Este blog está discontinuado

Hola. Este blog ya no se actualiza. Pero me pareció bien que todo este material siguiera estando ahí. Por si alguna vez alguien quiere leerlo, y por contribuir a la basura informática.
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en facebook, en twitter...

21.4.08


Diseño para olvidar (III)

De nada sirvieron las protestas, ahí han quedado esos armatostes. Pasada la tormenta de los primeros días, parece que nos hemos acostumbrado. Madrid es así. Pero a mí me sigue reconcomiendo una cuestión... ¿Para qué sirve el reverso de los tontones que el alcalde nos ha plantado por toda la ciudad? Lo normal es que el publimobiliario urbano cumpla una función (recogida de pilas, etc.) o sufrague otra, como las marquesinas del bus, cuyo coste y mantenimiento corre a cargo de la "explotadora" publicitaria. En el caso de los opis/muppis se justifican porque el reverso se utiliza para información ciudadana o cultural en muchas ciudades. Y sin embargo, ¿alguien sabe qué aporta el reverso de los tontones? Una feísima superficie gris y enorme contamina visualmente sin que nadie sepa porqué. Ya que no están pegados a las paredes ¿por qué no los hicieron de doble cara? Ni siquiera los grafiteros pueden aprovecharlos, cualquiera se arriesga (multa de 6.000 euros). Como tanto gustan ultimamente los concursos abiertos, propongo al alcalde que convoque uno "de ideas" para ver qué hacemos con tantos metros cuadrados de chapa gris.

"Los objetos padecen, están enfermos de diseño. Lo irónico reside en el hecho de que el diseño que, en principio, otorga su ser al objeto, lo desprovee precisamente del mismo al violentarlo e inyectarle una sobredosis de diseño". Lo ha escrito Zimmermann en ForoAlfa. Hay algo de catastrofismo en su artículo, y habría que cuestionar eso de que el diseño otorga al objeto su ser. En cualquier caso, el artículo merece la pena.

19.4.08


Se acerca el Día del Libro. Lo de "el día de" (del padre, de la madre, de los enamorados...) debe ser un invento del El Corte Inglés. Ese consumismo inducido me repele bastante.
Pero bueno, el día del libro es otra cosa. Soy comprador de libros compulsivo, y es el único día del año que me regalo unos cuantos sin remordimientos. Me engaño pensando que lo hago por contribuir a la fiesta, participar de la tradición... todo mentira: soy como los abstemios que beben en la cena de navidad un par de copitas de cava.
Y resulta que ahora es "El día del Libro y de los Derechos de Autor". Como siempre, tenía que venir alguien a estropearlo. Busco un poco y me doy cuenta de que somos inteligentes y seguimos llamándolo Día del Libro a secas, aunque la coletilla ya se la puso la UNESCO en 1995. Pero nadie la usa, más allá de la Dirección General del Libro y algún que otro organismo oficial más.
Está muy bien eso de los derechos de autor, pero es una causa menor si la comparamos con el acceso a la cultura. Es como si al día Internacional de la Mujer se le añadiera "y de la gastronomía con altramuces". Ahora más que nunca entiendo aquel cartel que hiciera mi amigo Pitu para una exposición sobre los derechos culturales que comisariamos hace años Norberto Chaves y yo, en el que decía: "La literatura a veces es arte, pero la cultura está siempre en la lectura".

...una de autobombo. El martes 29 me han invitado a reflexionar sobre el futuro de las revistas sobre diseño en los Chillaus de Barcelona, en el FAD.
Coincidiendo, en Valencia estará Pep Carrió, y en Madrid Sonia y Gabriel.
(El de la foto es Pep, que luce mejor en las fotos).

16.4.08

Hoy he tomado café en el nuevo estudio de Cros Machín, en la calle Almagro. A Miguel y Chema hacía años que no los veía, y además me he encontrado con un viejo colega, de los de oficio, al que no ubicaba desde hace tres lustros: Jacobo Regueira. Y si la visita era de cortesía, y con ello quiero decir que distendida, el tema estaba claro: el logo de MAD(rid). Releo al llegar a casa el escrito de Xènia al que me refería hace un par de días, y parece pitonisa, cómo ha intuido la tía lo acontecido, que hoy he conocido de primera mano...
Quedan para mí los detalles, entiendo que tratándose la conversación sobre las relaciones entre cliente y estudio no procede andar aireándola.
Dicho esto, sí quiero aclarar que cualquier juicio que hubiera podido emitir antes –cómo me alegro de no haberlo hecho– hubiera sido injusto. A partir de la solución final no es posible valorar el proceso, ni el conjunto ni la intención. Así, lo que hoy conocemos es por un lado el resultado de los condicionantes, y por otro, la primera entrega de una estrategia de medio recorrido, no la resultante.
Sirva entonces todo esto como banderín de enganche para algunas reflexiones:
Determinados encargos empiezan a ser de alto riesgo para los diseñadores. Más allá de las bondades o no de un diseño, este tipo de trabajos que otrora significaban notoriedad y reconocimiento, hoy son un regalo envenenado. Los políticos utilizan el diseño como acontecimiento, inauguran logotipos como si de túneles o líneas de Metro se tratara, sometiendo nuestro trabajo a una banalización en el análisis, y atribuyéndole una notoriedad mediática que carece de sentido, y que provoca juicios infundados e inexpertos. Al final, el perjudicado es el diseñador. Consecuencia de ello, los medios de comunicación encuentran en estos acontecimientos "de diseño" argumentos para sus críticas y estrategias. No tiene sentido, por ejemplo, que en el caso que nos ocupa los periodistas que supieron encontrar profesionales dispuestos a opinar –negativamente– sobre el trabajo de unos compañeros, no intentaran siquiera contactar con los autores para conocer su punto de vista.
Con respecto a esas críticas, es saludable que se produzcan de un modo razonado, de igual a igual entre colegas. Lo hacen los arquitectos, y los escritores, y hasta los futbolistas. Y debería sin embargo ser terreno vedado a los representantes del colectivo. No imagino al decano del Colegio de Arquitectos criticando públicamente el trabajo de sus colegiados. Pero el diseño es otra cosa. No es la primera vez. Que el Presidente de la Asociación de Diseñadores de Madrid cuestione abiertamente el trabajo de unos profesionales desde las páginas de El País, valorando despectivamente aspectos como la idoneidad tipográfica, la legibilidad o la reproductibilidad es sencillamente inadmisible, e impensable en cualquier otro colectivo. ¿Habría hecho lo mismo si fueran miembros de su asociación? es evidente que no. Así, el problema de los señores machines sería el de estar en la asociación equivocada, curiosamente esa de la que este señor escindió la suya, al no poder hacerse con la presidencia. Alguien podrá argumentar que al fin y al cabo, no hay que darle importancia, a cualquiera le puede suceder que te llamen de un periódico, te pregunten y contestes sin medir mucho el alcance. Sin olvidar la interpretación y sesgo que el redactor aplique después. Bien está, pero para eso está el teléfono: han pasado dos semanas, y el de Cros Machín no ha sonado. Ni sonará.
No nos engañemos. El trasfondo de todo este asunto es político, las diferencias entre la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento están detrás de todo este affaire. Hoy salpican al diseño, y mañana será otro colectivo el que se encuentre en la refriega. La fuerte significación política de esta asociación, abonada a los favores del Consistorio, está también detrás de esta estridente toma de postura que, insisto, es mucho más política que profesional. Lo escribí no hace mucho en el diario Público: la identidad de la ciudad de Madrid es la peor aplicada del mundo, pero está por oírse el menor atisbo de crítica al respecto desde la asociación que agrupa a los diseñadores madrileños. Tratándose en cambio de la Comunidad –que también tiene lo suyo, no crean– hay que apuntarse al vapuleo mediático, aunque en el camino nos llevemos por delante a intachables profesionales del diseño. Que se hubieran hecho socios.
Diseño para olvidar (II)

Recibo un mensaje para participar en un recopilatorio de "diseño solidario", y me incomoda pensar en mandar esos carteles hechos sin cobrar, para que alguien gane dinero haciendo un libro con ellos. Me chirria el reclamo, es como que hay cosas que no dan para hacer chistes. Y los derechos humanos serían una de ellas.
Es de Cactus Disseny, supongo, y me sorprende porque es un estudio que tiene cosas chulas y su filosofía me gusta.
En fin, habrá que esperar que al menos por esta vez, tratándose del libro del que se trata, la editorial haga una excepción y no lo imprima en China.


15.4.08

Tengo pendiente escribir sobre la marca "Madrid about you" a la que me refería hace unos días. Pero tengo que ver uno de estos días a los autores, y prefiero hablar antes con ellos. Entretanto, recomiendo el análisis que ha hecho la Viladàs, es acertado.
Diseño para olvidar (I)

No todos los diseños aportan valores, hacen la vida más fácil, más bella... hay diseños que mejor sería olvidar. Aquí va uno:
Una bolsa de palomitas para microondas. No crean que es de cualquier marca, es BIMBO, y la más cara. Cualquiera que acostumbre a utilizarlas sabe bien el proceso: quitar la bolsita exterior, meter el saquito en el micro al máximo, y sin fiarse de los tiempos recomendados, esperar hasta que dejen de oirse las pequeñas explosiones... Aunque hay que suponer que las instrucciones son para los que no saben cómo usarlas. Pues bien. Es necesario quitar el celofán externo para acceder al mensaje que indica que debemos quitar el celofán externo. Y si no lo hemos quitado... ¿como saberlo?. Y si lo hemos quitado... ¿para qué nos dicen que lo quitemos?


No es catalán

El diseño depende de industria. Nunca he sabido porqué los ministros de industria, gobierne la derecha del PP o la del PSOE, han de ser catalanes. Sucede con poquísimas excepciones desde tiempos remotos...
Pues ha tocado excepción. Para mí que como no puede haber dos ministerios de economía le han dado éste, por el favor que le debían (ya saben, comerse el marrón de intentar la alcaldía de Madrid).
Al final no es importante, pero un relevo ministral puede suponer algún cambio, y nos permite albergar pequeñitas esperanzas de que algo mejore. Una sería que por fin descabalguen a la amiga de los artesanos, la minipyme, y nos pongan a alguien que el diseño le suene de algo. No estaría mal. Aunque, y tácheseme de superficial, visto como viste y como le desluce el pelo, a mí me da que a Sebastián el diseño le pilla lejísimos (lo que no significa que nos vaya a ir peor).

10.4.08


Me he reído leyendo esto sobre el pishatoro* que Calatrava y Cajamadrid quieren colocarnos en Madrid.
No conozco al tal Fullaondo que lo escribe, pero me parece que esa crítica mordaz y con humor que es capaz de hilar es envidiable. Me gustaría escribir así.
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pishatoro: Cuando yo era pequeño, en el pueblo, había unos bastones duros pero flexibles, que parecían de tripa trenzada, como una fusta, y que se usaban para orientar el rebaño de ovejas o cabras. Nunca supe si era verdad, decían que estaban hechos con el pellejo del miembro importante del toro. Y por ello, supongo, se les llamaba "un pishatoro". Al ver la foto de la 'Columna sin Fin' de Brancusi, me he acordado de aquel utensilio, que mi abuelo tenía en el paragüero, aunque él nunca tuvo ganado.

6.4.08


El próximo viernes, me toca presentar a Uri que presenta su libro en Panta Rhei. Es un tipo que merece la pena. El libro también.
El diseño espectáculo.
Lomba, Montesinos, Jesús del Pozo, David Delfín, entre otros, metidos a diseñar logotipos, etiquetas o interiorismos que paga la Agencia de Desarrollo Económico de la Rioja ADER.

Puede leerse en www.larioja.com
Cuando los objetivos no existen más allá de la propaganda y el resultado es lo de menos, cuando lo importante es la proyección mediática de la subvención, suceden estas cosas. Sea para realizar un interiorismo, un packaging, una identidad visual o la etiqueta de un vino, es mucho más "sonoro" que lo hagan los siempre faranduleros diseñadores de trapos que auténticos profesionales especialistas en cada disciplina.
Es un engaño a los empresarios, que obtendrán un peor diseño, aunque como les sale casi gratis, poco les ha de importar. Lo es a los diseñadores industriales, gráficos e interioristas riojanos, que ven cómo en proyectos similares, cuando ADER les llama a ellos, el presupuesto por diseñador es la décima parte. Y lo es a los contribuyentes, que ven como se despilfarra para que el polítiquillo de turno se haga la foto con diseñadores famosos.

2.4.08





otro identificador más para Madrid. La estrategia es simplemente marciana: para que nos identifiquen bien, cuantos más identificadores distintos, mejor.
En las webs de los periódicos y en la de la misma Comunidad, aparece distorsionado, mañana veremos si para las versiones impresas les han dado un documento correcto o sale también mal.

En la presentación, personajes como Plácido Domingo, Di Estéfano... y un diseñador... ¡de moda!: Jesús del Pozo. Sin embargo, ni una mención a quién es el autor del diseño, supongo que se sabrá pronto...

Y lo que ya no hay quien entienda... en todas las informaciones aparece este párrafo o similar:

"La nueva imagen internacional de la Comunidad de Madrid consiste en un logotipo con la palabra Madrid en versal que incorpora las siete estrellas de la Comunidad en la parte superior de la "M" inicial y un grafismo que sustituye a la "r" y cuya forma evoca a la letra "ñ"."
Yo debo estar hoy espesito, pero, aun con esa explicación, soy incapaz de ver la ñ por ningún lado. ¿alguien será capaz de verla sin que se lo expliquen?

Y por último: el recurso de reducir el peso de los caracteres en "degradé" (black, bold y regular) me suena mucho... no es el logo de aepd??????

23.3.08





Ordenar los libros

No tengo ordenados, metódicamente, quiero decir, los libros. No son suficientes como para que resulte imprescindible. Junto a algunos criterios espaciales y de preferencias y uso, ese aparente caos implica dedicar unos minutos cada vez que buscas alguno, que lejos de ser una pérdida de tiempo, es un placer y depara sorpresas y satisfacciones. Navegar por la estantería es como hacerlo por la red, buscas algo pero el camino hasta el encuentro es a veces mejor que el resultado.
Hace unos años en una conversación con Ramón Castillo, me proponía una alternativa: ordenar los libros por colores. Aducía dos motivos: uno meramente decorativo, porque los libros visten las paredes y esa es su función durante prácticamente toda su existencia. Pero argumentaba también una cuestión de orden "funcional". Los que tenemos memoria cromática y visual, o lo que es lo mismo, no la tenemos ni para las palabras ni para los números, recordamos mejor el aspecto de las cosas que su nombre y otras referencias.
Por fin me he animado al ejercicio. De momento es satisfactorio, en la función y en la forma. Dejo unas fotos como constancia. (pulsar en la imagen para ver más grande).

20.3.08


Sobre los Premios Nacionales de Diseño se ha escrito mucho. Y sin embargo, por su interés, merece la pena el texto que en su blog les dedica Xénia. Porque nadie como ella los conoce desde dentro, primero cuando mandaba en el BCD y después en el Ddi. Y ahora, que sin tener ya que rendir tributo a nadie, puede escribir sin cortarse y lo hace. Valiente y esclarecedor. Puede leerse aquí.

28.2.08


Fossil

Sirva el concurso de la lata de Fossil como ejemplo.
Hay cientos. Estamos llegando al absurdo. Que alguien pare esto, pronto.
Convocan un concurso para diseñar la lata de sus relojes.
El primer premio consiste en un viaje a Nueva York de cinco días para dos personas, un libro y la "producción a nivel mundial de la lata con el diseño ganador". Quiere decir: no te pago, pero consuélate que voy a producir tu diseño que me sale gratis. Insulta a la inteligencia. Hay diez premios menores en lotes de productos Fossil.
No he podido evitar relacionar esto con la magnífica campaña que Cajamadrid está "echando" por la tele: bien podía haber dicho el señor Fossil que no había premio para el ganador, pero eso sí, un peine para todos los que se presenten.
Hay trampa, porque la votación de los accésits es por internet. Y no se cortan: "Para que tus amigos puedan votar haz click en envía a un amigo". Mejor diseño es el de quien tenga más amigos, o sea más cansino.
Hasta aquí, no deja de ser una e-promoción deleznable, como tantas.
Pero me adentro en la letra pequeña, y comienzan los sudores fríos. Leo en las bases:
Para poder ser elegible para la obtención de un premio que incluya la producción su diseño de una lata (1er puesto), usted cederá todos sus derechos, títulos e intereses en el diseño al Patrocinador. Si no desea cedernos sus derechos, no participe en el Concurso.
¿para qué querrán estos tíos la cesión de TODOS los diseños que se presenten?. ¿Irán a poner una boutique de diseños de segunda mano?. No, la solución está más abajo:
Al participar en el concurso, usted está conforme y acepta que su diseño se muestre en el Sitio Web del patrocinador, sin que le correspondan honorarios u otras formas de compensación y acuerda que el Patrocinador pueda mostrar los diseños en programas promocionales futuros y que podrá conservar y efectuar copias de su diseño según considere oportuno para sus propios objetivos comerciales o promocionales.
Bueno, esto es la bomba, ahora se convocan concursos y ya no es que no paguen nada a los perdedores, sino que se quedan con el material para sus "propios objetivos comerciales o promocionales".
En virtud de las presentes reglas usted acuerda indemnizar y eximir de responsabilidad al Patrocinador y sus subsidiarias, filiales, proveedores, distribuidores, empresas matriz, así como todos los responsables, directores, empleados y agentes de dichas empresas contra cualquier reclamación o causa de demanda originada por la utilización de su diseño, lo cual incluye, sin por ello limitarse, a reclamaciones basadas en infracciones de la propiedad intelectual, privacidad, publicidad u otros daños y perjuicios a personas o propiedades.
O lo que es lo mismo, no te pagan, se quedan con los derechos pero la responsabilidad que pudiera derivarse sigue siendo tuya. Todas las ventajas para ellos, pero tu puedes arruinarte.
He llamado a mi colega Starck y no estaba, le he dejado recado. Si me devuelve la llamada, le voy a pedir que no les diseñe ni un reloj más. Por imbéciles.
Toda la información en http://lata.fossil.com.
Por cierto, el concurso aparece "recomendado" en la web del Col.legi Professional de Disseny gràfic de Catalunya. Y estos son los que se supone que defienden esta profesión...

21.2.08


el miercoles, en el IED del Palacio de Altamira, Aitor Méndez.
Hablará de procomún, creativecommons, copyleft... pero todo desde el punto de vista del diseñador.

Si no le conocéis, es un flipe oírle hablar, tiene la cabeza amueblada como una pantalla de Tetris. Es brillante, de verdad. Toda la información aquí.

3.2.08

Esta semana se ha celebrado el primer Chill Laus en Madrid, una sana costumbre que se repite desde hace tiempo con notable éxito el último miércoles de cada mes en el FAD en Barcelona, y que a partir de ahora simultáneamente sucederá en el IED de la calle Larra, y también en Valencia. Se articulan a modo de tertulias, sin mucho protocolo, y tienen como esponsor a Damm, con lo que ello conlleva ;-)
ADG-FAD consuma así su estrategia de abrirse a la resta del estado, ocupando el espacio que le cede sin pelearlo esta AEPD / Asociación Española de Profesionales del Diseño, que de la inoperancia ha pasado a la práctica inexistencia.
El tema, para abrir caliente: las diferencias entre el diseño en Madrid y Barcelona. Tópicos aparte, uno se confirma en que ese debate está superado, porque las diferencias entre diseñadores hoy están marcadas por la edad, por la formación, por la adscripción a las modas, las tendencias y los movimientos, por el compromiso...
El invitado es Enric Jardí, que está en Madrid para presentar su libro. Encaja bien y se somete al pimpampum con cintura y humor. Una tarde bien aprovechada.

24.1.08

Se está preparando Motiva, ese reducto de actividad interesante que desde hace años sucede en Asturias. Una de las partes más interesantes es la colectiva de carteles con un tema común, que en lugar de colgarse en una sala de exposiciones, luce en los muppis de Oviedo durante un mes. Nos han invitado a participar, si quieres ver el cartel que hemos mandado, está colgado en el blog del estudio.

12.12.07


Esta vez sí, a Pati Núñez le han otorgado el Premio Nacional de Diseño. Esta sí es la primera mujer que lo recibe, aunque hay quien quiso confundir. Y sin dármelas de profeta, porque estaba cantado, ya lo habíamos aventurado en este blog.
Personalmente me he llevado un alegrón. Pati es la mejor diseñadora gráfica de este país, de calle. Fue musa del boom del disseny, ella misma dice que en aquella época le hicieron muchas más entrevistas y reportajes de los que merecía. Después demostró y sigue demostrando que no se equivocaban los que vieron en ella algo más que el éxito efímero y mediático. El diseño de Pati es sólido, perdurable, eficaz e intimista. En el acta del jurado puede leerse que se le concede por "su impecable trayectoria, por la elegancia formal de sus proyectos, audacia y generosidad, y por su habilidad de involucrarse en cada proyecto de una manera muy personal, provocando lecturas visuales cargadas de sensualidad y poesía". A mí me ha parecido una justificación un poco cursi, no creo que hubieran dicho lo mismo de un hombre, pero hay que reconocer que debe dar un gusto enorme que definan así tu trabajo, incluso aunque no te identifiques mucho.
Pati ha demostrado compromisos más allá de los que se derivan de la relación entre el diseñador y su cliente. Ha conformado con su trabajo aspectos de la esencia misma de empresas como Vinçon o Sampaka, entre otras.
Pero no sólo eso. Su compromiso se extiende también a esta profesión. Si se me permite, me gustaría destacar tres hechos (ha habido más) por los que no me molesta parecer subjetivo y hasta empalagoso al escribir sobre Pati.
El primero, sucedió hace bastantes años. Era la época en que los Laus se entregaban en una ceremoniosa y elitista cena de gala, con un cubierto carísimo. Después se celebraba una fiesta multitudinaria en alguna discoteca o sala de fiestas de Barcelona. Alguien con poco criterio decidió que a la entrega de los premios Laus debían poder asistir los diseñadores jóvenes y los estudiantes. Así, los asistentes nos vimos cenando opíparamente, creo recordar que fue en la pista del estadio olímpico. Los jóvenes profesionales y estudiantes asistían sentados en las gradas. Recuerdo la situación como especialmente incómoda, lo de cenar con público era realmente surrealista.
A Pati le dieron un Laus ese año. Cuando hubo de recogerlo, bajó desde las gradas. Ella prefirió quedarse sin cenar y compartir aquella humillación a la que los importantes estábamos sometiendo a los jóvenes. La ovación, desde arriba y desde abajo, fue enorme.
No sé si hubo relación causa-efecto, pero Pati fue la responsable de organizar una edición posterior, quizá la siguiente. Eligió la Sala Cibeles, de Barcelona. Fue la primera sin cena de gala. Todo estaba exquisitamente medido y preparado. Con especial cariño recuerdo el espectáculo, que corrió a cargo de Paulovski. Es la entrega de premios Laus de la que mejor recuerdo tengo. Pati demostró que las cosas podían ser de otra manera. Lo que hoy son los Laus, le deben mucho a Pati.
La última batalla de Pati es reciente. Se refiere al concurso para el logotipo del gobierno. Ella ha sido especialmente beligerante en el plante de los diseñadores. Y en este caso concreto, he visto cómo defiende la dignidad de esta profesión con vehemencia y argumentos, sin paños calientes, esté quién esté delante. Sin medir las palabras y las consecuencias. También eso hay que agradecérselo.
Con el premio de Pati el diseño sale ganando. Y otra vez, frente a los argumentos mercantilistas del oficialismo, en la rueda de prensa ella ha hablado de las personas, del bienestar, del diseño como comunicación y como cultura.

10.11.07



burócratas verdes

Siempre me ha parecido que las certificaciones son un mal menor, supongo que necesarias pero engorrosas. Hacer las cosas bien es a veces menos rentable, tener que demostrarlo es un esfuerzo añadido y no recompensado. Y que por cierto, parece que hay un empeño en que los estudios de diseño también nos subamos a ese carro, tan competitivo en el buen sentido de la palabra, pero en el malo también.
Esta semana salió de máquinas la primera entrega –en forma de cartel– de una iniciativa que llevábamos barruntando en el estudio desde hace tiempo. Esta serie de carteles remite a los viejos catálogos de fotocomposición y su estética, y donde aquel lorem ipsum o jovencito emponzoñado son esta vez mención de la Declaración de los Derechos Humanos.
El mecenas en esto, una de las mejores imprentas de Madrid, no quiso contentarse, y a iniciativa suya servirán también como bandera de la certificación FSC, que garantiza una "gestión forestal ambientalmente responsable, socialmente beneficiosa y económicamente viable".
El cartel debía ir impreso a una tinta, porque no necesitaba más. En ello andábamos, cuando al solicitar la puñetera certificación les dicen que el sellito de marras no puede aparecer en rojo. O verde, o negro. De nada han servido las explicaciones. Finalmente, la opción era quitar el sello o imprimir a dos tintas. Con criterio más ponderado que el mío, mi cliente ha hecho lo contrario de lo que yo hubiera hecho, bien está. Así, quedan para el escarnio de los burócratas verdes 8.000 ejemplares distribuidos a los diseñadores de este país, en escuelas de diseño, empresas...
Pero ello no quita para que para poder decir que somos "ambientalmente responsables" ha tenido que usarse más electricidad, más tinta, más agua, una plancha más, y se han generado residuos innecesarios. Y todo por la intransigencia de un manual de uso de la marca manifiestamente equivocado, y la miopía y torpeza de esos funcionarios de la ecología.

30.10.07

Alguna vez he recomendado aquí artículos de ForoAlfa. Supongo que ello me da también derecho por esta vez a ser crítico, sin que se enfade mi amigo Luciano. He recibido el enlace a la última entrega. El autor es Martín Comoglio y el título "Sistémico-compulsivos". Leamos la entradilla: "La inexacta definición del concepto de sistema, virando riesgosamente hacia el de régimen autocrático, pone un acento excesivo en la consideración de supuestos logros sistémicos. El perjuicio: la desvalorización de la vital capacidad comunicativa y funcional de cada pieza o instancia individual constituyente". Yo he tenido que leerla tres veces, pero soy torpe. Quizá a otros con dos veces les valga. Pues el resto del artículo es igual. Con cosas como éstas, no me extraña que los clientes no se fíen un pelo de los diseñadores... ¿cómo alguien que se expresa así va a poder llegar a los consumidores?
No es la primera vez que cuando leo sobre diseño, tengo la sensación de que "diseñamos" mal lo que escribimos: como si por hacerlo difícil de entender, fuera más interesante lo que decimos. Y lo peor, es que en casi todo el autor tiene bastante razón... pero no se va a enterar nadie.
He estado con un amigo editor, de los de verdad. Me cuenta que en todos estos años ha aprendido de producción, de estocaje, de distribución, de papeles y sus gramajes y sus calidades, de cómo tratar con los autores y cómo tratar a los autores, que no es lo mismo, incluso de cubiertas de libros y de diseño de interiores. Y que sin embargo, hay algo que se le resiste: la tipografía. Es para él un mundo oscuro, aleatorio... cuando ve unas pruebas para su próximo libro, nunca sabe si funcionará, si se leerá bien, si cansará la vista. Dice que siempre descubre que se ha equivocado cuando el libro está ya impreso. Ha tratado de leer artículos y libros sobre ello, y sigue con la sensación de que todos los suelos se mueven bajo sus pies.
Entonces me he acordado de Letritas, el blog de un grafista chileno, que bien podría titularse "todo lo que quiso saber sobre la tipografía, preguntó mil veces y nunca llegó a entenderlo". Es delicioso, quizá no cuente nada que no esté ya dicho, pero lo hace tan fácil y ameno que creo que es imprescindible para quienes tienen que bregar con la tipografía sin ser diseñadores ni tipógrafos. El autor se llama Juan Pablo de Gregorio.

29.10.07

Abundando en el tema del post anterior, en Holanda las licencias CC son compatibles con la gestión colectiva. Me lo pasó Ignasi Labastida. Señores de VEGAP, barbas a remojar, y todo eso...

28.10.07

Durante un día y medio en El Escorial la Asociación de Revistas Culturales ARCE nos ha puesto a tiro debatir acerca de la propiedad intelectual y los derechos de autor, ahora que los editores andamos digitalizando y necesitamos saber bien a qué atenernos. Los debates han sido enriquecedores, y los ponentes en su mayoría también. Sin pretender hacer una crónica que aquí no corresponde, me gustaría destacar tres:


Javier de la Cueva

La oportunidad de conocer, oir, debatir y rebatir a/con Javier de la Cueva merecía por sí solo el esfuerzo. Javier maneja el lenguaje de la precisión como sólo algunos abogados saben hacerlo. Sin perderse en la parafernalia léxica de las leyes y los reglamentos, pone en vulgar lo que otros se empeñan en hacer enrevesado. Lo mejor, su capacidad para destapar esa ambigüedad interesada y la verdad a medias que argumentan en general el monopolio de las entidades de gestión, unas más que otras, y muy especialmente Javier Gutiérrez Garcén, de Vegap, a quien le veo modular discursos contradictorios en función del auditorio.

Magdalena Vinent, de CEDRO

No la conocía, me pareció que su discurso interesado como el de todos, es coherente y moderado. Cedro ha sido poco beligerante en ocasiones, y a veces pienso que le robaron la cartera en el reparto del canon digital, como si los textos pudieran copiarse menos en CD que la imagen o la música.
Cedro es especialmente sensible en la justicia del reparto. Sus socios autores pueden decidir en qué condiciones su obra es puesta a disposición de los ciudadanos, e incluso cada obra de modo individual es susceptible o no de que CEDRO gestione los devengos que se derivan, con todas las excepciones que al autor le venga en gana.
Más allá, incluso los no asociados tienen reconocido en CEDRO su derecho, hasta el punto de que no ya sólo se les liquida al solicitarlo, sino que se hacen esfuerzos por localizar a los autores para ello, hasta el punto de invertir recursos en esa búsqueda, como la campaña "se buscan autores" que realizaran hace un año. Evidentemente si esto se hace es para evitar males mayores, se habla de 20 millones de euros sin repartir que no está claro que CEDRO pueda alegremente ni incorporar a su patrimonio ni repartir entre sus socios, no al menos sin antes haber demostrado de modo fehaciente la voluntad de hacerlo llegar a sus legítimos receptores.
Todo esto es opinable, para debatir largo, pero de ello se deduce una inquietante cuestión: Siendo así, ¿qué es lo que distingue a CEDRO de VEGAP? ¿Porqué VEGAP puede sin rubor repartir entre sus mil y pico socios lo que correspondería a las decenas de miles de creadores visuales de este país?.

Javier Gutiérrez Vicén, de VEGAP

A estas alturas no será necesario que insista en mi desencuentro con el modo que VEGAP tiene de repartir ese dinero de todos que se le encomienda. Pero más allá de la discrepancia, creo que lo peor no está en el modo, sino en los modos. Los discursos de VEGAP y de G. Vicén son torticeramente ambiguos, contradictorios, opacos. La situación actualmente es tan inaceptable desde la ley y desde la razón, que cualquier debate en el que se avance es siempre a favor de los autores todos, y quien se perjudica es la entidad. Se trata en realidad de una huida hacia adelante, de consecuencias impredecibles. Si CEDRO está realizando esfuerzos por repartir el procedente de copia privada, y lo que no puede repartir lo acumula a la espera de una solución, ¿Cómo es posible que en idéntica situación VEGAP lleve años repartiéndolo entre sus socios, que son un mínimo porcentaje del total de creadores? ¿Qué sucede si éstos deciden reclamarlo? ¿o si el Ministerio de Cultura, en su función de control que hoy no ejerce como debería, decide reclamárselo?
Así las cosas, desde VEGAP se sostiene lo insostenible y por el máximo de tiempo. Aunque para ello haya que echar mano de las medias verdades y la desinformación. Un ejemplo: nos ha dicho Vicén estos días: "las obras con copyleft o creative commons no caben en la gestión colectiva porque no generan ingresos que haya que repartir". Yo sé que es falso. Él sabe que es falso. Pero no por ello hay que decirlo claro: mientras haya funcionarios y políticos, creadores, jueces, abogados, que a fuerza de repetir esa falsedad sigan creyéndolo, esos ingresos seguirán entrando en la caja de VEGAP para repartirlos entre los mil y pico, previo veinte por ciento para "la estructura". Que quede claro: esas obras generan ingresos, en primer lugar del canon por copia privada, porque éste es irrenunciable porque la ley así lo dice. Otra cosa es que sólo podría accederse a esos ingresos a través de la entidad de gestión colectiva, que recibe el total del montante y la obligación de repartirlo, y hoy es un monopolio que se niega a reconocer esta realidad porque no les interesa. O lo que es lo mismo, los ciudadanos pagan por esas copias privadas, pero quien lo recibe y habría de devolverlo a sus autores legítimos prefiere repartirlo entre sus socios. Ellos lo hacen, el ministerio les deja e incluso al Defensor del Pueblo no le importa.
Pero además, cuando las obras con licencia CC (CreativeCommons - Non Commercial) son utilizadas con fines comerciales también generan derechos de reproducción. Una vez más, es imposible cobrarlos a través de la gestión colectiva porque VEGAP no quiere, y es materialmente imposible hacerlo fuera de ella.
No acabamos ahí. Una vez más, que no es la primera, le inquirí de modo directo para que justificara porqué nuestra wikipedia no tiene imágenes en la entrada de Picasso, y sí las tiene la anglosajona. Que nuestros hijos estén recibiendo una formación en la que no existen imágenes de la creación de los últimos setenta años es un serio problema que no beneficia a los autores, ni a VEGAP, ni a nadie. Es simplemente una realidad: la wikipedia y tantos otros no pueden asumir el riesgo de ser denunciados, ir a un juicio y ganarlo, no digamos ya si lo perdieran. Pueden suponerlo: no conseguí que el señor Vicén afirmara que la wikipedia no puede publicar esas imágenes, que no era cuestión de ponerse de uñas al respetable. Pero tampoco lo contrario. Esa ambigüedad es la que sostiene esa "cultura sólo si es de pago" en la que se sienten tan cómodos y tan fuertes. Aunque sea a costa de la riqueza cultural de nuestra sociedad.
Por último, a alguien le llamó la atención el contraste entre la postura de CEDRO, gastando dinero en buscar autores a quien pagar, y la de VEGAP. Al ser preguntado G. Vicén escapó con un lacónico "por supuesto que VEGAP liquida a los autores que no son socios". Pues es mentira. No porque lo diga yo, que también, sino porque lo dicen ellos mismos. Una vez más, la respuesta a la medida del auditorio, y la contradicción como modus operandi et vivendi. A falta de información más fiable, nos habremos de conformar con la que aparece en su web:
Allá donde dice "¿cómo reparte VEGAP?" podemos leer: "En el caso de la remuneración que se obtiene por la copia privada, se descuenta de la cantidad global recaudada el 20% para destinarlo a actividades asistenciales y promocionales, que la entidad desarrolla a través de la Fundación Arte y Derecho. El 80% restante se reparte entre los socios entregando, por un lado, una cantidad mínima a cada uno de ellos y, por otro, lo que corresponde a cada uno en función de lo recaudado por el derecho de reproducción en los tres ejercicios anteriores". ¿Cómo puede VEGAP antes del reparto asignar una cantidad a sus socios y sólo a ellos, siendo un dinero recaudado por copia privada, irrenunciable y que es adeudado al total de autores? Y del restante... ¿como podría un autor que no es socio llegar a recibir su parte, si se calcula en base a un baremo, la reproducción, a la que sólo acceden los socios?. Es a todas luces ilegal e injusto. ¿por qué lo puede hacer VEGAP?. Es sencillo, porque el Ministerio de Cultura se lo permite.

23.10.07

El extraño manifiesto de apoyo a Juan Navarro

Del tira y afloja entre Espe y Gallardón, o quizá no, se ha derivado que al arquitecto Juan Navarro le han dado la patada a mitad del proyecto de los nuevos Teatros del Canal de Madrid. Es inaceptable desde cualquier punto de vista, y hay que prever que el resultado final no será lo que debía ser. Hasta ahí de acuerdo.
Que para denunciarlo y apoyarle se redacte un manifiesto me parece una iniciativa loable. Pero más incómoda me resulta mi adhesión por defecto al manifiesto, desde antes incluso de tener constancia de su existencia.
Me explico: recibo un email en el que se "nos" agradece nuestro apoyo, a mí y a otros, y se me invita a avisar a todos aquellos que puedan estar interesados en firmarlo. Asimismo, en un parrafo perdido del mensaje que ocupa dos folios, se me advierte: "Si alguien no está conforme o no quiere suscribirlo, por favor, envíenos un e-mail a esta misma dirección, y será eliminado como firmante".
Extraña manera de recabar firmas. Pienso en la cantidad de mensajes que a diario elimino sin leer, o tras leer las dos primeras líneas... ¿cuantos manifiestos habré ya firmado por este procedimiento? ¿acaso no estaré en la lista de los que apoyan a Julián Muñoz y la Pantoja en su incuestionable inocencia? ¿cómo estar seguro de que mi nombre no figura entre quienes proponen establecer una base militar en la isla Perejil?
No es de recibo. Prefiero manifestar desde este blog mi apoyo al arquitecto, y lamentarme de que sea esta vez él la víctima de la torpeza de los políticos de este Madrid en todo lo que atañe a la creación, a la cultura y a la felicidad espiritual de los madrileños, donde la arquitectura tiene también un papel esencial.
Respecto a lo otro, a lo del manifiesto, flaco favor se le hace al damnificado con tan torticera manera de consiguir apoyos. No creo que lo desee ni lo merezca.

10.10.07

La Vanguardia estrena rediseño, de Pablo Martín. Iba a escribir sobre ello, pero veo que Xenia lo ha hecho en su blog, con más acierto. Y como estoy vago y liado, dejo el enlace. Sólo un comentario: me chirrían porque no entiendo el criterio elegido esos titulares en negrita cursiva... ¿por qué unos sí y otros no? Cuando vea a Pablo se lo tengo que preguntar.
Prohibido prohibir

Como le habrá sucedido a muchos, la semana pasada me tocó a mí una espera de varias horas en la Terminal 4 de Barajas. En el aburrimiento, hice algunas fotos. En la puerta de una de las tiendas de Aldeasa hay un clic de Famobil de un metro de alto, vestido de piloto. Desde fuera
de la tienda me disponía a añadirlo a la serie de imagenes absurdas, cuando se me acerca un guardia de seguridad.
- No se puede hacer fotos.
- Pues llevo una hora pudiendo.
- No, de las tiendas, no.
- Estoy fuera de la tienda.
- Sí, pero estás fotografiando la tienda.
- Ya, pero no estoy dentro. ¿qué me impide hacer la foto?
Esperaba un intento de argumento jurídico, aunque sabía que podía perfectamente hacerla.
- Lo impide Aldeasa, que la tienda es suya. Yo cumplo con lo que me dicen.
La escena era surrealista. Un guardia privado, con su ropa paramilitar, su gualquitalqui, sus esposas y su cara de malo, aplicando unas leyes que no conoce, ni por asomo, y para quien aquí los derechos de los ciudadanos los define su jefe.
- Mire, soy periodista y aquí está mi carnet. Conozco bien mis derechos, y puedo hacer esa foto.
- Ya, pero a mi me han dicho que no puede hacer fotos de la tienda.
-Bien, yo voy a hacer la foto... ¿usted qué va a hacer?
- Llamar a la Guardia Civil.
- Vaya llamando mientras saco la cámara y voy enfocando...
- Si le digo que no puede hacer la foto no sé por que se empeña...
- Pues básicamente porque así usted llama a los Guardias Civiles, que a diferencia de usted ellos sí conocen las leyes y los derechos de los ciudadanos, y le explicarán que no puede impedirme hacer la foto. Todos ganaremos, yo hago mi puñetera foto, y usted no se acostará hoy sin aprender una cosa más.
- Mire, vamos a hacer una cosa, yo me doy una vuelta durante cinco minutos, y cuando me haya ido, usted hace la foto.
- No hombre, llame a la Guardia Civil, que no quiero comprometerle ni que haga usted mal su trabajo.
Dándose la vuelta, me suelta:
- Pues también son ganas de molestar. Si le digo que no la puede hacer, es que no la puede hacer....
Y efectivamente se fue. Y por supuesto, sin llamar a la Guardia Civil. Aunque estoy seguro de que me vió hacer la foto.

Señores de Aldeasa: Tratándose de derechos, no hay vulneración pequeña. Dediquen a sus pistoleros a vigilar que no les roben sus licores y sus colonias, y si acaso, a velar también por la seguridad de sus empleados y la de sus clientes. Fuera de eso, dejen que sea la Benemérita quien se encargue de los sospechosos ciudadanos con sus peligrosas cámaras fotográficas. Nos quedaremos más tranquilos.

19.9.07



La piratería de tipos y el discurso moral de las foundries

(ilustración: Beto Compagnucci)

“Y a los diseñadores creyentes os digo: la piratería de tipos es pecado”.
Aun resuena en los oídos de muchos esta memorable frase que hace unos años pronunciara en el primer congreso de tipografía en Valencia el señor Hartmann, la voz más intransigente en lo que a uso de fuentes sin pasar por taquilla se refiere.
Poco podemos objetar al respecto quienes no creemos en la existencia del pecado, y caso de existir, nos apuntaríamos con fervor a la libertad de práctica. Pero nos da una idea de hasta dónde pueden llevarse los argumentos en lo que en principio no debería ser sino un asunto de práctica comercial, amparado por las leyes. La piratería (de fuentes o de lo que sea) es la única regla de mercado que se pretende argumentar apelando a los asuntos morales. Lo hace la Sgae y lo hacen las foundries. No caigamos en su trampa. El único motivo por el que no utilizamos fuentes sin licencia es porque se vulneran las leyes, en ningún caso es conveniente ningún otro argumento.
Ese discurso moral es inaceptable sobretodo por venir de donde viene. Hubo una época en que no existía la piratería, porque las tipografías residían en soportes físicos tales como acetatos para las fotocomponedoras, rígidos y pesados discos de plexiglás o tipos de plomo. Incluso aquellas cabezas esféricas que se utilizaban en las Composer de IBM daban soporte físico a la propiedad intelectual del diseñador de tipos. Aquellos objetos eran carísimos como lo eran las máquinas necesarias para darles uso. Hasta entonces, la piratería de fuentes no existía.
¿No existía? Eso sería mucho decir. Entonces y ahora el tipógrafo es víctima de otra piratería legal, mucho más dañina. Tomemos como ejemplo el de la Helvética y la Triumvirate, pero hay cientos y ninguna de las foundries está libre de “pecado”. Las principales empresas de tipos digitales que hoy conocemos eran en realidad antes del postscript los fabricantes de aquellos artilugios de composición tipográfica, o estaban estrechamente vinculados a ellos: Linotype, Monotype, Compugraphic (posteriormente adquirida por Agfa), sin olvidar a Letraset y sus alfabetos transferibles, son sólo algunos nombres que hoy identificamos como fundiciones digitales, pero cuya actividad se remonta a los tiempos en que la composición de textos aun estaba vetada a los usuarios. Bajo el paraguas de una ley del copyright americano que hacía difícil proteger el diseño de alfabetos, penalizando, eso sí, la coincidencia en el nombre, aquellas empresas se copiaban unas a otras las tipografías, una tenía el original y las demás las alternativas clónicas. No consta que ello generara conflictos, porque todas en mayor o menor medida se veían obligadas a echar mano de los diseños de la competencia, y convivían en un pacto de no agresión que a todas interesaba. No hubiera pasado nada, si no fuera porque esos clones no tienen diseñador, es decir, nadie se llevaba los correspondientes royalties, lo que hacía si cabe más jugoso aquel acuerdo tácito. O acaso, ¿alguien sabe quien es el diseñador de la Triumvirate (Helvética, Max Miedinger), o de la Humanist 531 (Gill Sans, Eric Gill)?. O lo que es lo mismo, las foundries salían ganando, unas veces una, otras veces otra, a costa del tipógrafo, que perdía siempre y no cobraba nunca.
Eran años en que cada vez que le pedías a un servicio de fotocomposición una tipografía “no disponible” para su sistema, echaba mano de unas fotocopias no oficiales de equivalencias, para elegir la alternativa. Aun recuerdo cuando Repsol cambió su identidad corporativa e impuso la Syntax. Era una tipografía poco conocida, y disponible sólo en los equipos de fotocomposición de una marca. Mi componedor de confianza de aquella época me sugirió que adquiriéramos la “Cyntal”, compatible con sus equipos, para atender los encargos de esa empresa. Así lo hicimos, nunca nadie se dió cuenta de que usábamos una Syntax pirata... que nos había costado más de trescientas mil pesetas de la época. Eso sí, con factura, desglose de impuestos y hasta licencia de uso.
Las cosas han cambiado mucho, hoy somos los usuarios los que estamos bajo sospecha. Y aun así, desde el punto de vista estrictamente ético, hay una gran distancia entre el uso y disfrute de un tipo de letra sin haber abonado la licencia correspondiente, y la clonación tipográfica sin pagar royalties para vender copias a varios cientos de miles de pesetas la unidad. Hoy se nos exije pagar una licencia “legal” de uso por una tipografía copiada, sin que en muchos casos haya un diseñador detrás que cobre sus derechos, simplemente porque se ha tomado un diseño, se ha cambiado el nombre y ya no hay a quién pagarle. A diferencia de otras prácticas criminales, desde la vulneración de los derechos de autor (música, películas, libros...) al consumo de drogas, en los que se persigue duramente la comercialización y enriquecimiento pero se modera la pena por el uso o consumo, en el caso de las tipografías sucede lo contrario: es perfectamente legal comercializar a nivel mundial una Helvética bastarda a la que se le ha cambiado el nombre, pero se castigará a quien haga uso de ella sin licencia, por muy bastarda que sea. El absurdo llegó hasta el punto de que adquiriendo un programa de diseño de precio irrisorio (y calidad nefasta, hay que decirlo) como CorelDraw, se obtenían centenares de fuentes de nombres sospechosos, al que acompañaba un catálogo en el que sin ningún pudor se especificaba la “equivalencia” con las fuentes plagiadas. En el colmo de la impunidad, se añadía el siguiente aviso legal: “El símbolo “~” que aparece a continuación de los nombres de determinados tipos de letra mostrados en este manual significa que tales tipos de letra son similares a otros tipos identificados disponibles a través de otros fabricantes”.
En los años setenta, mucho antes del postscript y los macs, Ed Rondthaler afirmaba en el número 1 de la revista U&lc que el copiado de tipos era tan antiguo como la propia fundición. “La fotocomposición ha sido la salvación tecnológica del negocio de la composición tipográfica, pero cuando se utiliza sin ética, no hace sino robar al diseñador tipográfico sus medios de vida”, afirmaba. En aquel artículo pidió a los diseñadores que boicotearan a los suministradores que no hicieran uso adecuado de las patentes de los diseños, comparando esta práctica con la falsificación de moneda. Otro fraude legal muy extendido últimamente está en las llamadas tipografías corporativas. Los distribuidores de fuentes, que no siempre son quienes ostentan los derechos, sino que compran y venden licencias, están ofreciendo a las grandes corporaciones tener su propia tipografía. Bien está en aquellos casos, casi inexistentes, en que se les realiza un diseño específico. Pero casi siempre lo que se hace es “personalizar” o “customizar” un diseño de calidad contrastada, al que se le cambia de nombre, en el mejor de los casos se realiza alguna modificación imperceptible, y por una fuerte suma de dinero se le cede a la empresa la exclusiva y uso indiscriminado de esa “nueva” fuente. Es una operación interesante para las compañías que se verían obligadas a pagar miles de licencias para los terminales de todos sus empleados, y lo es también para la empresa que realiza el negocio, que muchas veces ni siquiera tiene la exclusiva del original. Otra vez, el que se queda sin cobrar es el diseñador de la tipografía original.

17.9.07

Inaugura blog Xènia Viladàs, y hay que decir que promete. Xènia es eso que llaman una voz autorizada en esto del diseño, por conocimiento y trayectoria. Tiene información de primera mano, no en vano ha estado dos años de baranda en el Ddi, y además la procesa y ordena y transmite como pocos, que a los que somos dispersos nos anonada lo bien amuebladita que tiene la cabeza. Empieza fuerte, lean si no el post sobre los logos, cómo no en el que aporta experiencias sobre la identidad pública.

Después de su paso por el Ddi, ha decidido quedarse en Madrid, a pesar de que la llamemos Chenia. Eso que ganamos.


15.9.07

La Vanguardia publica hoy en un artículo que la SGAE ha interpuesto querella contra la revista literaria Quimera por un artículo de opinión de Trebor Escargot. Jaime Rodríguez, director de Quimera, ha declarado que "es curiosísimo que una organización que nació para defender los derechos de las ideas y la libertad demande a los que creamos las ideas".
Yo iría más allá... ¿es moralmente lícito que el dinero que nos recaudan a todos para que "no desaparezca la cultura", que es el argumento que más gusta a las entidades de gestión, se invierta en pleitos para amordazar a una revista cultural?
Incluso aunque fuera cierto y no lo es que de la lectura del artículo del señor Escargot se dedujera que el honor de la Sgae, que desde cuándo tienen honor las entidades jurídicas, ha sido mancillado y ha de ser restituido, la desproporción es tal que puede afirmarse que lo que hay detrás es una utilización torticera de la ley para callarles la boca. Los abogados de la Sgae los pagamos entre todos, incluidos los autores a los que se les merma su parte de recaudación para éstos y otros menesteres. Una revista independiente, restringida al ámbito de la creación literaria, difícilmente puede enfrascarse en querellas y pleitos aunque los gane, sin que su economía se resienta y peligre su subsistencia. Así, al margen de la sentencia, aquí ya se sabe quien pierde. Ya se sabe que la próxima vez tendrán más cuidado, ellos y tantas otras revistas, blogs, autores, etc. a los que con el dinero de todos es tan fácil callarnos. El objetivo es la autocensura, que es la peor de las censuras, y poco a poco con cosas como éstas, se va cumpliendo. Y ahí seguirán ellos, con su "quien me la hace, me la paga", eso sí, siempre que los costes los sigamos pagando todos los ciudadanos a escote.
Desde aquí sólo se me ocurre una cosa: además de mandar un abrazo a mis colegas de Quimera, reproducir el artículo. Ojalá que otros también lo hagan: quizá, si muchos lo hacemos y lo difundimos, echen sus cuentas estos vigías de occidente de pacotilla y vean que lo de amordazar puede ser también contraproducente.
________

La horda de los gestores

por Trebor Escargot
(PUBLICADO EN EL Nº 282 DE LA REVISTA QUIMERA


En realidad va a parecer que no hablo de literatura, pero sí lo estaré haciendo. Si en este país la piratería prácticamente no afecta al mundo de la literatura, es sólo por motivos circunstanciales, prácticos. Haciendo uso de los medios a nuestra disposición, y obviando la posibilidad de leer en pantalla, en términos económicos hoy en día sale casi por lo mismo fotocopiar un libro que comprarlo. De ahí la narcótica sensación de oasis del noble arte de la escritura, aparentemente a salvo de estos desaprensivos malversadores: los piratas. Pero eso en realidad poco importa, porque la extorsión no tiene a un arte por objeto sino al ciudadano, al lector, al consumidor de productos culturales, y éste (como imagino que es su caso, lector disciplinado) unas veces lee libros y otras ve películas o escucha música. Por eso creo que es importante que usted lo sepa: los piratas existen, están ahí fuera, son malos y nos acechan. Su propósito es acabar con el arte, convertirlo en mercancía y traficar con ella. Le daré algunas pistas para que, en caso de toparse con uno de ellos, pueda usted identificarlo y actuar en consecuencia.

Un confuso vínculo une al pirata con el mundo del arte. Si hoy se dedica a chulearlo y chuparle la sangre en nombre de la gestión y la propiedad intelectual, en otros tiempos lo practicó, normalmente con escasa suerte y altas cotas de mediocridad. Luis Cobos o Pau Donés (que sigue en activo, en serio…) serían ejemplos obvios, pero hay otros ex artistas que sí gozaron alguna vez del favor de las musas (no hay más que recordar la preciosa canción que, en su debut, Víctor Manuel le dedicara a Francisco Franco. Lo cierto es que suelen iniciarse en la piratería cuando se les acaban las ideas, o más bien las ganas de trabajar para tratar de tenerlas).

Sus métodos pueden despistarnos, pues no andan por la vida en barco, ni tienen el valor que requiere empuñar una espada. Han abandonado el ron, en favor del CD-Rom, y la bandera de la calavera por otras más discretas y actuales con las siglas de su banda: SGAE, VEGAP, etc.

Han ampliado su radio de acción, colonizando los mecanismos que en otros tiempos ampararon a una especie hermana: los corsarios. En virtud de esta reestructuración jurídica, y gracias a un juego de sobornos estándar, cuentan con el apoyo de las instituciones y sus representantes (muy próximos a ellos en capacidad intelectual y gusto estético), y en una evolución próxima a la de la mafia clásica, ejecutan un poder parademocrático que suele tener la forma de impuestos y normalmente recibe el nombre de canon.

Como los piratas de verdad en su momento, como el telar manual tras la aparición del mecánico, o como la comunicación mediante tambores después de inventarse el teléfono, estos zafios piratas tienen las horas contadas. Y nosotros, por una mera cuestión generacional, asientos de primera fila para asistir a su cochambrosa y ridícula agonía.

Así que, de momento, dejemos que nos sigan extorsionando. Querrá decir que siguen vivos, que todavía tenemos tiempo para asistir a su hecatombe.

14.9.07




De los diez logos de la candidatura olímpica, algunos sólo salvábamos uno, que tenía un mínimo de calidad gráfica. Quedaba la esperanza de que ese ganara y se salvaran los muebles... pues va a ser que no. Ya le han pillado. Eliminado éste, podemos afirmar rotundamente que el ganador será un auténtico bodrio, hay nueve para elegir.

Estas polémicas, como también la del logo hispano-alemán del gobierno, quizá sirvan para que se reconsidere lo de los concursos abiertos.
Primeros de septiembre, cena de diseñadores... tema estrella: el concurso del logo del gobierno. Y surge una nueva palabra para definir aquel diseño que pretende pasar por original y en realidad ha sido copiado con descaro y poca destreza de uno existente: REPULLAZO. Ojalá se me hubiera ocurrido a mí, pero no. El copyright es de Miguel Vagalume.
Moncloa ha rectificado, el segundo concurso, además de restringido, finalmente será remunerado. Se han perdido unos meses preciosos, que no nos engañemos, todo esto está condicionado por la proximidad de las elecciones. Tanto esfuerzo para llegar a lo que tendría que haber sido el punto de partida.
A pesar de que por tres veces habían dicho que la ley no permitía remunerar la participación en estos concursos, y a sólo cinco días de la finalización del plazo de entrega de las propuestas, los diseñadores han recibido una llamada en la que se les asegura que cobrarán tres mil euros por presentarse. Evidentemente, la ley sigue siendo la misma, quiere esto decir que existía perfectamente la fórmula para haberlo hecho desde el principio. Si de lo que se trataba es de gestionar bien el dinero público, actitud loable y de agradecer, podría haberse hecho obviando un concurso que sólo sirvió para saber que el logo del gobierno alemán es un buen logo, lástima que ellos lo usen también; tanto gastos de jurado como dotación como comunicación pública podrían haberse ahorrado. Y en la segunda fase, una convocatoria razonablemente restringida y remunerada (cinco o seis diseñadores) hubiera sido más barata y eficaz que todo este culebrón, que ha llevado a una situación sin precedentes: hasta catorce diseñadores pueden estar participando en un concurso restringido con remuneración.
En cualquier caso gana la dignidad de esta profesión: Mantenerse firmes como han hecho los “popes” cuando el atropello viene de donde viene, es un gesto que deberíamos agradecérselo todos, y especialmente los que defienden los concursos abiertos y no remunerados con el argumento de que siempre son los mismos los que participan, y no se dan oportunidades.

12.9.07

Los diseñadores que plantaron al gobierno

El concurso de ideas para el nuevo logotipo del gobierno ha acabado como acaban muchos concursos abiertos, con un plagio como resultado, que no podría ser utilizado aunque se quisiera.
Desatendiendo las voces de un sector indignado –recuérdese la carta avalada por la práctica totalidad de las asociaciones– y en una incomprensible huida hacia adelante en vez de enmendar los errores, el convocante ha mirado hacia otro lado. Y lejos de cuestionar la validez de un resultado vergonzante, el creador (?) del logo no sólo va a cobrar la dotación inmerecida sino que ha sido invitado al segundo concurso.
De todo esto, quizá lo peor es el fraude que supone para el resto de participantes. Es cada vez más habitual que los diseñadores profesionales no participen en este tipo de concursos, ni siquiera la expectativa de ganar es un aliciente para diseñadores establecidos que no necesitan especular con su trabajo. Esta es también, oficialmente, la postura de la mayoría de las asociaciones, dejando quizá al margen a la AEPD, que ha defendido últimamente los concursos abiertos “pero entre profesionales”. Hay que decir que esta es una postura novedosa, auspiciada por la actual directiva, tradicionalmente esta asociación ha sido de las más beligerantes en su negativa a los concursos abiertos, y queremos pensar que este nuevo rumbo no es necesariamente respaldado por la mayoría de sus asociados. En cuaquier caso, cabría esperar de los convocantes una actitud menos política; que los doce mil euros recompensen un trabajo que por razones obvias no va a utilizarse y por tanto no cumple los objetivos de la convocatoria, es un fraude, no ya sólo a los ciudadanos, que podemos indignarnos ante una malversación manifiesta de los recursos públicos, también a los más de trescientos bienintencionados participantes, que han de asistir pasmados e impotentes al atropello.
Durante el mes de agosto se convoca la “continuidad” de concurso, esa segunda entrega restringida para el desarrollo de la nueva identidad. Este nuevo concurso, otra vez sin remuneración, exigía nada menos que la presentación de diez paneles que incluyeran desde el propio logotipo y sus versiones secundarias, hasta las aplicaciones en merchandising (regalos, gorras, camisetas, boligrafos, etc), pasando por el photocall, cartela de spot para TV, creatividad en prensa, aplicaciones en entorno web, carteles, placas y señalética. Debía añadirse a ello además un manual básico de normas gráficas que recoja los usos y aplicaciones del diseño. Hay que insistir, porque parece increíble: todo ello para concursar, sin cobrar por ello, y se pretendía que participaran los primeros espadas del diseño patrio.
Una primera convocatoria es lanzada a una restringida selección de diseñadores conocidos, entre los que se encuentran varios premios nacionales. El importe máximo del contrato es de 30.000 euros IVA incluido, en el entendido de que la licitación lo es también en precio, pudiendo el participante rebajar dicha cuantía. Por poner un ejemplo, el gobierno de Cantabria, sin tantas exigencias y siendo un trabajo de envergadura y dificultad mucho menor, acaba de convocar un concurso similar con un presupuesto de 100.000 euros.
Resulta evidente que ni las cuantías ni las exigencias entran dentro de la lógica del mercado. Varios de los convocados manifiestan su malestar y declinan la invitación a presentarse, lo que provoca, por un lado, una segunda lista de convocados que llega hasta quince. En un intento de salvar los muebles, esta segunda invitación se acompaña de un documento explicativo, que lejos de aplacar los ánimos, los enciende aún más. En él se matiza, frente a las exigencias a las que aludíamos, que “En este concurso se espera una propuesta conceptual, no un manual de identidad visual. Esta propuesta deberá plasmarse, como mínimo, en un cartón pluma de 30cm x 42 cm. El plazo para su presentación es hasta el 12 de septiembre. No es necesario, aunque si recomendable, la realización de versiones en blanco y negro, negativo-positivo, así como identificadores en niveles o aplicaciones en diferentes soportes. Es decir, el material que los participantes consideren que es necesario para que se produzca la comprensión de la propuesta y la ponderación de sus rendimientos técnicos. La presentación de las diez láminas indicada en el pliego de prescripciones es una sugerencia meramente orientativa”. Para entendernos, las exigencias son ahora recomendaciones, en un intento de evitar la desbandada.
Pero no es eso todo, el cuarto punto del documento titulado “¿Por qué la participación en este concurso no está remunerada?” dice: “El Gobierno tiene la máxima consideración por los profesionales del diseño y es plenamente consciente de la importancia de su trabajo”. Vaya, no había ninguna necesidad de afirmarlo, sólo puede existir un motivo: son muy conscientes de lo contrario. Sigue: “Por eso ha querido contar con los mejores en lo que entendemos que es uno de los trabajos más destacados que se pueden realizar en nuestro país en el campo de la imagen visual institucional”. ¿Es necesario tanto halago y empalago cuando de lo que se trata es simplemente de contratar profesionales en la plenitud de conciencia de lo importante que es su trabajo?. Ciertamente no. Se diría que trata de compensarse con ello la absoluta falta de respeto manifiesta en todo este proceso por el trabajo y los conocimientos de los diseñadores. Y apostilla: “Pero las normas de derecho administrativo que rigen los contratos de la Administración General del Estado impiden la remuneración previa por la participación de estos concursos”. Esto puede ser cierto, pero no del todo, porque es legalmente eludible si hay voluntad para ello. Basta con convocar a través de una Sociedad Estatal, curiosamente hay una dedicada precisamente al diseño, a quienes debe salirles el dinero por las orejas a juzgar por lo que invierten en promocionar la artesanía. Se ha hecho otras veces, y se volverá a hacer. También puede convocarse un concurso, restringido o no, en el que no haya que trabajar por adelantado: valorándose trabajos anteriores, curriculum, trayectoria, propuesta económica, etc. A partir de ahí, se elige al diseñador más apropiado y sólo ese realiza el trabajo y lo cobra. Igual que cuando contratan la adquisición de sus vehículos oficiales, o la redecoración de sus despachos. Y para acabar de arreglarlo, en lo que ya supone un menosprecio que roza el insulto, concluye el documento: “En cualquier caso, la Secretaría de Estado de Comunicación está estudiando el tema y tiene previsto algún tipo de publicación de los trabajos, como reconocimiento del trabajo de los diseñadores, ya sea a través de una exposición o de una publicación y siempre de acuerdo con los autores”. Esto nos suena. Este del libro es exactamente el mismo argumento que vienen utilizando el BCD y el Ministerio de Industria desde hace años, cuando se les pregunta cómo es posible que existan más de cincuenta Premios Nacionales en nuestro país, todos ellos con dotación económica, y sólo uno, el Premio Nacional de Diseño, carece de ella. Parece que tratándose del colectivo del diseño los agravios son extrapolables y reutilizables. No es de recibo ese paternalismo, no es admisible que haya dinero para pagar libros y exposiciones que no son sino propaganda y triunfalismo del convocante y no lo haya para remunerar los trabajos que contengan. Los diseñadores no necesitan que se les deslumbre con espejitos ni abalorios, a buen seguro que se contentan con que se les pague su trabajo.

Los convocados

Cuando hemos ido conociendo cómo se desarrollaba esta segunda convocatoria, hemos querido hacer un pequeño trabajo de campo, a efectos meramente estadísticos, contactando a los convocados para saber cuántos de ellos iban a participar. En realidad no es importante quién sí y quién no, con la misma energía que podemos criticar las convocatorias de los concursos abiertos y los no remunerados, si estamos convencidos de que son contraproducentes para el convocante y para los diseñadores, con esa misma energía habrá que defender que mientras sigan convocándose, cada diseñador deberá legítimamente decidir qué postura toma, y si participa o no.
Pero los datos son concluyentes: de los quince convocados, doce diseñadores han manifestado no tener intención de presentarse; uno sí se presentará, uno no contestó y con otro no pudimos contactar. La primera reflexión ha de ser positiva. Dejando de lado que sus motivos sean egoístas o por la defensa del colectivo, es de agradecer que la inmensa mayoría no se preste a dar validez a lo que no la tiene, aunque, al margen del tema económico, la rentabilidad en imagen y la repercusión de un encargo así sea un caramelo para cualquiera.
Hasta aquí la denuncia o pataleta si se quiere, y la reivindicación gremialista. No es importante. El error enorme de este concurso es estratégico. Pensar que el problema es de colores, tipografías, trazos, o elementos gráficos que cualquiera pueda proponer en un concurso abierto es ingenuo. Para llegar a la conclusión de que debe estar el escudo, los colores de la bandera y el lema Gobierno de España les habría bastado con una llamada a Norberto Chaves, a Joan Costa o a Amando de Miguel. Se lo hubieran dicho gratis.

El efecto O.T.

En el fondo, y esperemos que no cunda el ejemplo, lo que está sucediendo es que convertir la creación gráfica en objeto de campaña de imagen puede resultar políticamente rentable. Y por lo mismo, si sale mal el coste en imagen es proporcional. Cuando la convocatoria del concurso es en sí el objetivo, los resultados son impredecibles. Está sucediendo también con la elección del distintivo para la candidatura olímpica de Madrid. Si entre 2691 propuestas, las diez mejores son las que con tanta reiteración hemos visto en los medios, a nadie escapa que el proceso era equivocado. Siempre que el objetivo fuera conseguir el mejor identificativo. En el más puro estilo televisivo, nadie sabe ni quién ni cómo ha hecho la selección. Ahora, mediante un sistema de votación ingenuamente fácil de manipular, se elegirán tres. Y otra vez, sabios expertos de incuestionable prestigio tendrán que decidir entre esos, que aunque en las bases pone que pueden dejarlo desierto, no alcanzo a pensar que el político admita que se contradiga la opinión del pueblo. De algo ya estamos seguros, gane el que gane, tendrán un logotipo de calidad discreta y escasísima eficacia. Con su pan se lo coman.

3.9.07

Cuando saltó el despropósito que suponía el concurso de ideas para el logotipo del gobierno, hace dos meses, parecía que era un escándalo considerable... quién nos iba a decir que aquello era sólo la anécdota, y que lo peor estaba aún por venir.
Los hechos son conocidos, el hilo ha podido seguirse en internet en foros y bitácoras, y la mayoría de periódicos se han hecho eco en sus páginas.
Como se recordará, las asociaciones habían firmado un documento conjunto protestando por la convocatoria del concurso. Presidencia de Gobierno, viendo que existía un malestar general entre los profesionales, contacta con algunas de estas asociaciones ofreciéndoles estar en el jurado, siendo AEPD la única que se somete. En un comunicado a sus socios, justifica el cambio de postura argumentando que “consideramos que en la práctica un buen jurado, experto, representativo y profesional puede introducir esas mejoras y seleccionar la mejor propuesta, objeto del concurso, o en el caso de no haber propuestas de suficiente calidad declararlo desierto. (…) Entendemos que la posición de negativa del concurso y de enfrentamiento a las instituciones, dificulta futuras negociaciones y crea un abismo entre éstas y los diseñadores”. De lo que ha pasado después se deduce que esta complacencia no estaba justificada: proceso y resultado han sido desastrosos, y no se tenía que haber estado ahí.
La convocatoria sigue su curso sin variar un ápice el planteamiento. Los plazos de tiempo se superan y no es hasta mediados de agosto cuando se conocen los resultados. El mismo día en que los periódicos publican el logotipo ganador, en varios foros sobre diseño aparece la información de que es prácticamente igual que el del gobierno alemán, diseñado hace una década por el prestigioso estudio MetaDesign.

El plagio

No es poco habitual que en un concurso abierto e indiscriminado acabe por descubrirse que el trabajo ganador es un plagio. Por muy experto que sea el jurado, es imposible evitarlo. Aunque en este caso, la copia es tan torpe y evidente, y la referencia tan relevante que a poco que hubieran hecho los deberes, se habrían dado cuenta.
En realidad es una consecuencia del proceso viciado: la profesionalidad se demuestra también en eso, y cuando se renuncia a ella de antemano...
En cualquier proceso de diseño de identidad la investigación de lo existente es un eje fundamental en la fase previa. En muchas ocasiones, en el mismo encargo existe documentación al respecto, y si no es así es el propio diseñador quien la recaba. Por otra parte, las exigencias de un buen brief, y en su caso el contrabrief que el diseñador realice y consensue con el cliente, marcan las pautas a seguir, las necesidades, los objetivos, el target, etc. Todo este proceso es inexistente en los concursos abiertos. Siendo así, no es de extrañar que existan auténticos profesionales del concurseo. Al fin y al cabo, en estos casos el objetivo no tiene nada que ver con el diseño: se trata de ganar el concurso, y el público objetivo es el jurado.
Dejando la profesionalidad al margen, es sencillo: uno elabora una recopilación de trabajos ya hechos con características similares, en eso internet y Google son una gran ayuda, y en pocos minutos se dispone de cientos de soluciones. Por este procedimiento es barato, rápido y rentable presentarse a decenas de concursos: turismo, identidad, carteles, etc. Lo más probable es que nadie se dé cuenta, e incluso aunque así sea, la polémica saltará cuando ya se haya obtenido el importe del premio, que las instituciones rara vez reclaman, porque sería tanto como reconocer su error. Frente a esto sólo hay dos obstáculos: el primero es que uno se juega su prestigio profesional: para ello hay que tenerlo, y que importe perderlo. También hay una cuestión de ética profesional, a la que apelar a estas alturas resulta ingenuo.
Cuando se descubre “el pastel”, siempre queda como recurso intentar acogerse a la coincidencia... No es el caso: Cuando Juan Repullés, director del estudio Margen y autor del logo es preguntado en una entrevista en el diario ADN sobre si conocía el logotipo del Gobierno alemán, contesta: “Por supuesto. Hemos analizado los logos de todos los países europeos y de otras importantes naciones, no sólo de Alemania”.

El reconcurso

Algunos diseñadores “de reconocido prestigio” han recibido a mediados de agosto una carta convocándoseles a un nuevo concurso. También estaba previsto que participara el ganador, queda por saber si después del affair Moncloa les mantendrá en la terna. El concurso para desarrollar el trabajo seleccionado estaba contemplado en las bases del primero, hay que pensar que en realidad se tratará de hacer un logo nuevo. El presupuesto es de 30.000 euros, que tampoco es para tirar cohetes.
Los que trabajan para la administración y saben de esto dicen que nada hay más sospechoso que los concursos que se convocan en agosto, y cuyo plazo se cierra en los primeros días de septiembre. La suspicacia está servida, más aun si a ello se une que entre 320 ganó uno que ya trabajaba “para la casa”, pues el estudio Margen es el responsable del diseño de las webs corporativas de la Moncloa y la del Ministerio de la Presidencia del Gobierno.
Varios de los convocados han manifestado su intención de no participar en el “reconcurso”, lo que les honra. Y desmonta en parte la argumentación simplista de quienes defienden que los concursos abiertos rompen la inercia de que siempre sean los mismos los convocados.

28.8.07

querido Pedrojota:

Que te follen. hoy ha desaparecido Umbral. Durante años he alternado tu puto periódico con otros, en el bien entendido que todos los periódicos dicen lo mismo, pero tu tenías a Umbral, y mira que me jodía. Cuantas veces he degustado a primera hora su columna, mano a mano con un montado de jamón ibérico y un cafeconleche, en el Sagredo de la avenida del mediterráneo, que por si acaso no me daba ese día tiempo a leer el periódico, ya me tenía leído el Umbral. A sabiendas de que me gano las habichuelas escribiendo, leer a Umbral por las mañanas, antes de empezar, era un aliciente, una puesta a punto del manejo del lenguaje y el orden de las ideas, una gimnasia. A él, le echaré de menos.

2.8.07

Joaquín Rodríguez es uno de los que más sabe de los libros y su futuro, y con él comparto algunos pareceres y otros no, lo que nos lleva a discutir bastante y a que yo aprenda mucho. Ha publicado una interesante entrada en su blog sobre la desnaturalización del diseño editorial.
Merece la pena leerla entera, pero destaco este párrafo:
"En este mercado extremadamente competitivo, tal como ocurre en España, los departamentos de márketing y comunicación acaban, progresivamente, imponiendo sus criterios, tal como cuenta Walter Hellmann, antiguo director de arte de la excelsa editorial Rowohlt: los responsables de la venta elaboran una serie de cuestionarios que los lectores deben rellenar y, una vez obtenidos los resultados y sistematizados sus gustos, imponen a los departamentos de diseño editorial el aspecto que los libros deban tener (desde las tipografías al tipo de imágenes de cubierta), produciéndose el perverso efecto de la homogeneización y pérdida de significado de cada uno libro en particular".
Álvaro Sobrino. Diseñador gráfico, periodista y editor.
Mantiene una columna en la revista VISUAL, con el nombre de Crónicas de Pseudonimma, donde recoge opiniones de otros y las suyas propias acerca de la actualidad del diseño español.