Ese extraño canon, para todos menos para los diseñadores
El canon que pagamos todos cada vez que hacemos una fotocopia, adquirimos una impresora o compramos un soporte informático virgen es un despropósito, pero mucho más si cabe lo es el reparto arbitrario que de él se hace.
“Se adivinan amenazas por los cambios de normativa, que propician facilitar el comercio internacional a costa de eliminar la protección a las creaciones intelectuales, las cuales corren el riesgo de convertirse en meras inversiones, valoradas como los zapatos o los productos industriales masivos”. Leo esta frase y bastaría decir simplemente que es desafortunada: barre de un plumazo la propiedad intelectual del diseñador, es más, nos pone como ejemplo de aquello que no es susceptible de ser considerado creación intelectual. No tendría más importancia si no fuera porque el que la suscribe es ni más ni menos que Juan Mollá, vicepresidente de CEDRO, la tercera en discordia en el bucanero reparto de ese botín que son los cánones, con la SGAE y VEGAP (hay más, pero para qué enfrascarnos en el baile de siglas… son todas lo mismo),.
Cuando alguien fotocopia un libro, una revista, y pronto veremos que también cuando lo almacene en un cedé, CEDRO reparte su parte entre el editor, el autor, y el traductor. A buen seguro que es imposible copiar algo sin reproducir también su diseño, pero para CEDRO ni los zapatos ni los productos industriales masivos ni los libros ni las revistas los diseña nadie, y por tanto, no hay necesidad de liquidarnos a nosotros. Curiosamente, CEDRO destina una parte de lo que recauda a engrosar las arcas de VEGAP, en el entendido que cuando se fotocopia un libro suele haber por medio alguna imagen, obra de arte, ilustración o fotografía… ¿y el diseño? ¿y la diagramación? De eso ni los unos ni los otros quieren oír ni hablar.
Posiblemente de este agravio tengamos más culpa que nadie los diseñadores gráficos. Son excepción quienes condicionan sus honorarios a la tirada (si a alguien le han pagado alguna vez por el diseño en caso de reedición que lo diga y le hacemos una fiesta). Por lo general, los diseñadores gráficos entendemos que nuestro trabajo debe cobrarse de golpe la primera vez, y de momento no nos ha ido del todo mal: Quizá hemos ganado menos dinero, pero hemos ahorrado en abogados y en berrinches. Sin embargo parece que esto está cambiando: si bien la sociedad y muchos autores han empezado a entender que la creación es cultura, y como tal hay que contemplar el derecho de los pueblos y las personas a su disfrute (sin menoscabo de la lógica remuneración por el trabajo de cada uno), los gobiernos y los legisladores parecen empeñados en gravar todo lo que graba o reproduce, para mayor engorde de la industria y unos pocos autores. Si así tiene que ser, y ojalá que la tendencia cambie… ¿a qué viene este conformismo? ¿cómo no han empezado ya a dar esta batalla las asociaciones de diseñadores?.
Este blog está discontinuado
Hola. Este blog ya no se actualiza. Pero me pareció bien que todo este material siguiera estando ahí. Por si alguna vez alguien quiere leerlo, y por contribuir a la basura informática.
Puedes ver y leer lo que hago y escribo ahora en instagram,
en facebook, en twitter...
Puedes ver y leer lo que hago y escribo ahora en instagram,
en facebook, en twitter...
11.11.06
6.9.06
Pati Núñez, Premio Nacional de Diseño
No es una broma de mal gusto, la noticia saltó en algunos periódicos catalanes. Y es verdad. Porque así se llama el premio que otorga la Generalitat. Y claro, la pobre Pati se ha tenido que pasar semanas aclarando que sí, que es el Premio Nacional de Catalunya, a todos los que pensaban que le habían dado el honorífico. ¿he escrito la pobre Pati…? Pues rectifico. Porque éste, el de Catalunya, sí tiene dotación, y además viene por el lado de la Consellería de Cultura, que no de Industria. Dos matices que no hacen sino evidenciar el despropósito que comentábamos; ahora ahora el desagravio no es ya sólo con los artesanos (y con los poetas, y con los del circo, y con los médicos, y con los cocineros, y con los investigadores…). Ahora también los es entre diseñadores catalanes y los de la resta del Estado. Y mira por dónde, la primera mujer que ganará el P.N., la pobre Pati, a lo mejor hasta se encuentre que para entonces se haya resuelto ya el tema, y le habría merecido la pena la espera: sería la primera en tener dos Premios Nacionales con dotación. Ahí es nada.
Y también Roberto
Y va de premios. En el editorial de esta revista, en su número anterior, se embestía con virulencia por el despropósito de los Premios de Diseño de La Rioja. Pues lo mismo, punto por punto, puede decirse de los de Castilla-La Mancha, de quien El CEDIR de la Rioja debió tomar el modelo, y no tanto de los PP.NN. como se afirmaba (aunque cuando se lo he hecho ver, mi señorito me ha saltado con que a ver de dónde lo tomaron entonces los de C-LM, y no le falta razón…). En cualquier caso, todo esto es anecdótico porque el Premio va y le toca al que más ha hecho: Roberto Turégano. Que la convocatoria sea un despropósito no quita para que Roberto lo merezca sobradamente, no ya por su trabajo y su hacer, que es de lo mejor en el descampado que es Madrid en esto del diseño, sino porque Roberto representa todo eso a lo que los diseñadores deberíamos aspirar y que tan lejos está de la parafernalia léxica oficialista de los desarrollos, las competitividades, las herramientas exportadoras y los valores añadidos (a la mierda, que se enteren: el diseño es un valor ESENCIAL, no añadido).
Cuando alguien menciona en la misma frase las palabras diseño y cultura, siempre pienso en Roberto.
(de Pseudonimma)
No es una broma de mal gusto, la noticia saltó en algunos periódicos catalanes. Y es verdad. Porque así se llama el premio que otorga la Generalitat. Y claro, la pobre Pati se ha tenido que pasar semanas aclarando que sí, que es el Premio Nacional de Catalunya, a todos los que pensaban que le habían dado el honorífico. ¿he escrito la pobre Pati…? Pues rectifico. Porque éste, el de Catalunya, sí tiene dotación, y además viene por el lado de la Consellería de Cultura, que no de Industria. Dos matices que no hacen sino evidenciar el despropósito que comentábamos; ahora ahora el desagravio no es ya sólo con los artesanos (y con los poetas, y con los del circo, y con los médicos, y con los cocineros, y con los investigadores…). Ahora también los es entre diseñadores catalanes y los de la resta del Estado. Y mira por dónde, la primera mujer que ganará el P.N., la pobre Pati, a lo mejor hasta se encuentre que para entonces se haya resuelto ya el tema, y le habría merecido la pena la espera: sería la primera en tener dos Premios Nacionales con dotación. Ahí es nada.
Y también Roberto
Y va de premios. En el editorial de esta revista, en su número anterior, se embestía con virulencia por el despropósito de los Premios de Diseño de La Rioja. Pues lo mismo, punto por punto, puede decirse de los de Castilla-La Mancha, de quien El CEDIR de la Rioja debió tomar el modelo, y no tanto de los PP.NN. como se afirmaba (aunque cuando se lo he hecho ver, mi señorito me ha saltado con que a ver de dónde lo tomaron entonces los de C-LM, y no le falta razón…). En cualquier caso, todo esto es anecdótico porque el Premio va y le toca al que más ha hecho: Roberto Turégano. Que la convocatoria sea un despropósito no quita para que Roberto lo merezca sobradamente, no ya por su trabajo y su hacer, que es de lo mejor en el descampado que es Madrid en esto del diseño, sino porque Roberto representa todo eso a lo que los diseñadores deberíamos aspirar y que tan lejos está de la parafernalia léxica oficialista de los desarrollos, las competitividades, las herramientas exportadoras y los valores añadidos (a la mierda, que se enteren: el diseño es un valor ESENCIAL, no añadido).
Cuando alguien menciona en la misma frase las palabras diseño y cultura, siempre pienso en Roberto.
(de Pseudonimma)
5.9.06
Artesanos 5 – Diseñadores 0
El verbo enciscar no existe según la RAE. Pero aun así una se siente ya enciscada con el tema de los premios nacionales de diseño. Y con un complejillo de andar siempre con lo mismo y de si no estaré aburriendo al personal. Llámeseme cansina, pero correré una vez más el riesgo.
Alguien de quien aprendí mucho, decía siempre: "hay pocas lecturas imprescindibles, en realidad, sólo dos: la biblia y el Boletín Oficial del Estado". Respecto a la primera no le hice nunca caso, pero en lo del BOE tiene su parte de razón. Y es que ahí te enteras de cosas interesantes y de otras peregrinas. Al principio parece aburrido, pero les aseguro que acaba enganchando.
Dándole un vistazo al índice del 11 de julio, me encuentro con que hay un Premio Nacional nuevo, el de Artesanía. Como quiera que por activa y por pasiva vengo calentando de atrás con el tema de la dotación de los 45 premios existentes, y la excepción del P.N. de Diseño, el honorífico, me adentro en el legajo no sea que éste nuevo sea también de gratis y me dinamite el argumento. Para mi tranquilidad y gozo de los artesanos, estos sí tienen cinco dotaciones para otras tantas categorías. Sigo leyendo y me cae la primera en la frente: lo convoca el Ministerio de Industria (igualico que el "nuestro"). Y a una le asalta la duda, acerca de si no hubiera estado mejor vestir al santo desnudo antes de inventarse otro. Tiene difícil explicación que un mismo ministerio no sea capaz de resolver el agravio comparativo que el diseño viene sufriendo con respecto a los otros premios nacionales existentes, antes de inventarse un premio nuevo y, a éste sí, dotarle económicamente. Pero sigo leyendo, y me cae la segunda y definitiva: "la concesión de los premios comportará la siguiente dotación económica, que se otorgará por la Sociedad Estatal para el Desarrollo del Diseño y la Innovación Ddi, etc, etc, etc.". Es decir, el Ddi, nuestro mentor en la administración, el órgano que se supone que gestiona los fondos para el desarrollo y la promo del diseño, no tiene para los diseñadores –o no cree que lo merezcamos– pero en cambio sí para los artesanos. Sólo se me ocurren dos posibilidades: que esto haya de ser así porque esa es la intención, la filosofía, y entonces habría que cuestionar muchas cosas, o que simplemente sea una cuestión de orden temporal: que por fin se esté reculando después de tantos años y se haya escuchado a quienes vienen reclamando esa necesaria reconversión de nuestros premios, y sea sólo cuestión de tiempo, es decir, que la solución a lo nuestro ya estuviera en marcha y se trate tan solo de que las decisiones vayan desacompasadas. Ojalá que sea esto y para la edición del 2007 se resuelvan los temas pendientes, el del BCD y su extraño papel de organizador consorte, el de la confusión que genera el premio a la empresa y su duplicidad con el Premio Príncipe Felipe, y por supuesto, el de la dotación, que es quizá lo menos importante pero lo más significativo.
Si sucede, pongo a este teclado por testigo de que en esta misma página pediré perdón a los responsables del Ddi por haber mi incredulidad y mi desconfianza, y a los lectores por lo cansina que una puede llegar a ser.
De lo contrario, habremos de pensar que mejor nos hubiera ido aparcando esta vocación para dedicarnos al encaje de bolillos, al ganchillo y punto de cruz o al diseño de botijos falicoformes. Al menos, nos hubiéramos ahorrado tantas veces la pregunta de nuestras abuelas: “¿pero hija, tú exactamente que es lo que haces?”. Nada, abuela, una cosa que no tiene dotación.
(de Pseudonimma)
El verbo enciscar no existe según la RAE. Pero aun así una se siente ya enciscada con el tema de los premios nacionales de diseño. Y con un complejillo de andar siempre con lo mismo y de si no estaré aburriendo al personal. Llámeseme cansina, pero correré una vez más el riesgo.
Alguien de quien aprendí mucho, decía siempre: "hay pocas lecturas imprescindibles, en realidad, sólo dos: la biblia y el Boletín Oficial del Estado". Respecto a la primera no le hice nunca caso, pero en lo del BOE tiene su parte de razón. Y es que ahí te enteras de cosas interesantes y de otras peregrinas. Al principio parece aburrido, pero les aseguro que acaba enganchando.
Dándole un vistazo al índice del 11 de julio, me encuentro con que hay un Premio Nacional nuevo, el de Artesanía. Como quiera que por activa y por pasiva vengo calentando de atrás con el tema de la dotación de los 45 premios existentes, y la excepción del P.N. de Diseño, el honorífico, me adentro en el legajo no sea que éste nuevo sea también de gratis y me dinamite el argumento. Para mi tranquilidad y gozo de los artesanos, estos sí tienen cinco dotaciones para otras tantas categorías. Sigo leyendo y me cae la primera en la frente: lo convoca el Ministerio de Industria (igualico que el "nuestro"). Y a una le asalta la duda, acerca de si no hubiera estado mejor vestir al santo desnudo antes de inventarse otro. Tiene difícil explicación que un mismo ministerio no sea capaz de resolver el agravio comparativo que el diseño viene sufriendo con respecto a los otros premios nacionales existentes, antes de inventarse un premio nuevo y, a éste sí, dotarle económicamente. Pero sigo leyendo, y me cae la segunda y definitiva: "la concesión de los premios comportará la siguiente dotación económica, que se otorgará por la Sociedad Estatal para el Desarrollo del Diseño y la Innovación Ddi, etc, etc, etc.". Es decir, el Ddi, nuestro mentor en la administración, el órgano que se supone que gestiona los fondos para el desarrollo y la promo del diseño, no tiene para los diseñadores –o no cree que lo merezcamos– pero en cambio sí para los artesanos. Sólo se me ocurren dos posibilidades: que esto haya de ser así porque esa es la intención, la filosofía, y entonces habría que cuestionar muchas cosas, o que simplemente sea una cuestión de orden temporal: que por fin se esté reculando después de tantos años y se haya escuchado a quienes vienen reclamando esa necesaria reconversión de nuestros premios, y sea sólo cuestión de tiempo, es decir, que la solución a lo nuestro ya estuviera en marcha y se trate tan solo de que las decisiones vayan desacompasadas. Ojalá que sea esto y para la edición del 2007 se resuelvan los temas pendientes, el del BCD y su extraño papel de organizador consorte, el de la confusión que genera el premio a la empresa y su duplicidad con el Premio Príncipe Felipe, y por supuesto, el de la dotación, que es quizá lo menos importante pero lo más significativo.
Si sucede, pongo a este teclado por testigo de que en esta misma página pediré perdón a los responsables del Ddi por haber mi incredulidad y mi desconfianza, y a los lectores por lo cansina que una puede llegar a ser.
De lo contrario, habremos de pensar que mejor nos hubiera ido aparcando esta vocación para dedicarnos al encaje de bolillos, al ganchillo y punto de cruz o al diseño de botijos falicoformes. Al menos, nos hubiéramos ahorrado tantas veces la pregunta de nuestras abuelas: “¿pero hija, tú exactamente que es lo que haces?”. Nada, abuela, una cosa que no tiene dotación.
(de Pseudonimma)
16.8.06
Sigo regularmente los artículos que aparecen en Foroalfa. Es muy cómodo: te suscribes en la misma web y te avisan con reseña y enlace de cada nueva entrada. El formato (lo de limitar la extension es un acierto) es ligero, y sin embargo los contenidos suelen ser profundos.
En contra diré que un foro de debate (articulo y contraarticulo) donde confluyen argentinos, chilenos y mexicanos es muchas veces garantía de pedantería y retórica enrevesada. No se entienda esto como una crítica ni como un arranque de chovinismo, a ellos es lo que les pirra, simplemente me parece que a nosotros lo que nos gusta es que las cosas se digan sencillas y ordenadas, con expresiones de uso común, no creemos en el elitismo de la comprensión, que ellos practican con fervor: un texto que no cueste asimilarlo, cuyo entendimiento no esté reservado a unos pocos, nunca puede ser considerado. Demasiadas veces al leer textos de teoría de la comunicación me viene a la memoria el cuento de los mercaderes que le venden al rey tela invisible para hacerse un traje, y me entran ganas de gritar: "el rey está desnudo".
Pero a lo que iba, que quiero recomendar el último artículo en Foroalfa de Norberto Chaves, que aunque argentino de acento es catalán en cuanto a lo práctico, es sencillamente delicioso, y la demostración de que el humor no está reñido con el interés.
En contra diré que un foro de debate (articulo y contraarticulo) donde confluyen argentinos, chilenos y mexicanos es muchas veces garantía de pedantería y retórica enrevesada. No se entienda esto como una crítica ni como un arranque de chovinismo, a ellos es lo que les pirra, simplemente me parece que a nosotros lo que nos gusta es que las cosas se digan sencillas y ordenadas, con expresiones de uso común, no creemos en el elitismo de la comprensión, que ellos practican con fervor: un texto que no cueste asimilarlo, cuyo entendimiento no esté reservado a unos pocos, nunca puede ser considerado. Demasiadas veces al leer textos de teoría de la comunicación me viene a la memoria el cuento de los mercaderes que le venden al rey tela invisible para hacerse un traje, y me entran ganas de gritar: "el rey está desnudo".
Pero a lo que iba, que quiero recomendar el último artículo en Foroalfa de Norberto Chaves, que aunque argentino de acento es catalán en cuanto a lo práctico, es sencillamente delicioso, y la demostración de que el humor no está reñido con el interés.
4.7.06
CEDIR, otro premio más
Lo peor de que se hagan mal las cosas, es que puede haber quien las tome como modelo. Así, el Centro de Diseño Integral de la Rioja CEDIR ha convocado su premio “no nacional” de diseño a imagen y semejanza de los PENES (Premios Nacionales). Y ni siquiera han aprovechado todos estos años de despropósitos enmendados y errores que su hermano mayor ya cometió y subsanó, y se cometen como si fueran nuevos.
El premio se desdobla en dos, el del diseñador y el de la empresa (esto nos suena…) y con ello, una vez más, no hay dotación, por supuesto.
A diferencia de los Premios Nacionales, aquí no hay proceso de nominación por comité consultor externo, sino que cada quién se autopropone. Con ello, no hay criba, y donde no hay criba, difícilmente hay excelencia. Y aunque como “argumento de venta” les funcionará, resulta inquietante la afirmación de que los ganadores automáticamente pasarán a estar nominados en los Premios Nacionales, o lo que es lo mismo: los diseñadores y empresas riojanos -– y los de Castilla-La Mancha, que comparten el modelo– son a partir de ahora los únicos que pueden, por esta vía, postularse por iniciativa propia al Premio Nacional sin someterse a la nominación por terceros.
Otro asunto espinoso son los criterios de valoración, que son parecido a los de los PENES… ¿los mismos? No exactamente. Están los ya sabidos de “el diseño como herramienta de competitividad y desarrollo”, que afortunadamente desapareció en los PENES, y lo de los “beneficios medioambientales” que siempre queda bien, hueco pero bien. A fuerza de apretar se ha ido consiguiendo que el valor cultural del diseño (diseño para usuarios o diseño para la economía…) se incorpore a los PENES como criterio de valoración: ya sea como “aportaciones significativas a la cultura del diseño”, o como “compromiso en la evolución de la cultura contemporánea”. En los del CEDIR, ni por asomo: la convocatoria y las bases conforman un desplegable de ocho páginas en el que la palabra “cultura” no aparece ni por descuido.
Y por último, y aquí ya se nos cae cualquier atisbo de condescendencia que pudiera quedarnos, está el jurado. Lo forman un representante de cada uno de estos organismos: Agencia de Desarrollo Económico de la Rioja ADER, Centro de Diseño Integral CEDIR, Dirección General de Educación de La Rioja; la Cámara de Comercio, la Federación de Empresarios y el Club de Marketing de la Rioja; la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Logroño, y los colegios de Arquitectos y de Decoradores de la Rioja. Sospecho que no soy el único a quien le surge la misma duda indignante… ¿dónde están los diseñadores? ¿dónde los expertos en diseño?. Una vez más, los diseñadores nos tenemos que someter al juicio subjetivo de funcionarios, gestores y políticos, al de los arquitectos o al de los decoradores, porque ya se sabe, de diseño puede opinar cualquiera.
La cadena de despropósitos es difícilmente superable. Y lo peor, con el poco dinero que pueda haber para la promoción del diseño, éste es casi siempre el perfil de quienes lo gestionan. Con amigos como éstos, quién necesita…
Lo peor de que se hagan mal las cosas, es que puede haber quien las tome como modelo. Así, el Centro de Diseño Integral de la Rioja CEDIR ha convocado su premio “no nacional” de diseño a imagen y semejanza de los PENES (Premios Nacionales). Y ni siquiera han aprovechado todos estos años de despropósitos enmendados y errores que su hermano mayor ya cometió y subsanó, y se cometen como si fueran nuevos.
El premio se desdobla en dos, el del diseñador y el de la empresa (esto nos suena…) y con ello, una vez más, no hay dotación, por supuesto.
A diferencia de los Premios Nacionales, aquí no hay proceso de nominación por comité consultor externo, sino que cada quién se autopropone. Con ello, no hay criba, y donde no hay criba, difícilmente hay excelencia. Y aunque como “argumento de venta” les funcionará, resulta inquietante la afirmación de que los ganadores automáticamente pasarán a estar nominados en los Premios Nacionales, o lo que es lo mismo: los diseñadores y empresas riojanos -– y los de Castilla-La Mancha, que comparten el modelo– son a partir de ahora los únicos que pueden, por esta vía, postularse por iniciativa propia al Premio Nacional sin someterse a la nominación por terceros.
Otro asunto espinoso son los criterios de valoración, que son parecido a los de los PENES… ¿los mismos? No exactamente. Están los ya sabidos de “el diseño como herramienta de competitividad y desarrollo”, que afortunadamente desapareció en los PENES, y lo de los “beneficios medioambientales” que siempre queda bien, hueco pero bien. A fuerza de apretar se ha ido consiguiendo que el valor cultural del diseño (diseño para usuarios o diseño para la economía…) se incorpore a los PENES como criterio de valoración: ya sea como “aportaciones significativas a la cultura del diseño”, o como “compromiso en la evolución de la cultura contemporánea”. En los del CEDIR, ni por asomo: la convocatoria y las bases conforman un desplegable de ocho páginas en el que la palabra “cultura” no aparece ni por descuido.
Y por último, y aquí ya se nos cae cualquier atisbo de condescendencia que pudiera quedarnos, está el jurado. Lo forman un representante de cada uno de estos organismos: Agencia de Desarrollo Económico de la Rioja ADER, Centro de Diseño Integral CEDIR, Dirección General de Educación de La Rioja; la Cámara de Comercio, la Federación de Empresarios y el Club de Marketing de la Rioja; la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Logroño, y los colegios de Arquitectos y de Decoradores de la Rioja. Sospecho que no soy el único a quien le surge la misma duda indignante… ¿dónde están los diseñadores? ¿dónde los expertos en diseño?. Una vez más, los diseñadores nos tenemos que someter al juicio subjetivo de funcionarios, gestores y políticos, al de los arquitectos o al de los decoradores, porque ya se sabe, de diseño puede opinar cualquiera.
La cadena de despropósitos es difícilmente superable. Y lo peor, con el poco dinero que pueda haber para la promoción del diseño, éste es casi siempre el perfil de quienes lo gestionan. Con amigos como éstos, quién necesita…
1.7.06
¿Es el .pdf sólo un formato?
Para quienes trabajamos con información, el pedeefe es sobretodo un formato cómodo. Respeta con suficiente grado de fiabilidad los aspectos formales y de contenido del documento de origen, sin necesidad de remitirse a la aplicación con que fue creado. Es lo que a quienes se dedican a la industria del software les gusta tanto definir como un estándar. A ello se le añade su gran versatilidad (otra palabra que también les gusta mucho), que lo hace propio para presentación en pantalla, para su traslado al papel y para contenidos en internet, sobretodo si proceden de formato impreso. Una audaz política expansionista de Adobe frente a otras más restrictivas y mercantilistas que plantearon en origen otros productos similares lo ha convertido, insistimos, en el estándar. Y también lo está siendo como enlace en el proceso de las artes gráficas, gracias a una arquitectura increíblemente abierta y modular. Con ello, no hemos llegado a saber donde está el huevo y dónde la gallina: ¿son los pedeefes nuestro modo habitual de intercambio de documentos porque es el formato natural en las artes gráficas, o acaso un formato creado para el tránsito de documentación en las empresas se ha demostrado tan potente que han sido los impresores quienes lo han adoptado frente a otras alternativas más costosas, cerradas y opacas? Debe haber un poco de las dos cosas.
Pero más allá, el pedeefe está siendo para la difusión de la cultura impresa lo que el mp3 sería para la música. Y del mismo modo que éste último está resquebrajando los hábitos y maneras de la industria discográfica, el pedeefe lo hará pronto con la industria editorial.
No estamos ante la alternativa al papel, que esa discusión parece que la vamos superando, la revolución es mucho más profunda. Del mismo modo que ha explosionado un debate no siempre pausado y amable acerca de los límites de los derechos de autor y de propiedad intelectual en el mundo de la música, en el que los legisladores y los mal llamados gestores de derechos corren desesperados para intentar acercarse a una realidad que les supera ampliamente, no falta mucho para que esa situación se traslade, de la mano del bendito pedeefe, a la cultura de lo impreso. Los motivos son casi perversos: tradicionalmente, la remuneración patrimonial de la propiedad intelectual ha ido asociada al coste-soporte: Cuando comprábamos un disco, con su funda, su libreto y su soporte fonográfico, sabíamos que estábamos pagando esa remuneraciónal autor, aunque ahora hemos descubierto que es menor de lo que pensábamos.
El problema ha surgido cuando de la mano del mp3 y las descargas ese coste-soporte desaparece, y si se me permite, se descubre el pastel. Exactamente lo mismo sucede con lo impreso. Nadie duda que al comprar un libro o una revista, en el precio está metido lo que los autores han de percibir. O sea, vinculado y se diría que escondido en el coste-soporte. Y ahora, al desaparecer el coste del soporte, ese que se mide en unidades, se almacena en naves y se transporta en camiones, nos encontramos con el mismo problema. Entre otras cosas porque la industria y la legislación siguen usando una unidad de medida obsoleta: la tirada, que se conforma en número de ejemplares. Dos conceptos que no tienen cabida cuando la música ya no son discos, ni la literatura son libros.
No se trata aquí de alzar utópicas banderas por la difusión libre y gratuita, sino de alertar sobre la necesidad de abrir este debate. Acaso haya que replantearse unas politicas de remuneración que hoy son exclusivamente por royalties, y que habrá que pensar si no hay que combinarlas también con las de los honorarios. De momento, todo esto está sirviendo para que empiecen a oirse voces que reivindican un cambio de percepción. Y los gobiernos, los legisladores, los autores y creadores, la industria y los receptores vamos a tener que introducir una variable nueva: además de los derechos de autor, de los derechos patrimoniales que se devengan de ellos, de los de propiedad intelectual, de los de explotación, tendremos que barajar uno que de momento tenemos olvidado: el derecho que toda persona tiene al acceso a la cultura. No es nuevo, está desde 1948 en los artículos 22 y 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
El reto de todos es, como sucede casi siempre, encontrar las fórmulas para que lejos de estar enfrentados estos derechos sean compatibles.
La cultura no es un derecho para unos pocos, para los privilegiados, para el primer mundo.
Vamos a tener que redefinirlo todo. Incluso las palabras se nos están quedando obsoletas: la propiedad es material por definición, indica posesión frente al que no posee, pero las ideas no tienen propiedad: tienen autoría. La propiedad de una idea es del que la conoce, no del que la tuvo. Afortunadamente.
No es la primera vez que lo escribo: Si el pan o la leche pudiéramos pasarlos a .pdf, se acabaría el hambre en el mundo... ya que es posible hacerlo con la cultura, hagámoslo.
Para quienes trabajamos con información, el pedeefe es sobretodo un formato cómodo. Respeta con suficiente grado de fiabilidad los aspectos formales y de contenido del documento de origen, sin necesidad de remitirse a la aplicación con que fue creado. Es lo que a quienes se dedican a la industria del software les gusta tanto definir como un estándar. A ello se le añade su gran versatilidad (otra palabra que también les gusta mucho), que lo hace propio para presentación en pantalla, para su traslado al papel y para contenidos en internet, sobretodo si proceden de formato impreso. Una audaz política expansionista de Adobe frente a otras más restrictivas y mercantilistas que plantearon en origen otros productos similares lo ha convertido, insistimos, en el estándar. Y también lo está siendo como enlace en el proceso de las artes gráficas, gracias a una arquitectura increíblemente abierta y modular. Con ello, no hemos llegado a saber donde está el huevo y dónde la gallina: ¿son los pedeefes nuestro modo habitual de intercambio de documentos porque es el formato natural en las artes gráficas, o acaso un formato creado para el tránsito de documentación en las empresas se ha demostrado tan potente que han sido los impresores quienes lo han adoptado frente a otras alternativas más costosas, cerradas y opacas? Debe haber un poco de las dos cosas.
Pero más allá, el pedeefe está siendo para la difusión de la cultura impresa lo que el mp3 sería para la música. Y del mismo modo que éste último está resquebrajando los hábitos y maneras de la industria discográfica, el pedeefe lo hará pronto con la industria editorial.
No estamos ante la alternativa al papel, que esa discusión parece que la vamos superando, la revolución es mucho más profunda. Del mismo modo que ha explosionado un debate no siempre pausado y amable acerca de los límites de los derechos de autor y de propiedad intelectual en el mundo de la música, en el que los legisladores y los mal llamados gestores de derechos corren desesperados para intentar acercarse a una realidad que les supera ampliamente, no falta mucho para que esa situación se traslade, de la mano del bendito pedeefe, a la cultura de lo impreso. Los motivos son casi perversos: tradicionalmente, la remuneración patrimonial de la propiedad intelectual ha ido asociada al coste-soporte: Cuando comprábamos un disco, con su funda, su libreto y su soporte fonográfico, sabíamos que estábamos pagando esa remuneraciónal autor, aunque ahora hemos descubierto que es menor de lo que pensábamos.
El problema ha surgido cuando de la mano del mp3 y las descargas ese coste-soporte desaparece, y si se me permite, se descubre el pastel. Exactamente lo mismo sucede con lo impreso. Nadie duda que al comprar un libro o una revista, en el precio está metido lo que los autores han de percibir. O sea, vinculado y se diría que escondido en el coste-soporte. Y ahora, al desaparecer el coste del soporte, ese que se mide en unidades, se almacena en naves y se transporta en camiones, nos encontramos con el mismo problema. Entre otras cosas porque la industria y la legislación siguen usando una unidad de medida obsoleta: la tirada, que se conforma en número de ejemplares. Dos conceptos que no tienen cabida cuando la música ya no son discos, ni la literatura son libros.
No se trata aquí de alzar utópicas banderas por la difusión libre y gratuita, sino de alertar sobre la necesidad de abrir este debate. Acaso haya que replantearse unas politicas de remuneración que hoy son exclusivamente por royalties, y que habrá que pensar si no hay que combinarlas también con las de los honorarios. De momento, todo esto está sirviendo para que empiecen a oirse voces que reivindican un cambio de percepción. Y los gobiernos, los legisladores, los autores y creadores, la industria y los receptores vamos a tener que introducir una variable nueva: además de los derechos de autor, de los derechos patrimoniales que se devengan de ellos, de los de propiedad intelectual, de los de explotación, tendremos que barajar uno que de momento tenemos olvidado: el derecho que toda persona tiene al acceso a la cultura. No es nuevo, está desde 1948 en los artículos 22 y 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
El reto de todos es, como sucede casi siempre, encontrar las fórmulas para que lejos de estar enfrentados estos derechos sean compatibles.
La cultura no es un derecho para unos pocos, para los privilegiados, para el primer mundo.
Vamos a tener que redefinirlo todo. Incluso las palabras se nos están quedando obsoletas: la propiedad es material por definición, indica posesión frente al que no posee, pero las ideas no tienen propiedad: tienen autoría. La propiedad de una idea es del que la conoce, no del que la tuvo. Afortunadamente.
No es la primera vez que lo escribo: Si el pan o la leche pudiéramos pasarlos a .pdf, se acabaría el hambre en el mundo... ya que es posible hacerlo con la cultura, hagámoslo.
1.5.06

Alex Morcillo me decubre esta maravilla publicada en la web de El Mundo.
Dentro de la más exigente calidad en el mundo de la protesta creativa, este sujeto anónimo ha dedicado algo de dinero y mucha genialidad a la loable iniciativa de forrar los parquímetros de Madrid con la sugerente pegatina de la foto, de manera que al pagar por aparcar a uno le queda el consuelo de decirle a este alcalde que nos ha tocado: "...por donde te quepa".
Buenísimo.
7.4.06
Señalética
Hoy en El País Vicente Molina Foix publica un artículo titulado Señalética, que no tiene desperdicio.
Y mientras lo buscaba, me topé con este otro, ya antiguo, pero que también es para disfrutarlo.
Hoy en El País Vicente Molina Foix publica un artículo titulado Señalética, que no tiene desperdicio.
Y mientras lo buscaba, me topé con este otro, ya antiguo, pero que también es para disfrutarlo.