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31.5.11

Aprendamos


(publicado originariamente en La Vanguardia del 30 de mayo)
Ya se han hecho todos los análisis posibles sobre el fenómeno de las protestas que en las plazas de nuestro país y del extranjero se han sucedido en las últimas dos semanas… seguramente sea así, si nos circunscribimos a los aspectos políticos y sociales. Pero, pasadas las elecciones, merece la pena afinar y reflexionar sobre otros matices que en la vorágine de información nos han pasado desapercibidos.
Por primera vez, en sólo unos días hemos visto crecer unas microciudades dentro de las ciudades. Sin organización jerárquica, la comunidad ha definido sus espacios, sus edificios de lona y cuerda, sus servicios, sus estructuras y sus normas de convivencia. Esos ciudadanos en sus micrópolis han asumido deberes y derechos sobre la marcha, sin que nadie les impusiera nada ni les dijera lo que tenían que hacer. Igualmente interesante resultará reflexionar acerca de la manera de comunicarlo al mundo. Sin especialistas en las relaciones con la prensa, sin técnicas de marketing on-line, sin community managers, han conseguido que los informativos y diarios de todo el mundo abrieran con sus imágenes y sus eslóganes. Se han hecho oir y entender, y lo que es más importante, han conseguido que millones de ciudadanos anónimos en el mundo se convirtieran en sus altavoces.


Los arquitectos y diseñadores, los empleados públicos, las empresas y sus trabajadores deberíamos fijarnos y aprender cómo es posible esa eficacia del caos, frente a las prácticas farragosas y absurdamente complicadas y metódicas que en todos los ámbitos nos empeñamos en reproducir. Y por supuesto, más que nadie quienes deberían fijarse y sacar conclusiones son los políticos. Mientras estos manejaban, con todo a favor, eslóganes vacíos y ambiguos en sus despilfarradoras campañas orquestadas por sesudos expertos en comunicación, un mensaje directo desde una pancarta hecha con rotulador o un video grabado desde un móvil podía dar la vuelta al mundo rebotado en miles de blogs y perfiles de las redes sociales. Mientras en el mundo real podemos llevar hasta la extenuación el debate sobre determinado mobiliario urbano o sobre como reorganizar cuatro calles de un barrio, ellos en unos días han construido un modelo de convivencia que seguramente no sea muy estético, pero que se ha demostrado eficaz. Hagamos todas las críticas, pongamos todas las objeciones, pero no dejemos pasar la oportunidad de aprender: valoremos la sencillez, la improvisación –bendita improvisación– y el esfuerzo colectivo como motor… si nos fijamos bien, seguro que podemos aplicarlo a lo que hacemos todos los días. Y si los políticos se fijan también, quizá empecemos a caminar hacia una sociedad si no mejor, al menos no tan complicada.
Álvaro Sobrino. Diseñador gráfico, periodista y editor.
Mantiene una columna en la revista VISUAL, con el nombre de Crónicas de Pseudonimma, donde recoge opiniones de otros y las suyas propias acerca de la actualidad del diseño español.