Este blog está discontinuado

Hola. Este blog ya no se actualiza. Pero me pareció bien que todo este material siguiera estando ahí. Por si alguna vez alguien quiere leerlo, y por contribuir a la basura informática.
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29.4.07

No ganamos para sustos. El Gobierno convoca (ver bases) un concurso abierto para "propiciar la concurrencia de ideas con el fin de seleccionar un logotipo del Gobierno de España". Hale, alegría de la huerta. Del mismo modo, yo propongo, con todo respeto, eso sí, que cuando haya de operarse de hemorroides el Señor Zapatero, se convoque asimismo un concurso abierto para que cualquier médico, qué digo, tampoco hace falta que sea médico, para que cualquiera pueda optar a trastearle en la puerta de atrás a nuestro presidente, a ver quien lo hace con mayor tiento y delicadeza. Y si no le gusta ninguno, pues se declara desierto y nos ahorramos todos el importe del premio.
No voy a hacer ningún chiste acerca de que las bases estén publicadas en Comic Sans. Supongo que, dirigiéndose a los diseñadores, han pensado que había que ser modernos, enrrollaos y creativos.
El planteamiento hace aguas por todos lados: ¿cómo puede contemplarse que quede desierto un concurso con premio en metálico? Podrá no usarse la solución escogida, pero nunca declararlo desierto. ¿para qué un jurado, si "la resolución del concurso de ideas será adoptada por el Secretario de Estado de Comunicación"? Se supone que se constituyen los jurados para contrarrestar el carácter subjetivo o la arbitriariedad de las decisiones unipersonales.
Aunque sea un concurso abierto, no remunerado y con posibilidad de desierto, no tienen reparos. Hubiera bastado la solución gráfica, para que sólo el definitivo se desarrollara después. Pero no, que trabajen los diseñadores, que al fin y al cabo nos sale gratis:
"se valorarán positivamente los siguientes aspectos: Las propuestas que muestren cómo se adapta el logotipo a los espacios y formatos en los que éste se incluirá en el futuro (web, cartelería, papelería, publicaciones, etc.). Las propuestas que muestren cómo sería un manual de imagen institucional inspirado en el logotipo presentado". Ya puestos, yo propongo que cuando convoquen a concurso a las constructoras para hacer una autovía, les exijan que la entreguen acabada, y paguen sólo la que quede más bonita. Se acabarían los atascos de Semana Santa.
No contentos, para aprovechar al máximo tanto esfuerzo no retribuido, los autores de los logotipos presentados (ojo, que no dice ni premiados ni seleccionados, se refiere a todos) "cederán de manera gratuita sus derechos de distribución y comunicación pública al Ministerio de la Presidencia para que sean mostrados en exposición o formen parte de un catálogo o publicación".
Por si fuera poco, "con posterioridad a la resolución del presente concurso de ideas, el Ministerio de la Presidencia contratará, si fuera necesario, los trabajos necesarios para la adaptación del logotipo, pudiendo adjudicar dichos contratos al ganador del concurso de ideas, siempre que supongan una continuidad del concurso". Al margen de que la última frase no tiene sentido (¿de qué depende que suponga una continuidad del concurso? ¿qué es una continuidad del concurso?) lo que quiere decir es que se quedan con las manos libres para encargar a "otro" el desarrollo, por si alguien pensaba que por ganar iba a tener trabajo después.
Cabría pensar que todo esto se justifica con una dotación al ganador muy por encima del valor de mercado. Pues no. El que gane, si gana alguien, se llevará doce mil euros. Menos de lo que paga cualquier ayuntamiento de provincias porque le adecenten el escudo.
No sigo por no aburrir, pero podría.
Aunque no quiero acabar sin mencionar el mejor párrafo de las bases, el no va más de la ineptitud:
"De acuerdo con lo dispuesto en el artículo 14 del TRPLI prestarán su autorización para que el Ministerio pueda modificar, desarrollar o adaptar dicho diseño, pudiendo utilizar para ello cualquier medio que considere oportuno".
Señores de Moncloa, no es el TRPLI sino el TRLPI. ¿Un descuido, o una zancadilla no sea que nos dé por buscar el artículo de marras en google?. Pero bueno, lo he encontrado y dice:
"Corresponden al autor los siguientes derechos irrenunciables e inalienables:
(...) 5. Exigir el respeto a la integridad de la obra e impedir cualquier deformación, modificación, alteración o atentado contra ella que suponga perjuicio a sus legítimos intereses o menoscabo a su reputación".
O sea, que ese artículo lo que especifica es que no se puede hacer precisamente eso que el gobierno quiere hacer amparándose en ese artículo. Absolutamente marxista (de Groucho).

19.3.07

motiva

compartimiento

Me llamó un buen amigo, presidente de una de las asociaciones de diseñadores de este país. Como cada año le habían convocado, y sabía que a mí también, a participar "bytheface" en una de esas colectivas de concienciación o reflexión. En este caso, sobre la energía sostenible, con el auspicio de un ayuntamiento. Llaman a unos cuantos, y los carteles se exponen en el lado institucional de los muppis/oppis de la ciudad. La inquietud que me transimía este colega es compartida por muchos... la iniciativa es interesante, después se hace un catálogo bien editado, apetece participar, pero escama tanto esfuerzo no recompensado. Ante esta tesitura, hace ya mucho que decidimos quienes conmigo trabajan y yo mismo que estos "encargos" sin recompensa los atenderíamos bajo licencia creativecommons. Y así hacemos. Por egoísmo. Porque esas convocatorias te obligan a un ejercicio doble, no sólo de analizar la simpatía con la causa, sino con el convocante. ¿Apetece atender esas peticiones cuando vienen de fundaciones privadas dependientes de multinacionales? ¿o de organismos varios de poder, sea éste local, autonómico o estatal, gobernados en ocasiones por ideologías con las que discrepas? ¿o de entidades desanimadas de lucro u ONG's de las que no tienes suficiente información como para estar seguro de sus intenciones? Así, con esa licencia de por medio, invalidamos todas las cláusulas contractuales de cesión exclusiva, por un lado. Por el otro, nos tranquilizamos al pensar que cualquiera con buena intención puede hacer uso de ese trabajo, que no estamos trabajando para el encargante sino para el común.
Acepto como hipótesis que todo esto sea una vez más acallar nuestras conciencias con perífrasis mentales... pero no se me ocurre un modo mejor de hacerlo.
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(Nota: después de argumentarle a mi amiguete todo esto, unos días más tarde, me enteré de que es miembro de VEGAP, ya me vale... ¿me haría caso? ¿le habrían dejado en VEGAP seguir mi consejo? Se lo tengo que preguntar...)

10.3.07

Siete motivos para no asociarse a VEGAP, y uno solo para pertenecer a ella.

Como casi todo en la vida, tiene sus pros y sus contras. Así, ante la duda acerca de si es interesante para un creador visual pertenecer a la única entidad de gestión que puede representar sus derechos, he hecho esta lista, por si a alguien le sirve:

1. Si entras en VEGAP, tienes que firmar un contrato innegociable. Les cederás en exclusiva todos tus derechos de reproducción por cinco años, con la única excepción del trabajo de encargo.

2. Si te haces de VEGAP es muy posible que dejen de llamarte para algunas exposiciones colectivas o individuales, tanto fundaciones y museos como otros organismos públicos y privados, para evitarse problemas con el material promocional y el catálogo.

3. Algunas revistas, televisiones, editoriales, han optado por evitar la publicación de obras del repertorio. Nunca sabrás cuántas entrevistas y reportajes han dejado de hacerte por ser de VEGAP. O porqué en algunos libros de historia o crítica de arte, hablan de tí pero sin reproducir ninguna obra, cuando sí lo hacen con otros autores.

4. No podrás puntualmente ceder derechos de reproducción, aunque te apetezca, por ejemplo para una campaña de concienciación, para una subasta benéfica que tenga catálogo, para un blog de alguien que te admira o para el corto de un amigo que quiere abrirse paso en el cine.

5. No podrás decidir que una parte de tu obra o toda ella sea de libre reproducción, ni siquiera para usos no comerciales.

6. Aunque puede que no estés de acuerdo con el canon, la ley dice que es un derecho irrenunciable (o sea, una obligación). Sin embargo, no verás un duro de la parte que “legalmente” te corresponde. VEGAP cobrará el canon por tu trabajo, pero no te lo liquidará a no ser que aceptes el resto de las condiciones de su contrato.

7. Si llegas a entrar en la wikipedia, por ejemplo, pasarás a la historia. Pero sin imágenes de tu obra hasta 70 años después de que te mueras. Curiosamente, en la wikipedia inglesa sí aparecerán esas imágenes.

Hasta aquí los inconvenientes. Y ahora la ventaja:

Si firmas el contrato de VEGAP, además de ese taloncito a final de año, formarás parte de esa élite de mil y pico artistas que se quedan con unos ingresos de compensación por copia privada (canon) que corresponde realmente a los cientos de miles de honestos ilustradores, fotógrafos, diseñadores, artistas plásticos y videocreadores que hay en este país.
(de pseudonimma)

3.3.07

Con los derechos de autor no se juega

Demasiadas veces las entidades de gestión juegan con nuestra indefensión y todos los retruécanos legales que manejan con maestría para llevarse a su favor todo aquello que esté en duda. Un ejemplo claro está en el vacío legal que se produce cuando hablamos de obras reproducidas en la red, acompañado de una indecente voluntad de algunos por mantener en una espesa nebulosa todas estas cuestiones en beneficio propio. La reproduccción de obras en la red VEGAP la tiene en esas tarifas que le aprueba la señora ministra, con lo que no queda sino aceptarlo. Pero... ¿qué sucede con los enlaces?. Aun a riesgo de meterme en un lío enorme, voy a tratar de averiguarlo.
Por un lado, ya aparece como sujeto a tarifa el enlace a "la obra de videocreación [que]se haya creado para su difusión online o bien [esta] sea una forma de divulgación de la misma". El precedente es terrible, porque es el primer paso para después tarificar los enlaces a museos, webs de artistas, todas aquellas en las que se reproducan creaciones visuales.
En el absurdo de la paranoia recaudante, habría que pagar por cualquier enlace. Siempre se podrá argumentar que un enlace lleva a otro, y así hasta llegar a una obra protegida. O a todas las que hay en la red, con lo que el coste de cada enlace sería infinito.
La reproducción en una web de una obra plástica también está en tarifa. Con ello, se dan casos tan absurdos como que en la wikipedia podemos encontrar a Goya, a Leonardo o a Alberto Corazón. La diferencia es que en este último caso, no hay imágenes (aunque sé que a él no le importaría, al revés).
Bien. Pero ¿qué sucede cuando la imagen no reside en una web, sino que simplemente se enlaza a un servidor donde está esa imagen?. Eso es lo que trato de averiguar. ¿Un enlace es una reproducción, o es simplemente una llamada al visitante de la web en el sentido de que "aquí hay una imagen por si quieres verla"? ¿Qué diferencia existe entre enlazar a esa imagen (como he hecho con las que se acompañan al final de este texto) o poner "si quieres ver la imagen pincha aquí o aquí"? El resultado es el mismo, sólo es una cuestión de comodidad.
Las dos imágenes que aparecen al final están hospedadas en el servidor de VEGAP. Ni me las he bajado, ni residen en mi servidor ni en nigún otro que no sea el suyo. La primera es de Vicente Beneyto, la segunda es del propio Alberto Corazón, Presidente de la Fundación Arte y Derecho. Las he escogido porque los dos son amigos míos, así si al final tengo que pagar, por lo menos que se lo lleven mis colegas. Y porque los dos tienen mi teléfono y la suficiente confianza conmigo como para llamarme si les molesta, y pedirme que las quite, cosa que haré si me llaman. Según tarifa, si esto es una reproducción y no una cita o enlace creo que tendré que pagar veinte euros siempre que yo sea una entidad sin ánimo de lucro y éste un uso de caracter cultural y educativo, un suponer. Si soy una entidad con animo de lucro, serán 25. Si soy una entidad de carácter comercial o si soy no lucrativo pero este uso les da por decir que es con fines comerciales, serán 40 euros al mes. Creo que puedo permitírmelo, al menos durante unos meses (pocos, ¿eh?). Cuando acabe de escribir esto mandaré un email a VEGAP, para que me aclaren cuanto tengo que pagar. Ya os contaré. También es posible que las imágenes desaparezcan en unos días. Querrá decir que las han cambiado de nombre o de lugar en su servidor. Al margen de otras consideraciones, sería la demostración de lo que decía antes: la voluntad de mantener en el aire todos estos temas en beneficio propio, en lugar de afrontarlos. O del mismo modo, podrían argumentar que exigen la desaparición del enlace porque les genera un tráfico excesivo. Sería delirante. O simplemente, acogerse a los escalofriantes términos en que está redactado el "aviso legal" de su web, donde no sólo te comprometen a leerlo cada vez que entras en una de sus páginas (supongo que será por si desde la última vez que lo leíste se les ha ocurrido una nueva forma de limitar o dificultar el acceso a la cultura), sino que te prohiben "incluir hipervínculos a la página que no se limiten única y exclusivamente al acceso a la página principal", o lo que es lo mismo, el redescubrimiento de internet por parte de los abogados; es tanto como poner una escultura en la calle y prohibir a la gente que la mire, o que invite a otro a mirarla. Aunque bien pensado, sospecho que eso de la escultura les gustaría poder hacerlo.
Una última consideración, ya al margen de todo esto: me parece un insulto a la cultura, a la obra, al autor, a los ciudadanos, reproducir una pieza pictórica mancillada con el logotipo de VEGAP encima, como puede verse en las imagenes de los cuadros de Vicente y Alberto. Personalmente creo que la avaricia recaudadora no justifica todos los medios, y por encima de unos devengos de más o de menos, está el respeto a la cultura. Y a los que la crean. Y a los que la disfrutan.


beneyto

alberto

4.2.07

El extraño caso del manifiesto mutante

antiguo

nuevo

[estas dos imagenes corresponden al pdf de la web de la Fundación Arte y Derecho, han pasado varios días y no lo han cambiado, y a la página de publicidad en El País del 1/2/2007, que la Fundación contrató para difundir el manifiesto]


Todo es política. Permítaseme entonces esta vez escribir de política. El lector paciente que llegue al final, verá que se acaba hablando también de los diseñadores, de VEGAP, del derecho de autor y de la cultura. Y del Trosko.
A los ciudadanos de base, proletarios del sistema democrático, nos quedan pocos resquicios no ya para participar en las decisiones, sino para siquiera ser oídos, más allá del bisiesto ejercicio de la urna. A botepronto, solo se me ocurren dos:
El derecho de manifestación. Anónimo como el voto, es básicamente cuantitativo o de bulto, y como vemos últimamente, tremendamente vulnerable a la utilización torticera por parte de los políticos y los partidos. Como opción que no recomiendo ni dejo de recomendar, renuncié hace años tanto al derecho de papeleta como al de "manifa", reservándolos sólo como recurso último, para casos extremos de indignación o desasosiego.
Así, ya solo me queda el otro, el derecho de manifiesto.
El de manifiesto tiene ventajas: por un lado, permite la adhesión precisa a determinados argumentos, sin posterior utilización intencionada por terceros. Exige mayor compromiso porque la adhesión es firmada e individual, con nombre y D.N.I., y además es pública o susceptible de serlo.
En democracia, el manifiesto es el tercer acto en significación que podemos contraer de compromiso. Los manifiestos son importantes y útiles. Pocas veces unos pocos centenares o miles de ciudadanos podrán perturbar la paz del gobernante como con un manifiesto y su difusión. Precisamente por ese valor, hay que ser escrupuloso y exquisito en su propuesta y su gestión.
Viene todo esto a cuento del manifiesto que propuso esa aristocracia rancia de la creación que es VEGAP. Resulta que había que entregarlo en acto público a la ministra esta semana, y parece claro que sólo las 500 firmas recogidas desde su proclamación hace ocho meses no eran ni aval ni representación, máxime si sabemos que renunciaron al democrático e higiénicamente imprescindible "los abajofirmantes" para sustituirlo por ese otro injustificable, impresentable y manipulador genérico de "los creadores visuales", metiéndonos una vez más a todos en un mismo saco ideológico bastante cuestionable, sin preguntarnos siquiera.
Sospecho que todo eran prisas, y hasta una asociación de diseñadores (no sé a otras) nos llegó el compromiso de modificar el redactado incluyendo a "los diseñadores" a cambio del consabido apoyo. Me lo hizo ver un artista conceptual que anda siempre huyendo de cualquier circuito, al que los amigos cercanos apodamos el Trosko. "debo ser el único artista del mundo que, aunque mal, vivo de mi arte, y mi nombre sigue sin aparecer en Google. Si tu nombre aparece, formas parte del Problema", me escribía orgulloso no hace mucho.
Yo me había reído de la incorporación tardía y chapucera de nuestra profesión al documento, porque me parecía ridícula y oportunista ¿acaso no éramos creadores visuales hace unos meses? En cualquier caso, no me parecía que modificara sustancialmente el contenido. A fecha de hoy, en su web todavía sigue la versión antigua. Pero como decía, me lo hizo ver el Trosko en su último email: "a tí te hace gracia lo de que añadan a los diseñadores a su panfleto, pero es el atentado mayor que he visto contra "vuestro" sistema. Nunca hubiera firmado aquello, pero podría haberlo hecho. Y sabes que yo con los diseñadores o los publicitarios no voy ni a tomar un café, porque sois lo peor, el último escalón de la pirámide del arte, el que usas para limpiarte cuando pisas una mierda. Ahora resulta que los que les prestaron su firma, ven como se la calzan junto a "los diseñadores", los mercenarios que habeis hecho del arte un camino fácil y vendido para haceros ricos, simplemente poniendo vuestra habilidad al servicio del capitalismo por dinero. Cuando emprendes un viaje, tienes derecho a saber con quién. Y no hay cosa que más me joda que a medio camino se te apunten otros". Debo decir en mi descargo que con el Trosko comparto muchas más cervezas que opiniones.
Querido Trosko, casi nunca tienes razón, pero esta vez sí. Cuando uno firma un manifiesto tiene derecho a saber con quien lo firma, y sobretodo, que no será modificado después. No están escritas, pero son las reglas del juego. ¿preguntarán ahora a los quinientos anteriores si mantienen su firma despues del nuevo redactado? Y los que lo firmen a partir de ahora... ¿que garantía tienen de que no será después modificado por algún pequeño interés puntual?. Tiene razón el Trosko, no es de recibo.
(de pseudonimma)

23.1.07

Ya es público el fallo del concurso para elegir el cartel del Carnaval 2007 del Ayuntamiento de Madrid. El ganador es el vicepresidente de AEPD, Gonzalo Ribot. En el jurado estaba Soledad Hernández de la Rosa, presidenta de AEPD. La dotación del premio es de 6.000 euros.

22.1.07

Carta abierta a la Fundacion Arte y Derecho

(Esta carta se publica en el número 124 de la revista Visual, enero 2007)
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Estimados colegas:

He tenido conocimiento de la redacción y la difusión que estáis promoviendo del “Manifiesto de Santander”.
Me siento incómodo. El que yo no esté de acuerdo con la mayoría de vuestros planteamientos, no debería ser un problema, basta con que los respete. Trato de hacerlo. Pero tengo la sensación de que ese respeto no es recíproco. No alcanzo a entender ese plural genérico que utilizáis (los creadores visuales somos, los creadores visuales reclamamos, los creadores visuales necesitamos, los creadores visuales ofrecemos, los creadores visuales pedimos…), que me resulta ofensivo e injusto.
Es vuestra opinión, y la de quienes la suscriban. Nada más. Las opiniones y reivindicaciones que hacéis no podéis atribuírnoslas a todos los creadores visuales. Somos ya unos cuantos, y cada vez más, los creadores visuales y de los otros que estamos argumentando, debatiendo y defendiendo actitudes y propuestas alternativas no excluyentes a las premisas “oficialistas” respecto a la creación, a los derechos de autor y a sus devengos. Posiblemente no gozamos del mismo beneplácito ni beneficio que vosotros, no recibimos los apoyos institucionales que vosotros recibís, pero no somos peores.

Decís en vuestro manifiesto: “Los creadores visuales (…) consideramos inadmisibles las discriminaciones que contiene la actual Ley de Propiedad Intelectual”. Estoy de acuerdo. Las leyes de propiedad intelectual (no sólo la española) proponen muchas medidas para fomentar inadmisibles discriminaciones: la de quienes en función del trozo de mundo en el que les ha tocado nacer, sus recursos económicos, los gobiernos que en suerte les ha tocado sufrir, no tienen garantizado un acceso libre a la cultura. Eso también está en la Declaración de los Derechos Humanos. Aunque sospecho que no es a éstas discriminaciones a las que os referís en vuestro manifiesto.

Leo también en vuestro manifiesto: “El derecho de Autor forma parte del mosaico legal que hace posible el fortalecimiento de sociedades libres y abiertas”. Estoy seguro de que podríamos discutir mucho sobre el concepto de lo que son las sociedades libres y abiertas. En cualquier caso, es la defensa lícita del derecho de autor la que en demasiadas ocasiones se utiliza para promover unas sociedades con un planteamiento mercantilista y excluyente de la cultura, agrandando las diferencias entre unas pocas sociedades ricas y el resto, y dentro de una misma sociedad, entre ricos y pobres. No estamos de acuerdo con vuestro planteamiento algunos creadores, y no por ello dejamos de serlo.

“Sin el respeto al derecho de autor no puede haber cultura”. No puedo estar en desacuerdo mayor. No es ya sólo que la historia se empecina en demostrarnos una y otra vez que la ausencia de respeto a los derechos es casi siempre un acicate a la creación y a la cultura, que la creación es una herramienta para la defensa de los derechos y no al revés; me resulta sonrojante ver cómo en nombre de quienes nos dedicamos a la creación visual os permitís la arrogancia de condicionar la existencia de algo tan serio como la cultura a vuestras pequeñas e irrelevantes reivindicaciones. Por favor, dejadnos fuera de planteamientos como éstos, me siento avergonzado, me indigna y preocupa la imagen que estáis proyectando de un colectivo al que pertenezco; a decir verdad, es este punto el detonante que me ha llevado a escribir esta carta.

“Los creadores visuales nos vemos obligados a reclamar la atención de todas las fuerzas políticas, sobre la urgente necesidad de proteger y estimular a la creación artística española como un componente esencial de nuestra contribución a la generación de una nueva y competitiva identidad europea”. No acabo de entender a qué os referís con la generación de una nueva y competitiva identidad europea, pero me asusta. Frente a las propuestas y actitudes como las de Estados Unidos, que entienden su cultura y “lifestyle” como algo a imponer al resto del mundo, Europa está apostando por el respeto y la convivencia entre las culturas e identidades, con especial atención a las minorías culturales y a las identidades minoritarias. Que alguien mezcle términos como cultura y creación artística con una supuesta identidad europea competitiva nueva (¿competitiva con quién, sólo con la cultura e identidad americana o también con las culturas e identidades del tercer mundo?), produce desasosiego. Transmitir que somos los creadores quienes abogamos por ello, es, además de una falsedad, un enorme error estratégico.

“El Derecho de Autor comporta derechos de carácter moral y derechos de carácter económico. Los unos sin los otros son inviables”. Sospechaba que aquí era adonde queríais llegar. Cuando miles de creadores (una inmensa minoría, de momento) estamos trabajando para que los derechos de carácter moral y de carácter económico no estén vinculados, y que estos últimos queden definidos en cada caso según la voluntad del creador (ese es también un derecho), vosotros, atribuyéndoos la voz y representación de todos los creadores, afirmáis lo contrario. No es la creación lo que peligra, no es la cultura, ni tan sólo los derechos económicos que la creación genera, lo único que está en cuestión es vuestro modelo excluyente. Es eso lo que os preocupa, y por si hubiera dudas, lo dejáis claro y diáfano en el siguiente párrafo: “La gestión, divulgación, promoción y defensa del derecho de autor sólo es posible a través de la gestión colectiva de los propios autores”.

En cualquier caso, esto son sólo opiniones, como las vuestras. Aunque existe una diferencia: sólo pretendo defenderlas como lo que son: las mías, y las de quienes manifiesten estar de acuerdo con ellas. Y eso es lo que se esperaría de vosotros: que sigáis defendiendo vuestro modo de entender los derechos de autor sin menospreciar otros, sin actitudes excluyentes, sin arrogaros una representación que no tenéis, más allá de vuestros miembros y quienes suscriban vuestros manifiestos. Cuando esto suceda, recuperaré el respeto que os he tenido siempre desde la discrepancia.

Alvaro Sobrino
Editor y creador visual.

12.1.07

Hasta la identidad corporativa puede ser traicionera. Recibo una carta de la Bipresidenta del Ddi y de la Fudación de la Artesanía a que me refería en el post anterior, en la que se comunica el nombramiento de la nueva directora del Ddi. El Ddi tiene una nueva e inmejorable identidad corporativa, obra del impagable Eskenazi, en la que cada pieza comunicacional se encabeza con una sentencia relativa al diseño. En este caso, es la de J. Frascara, que reza "un diseñador se ocupa del bienestar de la gente". Deliciosa. Y suscrita por el Ddi, más aún. Empiezo a leer y el contraste es desolador: dice la carta que "contribuirá a que ddi se constituya como instrumento estratégico para el apoyo, implantación y difusión de las políticas de competitividad empresarial dirigidas a promover la innovación y el diseño entre las empresas".
Es de agradecer lo diáfano del argumento, por lo menos no se andan con paños calientes. ¿Cuál era hasta ahora, que supiéramos, la finalidad del Ddi? Todavía puede leerse en su web, aunque no por mucho tiempo, me temo: "Su objeto social contempla la realización de acciones de promoción y difusión del diseño y la innovación, y la sensibilización de las pequeñas y medianas empresas del valor estratégico de esos factores para incrementar su competitividad".
Es decir, hemos pasado de la promoción del diseño y la sensibilización de las empresas, a la competitividad empresarial donde el diseño es sólo un medio a exprimir y rentabilizar.
Más claro no pueden ponérnoslo. ¿y del diseño como cultura? De eso, mejor, vayamos olvidándonos. Apañaítos estamos.

26.12.06

Encaje de bolillos


Quizá lo recuerden, escribí hace un tiempo sobre los premios nacionales de Artesanía, que resulta que tienen cinco dotaciones que se pagan con los fondos de la promoción del diseño (los del Ddi, se entiende). Como recurso retórico, planteaba entonces aquello como el resultado de un partido: Artesanos, 5 – Diseñadores, 0.
En este tiempo ha habido corrimientos en el Ddi, que ha cambiado de directora y no hay que pensar que sea para mal. El tiempo dirá, lo cierto es que antes de que entrara la que ahora sale (X.V., esa a la que Pedro G. Ramos bautizó con cariño como “la baranda”), hacía mucho tiempo que el Ddi no estaba en manos de alguien tan próximo, sabedor y sensible con las cosas del diseño. Y hay que reconocer que eso se ha notado. El balance, a mi entender, ha sido positivo, muy positivo, y lo digo ahora porque ella no está y así no se me puede acusar de connivir con el poder, porque ya no hay poder que valga. Hay quienes creemos incluso que de haber tenido un poco más de tiempo, hasta habría conseguido arreglarnos lo de los Premios Nacionales. Ahora volvemos a la antigua fórmula de que quien mande sea del organigrama del ministerio, eso que antaño se llamaba funcionario de carrera, y de un tiempo a esta parte viene a denominarse como “alguien de la casa”. Insisto, ni bueno ni malo, concedámonos el beneficio de la duda.
Pero volvamos a lo de la Artesanía, que tiene mucho que ver. Resulta que esos Premios que se pagan con lo que sería nuestra dote si la hubiere, los convoca la Fundación Española para la Innovación de la Artesanía, que pertenece al ministerio. Asistí a la entrega de los Premios (triste, triste, les juro, había allí menos glamour que en el pijama de la niña de Srek). Me llamó la atención que el logo del Ddi, ni por asomo. En los discursos, ni por asomo tampoco, y los representantes del Ddi… pues tampoco. Que digo yo que les invitarían, siendo los que pagaban la dote; que si no fuera porque lo tengo leído en el BOE, empezaría a dudarlo.
Cabría pensar que ese partido con los artesanos (con los políticos de la artesanía, entiéndaseme) lo hemos perdido, pues bueno, no pasa nada. Pero resulta que, no contentos, parece ser que hay partido de vuelta, y en este sí que nos están dando la del pulpo. Si lo de las dotaciones no dejaba de ser anécdota, enormemente sintomática si se quiere, pero anécdota al fin, esto otro es mucho más serio: es esencial. Les cuento.
Resulta que hace un par de años esta misma fundación ministerial de los artesanos organiza un programa de esos de apoyo, que consiste en que un puñado de diseñadores trabajan en diseños para otros tantos artesanos y talleres, a precio de mínimos como casi siempre sucede, y quien pone la lana es el ministerio. Para que se hagan una idea, una línea de producto (ahí se hablaba de familia de objetos) por menos de 2.000 euros. Más o menos, como los programas de apoyo a las PYMES en materia de diseño e identidad, pero para la artesanía. En aquel entonces se maneja un borrador de contrato en el que se decía que “Los diseños presentados por los diseñadores a los talleres artesanos y aceptados por éstos, serán propiedad del promotor del proyecto FUNDACIÓN ESPAÑOLA PARA LA ARTESANIA, si bien el diseñador siempre mantendrá la autoría del diseño y así quedará reflejado en todas las comunicaciones que se hagan del proyecto y productos. Una vez comercializado el producto se firmará un contrato entre el diseñador y el taller artesano para que el diseñador tenga derecho a los denominados “royalties” sobre facturación”.
Lo cierto es que chirriaba un poco (un poco bastante, a qué engañarnos) eso de que los diseños sean propiedad del promotor cuando éste es el ministerio de industria. Aquello nunca se firmó por las partes, porque como pasa tantas veces, la realidad supera los contratos. Han pasado dos años, y aquellos diseñadores han recibido ahora el susto de su vida: les llega un nuevo contrato para que lo firmen. En éste, lo de los royalties ha desaparecido, y en su lugar, la claúsula es la siguiente: “que, desde su realización y debido a la naturaleza y objeto del encargo realizado, cedió en exclusiva a La Fundación la titularidad de todos los derechos de explotación sobre EL DISEÑO, para el ámbito territorial mundial y por el tiempo de duración legal de los derechos”.
Traten de imaginárselo, que yo no puedo: el ministerio de industria, con la promoción de los artesanos como señuelo, compra a saldo diseños industriales, quedándose de por vida y para todo el mundo con todos los derechos. ¿Alguien se imagina cómo se pondrían los artistas plásticos, músicos o escritores si el Ministerio de Cultura hiciera lo propio, y se quedara con los derechos de autor cuando concede ayudas a la creación? ¿o el de Sanidad, cuando promueve la investigación médica?
Algunos de entre los diseñadores damnificados han firmado, y hay quien interesadamente va diciendo que es porque les dará igual, y yo me inclino más por que sea el miedo a retratarse lo que les mueve; no seré yo quien les afee el gesto, que con las cosas de Palacio no se juega. Por si fuera poco, a los que han dicho que no lo firman, les han contestado que expongan por escrito sus motivos. Por mi parte no hay comentarios al respecto, que me ha dicho mi abogado que escribo en el filo de lo imposible últimamente, y he hecho propósito de comedirme.
Y quizá se pregunte alguien por qué me empeño tanto en relacionar lo uno y lo otro, el diseño y la artesanía, unos premios bien dotados y otros tan honoríficos, la fundación de marras y el Ddi… pues porque me estoy temiendo que aquí casi nada es ya casual, y lo que tenemos es una de vasos comunicantes en la que nos toca ser el que se vacía. Y si no, fíjense: si uno mira para arriba y sigue los hilos, se da cuenta que al final la presidenta de esta Fundación no es otra que doña María Callejón, la mismita presidenta… del Ddi. Para no creérselo, ¿verdad?

11.11.06

Ese extraño canon, para todos menos para los diseñadores

El canon que pagamos todos cada vez que hacemos una fotocopia, adquirimos una impresora o compramos un soporte informático virgen es un despropósito, pero mucho más si cabe lo es el reparto arbitrario que de él se hace.
“Se adivinan amenazas por los cambios de normativa, que propician facilitar el comercio internacional a costa de eliminar la protección a las creaciones intelectuales, las cuales corren el riesgo de convertirse en meras inversiones, valoradas como los zapatos o los productos industriales masivos”. Leo esta frase y bastaría decir simplemente que es desafortunada: barre de un plumazo la propiedad intelectual del diseñador, es más, nos pone como ejemplo de aquello que no es susceptible de ser considerado creación intelectual. No tendría más importancia si no fuera porque el que la suscribe es ni más ni menos que Juan Mollá, vicepresidente de CEDRO, la tercera en discordia en el bucanero reparto de ese botín que son los cánones, con la SGAE y VEGAP (hay más, pero para qué enfrascarnos en el baile de siglas… son todas lo mismo),.
Cuando alguien fotocopia un libro, una revista, y pronto veremos que también cuando lo almacene en un cedé, CEDRO reparte su parte entre el editor, el autor, y el traductor. A buen seguro que es imposible copiar algo sin reproducir también su diseño, pero para CEDRO ni los zapatos ni los productos industriales masivos ni los libros ni las revistas los diseña nadie, y por tanto, no hay necesidad de liquidarnos a nosotros. Curiosamente, CEDRO destina una parte de lo que recauda a engrosar las arcas de VEGAP, en el entendido que cuando se fotocopia un libro suele haber por medio alguna imagen, obra de arte, ilustración o fotografía… ¿y el diseño? ¿y la diagramación? De eso ni los unos ni los otros quieren oír ni hablar.
Posiblemente de este agravio tengamos más culpa que nadie los diseñadores gráficos. Son excepción quienes condicionan sus honorarios a la tirada (si a alguien le han pagado alguna vez por el diseño en caso de reedición que lo diga y le hacemos una fiesta). Por lo general, los diseñadores gráficos entendemos que nuestro trabajo debe cobrarse de golpe la primera vez, y de momento no nos ha ido del todo mal: Quizá hemos ganado menos dinero, pero hemos ahorrado en abogados y en berrinches. Sin embargo parece que esto está cambiando: si bien la sociedad y muchos autores han empezado a entender que la creación es cultura, y como tal hay que contemplar el derecho de los pueblos y las personas a su disfrute (sin menoscabo de la lógica remuneración por el trabajo de cada uno), los gobiernos y los legisladores parecen empeñados en gravar todo lo que graba o reproduce, para mayor engorde de la industria y unos pocos autores. Si así tiene que ser, y ojalá que la tendencia cambie… ¿a qué viene este conformismo? ¿cómo no han empezado ya a dar esta batalla las asociaciones de diseñadores?.

6.9.06

Pati Núñez, Premio Nacional de Diseño

No es una broma de mal gusto, la noticia saltó en algunos periódicos catalanes. Y es verdad. Porque así se llama el premio que otorga la Generalitat. Y claro, la pobre Pati se ha tenido que pasar semanas aclarando que sí, que es el Premio Nacional de Catalunya, a todos los que pensaban que le habían dado el honorífico. ¿he escrito la pobre Pati…? Pues rectifico. Porque éste, el de Catalunya, sí tiene dotación, y además viene por el lado de la Consellería de Cultura, que no de Industria. Dos matices que no hacen sino evidenciar el despropósito que comentábamos; ahora ahora el desagravio no es ya sólo con los artesanos (y con los poetas, y con los del circo, y con los médicos, y con los cocineros, y con los investigadores…). Ahora también los es entre diseñadores catalanes y los de la resta del Estado. Y mira por dónde, la primera mujer que ganará el P.N., la pobre Pati, a lo mejor hasta se encuentre que para entonces se haya resuelto ya el tema, y le habría merecido la pena la espera: sería la primera en tener dos Premios Nacionales con dotación. Ahí es nada.

Y también Roberto

Y va de premios. En el editorial de esta revista, en su número anterior, se embestía con virulencia por el despropósito de los Premios de Diseño de La Rioja. Pues lo mismo, punto por punto, puede decirse de los de Castilla-La Mancha, de quien El CEDIR de la Rioja debió tomar el modelo, y no tanto de los PP.NN. como se afirmaba (aunque cuando se lo he hecho ver, mi señorito me ha saltado con que a ver de dónde lo tomaron entonces los de C-LM, y no le falta razón…). En cualquier caso, todo esto es anecdótico porque el Premio va y le toca al que más ha hecho: Roberto Turégano. Que la convocatoria sea un despropósito no quita para que Roberto lo merezca sobradamente, no ya por su trabajo y su hacer, que es de lo mejor en el descampado que es Madrid en esto del diseño, sino porque Roberto representa todo eso a lo que los diseñadores deberíamos aspirar y que tan lejos está de la parafernalia léxica oficialista de los desarrollos, las competitividades, las herramientas exportadoras y los valores añadidos (a la mierda, que se enteren: el diseño es un valor ESENCIAL, no añadido).
Cuando alguien menciona en la misma frase las palabras diseño y cultura, siempre pienso en Roberto.

(de Pseudonimma)

5.9.06

Artesanos 5 – Diseñadores 0

El verbo enciscar no existe según la RAE. Pero aun así una se siente ya enciscada con el tema de los premios nacionales de diseño. Y con un complejillo de andar siempre con lo mismo y de si no estaré aburriendo al personal. Llámeseme cansina, pero correré una vez más el riesgo.
Alguien de quien aprendí mucho, decía siempre: "hay pocas lecturas imprescindibles, en realidad, sólo dos: la biblia y el Boletín Oficial del Estado". Respecto a la primera no le hice nunca caso, pero en lo del BOE tiene su parte de razón. Y es que ahí te enteras de cosas interesantes y de otras peregrinas. Al principio parece aburrido, pero les aseguro que acaba enganchando.
Dándole un vistazo al índice del 11 de julio, me encuentro con que hay un Premio Nacional nuevo, el de Artesanía. Como quiera que por activa y por pasiva vengo calentando de atrás con el tema de la dotación de los 45 premios existentes, y la excepción del P.N. de Diseño, el honorífico, me adentro en el legajo no sea que éste nuevo sea también de gratis y me dinamite el argumento. Para mi tranquilidad y gozo de los artesanos, estos sí tienen cinco dotaciones para otras tantas categorías. Sigo leyendo y me cae la primera en la frente: lo convoca el Ministerio de Industria (igualico que el "nuestro"). Y a una le asalta la duda, acerca de si no hubiera estado mejor vestir al santo desnudo antes de inventarse otro. Tiene difícil explicación que un mismo ministerio no sea capaz de resolver el agravio comparativo que el diseño viene sufriendo con respecto a los otros premios nacionales existentes, antes de inventarse un premio nuevo y, a éste sí, dotarle económicamente. Pero sigo leyendo, y me cae la segunda y definitiva: "la concesión de los premios comportará la siguiente dotación económica, que se otorgará por la Sociedad Estatal para el Desarrollo del Diseño y la Innovación Ddi, etc, etc, etc.". Es decir, el Ddi, nuestro mentor en la administración, el órgano que se supone que gestiona los fondos para el desarrollo y la promo del diseño, no tiene para los diseñadores –o no cree que lo merezcamos– pero en cambio sí para los artesanos. Sólo se me ocurren dos posibilidades: que esto haya de ser así porque esa es la intención, la filosofía, y entonces habría que cuestionar muchas cosas, o que simplemente sea una cuestión de orden temporal: que por fin se esté reculando después de tantos años y se haya escuchado a quienes vienen reclamando esa necesaria reconversión de nuestros premios, y sea sólo cuestión de tiempo, es decir, que la solución a lo nuestro ya estuviera en marcha y se trate tan solo de que las decisiones vayan desacompasadas. Ojalá que sea esto y para la edición del 2007 se resuelvan los temas pendientes, el del BCD y su extraño papel de organizador consorte, el de la confusión que genera el premio a la empresa y su duplicidad con el Premio Príncipe Felipe, y por supuesto, el de la dotación, que es quizá lo menos importante pero lo más significativo.
Si sucede, pongo a este teclado por testigo de que en esta misma página pediré perdón a los responsables del Ddi por haber mi incredulidad y mi desconfianza, y a los lectores por lo cansina que una puede llegar a ser.
De lo contrario, habremos de pensar que mejor nos hubiera ido aparcando esta vocación para dedicarnos al encaje de bolillos, al ganchillo y punto de cruz o al diseño de botijos falicoformes. Al menos, nos hubiéramos ahorrado tantas veces la pregunta de nuestras abuelas: “¿pero hija, tú exactamente que es lo que haces?”. Nada, abuela, una cosa que no tiene dotación.
(de Pseudonimma)

16.8.06

Sigo regularmente los artículos que aparecen en Foroalfa. Es muy cómodo: te suscribes en la misma web y te avisan con reseña y enlace de cada nueva entrada. El formato (lo de limitar la extension es un acierto) es ligero, y sin embargo los contenidos suelen ser profundos.
En contra diré que un foro de debate (articulo y contraarticulo) donde confluyen argentinos, chilenos y mexicanos es muchas veces garantía de pedantería y retórica enrevesada. No se entienda esto como una crítica ni como un arranque de chovinismo, a ellos es lo que les pirra, simplemente me parece que a nosotros lo que nos gusta es que las cosas se digan sencillas y ordenadas, con expresiones de uso común, no creemos en el elitismo de la comprensión, que ellos practican con fervor: un texto que no cueste asimilarlo, cuyo entendimiento no esté reservado a unos pocos, nunca puede ser considerado. Demasiadas veces al leer textos de teoría de la comunicación me viene a la memoria el cuento de los mercaderes que le venden al rey tela invisible para hacerse un traje, y me entran ganas de gritar: "el rey está desnudo".

Pero a lo que iba, que quiero recomendar el último artículo en Foroalfa de Norberto Chaves, que aunque argentino de acento es catalán en cuanto a lo práctico, es sencillamente delicioso, y la demostración de que el humor no está reñido con el interés.

4.7.06

CEDIR, otro premio más

Lo peor de que se hagan mal las cosas, es que puede haber quien las tome como modelo. Así, el Centro de Diseño Integral de la Rioja CEDIR ha convocado su premio “no nacional” de diseño a imagen y semejanza de los PENES (Premios Nacionales). Y ni siquiera han aprovechado todos estos años de despropósitos enmendados y errores que su hermano mayor ya cometió y subsanó, y se cometen como si fueran nuevos.
El premio se desdobla en dos, el del diseñador y el de la empresa (esto nos suena…) y con ello, una vez más, no hay dotación, por supuesto.
A diferencia de los Premios Nacionales, aquí no hay proceso de nominación por comité consultor externo, sino que cada quién se autopropone. Con ello, no hay criba, y donde no hay criba, difícilmente hay excelencia. Y aunque como “argumento de venta” les funcionará, resulta inquietante la afirmación de que los ganadores automáticamente pasarán a estar nominados en los Premios Nacionales, o lo que es lo mismo: los diseñadores y empresas riojanos -– y los de Castilla-La Mancha, que comparten el modelo– son a partir de ahora los únicos que pueden, por esta vía, postularse por iniciativa propia al Premio Nacional sin someterse a la nominación por terceros.
Otro asunto espinoso son los criterios de valoración, que son parecido a los de los PENES… ¿los mismos? No exactamente. Están los ya sabidos de “el diseño como herramienta de competitividad y desarrollo”, que afortunadamente desapareció en los PENES, y lo de los “beneficios medioambientales” que siempre queda bien, hueco pero bien. A fuerza de apretar se ha ido consiguiendo que el valor cultural del diseño (diseño para usuarios o diseño para la economía…) se incorpore a los PENES como criterio de valoración: ya sea como “aportaciones significativas a la cultura del diseño”, o como “compromiso en la evolución de la cultura contemporánea”. En los del CEDIR, ni por asomo: la convocatoria y las bases conforman un desplegable de ocho páginas en el que la palabra “cultura” no aparece ni por descuido.
Y por último, y aquí ya se nos cae cualquier atisbo de condescendencia que pudiera quedarnos, está el jurado. Lo forman un representante de cada uno de estos organismos: Agencia de Desarrollo Económico de la Rioja ADER, Centro de Diseño Integral CEDIR, Dirección General de Educación de La Rioja; la Cámara de Comercio, la Federación de Empresarios y el Club de Marketing de la Rioja; la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Logroño, y los colegios de Arquitectos y de Decoradores de la Rioja. Sospecho que no soy el único a quien le surge la misma duda indignante… ¿dónde están los diseñadores? ¿dónde los expertos en diseño?. Una vez más, los diseñadores nos tenemos que someter al juicio subjetivo de funcionarios, gestores y políticos, al de los arquitectos o al de los decoradores, porque ya se sabe, de diseño puede opinar cualquiera.
La cadena de despropósitos es difícilmente superable. Y lo peor, con el poco dinero que pueda haber para la promoción del diseño, éste es casi siempre el perfil de quienes lo gestionan. Con amigos como éstos, quién necesita…

1.7.06

¿Es el .pdf sólo un formato?

Para quienes trabajamos con información, el pedeefe es sobretodo un formato cómodo. Respeta con suficiente grado de fiabilidad los aspectos formales y de contenido del documento de origen, sin necesidad de remitirse a la aplicación con que fue creado. Es lo que a quienes se dedican a la industria del software les gusta tanto definir como un estándar. A ello se le añade su gran versatilidad (otra palabra que también les gusta mucho), que lo hace propio para presentación en pantalla, para su traslado al papel y para contenidos en internet, sobretodo si proceden de formato impreso. Una audaz política expansionista de Adobe frente a otras más restrictivas y mercantilistas que plantearon en origen otros productos similares lo ha convertido, insistimos, en el estándar. Y también lo está siendo como enlace en el proceso de las artes gráficas, gracias a una arquitectura increíblemente abierta y modular. Con ello, no hemos llegado a saber donde está el huevo y dónde la gallina: ¿son los pedeefes nuestro modo habitual de intercambio de documentos porque es el formato natural en las artes gráficas, o acaso un formato creado para el tránsito de documentación en las empresas se ha demostrado tan potente que han sido los impresores quienes lo han adoptado frente a otras alternativas más costosas, cerradas y opacas? Debe haber un poco de las dos cosas.
Pero más allá, el pedeefe está siendo para la difusión de la cultura impresa lo que el mp3 sería para la música. Y del mismo modo que éste último está resquebrajando los hábitos y maneras de la industria discográfica, el pedeefe lo hará pronto con la industria editorial.
No estamos ante la alternativa al papel, que esa discusión parece que la vamos superando, la revolución es mucho más profunda. Del mismo modo que ha explosionado un debate no siempre pausado y amable acerca de los límites de los derechos de autor y de propiedad intelectual en el mundo de la música, en el que los legisladores y los mal llamados gestores de derechos corren desesperados para intentar acercarse a una realidad que les supera ampliamente, no falta mucho para que esa situación se traslade, de la mano del bendito pedeefe, a la cultura de lo impreso. Los motivos son casi perversos: tradicionalmente, la remuneración patrimonial de la propiedad intelectual ha ido asociada al coste-soporte: Cuando comprábamos un disco, con su funda, su libreto y su soporte fonográfico, sabíamos que estábamos pagando esa remuneraciónal autor, aunque ahora hemos descubierto que es menor de lo que pensábamos.
El problema ha surgido cuando de la mano del mp3 y las descargas ese coste-soporte desaparece, y si se me permite, se descubre el pastel. Exactamente lo mismo sucede con lo impreso. Nadie duda que al comprar un libro o una revista, en el precio está metido lo que los autores han de percibir. O sea, vinculado y se diría que escondido en el coste-soporte. Y ahora, al desaparecer el coste del soporte, ese que se mide en unidades, se almacena en naves y se transporta en camiones, nos encontramos con el mismo problema. Entre otras cosas porque la industria y la legislación siguen usando una unidad de medida obsoleta: la tirada, que se conforma en número de ejemplares. Dos conceptos que no tienen cabida cuando la música ya no son discos, ni la literatura son libros.
No se trata aquí de alzar utópicas banderas por la difusión libre y gratuita, sino de alertar sobre la necesidad de abrir este debate. Acaso haya que replantearse unas politicas de remuneración que hoy son exclusivamente por royalties, y que habrá que pensar si no hay que combinarlas también con las de los honorarios. De momento, todo esto está sirviendo para que empiecen a oirse voces que reivindican un cambio de percepción. Y los gobiernos, los legisladores, los autores y creadores, la industria y los receptores vamos a tener que introducir una variable nueva: además de los derechos de autor, de los derechos patrimoniales que se devengan de ellos, de los de propiedad intelectual, de los de explotación, tendremos que barajar uno que de momento tenemos olvidado: el derecho que toda persona tiene al acceso a la cultura. No es nuevo, está desde 1948 en los artículos 22 y 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
El reto de todos es, como sucede casi siempre, encontrar las fórmulas para que lejos de estar enfrentados estos derechos sean compatibles.
La cultura no es un derecho para unos pocos, para los privilegiados, para el primer mundo.
Vamos a tener que redefinirlo todo. Incluso las palabras se nos están quedando obsoletas: la propiedad es material por definición, indica posesión frente al que no posee, pero las ideas no tienen propiedad: tienen autoría. La propiedad de una idea es del que la conoce, no del que la tuvo. Afortunadamente.
No es la primera vez que lo escribo: Si el pan o la leche pudiéramos pasarlos a .pdf, se acabaría el hambre en el mundo... ya que es posible hacerlo con la cultura, hagámoslo.

1.5.06

gallardon

Alex Morcillo me decubre esta maravilla publicada en la web de El Mundo.
Dentro de la más exigente calidad en el mundo de la protesta creativa, este sujeto anónimo ha dedicado algo de dinero y mucha genialidad a la loable iniciativa de forrar los parquímetros de Madrid con la sugerente pegatina de la foto, de manera que al pagar por aparcar a uno le queda el consuelo de decirle a este alcalde que nos ha tocado: "...por donde te quepa".
Buenísimo.

7.4.06

Señalética

Hoy en El País Vicente Molina Foix publica un artículo titulado Señalética, que no tiene desperdicio.

Y mientras lo buscaba, me topé con este otro, ya antiguo, pero que también es para disfrutarlo.

21.3.06

ibiza

Alguien debe hacer algo y muy urgente con las aplicaciones del escudo de Madrid. En realidad, con toda la desidentidad del Ayuntamiento. Me crucé, lástima de cámara que no llevaba, con una furgoneta-oficina de atención al ciudadano, en la que los vinilos reunían no dos ni tres, sino cuatro versiones distintas del escudo, y casi ninguna acorde con el manual. La mejor, una en que el oso va en azul y el madroño en blanco, el no va más. Pero sería una anécdota si no fuera porque es la constante. En general, la gráfica del consistorio es anodina, plana, ignoro a qué mano responde, pero si por lo menos fuera correcta... como muestra, traigo este cartelón de la foto, que han plantado en el bulevar de la calle Ibiza. El escudo transparente dejando ver la foto, la ubicación de cada elemento, esa Arial en caja alta imposible de leer y su interrelación con la imagen (integrar la tipografía en el paisaje, supongo que pensaría el tuercebotas gráfico que la perpetró).
(de Pseudonimma)


A la empresa de alfombras Nanimarquina le han dado el Premio Nacional de diseño en la categoría de empresas. Y en El País, en EL Mundo y en La Vanguardia aparece publicado que "es la primera vez que una mujer recibe el Premio Nacional de Diseño". Y efectivamente, por activa y por pasiva la señora Marquina en la rueda de prensa y en las entrevistas posteriores se empeña en repetirlo, y los periodistas en publicarlo.
Alguien debería advertirle que el diseñador premiado es Carlos Rolando, y que cuando se le da este premio a una empresa se le está dando en realidad a los productos, a los que trabajan en ella, a los diseñadores que trabajan para ella... La primera mujer en recibir el Premio será Pati Núñez, cuando le toque, que no debe quedar mucho. La señora Marquina deberá conformarse con ser una buena empresaria (que lo es, y tiene mi admiración por ello). Pero nada más.
(de Pseudonimma)

20.3.06

carnaval

Este es el cartel del Ayuntamiento para anunciar el Carnaval este año. hubo diseñadores en el jurado, pero de poco debió de servir. Hay que cuestionar una vez más estos concursos indiscriminados, quizá válidos para lo festivo-local en los pueblos, pero insuficiente para dimensiones mayores. La gráfica se me antoja anacrónica, que el desorden como valor afortunadamente está superado, y sobretodo, no es un cartel, sino un programa de mano enorme. No hay especificidad, valdría lo mismo para los Catequistas del Séptimo Árbol o para una agencia de encuentros eróticos. Leo mejor en él lo de "Madrid 06", como si los madrileños no supiéramos donde vivimos ni en qué año, que lo de "Carnaval". Como leo mejor y casi más grande la firma del autor que los eventos que anuncia. Todo despropósito.

19.3.06

Rolando forever

Rolando forever, así reza el lema de la fiesta que sus amigos le organizaron en Casa Camper, tras el homenaje oficial que le brindó el FAD. Ha sido reconocido con el Premio Nacional de Diseño. Y con ello, el que gana en prestigio es el premio, que falta le hace. A la mayoría no nos hacía falta esta noticia para saber que Rolando está en el grupo de los esenciales. Pero reconforta y alegra.

18.3.06

Al matadero...

Leo en el periódico en la noticia de la presentación del Matadero (ese espacio que Gallardón recupera para sí mismo) que el logotipo lo ha hecho una asociación de diseñadores. Se me ocurren las posibles realidades:

1. Lo ha hecho uno de esos diseñadores que entienden el falso asociacionismo en beneficio propio, que se está hinchando a base de manosear encargos municipales por la vía directa y se esconde tras el denominativo de la asociación porque el asunto ya empieza a oler...

2. Lo ha hecho realmente la asociación, o sea, que quien debería velar por nuestros intereses en realidad nos hace la competencia trabajándole gratis al poder, y les regala aquello que debería haber hecho y cobrado un diseñador, a cambio de no se sabe qué beneficios colaterales (no se sabe pero se intuye...).

3. Es si se quiere una versión de la anterior, y consiste en que además la asociación de marras hubiera cobrado por ello. Competencia desleal en toda regla.

Cualquiera de las tres me repugna y preocupa.
(de Pseudonimma)

20.2.06

Etiquetados...

He rescatado de un debate que mantenemos en la lista de correo de AEPD sobre el diseño, su utilidad, sus aspectos culturales y otras zarandajas, este post que envía Elias (el de Oviedo). No tiene desperdicio:

_______________________________________

PRUEBAS DE QUE LA RAZA HUMANA SE DIRIGE INEXORABLEMENTE HACIA LA ESTUPIDEZ

Aquí van algunas instrucciones auténticas que aparecen en las etiquetas de diversos productos de consumo:

En una caja de jabón Dove,
INDICACIONES: UTILIZAR COMO JABÓN NORMAL.
(¿Como se usan los jabones... NO normales...?)

En algunas comidas congeladas Findus:
SUGERENCIA PARA SERVIR: DESCONGELAR PRIMERO.
(Pero sólo es una sugerencia...)

En el postre Tiramisú marca Savory (impreso en la parte de abajo de la caja):
NO DAR LA VUELTA AL ENVASE.
(Ooooooh, demasiado tarde! Este me encanta...)

En un paquete de una plancha Rowenta:
NO PLANCHAR LA ROPA SOBRE EL CUERPO.
(Sin comentarios)

En un jarabe contra la tos para NIÑOS:
NO CONDUZCA AUTOMÓVILES NI MANEJE MAQUINARIA PESADA DESPUÉS DE USAR ESTE MEDICAMENTO.
(Se evitarían un montón de accidentes laborales si alejáramos a estos peligrosos energúmenos...)

En un cuchillo de cocina coreano:
IMPORTANTE: MANTENER FUERA DEL ALCANCE DE LOS NIÑOS Y LAS MASCOTAS.
(Pero qué mascotas tienen los coreanos!)

En una tira de luces de Navidad fabricadas en China:
SÓLO PARA USAR EN EL INTERIOR O EN EL EXTERIOR
(Ojo, única y exclusivamente...) 

En un paquete de frutas secas de American Airlines:
INSTRUCCIONES: ABRIR EL PAQUETE, COMER LAS FRUTAS SECAS.
(Uff, gracias!)

En una sierra eléctrica sueca:
NO INTENTE DETENER LA SIERRA CON LAS MANOS O LAS PIERNAS.
(No se me habría ocurrido hacerlo!!!)

En la caja de un televisor Wauta TV340:
ANTES DE MIRAR UN PROGRAMA ENCIENDA EL TELEVISOR.
(Error...........primero debe enchufarse)

En el manual de un teclado RAZOR Keyboard XP:
SI SU TECLADO NO FUNCIONA, ESCRÍBANOS UN E-MAIL A: TECH@RAZOR.COM
(Como mierda les ESCRIBO un email si no funciona el teclado!!!)

16.2.06

Los Premios Nacionales de Diseño siguen sin dotación

Pronto se reunirá el jurado para conceder los PENES (Premios Nacionales), que asi los llama mi amiga CC.
Parece mentira, pero a pesar de todo lo que se ha reivindicado, de lo que ha llovido, los Premios Nacionales de Diseño siguen siendo los UNICOS de entre los 45 que se convocan desde los distintos ministerios que no tienen dotación. Las justificaciones son de lo más rocambolescas y peregrinas, desde aquella vez hace años (está publicado en la revista Experimenta) que la directora del BCD dijo que no la tenían "porque costaba imaginar la cantidad idónea para la dotación", o lo que es lo mismo, que es un problema de falta de imaginación, a la última que he escuchado de los propios organizantes, que es que no la tienen porque ese dinero se destina a dar promoción y a editar un catálogo que beneficia mucho a los premiados (pues puñetera la falta que le hace eso a Pla Narbona, por poner un ejemplo, y lo bien que le habrían venido unos kilitos...). Quizá si los Premios los organizase directamente el Ministerio sin intermediario que se lo lleve, entonces habría dinero para la dotación.

Para no ensuciar el Blog he preferido poner un anexo para los curiosos, donde está la relación de los 45 premios y sus dotaciones correspondientes, bueno todas menos la del Premio de Diseño, que como ellos dicen pomposamente es de caracter "honorífico": el uso de las palabras puede ser perverso.

30.1.06

Este link se lo he robado a mi amigo Puño de su blog. se refiere a las licencias creative commons, que es un nuevo modo mejor de entender las creaciones y su propiedad intelectual. Es didáctico y entretenido, y al tiempo con diáfana sencillez explica que los derechos de autor no necesariamente son un cinturón de castidad a la difusión de la cultura, como quieren hacernos ver tantas veces.

22.1.06

...divino tesoro

Ándense –andémonos, debería decir– con ojo los grafistas de mi generación, que los que suben han entendido mejor el diseño que nosotros. No me refiero a la "res frumentaria", el trabajo que hacemos para vivir, en eso cada cual va por donde va, y no es el caso hurgar ahora en el conflicto generacional.
Me refiero al modo de posicionarse en ésta nuestra pequeña selva. Hoy ya no valen esos esplendorosos folletos de autopromo (cuando no libros enteros, la autosatisfacción cerebral como ejercicio no conoce límites entre nosotros), para mayor gloria del ego del artífice y en menor medida del de sus clientes. Menos pudientes y mucho más imaginativos, los jóvenes han encontrado un filón en las sinergias con los proveedores, también en el ejercicio no remunerado a cambio de libertad y repercusión, para así llegar a donde quieren por el camino de la inteligencia. El paradigma y origen lo encontraríamos en aquel Evolutive de Bruno y Toni (con toda mi admiración, lo saben). Pero hay muchos casos más.
Y como quiera��� que el fenómeno no se ciñe al grafismo (es extensivo a los fotógrafos, los estilistas, los diseñadores de moda, los cibercreadores, los ilustradores, los músicos, incluso los publicitarios con sus truchos...) ha desencadenado que aparezcan revistas alternativas que basan su contenido en esta fórmula (Rojo, Belio, el ya desaparecido Ciclo...), o en el aprovechamiento de la fórmula. Otras que ya existían han incorporado a sus páginas secciones para tal uso y disfrute. Y no digamos ya cuando el fenómeno se traslada a la red, donde el “coste soporte” desaparece, con lo que tiene de doble filo: se está demostrando que el papel y la impresión son cada día más un filtro para la calidad. En la red hay mucho más, tanto –y tan mediocre– que las perlas quedan diluídas.
Son ejercicios de investigación, de propuestas alternativas, y que encuentran salida siempre por las más recónditas grietas de lo establecido. Y cuando son buenos, y la eficacia, y la suerte quizá se ponen de acuerdo, evolucionan a productos que nada tienen que ver pero qu���e engrandecen el fenómeno: ha sucedido con aquel Neomanía, hoy Neo2, que de folletillo se ha trocado en un proyecto editorial de una envergadura y proyección que afortunadamente sus editores aún no se han creído pero que es real; y digo afortunadamente, porque cuando suceda quizá pierda parte de su interés. O lo venderán y se forrarán y me alegraré por ellos y sus herederos.
Y se preguntará alguno a qué viene tanto análisis (incluso podrá sospechar que todo es excusa para lanzar flores a mis amigos, que también). Es una cuestión de contraste. Mientras estas experiencias se fraguan a golpe de cerveza y buen rollito –qué pocas envidias hay entre los jóvenes– los mayores se empeñan (¿nos empeñamos?) en una política de asociacionismo rancio, exclusivo y excluyente, tan alejado de la realidad. Si la nueva generación ha optado por ese otro corporativismo activo y activista y da la espalda a lo establecido, es que algo estamos haciendo mal. Sólo la adegé parece mínimamente sensible a estas cosas, en su lucha por deslastrarse (o “deslaustrarse”) de lo que fue y no quiere seguir siendo. El resto, está a años luz de ni siquiera plantearse un mínimo cambio de rumbo, de apertura. Al contrario, se mantienen con sus defensas a ultranza del establishment, con sus miniferias endogámicas e intrascendentes, sus premios y eventos endogámicos e intrascendentes, sus publicaciones rancias, y como no, endogámicas e intrascendentes, sus connivencias con quienes manejan el dinero público para la supuesta promoción del diseño siempre que sea endogámico e intrascendente. El contraste es dolorosísimo. Sigan ellos si quieren con ese corporativismo gremial e incluso aspirante a colegial, esa batalla es anacrónica, y está perdida de antemano, el tiempo se encargará de ello. A cambio, muchos seguiremos pendientes de lo que maquinan los outsiders para, no duelen prendas al reconocerlo, aprender de ellos.

... y la reflexión

De todo lo anterior habrá quien deduzca que me pierde la pose, y que en mi lucha contra mi "tempo" he deci��dido cambiar mi dosis diaria de colágeno por el esnobismo de las tendencias. Vale. Pero son los mismos que han relanzado el debate sobre nuestra profesión. Es la otra cara de la moneda, pero es la misma generación; me refiero a esos foros alternativos: Grrrr en cuanto a lo impreso y media docena de webs y e-zines que mantienen viva la reflexión teórica de lo que hacemos. Y otra vez, las asociaciones y sobretodo los “promotores” se han dejado ganar por la mano, tan enfrascados ellos en su miopía del diseño como herramienta para la competitividad y la exportación (“el diseño debe abandonar las páginas de cultura para saltar a las de economía” se ha llegado a decir). Pues no. Se equivocan, quédese el diseño en el ámbito de la cultura y el bienestar de las personas, que el negocio se dará por añadidura. Y que nosotros lo veamos.
(de Pseudonimma)

12.1.06

Example

Un link. Me lo descubrió Pedro Moreno. El proyecto de Comando Zeta recupera tipografías chilenas de la calle. Guardan una frescura que difícilmente encontramos en las foundries, y pueden descargarse gratuitamente. Vale la pena echarle un ojo, nunca se sabe si alguna vez nos tocará rotularle a un castizo bar de tapas la lista de precios.

28.12.05

Por contraste, el Juli

Ya sea de diseños, de retablos marianos, de cerámicas etruscas o de videoinstalaciones friquis, para que una exposición pueda reconocerse con ese nombre debe reunir tres condiciones mínimas, a saber: las piezas deben acompañarse del nombre del autor, o indicarse que se desconoce mediante el recurrido “anónimo”, que implica haber hecho el esfuerzo de buscarlo aunque haya sido fallido; deben datarse lo más aproximadamente posible, ya sea el año, la década o el siglo; y debe aparecer el nombre del comisario o comisarios, que identifican así su responsabilidad teórica y ponen a juicio del respetable su prestigio, y también porque toda selección implica subjetividad y es imprescindible que haya a quien agradecérsela o afeársela.
A partir de aquí, cuando alguno de estos tres requisitos falla, se tambalea eso que llamamos rigor expositivo. A veces la ausencia de uno de ellos es contraprestada por los otros dos y la exposición se salva, dificilmente lo hará si son dos de estos requisitos los que no se cumplen, y cuando ninguno de los tres se produce nos hallamos ante un despropósito hiriente, ante la muestra fehaciente de que las cosas siempre son susceptibles de hacerse peor.
Así ha sucedido con la exposición “Evolución. El diseño industrial entre siglos”, que tiene lugar en la Lonja de Zaragoza, organizada por el Cadi (Centro Aragonés de Diseño Industrial). Si hay que reconocerle un más que aceptable despliegue expositivo y un recorrido didáctico intencionado, queda todo ello empañado por un desprecio a la autoría y el rigor, eso sí, a mayor gloria de las empresas y en detrimento siempre de los diseñadores.
El Cadi, que lleva lo de industrial en el nombre, es de los que no se ha dado cuenta de que los límites, además de limitar, atrofian. Si la mayoría de los centros de promoción han evolucionado hacia una visión generalista del diseño donde las lindes entre gráfico y de producto están difusas, el Cadi se mantiene firme en sus trece: sólo lo industrial merece la pena, e indefectiblemente y para evitarse críticas como ésta, en cada iniciativa al despliegue de lo industrial acompañan alguna pincelada anecdótica de lo gráfico. Con “amigos” como éstos, los diseñadores no necesitamos enemigos.
juli
Y por contraste, llego a casa y el azar del mando a distancia me lleva a un programa empezado, el de Boris y la Sineriz en la Cuatro. Reconozco la voz inconfundible del Juli, que dentro del formato (divulgativo, ligero, superficial) es capaz de desplegar sus mejores artes escénicas y de convencimiento para hablar de diseño. Al Juli la cámara le adora, es evidente, incluso aunque le hayan peinado mal. Le bastan unos pocos minutos para hacerse dueño y señor de la situación, y con el atropello que el medio exige pero con una contundencia feroz es capaz de hacer por la promoción del diseño mil veces más de lo que conseguirían cienes de exposiciones como la aludida. Juli se somete al estilo del show y desde dentro desmenuza, evangeliza, aclara y sienta cátedra. Y todo ello con una dosis de azúcar que sólo él es capaz de mesurar de esa manera. Y pienso en lo uno, y pienso en lo otro, y me doy cuenta de que un Juli con cinco minutos de televisión es más que lo que algunos poderes hacen en muchos meses con sus grandes presupuestos. De lo banal a lo imprescindible. De lo anecdótico a lo esencial. Ahí es nada.
(de Pseudonimma)

18.12.05

isidro

La librería Panta Rhei de Madrid (c/ Hernán Cortés, 7) se ha convertido en un lugar de referencia para ilustradores, diseñadores gráficos, y demás faunos relacionados con la imagen. Hasta el 31 de enero además puede visitarse en su sótano una exquisita exposición de Isidro Ferrer. Y lo que es mejor, si aun queda alguna, tienen serigrafías de Isidro a la venta por veinte ridículos eurillos.

13.12.05

Mercado editorial (conclusión): ¿donde está el futuro?

Podría pensarse que no queda un lugar para la esperanza, pero no es así. El futuro del libro pasa, necesariamente, por recuperarle los valores que le son únicos y dejar de intentar potenciarle los que le son comunes a cualquier otro tipo soporte de ocio y cultura. Eso, que ya está sucediendo, conseguirá que cada vez más editores y lectores encuentren en la calidad de la edición el punto de encuentro entre sus intereses. De momento, está sucediendo sobretodo en las ediciones no comerciales (libros de arte, catálogos de exposiciones, ediciones de museos y centros culturales...), un género que se nos antoja hoy un auténtico baluarte, aunque sea de la mano del despilfarro publico, ya que no es exagerado decir que por cada diez ediciones prescincibles y banales, una merece realmente la pena. Pero cada vez más, y puesto que la fórmula funciona, estamos viendo como se traslada esta proporción al mundo de las ediciones comerciales. Y mientras dure... lo que venga después, mejor no saberlo.

12.12.05

Mercado editorial, y 2: El encargante

Parece una cuestión baladí, y sin embargo, detrás esconde posiblemente una de las causas con más peso específico en el descenso de calidad del diseño editorial.
El diseño editorial es sin duda vocacional, en el sentido más sacerdotal de la palabra: como los frailes, los diseñadores editoriales deberán recibir la llamada del libro, y abrazar el voto de pobreza antes de dedicarse profesionalmente a diseñar cubiertas e interiores.
Bromas aparte, tradicionalmente un libro –o una colección en su caso– se consideraba dentro de la estructura jerárquica y funcional de las editoriales como un proyecto unitario. Un director de proyecto (en algunas editoriales lo llaman responsable editorial, en otras simplemente editor) supervisaba todo el proceso y engarzaba el trabajo de los distintos participantes, actuando no sólo como responsable, sino muchas veces como árbitro. Así el diseñador reportaba a una única persona con autoridad máxima en su parcela, que además actuaba de hombre bueno (o mujer, entiéndaseme bien) en la relación no siempre fluida, muchas veces incluso tormentosa, entre el portadista y el autor del texto, quien considera el libro como algo suyo en el conjunto, lo que le daría derecho a opinar e imponer en todo aquello que le afecte.
Son pocas las editoriales que siguen respetando este esquema. En la mayoría, aquel responsable editorial lo sigue siendo de todo el libro excepto de las cubiertas. La consecuencia ha sido catastrófica. En esa situación, los buenos diseñadores de libros, han perdido cualquier ilusión por entregarse a la definición gráfica de los interiores, la parte menos agradecida pero no por ello menos importante, a sabiendas de que no podrán hacer también la portada. De este modo, la calidad de los diseños de interiores ha caído en picado, y es actualmente realizada en muchos casos por reconvertidos montadores de imprenta (con todo respeto lo digo), o diseñadores nobeles, menos preparados. Las cubiertas, a su vez dependerán del departamento de Marketing o de ventas: serán contratadas como un packaging, con criterios exclusivamente de impacto en el lugar de venta, como sucede con un tarro de mermelada o un Brick de leche. Serán sometidos a test de percepción y de reacción del comprador, y los resultados de estas pruebas serán argumento de peso específico en las decisiones.
En ese proceso, se pierde por un lado la especialización del diseñador de libros, porque el “oficio” deja de ser un grado ante la hegemonía del “eficacismo”. Ahora el experto deberá serlo en pasar los pretest (y los hay, buenísimos, aunque sean diseñadores mediocres). El buen diseñador de libros quedará para unas pocas ediciones o se reciclará para abarcar otros terrenos que le garanticen la subsistencia.

10.12.05

Mercado editorial 1: El “Fast Book”

Al igual que hablamos de comida rápida (y de comida basura) podemos empezar a hablar de edición de rápido consumo. No me refiero a las ediciones de bolsillo o económicas, que poco tienen que ver con esto y por las que siento una especial devoción, sino a la voracidad con que los editores hoy nos empeñamos en recuperar inversiones, agotar ediciones y reducir estocajes. Víctimas del imperio de la logística y la distribución, nos hemos dejado arrastrar por quienes han entendido que el futuro del libro pasa más por las leyes del consumo de supermercado, del factor impulso, que por la relación intelectual con su contenido y espiritual con el objeto en sí.
No negaré que desde el punto de vista de las ventas el fenómeno está siendo muy interesante para unos pocos editores, (los de siempre, si se me permite) y para muchos otros quizá es una tabla de salvación a la que aferrarse para no naufragar en los torbellinos del revuelto mar de las librerías...
A bote pronto, se me ocurren algunos argumentos a favor de quienes entienden así el futuro de la edición. En primer lugar, las casas son cada día mas pequeñas, y otros elementos de ocio (grandes televisores y reproductores de distintos formatos, videoconsolas de juegos, ordenadores con su parafernalia de impresoras, escáneres, camaras digitales...) ocupan buena parte del espacio que antaño quizá hubiera sido orgullosamente dedicado a la biblioteca familiar. Incluso cuando existe, en ella los libros se ven obligados, no siempre con éxito, a hacerse un hueco entre las películas grabadas de la televisión, compradas en los canales de la piratería o simplemente “bajadas” de la red. Con todo ello, el libro para acompañarnos durante toda nuestra vida, ese con el que establecíamos una relación objetual más allá de la acumulación de contenido escrito y visual, ha dejado de ser un modelo a seguir.
También podría argumentarse, y no sin parte de razón aunque nos pese, que es imposible mantener un mercado editorial sobresaturado de nuevos títulos cuando no aumenta en la misma proporción ni el número de lectores ni la cantidad de libros leídos: las tiradas son cada día más cortas, y la distribución no puede soportar durante años en sus estantes tal cantidad de libros que no se venden.
Por último, y este parece ser el argumento imperante, el libro tienen que competir no sólo en ventas sino en horas de consumo con ofertas alternativas que cuentan con cautivadores argumentos, que apelan a los sentidos de la manera más primaria pero quizá por ello la más eficaz: los videojuegos, el cine en casa, los ordenadores, la red, la ingente oferta de contenidos televisados simultaneamente han hecho del acto de la lectura un ejercicio heróico. Con ello, para muchos editores el nuevo marketing editorial es la unica manera de competir al enemigo con sus mismas armas.

7.11.05

De los libros


Del montaje expositivo de la muestra que Enric Satué ha comisariado sobre Diseño de libros y que puede verse en el Instituto Cervantes de Nueva York sólo tengo el conocimiento parcial que dan unas cuantas fotografías. Y con ese conocimiento parcial, debo decir que es audaz. No está exento de riesgo rehusar el minimalismo imperante y mas aún cuando de mostrar libros se trata (¡hurra por la parte contratante, que esta vez sí, ha apostado fuerte!). Los libros tienen siempre un difícil trato en las exposiciones, no ya porque sólo ver un libro, sin tocarlo, es un ejercicio siempre de placer interrupto, a ello se une además la dificultad de que el libro (pequeño, tridimensional, diseñado tanto o más por dentro que por fuera) casi siempre se queda pobre y perdido en las salas de exposiciones… vamos, que no luce. Doble mérito tiene por tanto un montaje deliciosamente barroco y ornamental, en el que la propuesta había de deslizarse por un imperceptible filo entre la posibilidad de que todo lo colateral arropara y ensalzara al libro en su humildad, o por el contrario simplemente lo eclipsara hasta la aparente inexistencia. Afortunadamente, lo veo en esas fotos y me lo cuentan sujetos nada sospechosos de ser condescendientes en esto, el artífice (Jaime Hayón, ese personaje) se ha salido con la suya, y ha demostrado que no se puede conseguir lo excelente si no se arriesga. Que otros se den a la crítica fácil, inmovilista y miope, esos que siempre prefieren todo sobre blanco y pulcro, espartanos de la nada ellos, me hará que tenga que respetarles la opinión, pero esta vez no tienen razón. Esta vez, Jaime ha demostrado sobradamente que se pueden hacer las cosas bien sin necesidad de ser previsibles ni de someterse a los miedos ni a lo sobradamente contrastado. Sólo nos queda esperar que al periplo para la exposición los organizadores añadan una última etapa en nuestro país, que hoy por hoy no está ni prevista ni descartada.
En lo que atañe a la selección de los libros, ha estado en la conjunción de criterios el acierto. A las preferencias del comisario y quienes supongo que han estado alrededor en el proceso, se une la propia participación de los editores convocados, quienes podían sugerir las piezas de su fondo editorial que viajarían al otro lado del charco, y no quiero dejar de mencionar que en la criba se ha tenido también en cuenta la resultante del esfuerzo que esta editorial [Blur Ed.] viene haciendo en los últimos tres años con la celebración de los únicos premios de carácter específico sobre diseño de libros. Con todo ello, la resultante es extensa pero exhaustiva y coherente: si habrá ausencias (siempre las hay) nadie puede argumentar que el conjunto no sea representativo de lo mejor de nuestro diseño de libros.
Por último, si la muestra es excelente y lo es también el montaje, no menos interesante es el catálogo. Diseñado por los Toormix, se ha renunciado en él a dejar la responsabilidad del éxito a la imaginería, que es lo fácil: las piezas son presentadas al final, bien documentados los créditos, con elegante disposición pero sin alegrías ni parafernalia ostentosa, mucho más para la documentación y el registro que para el lucimiento. Lo que permite dedicar casi tres cuartas partes del volumen a los textos, que son esenciales y nos traen por vez primera una cuidadosa selección de colaboraciones, nada complacientes, sin derrotismos ni falsas alegrías; sin duda nos encontramos ante un documento imprescindible e inusual para adentrarnos en el no siempre valorado diseño de libros. Ignoro si ha de ponerse a la venta en librerías, pero merecerá el esfuerzo cualquier intento por hacerse con él.

14.10.05

Me llega por vía indirecta que ha sentado mal y procurado escozores mi anterior soflama en esta palestra acerca de la piratería y los tipos. Bueno, pues parte de esa intención había en ella.
Y sin apearme un ápice, que buena es una para eso, algo hay en lo que puede que tengan razón. Cuando no se dan nombres ni de personas ni de empresas, se puede interpretar que se generaliza o que no hay excepciones. Pues bien, como quiera que ha podido entenderse así, enváinomela y digo que sí, que háilas y maravillosas. Como que hay foundries (busquen entre las pequeñas, las alternativas, y descubrirán unas pocas) que no entran ni han entrado nunca en el pirateo industrial que se denunciaba, ni en ese compadreo empresarial que a quien perjudica es al débil, esto es, al tipógrafo.
Como también, en el mercadeo de fuentes y mas concretamente ya en nuestro país, además del trágala existe quienes llevan años dedicados a dignificar la actividad tipográfica. Son esos que asesoran, esos que te buscan lo que deseas y no encuentras, que en vez de amenazar y demonizar colaboran con el diseñador y además de venderle las fuentes, le procuran servicio, orientación y saberes.
Y efectivamente, como bien me han hecho reflexionar –gracias, Maritipos, eres un sol–, esas excepciones no se merecían el reproche indiscriminado ni mi rasero único. Queden con esto públicas y patentes mis excusas, eso sí, sólo para quien realmente las merezca. (de Pseudonimma)

20.9.05

Tipopiratería


La piratería de tipos es, si cabe, y a juzgar por las experiencias que me cuentan mis amigos tipógrafos, más dolorosa y sangrante que la de los paquetes de software o la de la música, o la del cine, o la de las fotocopias de libros. Porque si programadores, músicos, cineastas o escritores viven o esperan vivir de su talento, el tipógrafo es víctima de su propia obsesión, y no solo renuncia a poder vivir de su trabajo de tipógrafo, sino que además cae en las redes de la distribución, que como suele suceder en estos casos, son peores que el pirata de consumo.
Una servidora no se perdió el congreso de Tipografía en Valencia, y más que eso, se arreó el correspondiente madrugón dominguero (con resaca de horchata, un suponer) con tal de asistir a la mesa redonda sobre piratería.
La primera en la frente: en la mesa ni un diseñador de tipos ni nadie que argumentara en contra del pensamiento único representado obviamente por los mercaderes de fuentes. Congreso es debate, mi querida organización. A partir de ahí, comedida y bien argumentada la una, fanático y apocalíptico el otro (...y a los diseñadores creyentes, os digo: piratear software es además, pecado...). Pero a la postre, pensamiento único.
Por fortuna, una magníficamente estructurada intervención de una mujer catalana a quien no conozco pero a quien traslado mi admiración puso las cosas en su sitio, y sin demagogias baratas (como la mía en esta página) fue capaz de romper el P.U. para que a su vez los asistentes se rompieran ellos, valga la redundancia, las manos a base de aplaudirla.
Volviendo al asunto, hay en esto una parte de ética: como en la música o en cualquier otra propiedad intelectual, lo de piratear es un putadón para el que vive de los derechos devengados. Pero a partir de ahí, y siempre con la ley como rasero último, hay que analizar y no son precisamente las foundries nadie para echar nada en cara a los usuarios: si ahora se rasgan las vestiduras enarbolando como bandera suya la propiedad intelectual del diseñador de tipos, hasta hace bien poco cuando la piratería de usuario no era posible eran ellos quienes se fusilaban a cañón las tipografías, los unos a los otros, los otros a los unos, y lo que es peor, no se denunciaban en un mezquino pacto tácito de no agresión en el que el auténtico perjudicado era siempre el "royaltero". Y habrá quien diga que tan malo es lo uno como lo otro. En absoluto, entre usar una fuente sin pagar (el pirata usuario) y piratear un diseño para enriquecerse vendiendo miles de copias (no doy nombres que con estas cosas no se juega) media un abismo.
O sea, que argumentación legal, la que quieran. Pero moralinas y sermones, ni uno.
Como con la música, habrá que empezar a pensar en articular fórmulas de uso y disfrute y de comercialización. Y aunque las fundiciones se aferren a su caduco modo de mercadeo, donde ellos siempre ganan y el diseñador sufre en silencio, esto va a precisar de nuevos modos de entender el negocio, en los que la desaparición del coste distribución (bendita internet) dará protagonismo a los autores frente a los mercaderes. Como los músicos –de momento unos pocos y los demás ya vendrán–, que ya están empezando a entender que las discográficas están a su servicio y no al revés. Y habrá que distinguir entre usos y usos, y no les vendría mal a esos fenicios de la letra empezar a mirarnos a los diseñadores y diseñadoras como prescriptores en lugar de vernos como resignados compradores o indeseables delincuentes. No es muy distinto de lo que sucede con los médicos y los laboratorios. Y así lo han entendido ya, por ejemplo, los fabricantes de papeles especiales, y no les va nada, pero que nada mal.
Y en la espera, apoyemos a esos pequeños grupos de tipógrafos que anteponiendo la pasión al business investigan, proponen nuevas maneras de hacer, de entender y de vender el diseño de tipos. En ellos y no en los mercaderes está, sin duda, el futuro de la tipografía.
Tengo un amigo que cada vez que compra un cedé de música en el top manta, le manda cien duros al autor, a través del club de fans. Es una idea peregrina, pero mola.
(de Pseudonimma)

27.7.05

Recuperar lo esencial

En esta era de las estrategias globales, se hace cada vez más imprescindible recuperar lo esencial que los diseños conllevan. Hemos pasado de aquel divismo que se acompañaba de la defensa de la incuestionabilidad y que practicaron los que pudieron en los años sesenta y setenta (cuánto les debemos a aquellos maestros, y qué poco se lo hemos agradecido), a una etapa en la que todo era cuestionable y opinable, sin siquiera necesitar para ello el refrendo del conocimiento ni del argumento: bastaba el “me gusta, no me gusta”, o directamente la dictadura del “qui paga, mana”.
Lo de ahora es peor. Los diseñadores vemos como el diseño esencial ha pasado a ser un cero a la izquierda*, perdidos en las grandes estrategias, los planes de negocio, la expansión en los mercados de la mano de la optimización de la logística, la distribución, los belowthelines o las grandes campañas.
Estamos hartos de asistir a renovaciones vacías, inconsistentes, que se amparan en que la inversión y la presencia hacen bueno cualquier grafismo. Así, productos tradicionalmente líderes pasan a competir con otros diez para tratar de arañar décimas de cuota de mercado, un mercado que tenían ganado ampliamente por volumen y territorio.
Ya nada es lo que parece: los libros no son hoy sino "gadgets" para vender periódicos los domingos, un alto porcentaje de productos han caído en la oferta/promoción estable (¿alguien compraría hoy un Citröen a su precio?), en una huida hacia adelante que bien parece caída libre, la televisión basura (y me refiero a la escasa calidad de producción, no al contenido, que también) se nos ha disfrazado de lo que pretenden hacernos creer que es mayor oferta y es simplemente abundancia de la nada.
Los diseñadores, muchos diseñadores, han entrado de lleno en el juego: posiblemente renunciando al presupuesto a cambio de libertad creativa: bien está, como gesto individual. Como opción colectiva nos está llevando a dejar en manos de grandes estructuras multinacionales, de grupos de comunicación en los que el diseño es esclavo de la estrategia y no herramienta, una parte importante del mercado, donde la diferenciación podría ser esencial.
Salvo excepciones, el buen diseño está quedando limitado a lo minoritario, lo que está fuera de los canales, lo que se considera privilegio. MIentras descubrimos un supuestamente exquisito y elaborado diseño en productos de circuito alternativo, ya sea un lujoso catálogo de arte de precio imposible o un cartel cultural de vida efímera o simplemente un flyer del último club, vemos cómo errores de bulto y aluvión se prodigan en el diseño de los productos de consumo y en lo que se ha dado en llamar los “grandes encargos”. Lejos de mejorar la realidad y ante la excusa de que no nos dejan, los estetas de nuestro tiempo (arquitectos, diseñadores de cualquier disciplina, editores, nuevos artistas, instigadores culturales...) estamos cada vez más cerca de construir una realidad paralela para una élite dispuesta a seguirnos como los chamanes del nuevo siglo que pretendemos ser: una realidad para minorías con sus hoteles, su moda, sus muebles y objetos, sus restaurantes y su gastronomía, sus revistas y sus libros, sus sofisticados aparatos electrónicos, y cuya única defensa es su condición de elegidos frente al consumo de masas (mucho más barato, por cierto, y no siempre peor).
Sólo queda una sospecha esperanzadora: acaso ese culto estético y funcional de lo minoritario (algunos lo llaman “tendencias”) sea, ya sucedió otras veces, el primer eslabón para la “democratización”, y asistamos en unos años a un mejor conocimiento y reconocimiento de la calidad en el diseño. Si no es sólo una moda, puede merecer la pena, pero de momento en el proceso habrá que aguantar la confusión, la incertidumbre y tanta pose como nos rodea.
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* Hoy el marketing todo lo mide, pero cada vez más asistimos al deplorable espectáculo en que simbolos, logotipos, packs o supuestas campañas de imagen son auténticos bodrios gráficos, que no se sostienen, que son contraproducentes y que barrenan el beneficio acumulado durante décadas. Un mal encargante, y lo vemos todos los días, puede dar al traste con el valor de una marca afianzada con el trabajo de años.

17.7.05

Derechos de autor vs. derechos culturales

Resulta chocante, casi sonrojante, la facilidad con la que los intelectuales (es un modo de decir todos, en mayor o menor medida) nos alineamos sin reparos y con la mayor contundencia del lado de la abolición de las licencias y los royalties de medicamentos contra el sida o las vacunas de uso prioritario en el tercer mundo, y somos capaces de defender, con la misma vehemencia, que décadas después de muertos los generadores de bienes culturales haya que seguir soltando la tela a sus herederos para poder difundirlos. Es tanto como aceptar que la cultura es un bien no-prioritario, un lujo, que no justifica por sí su disfrute indiscriminado, como sucedería, o debería suceder, con la salud o los alimentos de primera necesidad. Pues bien, si se me permite, es al revés, los derechos culturales y el acceso al bien cultural debe ser, sin menoscabo de la lógica retribución por su trabajo al autor, objeto de pronta disposición libre, y en la medida de lo posible, ésta debería ser costeada por los estados en el caso de que exista coste soporte, si bien las nuevas tecnologías (que hay que democratizar) están acercándonos a pasos agigantados a una cultura de coste cero. Lo he leído recientemente en los encuentros digitales de elmundo.es: “es absurdo que no entendamos el .pdf como un formato ecológico, exportable, que no contamina, que puede llevar los contenidos a mas gente por menos dinero, incluso gratis... imagínate poder pasar el pan o la leche a .pdf... se acabaría el hambre en el mundo... ya que es posible hacerlo con la cultura, hagámoslo”.

A partir de esta situación nueva de difusión cultural, los valores que hemos manejado hasta ahora entran en crisis como modelo establecido. Ha sucedido en la música, cuyo mercado está precisando de una revisión meteórica en la que, cada vez más, las necesidades pasan por valor añadido, menores desembolsos y la demostración de que la miopía inoperante de las grandes distribuidoras pueden dar al traste con el mercado, eso sí, a beneficio de los pequeños (más ágiles) y de los propios autores que pasan a ser el auténtico eslabón prioritario de la cadena. Con el cine va a pasar algo similar, y lo que puede ser temblar de estructuras para las grandes superproducciones bien llevado puede ser río revuelto y ganancia de los más independientes, los experimentales o los que “no están en el circuito”.

Los diseñadores hemos sido poco quisquillosos con lo de los derechos de autor, de reproducción y con nuestra propiedad intrelectual, que parece que mientras nos la paguen bien nos importa poco. Nada que ver lo nuestro con los artistas plásticos, los fotógrafos o los ilustradores... pues vaya a ser que al final todo parece apuntar a que el modelo futuro anda mucho más cerca de lo nuestro que de lo de ellos, o lo que es lo mismo: como quiera que las fronteras se difuminan, que lo de la red da al traste con las prerrogativas anteriores, que a ese campo no hay un dios que le ponga puertas, a lo que habrá que añadir la obsesión de los grandes magnates por centralizar, globalizar, concentrar y controlar el mercado de lo reproducible, como quiera, decía, que eso ya lo tenemos aquí, el único modelo a seguir es el que nosotros los grafistas adoptamos hace tiempo: cobrar por producir, que no por lo que se reproduce. Al final nos la juegan lo mismo que a los artistas plasticos, fotografos o ilustradores... pero nos ahorramos el berrinche. Con gracia sobrada lo cuenta un andaluz catalán diseñador: “pues eso, que querer cobrar por cada vez que se reproduce un diseño nuestro sería tanto como que el cirujano plástico reclamara su parte por cada aparición en televisión de las tetas de las famosas”. Es una manera de verlo.
(de Pseudonimma)

23.5.05

Cuando entre los diseñadores gráficos la publicidad estaba cada vez más denostada o cuando menos ignorada, en un momento en que la agencia de publicidad y su negocio pasan por una crisis esencial (de reubicación estratégica y definición estructural), es sorprendente que ahora más que nunca en las escuelas de diseño los estudiantes vean como una opción hacia donde encaminar sus pasos y una salida interesante la dirección de arte y la creatividad publicitaria en el sentido más tradicional. Incluso unos pocos estudios de diseño de nueva generación lo son con una estructura y filosofía compartida con las pequeñas agencias creativas, que muchas veces no acaba de saberse donde acaba lo uno y donde empieza lo otro. Y paradójicamente, se impone también como fórmula de éxito en el difícil sector de la publicidad empresas que adoptan formas y procederes propios de los estudios de diseño (Zapping sería el caso pionero y más claro, pero no es aventurado afirmar que al menos una docena de pequeñas y medianas agencias han encontrado ahí su formula de éxito). Nos gustaría pensar que todo esto tiene algo que ver con la reivindicación de la dirección de arte como pilar de la creación publicitaria, pues cuando esto sucedió a finales de los setenta y principios de los ochenta supuso la época más fructífera de la publicidad española, una auténtica cruzada que lideraran Rolando, Eskenazi, Lorente, Moliné y aquel jovencísimo Elbaile, a los que secundaron en segunda instancia los RCP, Tito Muñoz, Cuca Canals...
Tiene gracia, la obsesión por medir lo inmedible ha acabado por provocar un resurgimiento del oficio, del valor más simple de la publicidad: su capacidad de sorprender y su belleza.
Se ha aprendido a calcular el número de impactos, pero no su calidad, ni las sensaciones, ni los recuerdos, ni el “aprehendizaje”: por poner un ejemplo, entre Danone y Danet no hay ninguna diferencia, excepto toda una infancia, la de cada uno... ¿cómo se refleja eso en los resultados, cuando es un activo a amortizar durante décadas? El diseño, mucho más acostumbrado en estos últimos tiempos a trabajar con activos intangibles e inmedibles, y más libre del yugo de la investigación obsesiva, sigue elaborando estrategias donde la intuición, la memoria colectiva, la belleza asimilada tiene cabida. Lo que le hace mucho más publicitario, aunque suene a contradicción. No nos engañemos, esto no es novedoso, la tradición nos lo viene demostrando de atrás en la publicidad americana y en la inglesa, donde los aspectos formales no se someten al férreo e imposible “gusta/no gusta” como aquí se hace, ni se pretende que todas las opciones hayan de refutarse con argumentos objetivos cuando se trata de aspectos formales. Y más recientemente, lo que ahora nos sucede a nosotros lo han vivido hace unos años publicitarios y grafistas de países como Holanda, y de ese proceso han derivado en un auge de la comunicación gráfica, de los aspectos más culturales del diseño, de un aprecio por lo visual que, trasladado también a la publicidad, se troca en eficacia. Tomemos nota.

17.3.05

Jesús Moreno

Hay diseñadores que si no existieran habría que diseñarlos. Lo de Jesús Moreno es para convertirlo en un caso del iese. El que sea capaz de conjugar empresa y actitud ya lo instala en el grupo de los de privilegio, pero que le quede además entusiasmo para sostener y acrecentar una editorial modélica por contenidos y continentes, es en el sentido más literal de la palabra, un sinsentido. Su Sin Sentido. Y no contento, inaugura ahora un espaciogaleríalibrería en el centro de Madrid (Válgame Dios, 8, que hasta en el nombre de la calle lleva metáfora) que se perfila como centro de culto referencia para ilustradores, historietistas y diseñadores. Lo suyo es para descubrirse.
Álvaro Sobrino. Diseñador gráfico, periodista y editor.
Mantiene una columna en la revista VISUAL, con el nombre de Crónicas de Pseudonimma, donde recoge opiniones de otros y las suyas propias acerca de la actualidad del diseño español.