella Expocodig, s.l., una sociedad limitada participada por los miembros de la junta directiva que “facturaba” las actividades de la asociación, que como tal no podía tener beneficios. Pero eso es otra historia.
Han pasado cinco años desde la constitución del colegio. Actualmente hay alrededor de 275 colegiados, en una actividad que se cifra en varios miles de profesionales en Catalunya. El colegio es en realidad un chiringuito, un grupo de amiguetes, y con ello proyecta una imagen pobre e irrelevante del colectivo. Pese a disfrutar de una posición manifiestamente dominante, no ha podido siquiera acercarse a las cifras de miembros de las asociaciones catalanas de diseñadores, que han demostrado un poder de convocatoria, una presencia en la sociedad y una eficacia y capacidad de generar actividad infinitamente mayor. La constitución del colegio ha supuesto un estrepitoso fracaso, que cuestiona por un lado la capacidad de sus gestores –y ahora su honestidad–, y confirma por otro que el diseño no precisa ni desea estructurarse dentro de una organización colegial que no aporta ningún beneficio que no estuviera ya en las asociaciones.

La creación del Colegio suponía un proceso de homologación para aquellos profesionales que no teniendo los títulos académicos requeridos, demostraran su actividad profesional en el tiempo y solicitaran la colegiación. El Parlament de Catalunya en el redactado de la ley fijaba un plazo de cinco años para este proceso. Ha pasado este plazo, y es un hecho constatable que los profesionales en su mayoría han decidido no acogerse a esa posibilidad. Hay que señalar que estamos hablando de un plazo regulado por ley en el Parlament de Catalunya (DOGC núm.3914 – 30/06/2003, pág. 13024. Ley 11/2003), no se trata de un reglamento interno, ni siquiera estatutario, sino de la Ley.



Imagen de la web del colegio, tomada los primeros días de septiembre. En ella se invita a presentar la solicitud de colegiación, fechándola el 1 de julio.
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El Colegio, que ha de velar por la transparencia y las buenas prácticas en el sector, en su alocada carrera por minimizar su absoluta falta de representación, ha ampliado unilateralmente ese plazo. Para ello, no pudiendo hacerlo de otro modo, invita en su web a presentar la solicitud de colegiación “falseando” la fecha. Nos quedamos atónitos cuando lo vimos; aunque entendemos lo desesperado de su situación, pues con el plazo expira también la posibilidad de que el grueso de la profesión, los diseñadores emblemáticos y más representativos lleguen a colegiarse nunca, a pesar de ello, no podíamos creer que la desfachatez llegara hasta ese punto. Esta práctica constituye una irregularidad de enormes proporciones, que derivaría muy posiblemente en consecuencias legales para los solicitantes y para el propio colegio, si alguien lo denunciara. Un colegio invitando a la falsedad en documento a los profesionales para así burlar la ley, nos parece que esto es la gota que colma el vaso. Aunque nunca hemos defendido la colegiación ni creído en ella, quienes han cumplido con los requisitos y los plazos no merecen que la legalidad de su condición de colegiados quede ahora en entredicho. Cuando el comité homologador se reúna, ¿cómo sabrá cuáles entre las solicitudes que le sean presentadas lo son de acuerdo a la ley, y cuáles han sido falseadas para burlarla?.

Esta profesión no se merece esto. El sentido común exige la dimisión inmediata de la junta directiva. Deberán ser los colegiados quienes se replanteen el rumbo y el proceder futuro de este organismo. Por nuestra parte, lo tenemos muy claro: la profesión ya ha demostrado que no quiere un colegio que le represente. Con esto ha quedado demostrado que los pocos que lo pretendieron, incluso tratando de imponer la obligatoriedad al resto de diseñadores, no han sido capaces de llevarlo adelante con un mínimo de dignidad y ética. Lo que se impone es su disolución. Aunque esa es, insistimos, una decisión que compete a los colegiados. Pero afecta muy gravemente a la imagen de todo el diseño.

(Editorial publicado en la revista VISUAL, nº 134).

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Alvarito, tú siempre dando caña, cómo tiene que ser. Y los del Codig, casposillos y tramposillos, en su tónica habitual.
A ver si les meten un puro por esto, que aburren.

Arnau

Anónimo dijo...

qué piratas que son estos del colegio, una vez miré el listado en su web y no había nadie conocido, que de verdad destaque en el diseño. Son como los funcionarios de la profesión.
No entiendo por qué no se integran en la FAD, que por lo menos hace cosas y defiende la profesión. Estos en cambio nunca se sabe nada de ellos, y se supone que son el colegio, aunque habría que empezar a llamarle el parvulario.

Anónimo dijo...

Desde la "equidistancia" de un "diseñador gráfico de provincias" (con formación académica adquirida en la Llotja de Barcelona, pero ejerciendo desde hace décadas en la provincia de Tarragona), como colegiado y (llamadame ingenuo) como profesional ilusionado con las, en teoría, atribuciones del colegio (lucha contra el intrusismo fundamentalmente), me duele una crítica tan despiadada que parece ser el colofón o guinda a una animadversión muy anterior y que este desliz (no sé si ilegalidad o alegalidad) no ha hecho más que ayudar a exteriorizar, en mi opinión, desmedidamente y de manera ensañada. No sé la representatividad que tiene pero es la instancia LEGAL suprema a nivel de comunidad autónoma. Tampoco sé a quién representa quien afirma que "la profesión no lo deseaba [el colegio]" (...) Desde mis años de estudiante que se anhelaba la creación de col·legi. LA PROFESIÓN, también somos muchos grafistas e ilustradores cuyos nombres no aparecen en piés de imprenta ni en créditos de los cientos de libros que diseñamos - ilustramos, ni en certámenes porque tenemos que trabajar veinticuatro horas al día y no nos da tiempo para LAUS y nos trae sin cuidado el famoseo y, a veces, tenemos que simultanear el estudio con conducir una retráctil en un almacén para llegar a fin de mes... Porque, en provincias, hay un compadreo a nivel de instituciones y una plaga de francotiradores de cuidado.
Un diseñador, como diría el anónimo anterior, encantado de no destacar (el mejor diseño es el que no destaca) y confiado en la dignificación de la profesión (vía colegio o la que sea).
Por cierto si, de la junta directiva (Sebastià Duatis o Manolo Jotta) o de los miembros de honor (nada menos que Pla Narbona y Russelot!!) no conoce a nadie, dice muy poco en su favor.

Salu2
Manel

Alvaro dijo...

Hola, Manel.
Tú mismo defines el problema: es la instancia LEGAL suprema, de la que lo menos que hay que esperar es que no sea tramposa.
De su representatividad, date un repaso y mira a ver cuantos premios nacionales de diseño se han colegiado. Citas nombres que por supuesto no voy a rebatir, aunque no esté de acuerdo, es tu opinión.
Pareces querer buscar extrañas motivaciones para cuestionar el texto, que no las hay, yo hubiera preferido argumentos. Aunque esos, ni los han dado nunca ni los darán.
Gracias por tu comentario.

Pau dijo...

el problema es que un colegio teóricamente representa a todo el colectivo frente a las instituciones, aunque ese colectivo no se vea representado.
Ese papel en Catalunya lo realiza desde siempre la ADGFAD, con sus lagunas y defectos (siempre los mismos, etc). También a otro nivel el BCD.
El colegio practicamente no existe en la relación diseño-sociedad, por tener no tiene ni críticas, porque no hace nada. Ocupa un espacio sin aprovecharlo, y eso es especialmente irresponsable porque no puede haber otro colegio según la ley.
De todas formas la estructura anacrónica de la colegiación está cuestionada en Europa, y excepto los tradicionales (médicos, arquitectos, abogados) que son obligatorios, creo que no tienen sentido actualmente. Es curioso, siempre que alguien defiende al Codig lo hace criticando a los LAUS y a la ADG, deberían quitarse ese complejo de inferioridad, aunque esté más que justificado, viendo lo que son y lo que hacen unos y otros.
Alvaro, muy bueno el blog.

Anónimo dijo...

Hola de nuevo

A ver, yo no he defendido a capa y espada al Colegio, en todo caso quienes nos colegiamos lo hicimos con la esperanza de que fuese el colegio quien defendiese la profesión.
Entiendo que hay un colectivo profesional VIP a quien no le afecta ni la política revientaprecios por parte de aficionados ni un tejido "empresarial" constituido por ex-vendedores ambulantes de colchones venidos a más y que hoy "venden" comunicación, realidades ambas que tiene lugar en provincias. Que depositase una ilusión no significa que no aprecie la gravedad intrínseca de lo que han hecho ni que sea incapaz de ver su inoperancia después de una trayectoria de varios años.
Quiero aclarar que a principios de los 80, no sólo a nivel de la Llotja se anhelaba su creación (era la época de las cuotas de estudiante, de la inclusión del CODIG en ICOGRADA, de Domènech y Culleré) sino que, además, así se constata en el «Llibre Blanc del Disseny Gràfic a Catalunya» (redactado por ADGFAD y publicado por el Departament de Presidència en 1983). Ahí dice en el preámbulo y las conclusiones, a partir de encuestas a una amplia muestra del sector que se echa en falta un Colegio profesional. Asímismo, en esa época, el número de asociados de las dos únicas asociaciones catalanas específicamente de Diseño Gráfico (ADP y BCD no lo son) son de 136 el ADGFAD y de 210 el CODIG.
No "defiendo" a nadie, son datos objetivos y de ahí mi desacuerdo con lo de que "el colegio fue el empeño de un grupúsculo" y con (perdonad si me equivoco) esa especie de jactancia complaciente en su inoperancia, parece que que eso hace feliz a unos cuantos.
Por último, no sé si lo de "criticar a los LAUS" iba por mi comentario. No he criticado los LAUS, simplemente, como muchos diseñadores "proletarios" (hasta hace nada, asalariado vilmente explotado en agencias "de provincias"), no tenemos tiempo para certámenes. Curiosamente, si en Tarragona hay unos cuantos profesionales, la mayoría están en ese listado del Colegio que los VIP se jactan de desconocer . Sus nombres quizá no digan nada a nadie, pero su trabajo lleva la impronta del buenhacer profesional. Hay vida inteligente fuera de Barcelona a pesar de los terribles condicionantes antes expuestos.

Salu2 y aprovecho para aclarar que soy un fiel lector de VISUAL (y de la extinta Tipográfica y de la extinta ADGráfica y...)

Manel

Anónimo dijo...

leo en la imagen del post:

"col.legiación", "clica aquí", "sino puedes..." por "si no puedes..."

la verdad es que no les vendría mal un poco de ortografía en sus diseños a estos colegiales...

Álvaro Sobrino. Diseñador gráfico, periodista y editor.
Mantiene una columna en la revista VISUAL, con el nombre de Crónicas de Pseudonimma, donde recoge opiniones de otros y las suyas propias acerca de la actualidad del diseño español.