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Hola. Este blog ya no se actualiza. Pero me pareció bien que todo este material siguiera estando ahí. Por si alguna vez alguien quiere leerlo, y por contribuir a la basura informática.
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23.9.08

Apropiación indebida

Tengo un amigo publicitario, el pingüi, a quien seguro que conoces por lo bien que escribe (canciones). Hace tiempo leí un artículo suyo en la revista Brand Life. De lo mejor, guardé el recorte y hoy, ordenando papeles, ha aparecido. En él habla de anuncios, pero todo lo que dice es perfectamente válido para el diseño y los diseñadores. Hay que desdramatizar lo que hacemos, valorarlo en su justa medida.
Como no encuentro un enlace al artículo, y me parece imprescindible, me lo tecleo entero, como auto-castigo, por vanidoso y por pensar que lo que hago es importante.
Espero que no se moleste por la apropiación indebida, al fin y al cabo, si como músico tiene sus canciones para que te las descargues bytheface, quiero pensar que como filósofo es también generoso y no le ha de molestar. Ahí va:

¿Por qué nadie los llama anuncios? Por José Luis Moro

Hace unos días leía un reportaje sobre la película que ha hecho Scorsese con los Rolling Stone. En un momento dado de la entrevista, el director comentaba que la última vez que había estado en Madrid había sido para promocionar "la cachondada esa de Freixenet". ¡La cachondada!, así lo decía literalmente. Nosotros hablando de excelencia creativa y el bueno de Martin lo llama cachondada. Es una buena cura de humildad. Le podemos dar a Freixenet todos los premios del mundo, pero Scorsese seguirá pensando que una cosa es hacer cine y otra muy distinta hacer anuncios.
Anuncios, porque eso es lo que hacemos. Aunque a veces parece que nos da vergüenza llamarlos así. Le cuentas a tus amigos: he estado en Buenos Aires, rodando una película. ¿Una película? ¡Cómo mola! ¿y de qué va? Bueeeeno, pues es un señor que sale, mira a cámara y dice: yo sólo le doy a mi gato lo mejor, por eso elijo un alimento rico en proteínas y minerales. Ah, sí, creo que he visto esa película. Me gustó más el libro. Y es que para el común de los mortales, eso no es una película, es, en todo caso, una cachondada.
Pero a nosotros nos sigue dando no se qué pronunciar la palabra anuncio. Llegan los festivales y contamos: mañana me voy a Cannes, que presento unas piezas. ¿Piezas? ¿A qué vas, a una convención de Lego? Resulta un poco ridículo.
Y todavía es más pintoresco cuando quienes se niegan a usar el término tabú son personas externas a la publicidad. Carlos Herrera siempre dice en su programa de radio: Ahora les dejo con unos consejos. ¿Consejos? Yo no aconsejo nada a nadie. Un consejo es algo mucho más racional y desapegado que un anuncio.
Recuperemos la palabra anuncio. Y con ella el orgullo de vender. Compresas con alas, pegamento para dentadura postiza o coleccionables de casitas de muñecas andaluzas. Algunos consagran su vida a la caridad. Otros a la ciencia. Bien, pues para nosotros, son los anuncios. Una cosa mucho más difícil que hacer películas, piezas o consejos.


Álvaro Sobrino. Diseñador gráfico, periodista y editor.
Mantiene una columna en la revista VISUAL, con el nombre de Crónicas de Pseudonimma, donde recoge opiniones de otros y las suyas propias acerca de la actualidad del diseño español.