Este blog está discontinuado

Hola. Este blog ya no se actualiza. Pero me pareció bien que todo este material siguiera estando ahí. Por si alguna vez alguien quiere leerlo, y por contribuir a la basura informática.
Puedes ver y leer lo que hago y escribo ahora en instagram,
en facebook, en twitter...

4.7.06

CEDIR, otro premio más

Lo peor de que se hagan mal las cosas, es que puede haber quien las tome como modelo. Así, el Centro de Diseño Integral de la Rioja CEDIR ha convocado su premio “no nacional” de diseño a imagen y semejanza de los PENES (Premios Nacionales). Y ni siquiera han aprovechado todos estos años de despropósitos enmendados y errores que su hermano mayor ya cometió y subsanó, y se cometen como si fueran nuevos.
El premio se desdobla en dos, el del diseñador y el de la empresa (esto nos suena…) y con ello, una vez más, no hay dotación, por supuesto.
A diferencia de los Premios Nacionales, aquí no hay proceso de nominación por comité consultor externo, sino que cada quién se autopropone. Con ello, no hay criba, y donde no hay criba, difícilmente hay excelencia. Y aunque como “argumento de venta” les funcionará, resulta inquietante la afirmación de que los ganadores automáticamente pasarán a estar nominados en los Premios Nacionales, o lo que es lo mismo: los diseñadores y empresas riojanos -– y los de Castilla-La Mancha, que comparten el modelo– son a partir de ahora los únicos que pueden, por esta vía, postularse por iniciativa propia al Premio Nacional sin someterse a la nominación por terceros.
Otro asunto espinoso son los criterios de valoración, que son parecido a los de los PENES… ¿los mismos? No exactamente. Están los ya sabidos de “el diseño como herramienta de competitividad y desarrollo”, que afortunadamente desapareció en los PENES, y lo de los “beneficios medioambientales” que siempre queda bien, hueco pero bien. A fuerza de apretar se ha ido consiguiendo que el valor cultural del diseño (diseño para usuarios o diseño para la economía…) se incorpore a los PENES como criterio de valoración: ya sea como “aportaciones significativas a la cultura del diseño”, o como “compromiso en la evolución de la cultura contemporánea”. En los del CEDIR, ni por asomo: la convocatoria y las bases conforman un desplegable de ocho páginas en el que la palabra “cultura” no aparece ni por descuido.
Y por último, y aquí ya se nos cae cualquier atisbo de condescendencia que pudiera quedarnos, está el jurado. Lo forman un representante de cada uno de estos organismos: Agencia de Desarrollo Económico de la Rioja ADER, Centro de Diseño Integral CEDIR, Dirección General de Educación de La Rioja; la Cámara de Comercio, la Federación de Empresarios y el Club de Marketing de la Rioja; la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Logroño, y los colegios de Arquitectos y de Decoradores de la Rioja. Sospecho que no soy el único a quien le surge la misma duda indignante… ¿dónde están los diseñadores? ¿dónde los expertos en diseño?. Una vez más, los diseñadores nos tenemos que someter al juicio subjetivo de funcionarios, gestores y políticos, al de los arquitectos o al de los decoradores, porque ya se sabe, de diseño puede opinar cualquiera.
La cadena de despropósitos es difícilmente superable. Y lo peor, con el poco dinero que pueda haber para la promoción del diseño, éste es casi siempre el perfil de quienes lo gestionan. Con amigos como éstos, quién necesita…

1.7.06

¿Es el .pdf sólo un formato?

Para quienes trabajamos con información, el pedeefe es sobretodo un formato cómodo. Respeta con suficiente grado de fiabilidad los aspectos formales y de contenido del documento de origen, sin necesidad de remitirse a la aplicación con que fue creado. Es lo que a quienes se dedican a la industria del software les gusta tanto definir como un estándar. A ello se le añade su gran versatilidad (otra palabra que también les gusta mucho), que lo hace propio para presentación en pantalla, para su traslado al papel y para contenidos en internet, sobretodo si proceden de formato impreso. Una audaz política expansionista de Adobe frente a otras más restrictivas y mercantilistas que plantearon en origen otros productos similares lo ha convertido, insistimos, en el estándar. Y también lo está siendo como enlace en el proceso de las artes gráficas, gracias a una arquitectura increíblemente abierta y modular. Con ello, no hemos llegado a saber donde está el huevo y dónde la gallina: ¿son los pedeefes nuestro modo habitual de intercambio de documentos porque es el formato natural en las artes gráficas, o acaso un formato creado para el tránsito de documentación en las empresas se ha demostrado tan potente que han sido los impresores quienes lo han adoptado frente a otras alternativas más costosas, cerradas y opacas? Debe haber un poco de las dos cosas.
Pero más allá, el pedeefe está siendo para la difusión de la cultura impresa lo que el mp3 sería para la música. Y del mismo modo que éste último está resquebrajando los hábitos y maneras de la industria discográfica, el pedeefe lo hará pronto con la industria editorial.
No estamos ante la alternativa al papel, que esa discusión parece que la vamos superando, la revolución es mucho más profunda. Del mismo modo que ha explosionado un debate no siempre pausado y amable acerca de los límites de los derechos de autor y de propiedad intelectual en el mundo de la música, en el que los legisladores y los mal llamados gestores de derechos corren desesperados para intentar acercarse a una realidad que les supera ampliamente, no falta mucho para que esa situación se traslade, de la mano del bendito pedeefe, a la cultura de lo impreso. Los motivos son casi perversos: tradicionalmente, la remuneración patrimonial de la propiedad intelectual ha ido asociada al coste-soporte: Cuando comprábamos un disco, con su funda, su libreto y su soporte fonográfico, sabíamos que estábamos pagando esa remuneraciónal autor, aunque ahora hemos descubierto que es menor de lo que pensábamos.
El problema ha surgido cuando de la mano del mp3 y las descargas ese coste-soporte desaparece, y si se me permite, se descubre el pastel. Exactamente lo mismo sucede con lo impreso. Nadie duda que al comprar un libro o una revista, en el precio está metido lo que los autores han de percibir. O sea, vinculado y se diría que escondido en el coste-soporte. Y ahora, al desaparecer el coste del soporte, ese que se mide en unidades, se almacena en naves y se transporta en camiones, nos encontramos con el mismo problema. Entre otras cosas porque la industria y la legislación siguen usando una unidad de medida obsoleta: la tirada, que se conforma en número de ejemplares. Dos conceptos que no tienen cabida cuando la música ya no son discos, ni la literatura son libros.
No se trata aquí de alzar utópicas banderas por la difusión libre y gratuita, sino de alertar sobre la necesidad de abrir este debate. Acaso haya que replantearse unas politicas de remuneración que hoy son exclusivamente por royalties, y que habrá que pensar si no hay que combinarlas también con las de los honorarios. De momento, todo esto está sirviendo para que empiecen a oirse voces que reivindican un cambio de percepción. Y los gobiernos, los legisladores, los autores y creadores, la industria y los receptores vamos a tener que introducir una variable nueva: además de los derechos de autor, de los derechos patrimoniales que se devengan de ellos, de los de propiedad intelectual, de los de explotación, tendremos que barajar uno que de momento tenemos olvidado: el derecho que toda persona tiene al acceso a la cultura. No es nuevo, está desde 1948 en los artículos 22 y 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
El reto de todos es, como sucede casi siempre, encontrar las fórmulas para que lejos de estar enfrentados estos derechos sean compatibles.
La cultura no es un derecho para unos pocos, para los privilegiados, para el primer mundo.
Vamos a tener que redefinirlo todo. Incluso las palabras se nos están quedando obsoletas: la propiedad es material por definición, indica posesión frente al que no posee, pero las ideas no tienen propiedad: tienen autoría. La propiedad de una idea es del que la conoce, no del que la tuvo. Afortunadamente.
No es la primera vez que lo escribo: Si el pan o la leche pudiéramos pasarlos a .pdf, se acabaría el hambre en el mundo... ya que es posible hacerlo con la cultura, hagámoslo.

1.5.06

gallardon

Alex Morcillo me decubre esta maravilla publicada en la web de El Mundo.
Dentro de la más exigente calidad en el mundo de la protesta creativa, este sujeto anónimo ha dedicado algo de dinero y mucha genialidad a la loable iniciativa de forrar los parquímetros de Madrid con la sugerente pegatina de la foto, de manera que al pagar por aparcar a uno le queda el consuelo de decirle a este alcalde que nos ha tocado: "...por donde te quepa".
Buenísimo.

7.4.06

Señalética

Hoy en El País Vicente Molina Foix publica un artículo titulado Señalética, que no tiene desperdicio.

Y mientras lo buscaba, me topé con este otro, ya antiguo, pero que también es para disfrutarlo.

21.3.06

ibiza

Alguien debe hacer algo y muy urgente con las aplicaciones del escudo de Madrid. En realidad, con toda la desidentidad del Ayuntamiento. Me crucé, lástima de cámara que no llevaba, con una furgoneta-oficina de atención al ciudadano, en la que los vinilos reunían no dos ni tres, sino cuatro versiones distintas del escudo, y casi ninguna acorde con el manual. La mejor, una en que el oso va en azul y el madroño en blanco, el no va más. Pero sería una anécdota si no fuera porque es la constante. En general, la gráfica del consistorio es anodina, plana, ignoro a qué mano responde, pero si por lo menos fuera correcta... como muestra, traigo este cartelón de la foto, que han plantado en el bulevar de la calle Ibiza. El escudo transparente dejando ver la foto, la ubicación de cada elemento, esa Arial en caja alta imposible de leer y su interrelación con la imagen (integrar la tipografía en el paisaje, supongo que pensaría el tuercebotas gráfico que la perpetró).
(de Pseudonimma)


A la empresa de alfombras Nanimarquina le han dado el Premio Nacional de diseño en la categoría de empresas. Y en El País, en EL Mundo y en La Vanguardia aparece publicado que "es la primera vez que una mujer recibe el Premio Nacional de Diseño". Y efectivamente, por activa y por pasiva la señora Marquina en la rueda de prensa y en las entrevistas posteriores se empeña en repetirlo, y los periodistas en publicarlo.
Alguien debería advertirle que el diseñador premiado es Carlos Rolando, y que cuando se le da este premio a una empresa se le está dando en realidad a los productos, a los que trabajan en ella, a los diseñadores que trabajan para ella... La primera mujer en recibir el Premio será Pati Núñez, cuando le toque, que no debe quedar mucho. La señora Marquina deberá conformarse con ser una buena empresaria (que lo es, y tiene mi admiración por ello). Pero nada más.
(de Pseudonimma)

20.3.06

carnaval

Este es el cartel del Ayuntamiento para anunciar el Carnaval este año. hubo diseñadores en el jurado, pero de poco debió de servir. Hay que cuestionar una vez más estos concursos indiscriminados, quizá válidos para lo festivo-local en los pueblos, pero insuficiente para dimensiones mayores. La gráfica se me antoja anacrónica, que el desorden como valor afortunadamente está superado, y sobretodo, no es un cartel, sino un programa de mano enorme. No hay especificidad, valdría lo mismo para los Catequistas del Séptimo Árbol o para una agencia de encuentros eróticos. Leo mejor en él lo de "Madrid 06", como si los madrileños no supiéramos donde vivimos ni en qué año, que lo de "Carnaval". Como leo mejor y casi más grande la firma del autor que los eventos que anuncia. Todo despropósito.

19.3.06

Rolando forever

Rolando forever, así reza el lema de la fiesta que sus amigos le organizaron en Casa Camper, tras el homenaje oficial que le brindó el FAD. Ha sido reconocido con el Premio Nacional de Diseño. Y con ello, el que gana en prestigio es el premio, que falta le hace. A la mayoría no nos hacía falta esta noticia para saber que Rolando está en el grupo de los esenciales. Pero reconforta y alegra.

18.3.06

Al matadero...

Leo en el periódico en la noticia de la presentación del Matadero (ese espacio que Gallardón recupera para sí mismo) que el logotipo lo ha hecho una asociación de diseñadores. Se me ocurren las posibles realidades:

1. Lo ha hecho uno de esos diseñadores que entienden el falso asociacionismo en beneficio propio, que se está hinchando a base de manosear encargos municipales por la vía directa y se esconde tras el denominativo de la asociación porque el asunto ya empieza a oler...

2. Lo ha hecho realmente la asociación, o sea, que quien debería velar por nuestros intereses en realidad nos hace la competencia trabajándole gratis al poder, y les regala aquello que debería haber hecho y cobrado un diseñador, a cambio de no se sabe qué beneficios colaterales (no se sabe pero se intuye...).

3. Es si se quiere una versión de la anterior, y consiste en que además la asociación de marras hubiera cobrado por ello. Competencia desleal en toda regla.

Cualquiera de las tres me repugna y preocupa.
(de Pseudonimma)

20.2.06

Etiquetados...

He rescatado de un debate que mantenemos en la lista de correo de AEPD sobre el diseño, su utilidad, sus aspectos culturales y otras zarandajas, este post que envía Elias (el de Oviedo). No tiene desperdicio:

_______________________________________

PRUEBAS DE QUE LA RAZA HUMANA SE DIRIGE INEXORABLEMENTE HACIA LA ESTUPIDEZ

Aquí van algunas instrucciones auténticas que aparecen en las etiquetas de diversos productos de consumo:

En una caja de jabón Dove,
INDICACIONES: UTILIZAR COMO JABÓN NORMAL.
(¿Como se usan los jabones... NO normales...?)

En algunas comidas congeladas Findus:
SUGERENCIA PARA SERVIR: DESCONGELAR PRIMERO.
(Pero sólo es una sugerencia...)

En el postre Tiramisú marca Savory (impreso en la parte de abajo de la caja):
NO DAR LA VUELTA AL ENVASE.
(Ooooooh, demasiado tarde! Este me encanta...)

En un paquete de una plancha Rowenta:
NO PLANCHAR LA ROPA SOBRE EL CUERPO.
(Sin comentarios)

En un jarabe contra la tos para NIÑOS:
NO CONDUZCA AUTOMÓVILES NI MANEJE MAQUINARIA PESADA DESPUÉS DE USAR ESTE MEDICAMENTO.
(Se evitarían un montón de accidentes laborales si alejáramos a estos peligrosos energúmenos...)

En un cuchillo de cocina coreano:
IMPORTANTE: MANTENER FUERA DEL ALCANCE DE LOS NIÑOS Y LAS MASCOTAS.
(Pero qué mascotas tienen los coreanos!)

En una tira de luces de Navidad fabricadas en China:
SÓLO PARA USAR EN EL INTERIOR O EN EL EXTERIOR
(Ojo, única y exclusivamente...) 

En un paquete de frutas secas de American Airlines:
INSTRUCCIONES: ABRIR EL PAQUETE, COMER LAS FRUTAS SECAS.
(Uff, gracias!)

En una sierra eléctrica sueca:
NO INTENTE DETENER LA SIERRA CON LAS MANOS O LAS PIERNAS.
(No se me habría ocurrido hacerlo!!!)

En la caja de un televisor Wauta TV340:
ANTES DE MIRAR UN PROGRAMA ENCIENDA EL TELEVISOR.
(Error...........primero debe enchufarse)

En el manual de un teclado RAZOR Keyboard XP:
SI SU TECLADO NO FUNCIONA, ESCRÍBANOS UN E-MAIL A: TECH@RAZOR.COM
(Como mierda les ESCRIBO un email si no funciona el teclado!!!)

16.2.06

Los Premios Nacionales de Diseño siguen sin dotación

Pronto se reunirá el jurado para conceder los PENES (Premios Nacionales), que asi los llama mi amiga CC.
Parece mentira, pero a pesar de todo lo que se ha reivindicado, de lo que ha llovido, los Premios Nacionales de Diseño siguen siendo los UNICOS de entre los 45 que se convocan desde los distintos ministerios que no tienen dotación. Las justificaciones son de lo más rocambolescas y peregrinas, desde aquella vez hace años (está publicado en la revista Experimenta) que la directora del BCD dijo que no la tenían "porque costaba imaginar la cantidad idónea para la dotación", o lo que es lo mismo, que es un problema de falta de imaginación, a la última que he escuchado de los propios organizantes, que es que no la tienen porque ese dinero se destina a dar promoción y a editar un catálogo que beneficia mucho a los premiados (pues puñetera la falta que le hace eso a Pla Narbona, por poner un ejemplo, y lo bien que le habrían venido unos kilitos...). Quizá si los Premios los organizase directamente el Ministerio sin intermediario que se lo lleve, entonces habría dinero para la dotación.

Para no ensuciar el Blog he preferido poner un anexo para los curiosos, donde está la relación de los 45 premios y sus dotaciones correspondientes, bueno todas menos la del Premio de Diseño, que como ellos dicen pomposamente es de caracter "honorífico": el uso de las palabras puede ser perverso.

30.1.06

Este link se lo he robado a mi amigo Puño de su blog. se refiere a las licencias creative commons, que es un nuevo modo mejor de entender las creaciones y su propiedad intelectual. Es didáctico y entretenido, y al tiempo con diáfana sencillez explica que los derechos de autor no necesariamente son un cinturón de castidad a la difusión de la cultura, como quieren hacernos ver tantas veces.

22.1.06

...divino tesoro

Ándense –andémonos, debería decir– con ojo los grafistas de mi generación, que los que suben han entendido mejor el diseño que nosotros. No me refiero a la "res frumentaria", el trabajo que hacemos para vivir, en eso cada cual va por donde va, y no es el caso hurgar ahora en el conflicto generacional.
Me refiero al modo de posicionarse en ésta nuestra pequeña selva. Hoy ya no valen esos esplendorosos folletos de autopromo (cuando no libros enteros, la autosatisfacción cerebral como ejercicio no conoce límites entre nosotros), para mayor gloria del ego del artífice y en menor medida del de sus clientes. Menos pudientes y mucho más imaginativos, los jóvenes han encontrado un filón en las sinergias con los proveedores, también en el ejercicio no remunerado a cambio de libertad y repercusión, para así llegar a donde quieren por el camino de la inteligencia. El paradigma y origen lo encontraríamos en aquel Evolutive de Bruno y Toni (con toda mi admiración, lo saben). Pero hay muchos casos más.
Y como quiera��� que el fenómeno no se ciñe al grafismo (es extensivo a los fotógrafos, los estilistas, los diseñadores de moda, los cibercreadores, los ilustradores, los músicos, incluso los publicitarios con sus truchos...) ha desencadenado que aparezcan revistas alternativas que basan su contenido en esta fórmula (Rojo, Belio, el ya desaparecido Ciclo...), o en el aprovechamiento de la fórmula. Otras que ya existían han incorporado a sus páginas secciones para tal uso y disfrute. Y no digamos ya cuando el fenómeno se traslada a la red, donde el “coste soporte” desaparece, con lo que tiene de doble filo: se está demostrando que el papel y la impresión son cada día más un filtro para la calidad. En la red hay mucho más, tanto –y tan mediocre– que las perlas quedan diluídas.
Son ejercicios de investigación, de propuestas alternativas, y que encuentran salida siempre por las más recónditas grietas de lo establecido. Y cuando son buenos, y la eficacia, y la suerte quizá se ponen de acuerdo, evolucionan a productos que nada tienen que ver pero qu���e engrandecen el fenómeno: ha sucedido con aquel Neomanía, hoy Neo2, que de folletillo se ha trocado en un proyecto editorial de una envergadura y proyección que afortunadamente sus editores aún no se han creído pero que es real; y digo afortunadamente, porque cuando suceda quizá pierda parte de su interés. O lo venderán y se forrarán y me alegraré por ellos y sus herederos.
Y se preguntará alguno a qué viene tanto análisis (incluso podrá sospechar que todo es excusa para lanzar flores a mis amigos, que también). Es una cuestión de contraste. Mientras estas experiencias se fraguan a golpe de cerveza y buen rollito –qué pocas envidias hay entre los jóvenes– los mayores se empeñan (¿nos empeñamos?) en una política de asociacionismo rancio, exclusivo y excluyente, tan alejado de la realidad. Si la nueva generación ha optado por ese otro corporativismo activo y activista y da la espalda a lo establecido, es que algo estamos haciendo mal. Sólo la adegé parece mínimamente sensible a estas cosas, en su lucha por deslastrarse (o “deslaustrarse”) de lo que fue y no quiere seguir siendo. El resto, está a años luz de ni siquiera plantearse un mínimo cambio de rumbo, de apertura. Al contrario, se mantienen con sus defensas a ultranza del establishment, con sus miniferias endogámicas e intrascendentes, sus premios y eventos endogámicos e intrascendentes, sus publicaciones rancias, y como no, endogámicas e intrascendentes, sus connivencias con quienes manejan el dinero público para la supuesta promoción del diseño siempre que sea endogámico e intrascendente. El contraste es dolorosísimo. Sigan ellos si quieren con ese corporativismo gremial e incluso aspirante a colegial, esa batalla es anacrónica, y está perdida de antemano, el tiempo se encargará de ello. A cambio, muchos seguiremos pendientes de lo que maquinan los outsiders para, no duelen prendas al reconocerlo, aprender de ellos.

... y la reflexión

De todo lo anterior habrá quien deduzca que me pierde la pose, y que en mi lucha contra mi "tempo" he deci��dido cambiar mi dosis diaria de colágeno por el esnobismo de las tendencias. Vale. Pero son los mismos que han relanzado el debate sobre nuestra profesión. Es la otra cara de la moneda, pero es la misma generación; me refiero a esos foros alternativos: Grrrr en cuanto a lo impreso y media docena de webs y e-zines que mantienen viva la reflexión teórica de lo que hacemos. Y otra vez, las asociaciones y sobretodo los “promotores” se han dejado ganar por la mano, tan enfrascados ellos en su miopía del diseño como herramienta para la competitividad y la exportación (“el diseño debe abandonar las páginas de cultura para saltar a las de economía” se ha llegado a decir). Pues no. Se equivocan, quédese el diseño en el ámbito de la cultura y el bienestar de las personas, que el negocio se dará por añadidura. Y que nosotros lo veamos.
(de Pseudonimma)

12.1.06

Example

Un link. Me lo descubrió Pedro Moreno. El proyecto de Comando Zeta recupera tipografías chilenas de la calle. Guardan una frescura que difícilmente encontramos en las foundries, y pueden descargarse gratuitamente. Vale la pena echarle un ojo, nunca se sabe si alguna vez nos tocará rotularle a un castizo bar de tapas la lista de precios.

28.12.05

Por contraste, el Juli

Ya sea de diseños, de retablos marianos, de cerámicas etruscas o de videoinstalaciones friquis, para que una exposición pueda reconocerse con ese nombre debe reunir tres condiciones mínimas, a saber: las piezas deben acompañarse del nombre del autor, o indicarse que se desconoce mediante el recurrido “anónimo”, que implica haber hecho el esfuerzo de buscarlo aunque haya sido fallido; deben datarse lo más aproximadamente posible, ya sea el año, la década o el siglo; y debe aparecer el nombre del comisario o comisarios, que identifican así su responsabilidad teórica y ponen a juicio del respetable su prestigio, y también porque toda selección implica subjetividad y es imprescindible que haya a quien agradecérsela o afeársela.
A partir de aquí, cuando alguno de estos tres requisitos falla, se tambalea eso que llamamos rigor expositivo. A veces la ausencia de uno de ellos es contraprestada por los otros dos y la exposición se salva, dificilmente lo hará si son dos de estos requisitos los que no se cumplen, y cuando ninguno de los tres se produce nos hallamos ante un despropósito hiriente, ante la muestra fehaciente de que las cosas siempre son susceptibles de hacerse peor.
Así ha sucedido con la exposición “Evolución. El diseño industrial entre siglos”, que tiene lugar en la Lonja de Zaragoza, organizada por el Cadi (Centro Aragonés de Diseño Industrial). Si hay que reconocerle un más que aceptable despliegue expositivo y un recorrido didáctico intencionado, queda todo ello empañado por un desprecio a la autoría y el rigor, eso sí, a mayor gloria de las empresas y en detrimento siempre de los diseñadores.
El Cadi, que lleva lo de industrial en el nombre, es de los que no se ha dado cuenta de que los límites, además de limitar, atrofian. Si la mayoría de los centros de promoción han evolucionado hacia una visión generalista del diseño donde las lindes entre gráfico y de producto están difusas, el Cadi se mantiene firme en sus trece: sólo lo industrial merece la pena, e indefectiblemente y para evitarse críticas como ésta, en cada iniciativa al despliegue de lo industrial acompañan alguna pincelada anecdótica de lo gráfico. Con “amigos” como éstos, los diseñadores no necesitamos enemigos.
juli
Y por contraste, llego a casa y el azar del mando a distancia me lleva a un programa empezado, el de Boris y la Sineriz en la Cuatro. Reconozco la voz inconfundible del Juli, que dentro del formato (divulgativo, ligero, superficial) es capaz de desplegar sus mejores artes escénicas y de convencimiento para hablar de diseño. Al Juli la cámara le adora, es evidente, incluso aunque le hayan peinado mal. Le bastan unos pocos minutos para hacerse dueño y señor de la situación, y con el atropello que el medio exige pero con una contundencia feroz es capaz de hacer por la promoción del diseño mil veces más de lo que conseguirían cienes de exposiciones como la aludida. Juli se somete al estilo del show y desde dentro desmenuza, evangeliza, aclara y sienta cátedra. Y todo ello con una dosis de azúcar que sólo él es capaz de mesurar de esa manera. Y pienso en lo uno, y pienso en lo otro, y me doy cuenta de que un Juli con cinco minutos de televisión es más que lo que algunos poderes hacen en muchos meses con sus grandes presupuestos. De lo banal a lo imprescindible. De lo anecdótico a lo esencial. Ahí es nada.
(de Pseudonimma)

18.12.05

isidro

La librería Panta Rhei de Madrid (c/ Hernán Cortés, 7) se ha convertido en un lugar de referencia para ilustradores, diseñadores gráficos, y demás faunos relacionados con la imagen. Hasta el 31 de enero además puede visitarse en su sótano una exquisita exposición de Isidro Ferrer. Y lo que es mejor, si aun queda alguna, tienen serigrafías de Isidro a la venta por veinte ridículos eurillos.

13.12.05

Mercado editorial (conclusión): ¿donde está el futuro?

Podría pensarse que no queda un lugar para la esperanza, pero no es así. El futuro del libro pasa, necesariamente, por recuperarle los valores que le son únicos y dejar de intentar potenciarle los que le son comunes a cualquier otro tipo soporte de ocio y cultura. Eso, que ya está sucediendo, conseguirá que cada vez más editores y lectores encuentren en la calidad de la edición el punto de encuentro entre sus intereses. De momento, está sucediendo sobretodo en las ediciones no comerciales (libros de arte, catálogos de exposiciones, ediciones de museos y centros culturales...), un género que se nos antoja hoy un auténtico baluarte, aunque sea de la mano del despilfarro publico, ya que no es exagerado decir que por cada diez ediciones prescincibles y banales, una merece realmente la pena. Pero cada vez más, y puesto que la fórmula funciona, estamos viendo como se traslada esta proporción al mundo de las ediciones comerciales. Y mientras dure... lo que venga después, mejor no saberlo.

12.12.05

Mercado editorial, y 2: El encargante

Parece una cuestión baladí, y sin embargo, detrás esconde posiblemente una de las causas con más peso específico en el descenso de calidad del diseño editorial.
El diseño editorial es sin duda vocacional, en el sentido más sacerdotal de la palabra: como los frailes, los diseñadores editoriales deberán recibir la llamada del libro, y abrazar el voto de pobreza antes de dedicarse profesionalmente a diseñar cubiertas e interiores.
Bromas aparte, tradicionalmente un libro –o una colección en su caso– se consideraba dentro de la estructura jerárquica y funcional de las editoriales como un proyecto unitario. Un director de proyecto (en algunas editoriales lo llaman responsable editorial, en otras simplemente editor) supervisaba todo el proceso y engarzaba el trabajo de los distintos participantes, actuando no sólo como responsable, sino muchas veces como árbitro. Así el diseñador reportaba a una única persona con autoridad máxima en su parcela, que además actuaba de hombre bueno (o mujer, entiéndaseme bien) en la relación no siempre fluida, muchas veces incluso tormentosa, entre el portadista y el autor del texto, quien considera el libro como algo suyo en el conjunto, lo que le daría derecho a opinar e imponer en todo aquello que le afecte.
Son pocas las editoriales que siguen respetando este esquema. En la mayoría, aquel responsable editorial lo sigue siendo de todo el libro excepto de las cubiertas. La consecuencia ha sido catastrófica. En esa situación, los buenos diseñadores de libros, han perdido cualquier ilusión por entregarse a la definición gráfica de los interiores, la parte menos agradecida pero no por ello menos importante, a sabiendas de que no podrán hacer también la portada. De este modo, la calidad de los diseños de interiores ha caído en picado, y es actualmente realizada en muchos casos por reconvertidos montadores de imprenta (con todo respeto lo digo), o diseñadores nobeles, menos preparados. Las cubiertas, a su vez dependerán del departamento de Marketing o de ventas: serán contratadas como un packaging, con criterios exclusivamente de impacto en el lugar de venta, como sucede con un tarro de mermelada o un Brick de leche. Serán sometidos a test de percepción y de reacción del comprador, y los resultados de estas pruebas serán argumento de peso específico en las decisiones.
En ese proceso, se pierde por un lado la especialización del diseñador de libros, porque el “oficio” deja de ser un grado ante la hegemonía del “eficacismo”. Ahora el experto deberá serlo en pasar los pretest (y los hay, buenísimos, aunque sean diseñadores mediocres). El buen diseñador de libros quedará para unas pocas ediciones o se reciclará para abarcar otros terrenos que le garanticen la subsistencia.

10.12.05

Mercado editorial 1: El “Fast Book”

Al igual que hablamos de comida rápida (y de comida basura) podemos empezar a hablar de edición de rápido consumo. No me refiero a las ediciones de bolsillo o económicas, que poco tienen que ver con esto y por las que siento una especial devoción, sino a la voracidad con que los editores hoy nos empeñamos en recuperar inversiones, agotar ediciones y reducir estocajes. Víctimas del imperio de la logística y la distribución, nos hemos dejado arrastrar por quienes han entendido que el futuro del libro pasa más por las leyes del consumo de supermercado, del factor impulso, que por la relación intelectual con su contenido y espiritual con el objeto en sí.
No negaré que desde el punto de vista de las ventas el fenómeno está siendo muy interesante para unos pocos editores, (los de siempre, si se me permite) y para muchos otros quizá es una tabla de salvación a la que aferrarse para no naufragar en los torbellinos del revuelto mar de las librerías...
A bote pronto, se me ocurren algunos argumentos a favor de quienes entienden así el futuro de la edición. En primer lugar, las casas son cada día mas pequeñas, y otros elementos de ocio (grandes televisores y reproductores de distintos formatos, videoconsolas de juegos, ordenadores con su parafernalia de impresoras, escáneres, camaras digitales...) ocupan buena parte del espacio que antaño quizá hubiera sido orgullosamente dedicado a la biblioteca familiar. Incluso cuando existe, en ella los libros se ven obligados, no siempre con éxito, a hacerse un hueco entre las películas grabadas de la televisión, compradas en los canales de la piratería o simplemente “bajadas” de la red. Con todo ello, el libro para acompañarnos durante toda nuestra vida, ese con el que establecíamos una relación objetual más allá de la acumulación de contenido escrito y visual, ha dejado de ser un modelo a seguir.
También podría argumentarse, y no sin parte de razón aunque nos pese, que es imposible mantener un mercado editorial sobresaturado de nuevos títulos cuando no aumenta en la misma proporción ni el número de lectores ni la cantidad de libros leídos: las tiradas son cada día más cortas, y la distribución no puede soportar durante años en sus estantes tal cantidad de libros que no se venden.
Por último, y este parece ser el argumento imperante, el libro tienen que competir no sólo en ventas sino en horas de consumo con ofertas alternativas que cuentan con cautivadores argumentos, que apelan a los sentidos de la manera más primaria pero quizá por ello la más eficaz: los videojuegos, el cine en casa, los ordenadores, la red, la ingente oferta de contenidos televisados simultaneamente han hecho del acto de la lectura un ejercicio heróico. Con ello, para muchos editores el nuevo marketing editorial es la unica manera de competir al enemigo con sus mismas armas.

7.11.05

De los libros


Del montaje expositivo de la muestra que Enric Satué ha comisariado sobre Diseño de libros y que puede verse en el Instituto Cervantes de Nueva York sólo tengo el conocimiento parcial que dan unas cuantas fotografías. Y con ese conocimiento parcial, debo decir que es audaz. No está exento de riesgo rehusar el minimalismo imperante y mas aún cuando de mostrar libros se trata (¡hurra por la parte contratante, que esta vez sí, ha apostado fuerte!). Los libros tienen siempre un difícil trato en las exposiciones, no ya porque sólo ver un libro, sin tocarlo, es un ejercicio siempre de placer interrupto, a ello se une además la dificultad de que el libro (pequeño, tridimensional, diseñado tanto o más por dentro que por fuera) casi siempre se queda pobre y perdido en las salas de exposiciones… vamos, que no luce. Doble mérito tiene por tanto un montaje deliciosamente barroco y ornamental, en el que la propuesta había de deslizarse por un imperceptible filo entre la posibilidad de que todo lo colateral arropara y ensalzara al libro en su humildad, o por el contrario simplemente lo eclipsara hasta la aparente inexistencia. Afortunadamente, lo veo en esas fotos y me lo cuentan sujetos nada sospechosos de ser condescendientes en esto, el artífice (Jaime Hayón, ese personaje) se ha salido con la suya, y ha demostrado que no se puede conseguir lo excelente si no se arriesga. Que otros se den a la crítica fácil, inmovilista y miope, esos que siempre prefieren todo sobre blanco y pulcro, espartanos de la nada ellos, me hará que tenga que respetarles la opinión, pero esta vez no tienen razón. Esta vez, Jaime ha demostrado sobradamente que se pueden hacer las cosas bien sin necesidad de ser previsibles ni de someterse a los miedos ni a lo sobradamente contrastado. Sólo nos queda esperar que al periplo para la exposición los organizadores añadan una última etapa en nuestro país, que hoy por hoy no está ni prevista ni descartada.
En lo que atañe a la selección de los libros, ha estado en la conjunción de criterios el acierto. A las preferencias del comisario y quienes supongo que han estado alrededor en el proceso, se une la propia participación de los editores convocados, quienes podían sugerir las piezas de su fondo editorial que viajarían al otro lado del charco, y no quiero dejar de mencionar que en la criba se ha tenido también en cuenta la resultante del esfuerzo que esta editorial [Blur Ed.] viene haciendo en los últimos tres años con la celebración de los únicos premios de carácter específico sobre diseño de libros. Con todo ello, la resultante es extensa pero exhaustiva y coherente: si habrá ausencias (siempre las hay) nadie puede argumentar que el conjunto no sea representativo de lo mejor de nuestro diseño de libros.
Por último, si la muestra es excelente y lo es también el montaje, no menos interesante es el catálogo. Diseñado por los Toormix, se ha renunciado en él a dejar la responsabilidad del éxito a la imaginería, que es lo fácil: las piezas son presentadas al final, bien documentados los créditos, con elegante disposición pero sin alegrías ni parafernalia ostentosa, mucho más para la documentación y el registro que para el lucimiento. Lo que permite dedicar casi tres cuartas partes del volumen a los textos, que son esenciales y nos traen por vez primera una cuidadosa selección de colaboraciones, nada complacientes, sin derrotismos ni falsas alegrías; sin duda nos encontramos ante un documento imprescindible e inusual para adentrarnos en el no siempre valorado diseño de libros. Ignoro si ha de ponerse a la venta en librerías, pero merecerá el esfuerzo cualquier intento por hacerse con él.

14.10.05

Me llega por vía indirecta que ha sentado mal y procurado escozores mi anterior soflama en esta palestra acerca de la piratería y los tipos. Bueno, pues parte de esa intención había en ella.
Y sin apearme un ápice, que buena es una para eso, algo hay en lo que puede que tengan razón. Cuando no se dan nombres ni de personas ni de empresas, se puede interpretar que se generaliza o que no hay excepciones. Pues bien, como quiera que ha podido entenderse así, enváinomela y digo que sí, que háilas y maravillosas. Como que hay foundries (busquen entre las pequeñas, las alternativas, y descubrirán unas pocas) que no entran ni han entrado nunca en el pirateo industrial que se denunciaba, ni en ese compadreo empresarial que a quien perjudica es al débil, esto es, al tipógrafo.
Como también, en el mercadeo de fuentes y mas concretamente ya en nuestro país, además del trágala existe quienes llevan años dedicados a dignificar la actividad tipográfica. Son esos que asesoran, esos que te buscan lo que deseas y no encuentras, que en vez de amenazar y demonizar colaboran con el diseñador y además de venderle las fuentes, le procuran servicio, orientación y saberes.
Y efectivamente, como bien me han hecho reflexionar –gracias, Maritipos, eres un sol–, esas excepciones no se merecían el reproche indiscriminado ni mi rasero único. Queden con esto públicas y patentes mis excusas, eso sí, sólo para quien realmente las merezca. (de Pseudonimma)

20.9.05

Tipopiratería


La piratería de tipos es, si cabe, y a juzgar por las experiencias que me cuentan mis amigos tipógrafos, más dolorosa y sangrante que la de los paquetes de software o la de la música, o la del cine, o la de las fotocopias de libros. Porque si programadores, músicos, cineastas o escritores viven o esperan vivir de su talento, el tipógrafo es víctima de su propia obsesión, y no solo renuncia a poder vivir de su trabajo de tipógrafo, sino que además cae en las redes de la distribución, que como suele suceder en estos casos, son peores que el pirata de consumo.
Una servidora no se perdió el congreso de Tipografía en Valencia, y más que eso, se arreó el correspondiente madrugón dominguero (con resaca de horchata, un suponer) con tal de asistir a la mesa redonda sobre piratería.
La primera en la frente: en la mesa ni un diseñador de tipos ni nadie que argumentara en contra del pensamiento único representado obviamente por los mercaderes de fuentes. Congreso es debate, mi querida organización. A partir de ahí, comedida y bien argumentada la una, fanático y apocalíptico el otro (...y a los diseñadores creyentes, os digo: piratear software es además, pecado...). Pero a la postre, pensamiento único.
Por fortuna, una magníficamente estructurada intervención de una mujer catalana a quien no conozco pero a quien traslado mi admiración puso las cosas en su sitio, y sin demagogias baratas (como la mía en esta página) fue capaz de romper el P.U. para que a su vez los asistentes se rompieran ellos, valga la redundancia, las manos a base de aplaudirla.
Volviendo al asunto, hay en esto una parte de ética: como en la música o en cualquier otra propiedad intelectual, lo de piratear es un putadón para el que vive de los derechos devengados. Pero a partir de ahí, y siempre con la ley como rasero último, hay que analizar y no son precisamente las foundries nadie para echar nada en cara a los usuarios: si ahora se rasgan las vestiduras enarbolando como bandera suya la propiedad intelectual del diseñador de tipos, hasta hace bien poco cuando la piratería de usuario no era posible eran ellos quienes se fusilaban a cañón las tipografías, los unos a los otros, los otros a los unos, y lo que es peor, no se denunciaban en un mezquino pacto tácito de no agresión en el que el auténtico perjudicado era siempre el "royaltero". Y habrá quien diga que tan malo es lo uno como lo otro. En absoluto, entre usar una fuente sin pagar (el pirata usuario) y piratear un diseño para enriquecerse vendiendo miles de copias (no doy nombres que con estas cosas no se juega) media un abismo.
O sea, que argumentación legal, la que quieran. Pero moralinas y sermones, ni uno.
Como con la música, habrá que empezar a pensar en articular fórmulas de uso y disfrute y de comercialización. Y aunque las fundiciones se aferren a su caduco modo de mercadeo, donde ellos siempre ganan y el diseñador sufre en silencio, esto va a precisar de nuevos modos de entender el negocio, en los que la desaparición del coste distribución (bendita internet) dará protagonismo a los autores frente a los mercaderes. Como los músicos –de momento unos pocos y los demás ya vendrán–, que ya están empezando a entender que las discográficas están a su servicio y no al revés. Y habrá que distinguir entre usos y usos, y no les vendría mal a esos fenicios de la letra empezar a mirarnos a los diseñadores y diseñadoras como prescriptores en lugar de vernos como resignados compradores o indeseables delincuentes. No es muy distinto de lo que sucede con los médicos y los laboratorios. Y así lo han entendido ya, por ejemplo, los fabricantes de papeles especiales, y no les va nada, pero que nada mal.
Y en la espera, apoyemos a esos pequeños grupos de tipógrafos que anteponiendo la pasión al business investigan, proponen nuevas maneras de hacer, de entender y de vender el diseño de tipos. En ellos y no en los mercaderes está, sin duda, el futuro de la tipografía.
Tengo un amigo que cada vez que compra un cedé de música en el top manta, le manda cien duros al autor, a través del club de fans. Es una idea peregrina, pero mola.
(de Pseudonimma)

27.7.05

Recuperar lo esencial

En esta era de las estrategias globales, se hace cada vez más imprescindible recuperar lo esencial que los diseños conllevan. Hemos pasado de aquel divismo que se acompañaba de la defensa de la incuestionabilidad y que practicaron los que pudieron en los años sesenta y setenta (cuánto les debemos a aquellos maestros, y qué poco se lo hemos agradecido), a una etapa en la que todo era cuestionable y opinable, sin siquiera necesitar para ello el refrendo del conocimiento ni del argumento: bastaba el “me gusta, no me gusta”, o directamente la dictadura del “qui paga, mana”.
Lo de ahora es peor. Los diseñadores vemos como el diseño esencial ha pasado a ser un cero a la izquierda*, perdidos en las grandes estrategias, los planes de negocio, la expansión en los mercados de la mano de la optimización de la logística, la distribución, los belowthelines o las grandes campañas.
Estamos hartos de asistir a renovaciones vacías, inconsistentes, que se amparan en que la inversión y la presencia hacen bueno cualquier grafismo. Así, productos tradicionalmente líderes pasan a competir con otros diez para tratar de arañar décimas de cuota de mercado, un mercado que tenían ganado ampliamente por volumen y territorio.
Ya nada es lo que parece: los libros no son hoy sino "gadgets" para vender periódicos los domingos, un alto porcentaje de productos han caído en la oferta/promoción estable (¿alguien compraría hoy un Citröen a su precio?), en una huida hacia adelante que bien parece caída libre, la televisión basura (y me refiero a la escasa calidad de producción, no al contenido, que también) se nos ha disfrazado de lo que pretenden hacernos creer que es mayor oferta y es simplemente abundancia de la nada.
Los diseñadores, muchos diseñadores, han entrado de lleno en el juego: posiblemente renunciando al presupuesto a cambio de libertad creativa: bien está, como gesto individual. Como opción colectiva nos está llevando a dejar en manos de grandes estructuras multinacionales, de grupos de comunicación en los que el diseño es esclavo de la estrategia y no herramienta, una parte importante del mercado, donde la diferenciación podría ser esencial.
Salvo excepciones, el buen diseño está quedando limitado a lo minoritario, lo que está fuera de los canales, lo que se considera privilegio. MIentras descubrimos un supuestamente exquisito y elaborado diseño en productos de circuito alternativo, ya sea un lujoso catálogo de arte de precio imposible o un cartel cultural de vida efímera o simplemente un flyer del último club, vemos cómo errores de bulto y aluvión se prodigan en el diseño de los productos de consumo y en lo que se ha dado en llamar los “grandes encargos”. Lejos de mejorar la realidad y ante la excusa de que no nos dejan, los estetas de nuestro tiempo (arquitectos, diseñadores de cualquier disciplina, editores, nuevos artistas, instigadores culturales...) estamos cada vez más cerca de construir una realidad paralela para una élite dispuesta a seguirnos como los chamanes del nuevo siglo que pretendemos ser: una realidad para minorías con sus hoteles, su moda, sus muebles y objetos, sus restaurantes y su gastronomía, sus revistas y sus libros, sus sofisticados aparatos electrónicos, y cuya única defensa es su condición de elegidos frente al consumo de masas (mucho más barato, por cierto, y no siempre peor).
Sólo queda una sospecha esperanzadora: acaso ese culto estético y funcional de lo minoritario (algunos lo llaman “tendencias”) sea, ya sucedió otras veces, el primer eslabón para la “democratización”, y asistamos en unos años a un mejor conocimiento y reconocimiento de la calidad en el diseño. Si no es sólo una moda, puede merecer la pena, pero de momento en el proceso habrá que aguantar la confusión, la incertidumbre y tanta pose como nos rodea.
_________________________________________
* Hoy el marketing todo lo mide, pero cada vez más asistimos al deplorable espectáculo en que simbolos, logotipos, packs o supuestas campañas de imagen son auténticos bodrios gráficos, que no se sostienen, que son contraproducentes y que barrenan el beneficio acumulado durante décadas. Un mal encargante, y lo vemos todos los días, puede dar al traste con el valor de una marca afianzada con el trabajo de años.

17.7.05

Derechos de autor vs. derechos culturales

Resulta chocante, casi sonrojante, la facilidad con la que los intelectuales (es un modo de decir todos, en mayor o menor medida) nos alineamos sin reparos y con la mayor contundencia del lado de la abolición de las licencias y los royalties de medicamentos contra el sida o las vacunas de uso prioritario en el tercer mundo, y somos capaces de defender, con la misma vehemencia, que décadas después de muertos los generadores de bienes culturales haya que seguir soltando la tela a sus herederos para poder difundirlos. Es tanto como aceptar que la cultura es un bien no-prioritario, un lujo, que no justifica por sí su disfrute indiscriminado, como sucedería, o debería suceder, con la salud o los alimentos de primera necesidad. Pues bien, si se me permite, es al revés, los derechos culturales y el acceso al bien cultural debe ser, sin menoscabo de la lógica retribución por su trabajo al autor, objeto de pronta disposición libre, y en la medida de lo posible, ésta debería ser costeada por los estados en el caso de que exista coste soporte, si bien las nuevas tecnologías (que hay que democratizar) están acercándonos a pasos agigantados a una cultura de coste cero. Lo he leído recientemente en los encuentros digitales de elmundo.es: “es absurdo que no entendamos el .pdf como un formato ecológico, exportable, que no contamina, que puede llevar los contenidos a mas gente por menos dinero, incluso gratis... imagínate poder pasar el pan o la leche a .pdf... se acabaría el hambre en el mundo... ya que es posible hacerlo con la cultura, hagámoslo”.

A partir de esta situación nueva de difusión cultural, los valores que hemos manejado hasta ahora entran en crisis como modelo establecido. Ha sucedido en la música, cuyo mercado está precisando de una revisión meteórica en la que, cada vez más, las necesidades pasan por valor añadido, menores desembolsos y la demostración de que la miopía inoperante de las grandes distribuidoras pueden dar al traste con el mercado, eso sí, a beneficio de los pequeños (más ágiles) y de los propios autores que pasan a ser el auténtico eslabón prioritario de la cadena. Con el cine va a pasar algo similar, y lo que puede ser temblar de estructuras para las grandes superproducciones bien llevado puede ser río revuelto y ganancia de los más independientes, los experimentales o los que “no están en el circuito”.

Los diseñadores hemos sido poco quisquillosos con lo de los derechos de autor, de reproducción y con nuestra propiedad intrelectual, que parece que mientras nos la paguen bien nos importa poco. Nada que ver lo nuestro con los artistas plásticos, los fotógrafos o los ilustradores... pues vaya a ser que al final todo parece apuntar a que el modelo futuro anda mucho más cerca de lo nuestro que de lo de ellos, o lo que es lo mismo: como quiera que las fronteras se difuminan, que lo de la red da al traste con las prerrogativas anteriores, que a ese campo no hay un dios que le ponga puertas, a lo que habrá que añadir la obsesión de los grandes magnates por centralizar, globalizar, concentrar y controlar el mercado de lo reproducible, como quiera, decía, que eso ya lo tenemos aquí, el único modelo a seguir es el que nosotros los grafistas adoptamos hace tiempo: cobrar por producir, que no por lo que se reproduce. Al final nos la juegan lo mismo que a los artistas plasticos, fotografos o ilustradores... pero nos ahorramos el berrinche. Con gracia sobrada lo cuenta un andaluz catalán diseñador: “pues eso, que querer cobrar por cada vez que se reproduce un diseño nuestro sería tanto como que el cirujano plástico reclamara su parte por cada aparición en televisión de las tetas de las famosas”. Es una manera de verlo.
(de Pseudonimma)

23.5.05

Cuando entre los diseñadores gráficos la publicidad estaba cada vez más denostada o cuando menos ignorada, en un momento en que la agencia de publicidad y su negocio pasan por una crisis esencial (de reubicación estratégica y definición estructural), es sorprendente que ahora más que nunca en las escuelas de diseño los estudiantes vean como una opción hacia donde encaminar sus pasos y una salida interesante la dirección de arte y la creatividad publicitaria en el sentido más tradicional. Incluso unos pocos estudios de diseño de nueva generación lo son con una estructura y filosofía compartida con las pequeñas agencias creativas, que muchas veces no acaba de saberse donde acaba lo uno y donde empieza lo otro. Y paradójicamente, se impone también como fórmula de éxito en el difícil sector de la publicidad empresas que adoptan formas y procederes propios de los estudios de diseño (Zapping sería el caso pionero y más claro, pero no es aventurado afirmar que al menos una docena de pequeñas y medianas agencias han encontrado ahí su formula de éxito). Nos gustaría pensar que todo esto tiene algo que ver con la reivindicación de la dirección de arte como pilar de la creación publicitaria, pues cuando esto sucedió a finales de los setenta y principios de los ochenta supuso la época más fructífera de la publicidad española, una auténtica cruzada que lideraran Rolando, Eskenazi, Lorente, Moliné y aquel jovencísimo Elbaile, a los que secundaron en segunda instancia los RCP, Tito Muñoz, Cuca Canals...
Tiene gracia, la obsesión por medir lo inmedible ha acabado por provocar un resurgimiento del oficio, del valor más simple de la publicidad: su capacidad de sorprender y su belleza.
Se ha aprendido a calcular el número de impactos, pero no su calidad, ni las sensaciones, ni los recuerdos, ni el “aprehendizaje”: por poner un ejemplo, entre Danone y Danet no hay ninguna diferencia, excepto toda una infancia, la de cada uno... ¿cómo se refleja eso en los resultados, cuando es un activo a amortizar durante décadas? El diseño, mucho más acostumbrado en estos últimos tiempos a trabajar con activos intangibles e inmedibles, y más libre del yugo de la investigación obsesiva, sigue elaborando estrategias donde la intuición, la memoria colectiva, la belleza asimilada tiene cabida. Lo que le hace mucho más publicitario, aunque suene a contradicción. No nos engañemos, esto no es novedoso, la tradición nos lo viene demostrando de atrás en la publicidad americana y en la inglesa, donde los aspectos formales no se someten al férreo e imposible “gusta/no gusta” como aquí se hace, ni se pretende que todas las opciones hayan de refutarse con argumentos objetivos cuando se trata de aspectos formales. Y más recientemente, lo que ahora nos sucede a nosotros lo han vivido hace unos años publicitarios y grafistas de países como Holanda, y de ese proceso han derivado en un auge de la comunicación gráfica, de los aspectos más culturales del diseño, de un aprecio por lo visual que, trasladado también a la publicidad, se troca en eficacia. Tomemos nota.

17.3.05

Jesús Moreno

Hay diseñadores que si no existieran habría que diseñarlos. Lo de Jesús Moreno es para convertirlo en un caso del iese. El que sea capaz de conjugar empresa y actitud ya lo instala en el grupo de los de privilegio, pero que le quede además entusiasmo para sostener y acrecentar una editorial modélica por contenidos y continentes, es en el sentido más literal de la palabra, un sinsentido. Su Sin Sentido. Y no contento, inaugura ahora un espaciogaleríalibrería en el centro de Madrid (Válgame Dios, 8, que hasta en el nombre de la calle lleva metáfora) que se perfila como centro de culto referencia para ilustradores, historietistas y diseñadores. Lo suyo es para descubrirse.

20.1.05

lomo arriba, lomo abajo...

La he tenido enorme y encontrada con un grupo de amigos grafistas (si es que lo que no puede ser es que además de tener que competir en este chungo mercado de lunes a viernes encima seamos amigos el findesemana y quedemos a cenar...) sobre si el lomo de un libro debe leerse de abajo arriba o vicealcontrario; lo que empezó como recurrente sobremesa acabó en gritos, desafíos, alusiones a la capacitación para el ejercicio del diseño y desafiantes miradas al despedirnos. Cuando estas cosas se enfrían, todo pasa y al final somos más amigos que antes. O sea, que seguiremos quedando a cenar algun sábado para enfadarnos. Como quiera que no voy a utilizar mi situación dominante (a ellos no les corresponde escribir esta página) para defender mi razón, he encontrado una unica referencia bibliográfica al respecto. Como no podía ser de otro modo, la cita es del maestro José Martínez de Sousa en su importante, impresionante, impactante, impecable, impepinable, imponente, imprestable, impagable e imprescindible “Diccionario de edición, tipografía y artes gráficas” editado por Trea (si aún no lo tienes, querido lector, deja de perder el tiempo leyendo esto y sal corriendo a encargarlo en tu librería habitual). dice de Sousa:
“Título de lomo: Título que figura en el lomo del libro. Al igual que en el caso del título de cubierta, el lomo no siempre refleja exactamente, en su grafía, contenido y disposición, el de la portada. Según la forma de disponer el título en el lomo, recibe aquel una determinada denominación. Se llama título transversal cuando, por su extensión o su forma de composición, permite colocarlo paralelo a la cabeza y pie del libro; se llama título ascendente cuando se lee de abajo arriba, y se llama título descendente cuando se lee de arriba abajo. Cuando el título es demasiado largo para que adopte una disposición transversal, la costumbre tradicional, tanto en el mundo latino como en el anglosajón, era la de colocarlo de forma ascendente, es decir, de manera que se leyera de abajo arriba, porque de esta manera se lee con más facilidad que a la inversa cuando se coloca el volumen en una estantería. En 1926, la Asociación de Libreros de Gran Bretaña e Irlanda recomendaron que el título en el lomo se leyera de abajo arriba cuando no podía ir transversal. Sin embargo, en 1948 cambiaron de opinión y recomendaron lo contrario, tal vez por influencia de la ISO (International Organzation for Standarization, ‘Organización Internacional de Normalización’), fundada dos años antes (1946), que había decidido establecer la norma al revés de como se venía practicando. Actualmente, la norma UNE 50-120-92, versión por la Aenor de la norma ISO 6357:1985, establece que el título debe disponerse de arriba abajo, y añade: “Esta forma de título en el lomo se lee fácilmente cuando el libro está situado horizontalmente con la cubierta hacia arriba”. Este texto sugiere al menos dos comentarios: primero: cuando el libro está situado horizontalmente con la cubierta hacia arriba, lo que se lee con más facilidad es el título de la cubierta, no el del lomo; segundo: el título ascendente (“no normalizado”, dice la referida norma) se lee con más facilidad que el descendente cuando el libro muestra su lomo en un estante (que es la posición para la cual se emplea el título en el lomo); siendo esto así, resulta incomprensible por qué la norma internacional obliga a un comportamiento que entra en colisión con la lógica. Puesto que los libros se hacen para que ocupen un estante y no, en general, `para que estén sobre una mesa (caso en el cual tampoco existe problema, como se dice antes), es legítimo seguir la tradición latina y anglosajona de colocar el título en forma ascendente, con lo que se favorece al lector”. Pues eso.
(de Pseudonimma)

10.1.05

Excelencia Empresarial

El Ministerio de Industria, Turismo y Comercio ha concedido los Premios Príncipe Felipe a la Excelencia Empresarial. Estos Premios que se entregan en nueve categorías (aunque la de energías renovables y eficiencia energética quedó desierta) incluyen entre ellas una, la que nos ocupa, la de Diseño.
Este Premio tiene varias ventajas. Por un lado, su convocatoria nos da (aún más, si cabe) la razón a quienes venimos defendiendo que hay que replantearse la idoneidad del premio nacional de diseño a una empresa. Más que nada por aquello de la redundancia. Si a ello se le añade que unos (los Principe Felipe) y otros (los Nacionales de Diseño) serán convocados en sus próxima edición por el mismo ministerio y posiblemente dependan de la misma secretaría e incluso puede que del mismo departamento (o al menos hay que esperar que el papel del Ddi vaya a ser fundamental en ambos), cabe la posibilidad de que a alguien se le encienda la bombilla de la sensatez y se plantee que existiendo uno no tiene sentido el otro.
Por otra parte, el hecho de que sean honoríficos ahonda también en la idea de que este tipo de premios a empresas deben serlo así, mientras que los que se conceden a profesionales, ya sean bailarines, acróbatas, poetas o cocineros, todos –hasta los cuarentaitrés que hay– se acompañan de una dotación económica; a excepción, por motivos que siguen sin ser explicados, del que se otorga a los diseñadores (“...esos premios que tienen dotación sólo para sí mismos”, que dijera Juli Capella).
Pero si sacamos a colación esto es porque este año se ha hecho un paréntesis para que el Premio de Diseño a la excelencia empresarial (que por inercia se suelen llevar fabricantes de producto, lo mismito que sucede en el nacional) se le diera a una empresa vinculada no sólo al diseño industrial sino también al gráfico, en el entendido que la señalización y la implementación de identidad visual conforman el espacio confluente de ambas disciplinas. Así, la magnífica noticia de que el Premio Principe de Asturias a la Excelencia Empresarial, en el apartado de Diseño, ha sido este año para SIGNES, más allá de la satisfacción que a algunos nos produce, se manifiesta como el reconocimiento a un modo de entender la cultura del diseño muy por encima del metro cuadrado o lineal de perfiles, luminosos o lonas. O lo que es lo mismo, se incide de un modo directo en destacar que la eficacia empresarial no siempre es sólo producción, facturación y resultados, sino que puede también ser cuando menos compatible con el compromiso, la cultura, el fomento de iniciativas propias y el respaldo a las ajenas en una actitud militante de defensa de la actividad del diseño. En el caso que nos ocupa, además, ello se hace de un modo especialmente enérgico con todo aquello que tenga que ver con el apoyo a los futuros diseñadores y la presencia del diseño como inquietante de la inteligencia en nuestra sociedad. Así, el reconocimiento es la consecuencia lógica de un modo de hacer distinto, mejor. Y para no poner ni quitar, como sucede a veces lo mejor de estos premios es la justificación redactada del Jurado, a saber: “por su significativo aporte creativo y la calidad de sus productos y servicios ofrecidos en su dilatada y singular trayectoria; porque han convertido su empresa en una herramienta fundamental para la eficiente evolución del diseño gráfico en el mercado y por su permanente, generoso y valiente apoyo a las nuevas generaciones de diseñadores”.
Alguien se preguntará cómo es posible que le haya de llegar a SIGNES de la mano de los genéricos Príncipe Felipe en lugar del específico, que sería el Premio Nacional de Diseño; efectivamente, la cicatería y entreguismo de uno de los organizadores (el BCD) y las prácticas fraudulentas del otro (Ministerio) han desvirtuado los premios nacionales hasta ese extremo. Hoy, para SIGNES, a la coherencia de ni siquiera entrar en la oscura terna año tras año renunciando así de antemano a la posibilidad del Premio, se le suma el que sea otro Jurado, otro Premio, otro Ministerio el que le dé la razón.

29.12.04

Premios Nacionales de Diseño (los PENES)

Cae como una losa la noticia del fallecimiento de Daniel Gil. Esta profesión ha sido con él comedidamente correspondiente, pero a la altura del betún han quedado los politicos y funcionarios. Sobre la mesa de todos los que han tenido que ver algo con el diseño en las administraciones ha estado la necesidad imperiosa de recoger y difundir el trabajo de Daniel antes de que muriera. Ahora les faltará tiempo, sospecho. Daniel era un malhumorado, exigente e intransigente viejo, no sé si más débil ante una caja de bombones o un buen plato de jamón ibérico. Vamos a echar de menos su cabezonería, su humor hiriente, y la lucidez y el análisis de las cosas, era sabio, que acompañaba su torpeza de movimientos. Y el cariño con que nos trataba vamos a añorarlo también.

Finales de diciembre y persiste un bloqueado mutismo con respecto a los Premios Nacionales, y llama la atención, que por estas fechas en que escribo, la edición anterior la estaban ya apañando en los despachos aquellos bucaneros políticos (qué ridícula resulta ahora vuestra prepotencia y altanería...) y sus eficaces adláteres del BCD. Lo cierto es que después del pucherazo de marras, tampoco pasaría nada si esta edición no se celebrara, y nos diéramos un año para el descabreo, que no para el olvido.
_________________

Post Scriptum: Me llama un ex-premiado y me cuenta que sí, que con fecha del día de nochebuena les ha llegado a los proponientes –esa interminable relación de supuestos con criterio que “nominan” a los nombrables– la carta con la convocatoria de este año. Y me manifiesta su extrañeza porque ni la cosa de la dotación, ni la participación de los organizadores en el jurado (cuya desaparición viene reclamándose de atrás) se han movido un ápice. Y es que antes de verano las asociaciones fueron llamadas a consultas por el BCD (para abortar un amago de poner las lanzas en pie de guerra que se gestó en una comida en el FAD y que después quedó en stand by al cambiar el signo politico del gobierno), quien se ha convertido en una especie de cortafuegos para evitar que los afectados lleguemos a los políticos: convocan la reunión (en la que nunca hay representantes del ministerio) y nos prometen tras la misma que trasladarán nuestras inquietudes a los responsables políticos.... para asegurarse que luego nada cambie.
Por cierto, también me cuentan que en esa reunión los del mamporreo sostenían que lo del pucherazo del año pasado se lo ha inventado esta revista [referido a VISUAL, donde originalmente se publicó este texto]. Afortunadamente ahí están los jurados, que son los que de verdad vivieron lo que pasó y pueden contarlo. Quien quiera saber, que les pregunte. Pero también pueden los señores del BCD romper ese silencio (aquí se han hecho acusaciones que de no ser ciertas habría para empapelar hasta al niño de los recados) y hacer pública su versión, en lugar de mantenerse agachaítos a ver si nos olvidamos.
Y leo las nuevas bases, en las que a favor, veo que desaparece la mención explicita de “estos premios carecen de dotación económica”. Tampoco dicen que vaya a haberla, o sea que nada cambia, pero por lo menos no nos lo restriegan... es algo.
En contra: sigue con todo descaro y sin una mínima explicación el BCD como convocante consorte, lo que anula cualquier esperanza de renovación: si la trampa la hizo el ministerio (donarturito y su mezquino “propio”, el de las llamadas amenazantes a quien se fuera de la lengua), el BCD actuó a modo de cómplice, ocupándose además del amaño: con posterioridad a la reunión del jurado hubo que telefonear uno a uno a los miembros del mismo y llevarles al huerto, y eso evidentemente no se hizo desde el ministerio: los mamporreros estaban ahí para esas labores, que para eso se lo llevan...
El día que los jurados hablen, si quieren, esto se viene al traste. Y mientras, aunque los premios cambien de signo político, de departamento y de ministerio, queda por aclarar qué papel juega el BCD en todo esto.
(de Pseudonimma)

26.12.04

Editorial Actar

Me cuentan que han sido reconocidos con el premio a la trayectoria editorial en los Premios Daniel Gil, lo que reconforta y anima cuando parece que lo de editar boutades sobre diseño parece un deporte. Llevan años hilando finísimo y sus libros son garantía de calidad. A ellos mi máxima admiración. Y también a Satué, que ha recibido el premio a la trayectoria profesional, merecidísimo a estas alturas.

20.12.04

Gráfistas vs. industriales

En ocasiones hecho en cara a las estrellas que a mí me tocara el don de la gráfica, cuando lo que de verdad tiene que ser bonito es lo del mal llamado diseño de producto. Y a propósito, cómo hecho de menos lo del diseño industrial: aquí entre lo que se nos llenó la boca primero con el puto proyecto y su cultura, que a ver si lo dejan ya por agotado, y ahora que en las escuelas ya no se habla de diseño industrial sino de producto, casi que da gusto cuando te encuentras con un abuelete diseñador de esos de más de cuarentaicinco, que te habla de industrial con orgullo. Aiquehoerse con la palabrería.
Decía lo de industrial porque les veo (en Valencia y en Barcelona, que aquí en Madrid o no hay o se esconden) como que lo viven con más quietud y reflexión. Eso puede darlo el que cuando haces una silla o una lámpara, debe uno quedarse como refocilando en la reflexión de que acompañará treinta años o más la vida de muchas personas, en sus mudanzas, en sus esperas y en sus desesperaciones, en el amor, en la enfermedad, en la suerte... y en cambio una página diseñada dura un día, un cartel una semana y un logo, a lo más, cinco años sin que alguien lo “revise”. También puede que influya el hecho de que con un buen trabajo de gráfico llegas a fin de mes, a lo sumo, y en cambio, aunque sea un topicazo incierto, con tres o cuatro pelotazos “de producto” hay quien cree que se podría vivir de los rollaltis.
Sea lo que sea, a mi me parece que los producteros van por la vida con mas tranquilidad, viendo pasar el río y refrescándose los pies, mientras que los gráficos creemos que nos lo tenemos que beber entero. Y eso sin tener en cuenta el ahorro material y la paz espiritual que debe producir no tener que llevar ni gafas de pasta de colores, ni perillas o patillas de cincelado imposible, y que como en los muebles que crean, sólo han de combinar para vestirse negro, crudos y grises. Y como sucede al hablar, a veces empiezas a escribir teniéndolo muy claro y cuando lleva una tres párrafos, ya no se acuerda a qué venía esto... pues ahí queda, que tengo prisa que se me lleva la corriente.
(de Pseudonimma)

25.11.04

De la propiedad intelectual y el diseño.

Andamos llegando tarde, como siempre, al debate de las nuevas formas de entender la propiedad intelectual y la autoría. Por mucho que se esfuerzan las directivas entre países por definir las leyes, y el esfuerzo que se hace localmente por no dejar pasar el tiempo, la realidad va mucho más rápido que los que la ordenan. Hemos empezado por la música, con la incompetencia inherente de las entidades de gestión, esto ya no hay quien lo pare, y en el mismo sentido evolucionará el software. La falta de cintura de la industria y la impericia de quienes dicen defender a los autores están llevando a una situación de no retorno en la que el residual de los estúpidos cánones o la minoría que va a seguir pagando por lo que es gratis, no puede ser la solución.
Pero detrás vienen otras formas de expresión: la fotografía se ve abocada a que el mundo se convierta en un millonario archivo de imágenes de libre uso. Hoy en los museos nos plotean bajo demanda, eligiendo tamaño, material y presentación, cualquier imagen de fondo propio o de cualquier museo del mundo, y a precio de centímetro cuadrado. Y detrás vienen los libros, las revistas, los artículos...
Pues a una servidora esto le parece cada vez mejor, porque habrá que defender los derechos de autor (la remuneración de uso, más bien) pero tendremos que ser imaginativos para que ello no sea un freno a la divulgación, al derecho a la información, a la igualdad de acceso a la cultura y a las culturas... cada vez más internet se está convirtiendo en un espacio para las nuevas formas de entender la autoría, que escandalizan a las industrias pero avanzan irremediablemente porque sus motivaciones son más defendibles.
Y en todo este río revuelto... ¿dónde queda el diseño? Pues no va a ser muy distinto lo que nos pase a los grafistas: si el plagio y la copia están a la orden del dia, quizá los gráficos contamos con la ventaja de que apenas hemos cobrado por reproducción y uso, sino por creación y cesión sin limitaciones. Así, no nos perjudica sino en la medida en que quienes nos contratan pierdan ingresos (y capacidad de invertir). O lo que es lo mismo, nuestro trabajo está siempre sujeto a la bondad de los ingresos de la parte contratante, y cuando los editores y productores estornudan, nosotros pasamos una bronquitis en toda regla. A cambio me gusta pensar que esa otra parte cultural y espiritual y de enriquecimiento visual colectivo que conforma el conjunto de nuestro trabajo, el de todos, es y va a ser mucho más accesible, sin acotaciones ni espacios restringidos.
(de Pseudonimma)

24.8.04

Prohibido prohibir.

me ha tocado este mes de agosto ponerme al día al respecto de una entelequia acerca de la cual empezaremos a oir hablar con insistencia, sospecho: los derechos culturales. Coincidiendo con los diálogos que en el Fórum trataban el tema, y de la mano de la AECI, el admirado Chaves y mi señorito han comisariado para el fasto barcelonés (con itinerancia posterior) una exposición deliciosa de reflexiones gráficas de ilustradores y diseñadores sobre el tema. De la muestra concluyo que el asunto está difuso y que hay que concretar y debatir muchísimo, y al tiempo me demuestra también que esa ambigüedad (nebulosa, diría) ha resultado en unas soluciones gráficas mucho más interesantes que lo que acostumbramos a ver en convocatorias así, donde el tópico, lo recurrente y repetitivo suele ser dominante. Especialmente, sin desmerecer del resto, me quedo con propuestas como la de Rubén Fontana, la de Eric Olivares, la de Hoa Melgar, la de Lalo Quintana o la de Hermenegildo Sábat, que me reconcilian aunque sea por lo parcial con esta fiebre institucional de recurrir a los grafistas para este tipo de colectivas voluntariosas e irrelevantes, siendo sin embargo incapaces de incorporarlos (a los grafistas) a sus estrategias en el mundo real cuando afrontan este tipo de problemas.
Y ya más concretamente, algunos apuntes respecto a los derechos culturales: cuando le pregunto, por lo privado, a Chaves me cuenta con esa ironía genial suya que “el tema está muy verde y hay mucho por hacer, casi hay que empezar por explicarle a la gente que no se trata del derecho que supuestamente tendrían los artistas mediocres a recibir subvenciones y ayudas” (no es textual). Y no puedo evitar acordarme que, como ya hiciera en la CAM , al llegar a la alcaldía Gallardón ha eliminado de su mapa la concejalía de Cultura en favor de la de las Artes, con lo que Madrid ya es una ciudad y comunidad sin cultura, aunque eso sí, puestos están los mimbres para esa concepción tan cortesana, condescendiente y antojadiza del arte y de los artistas como interesados bufones de lo establecido que tanto gusta a Gallardón y a los suyos. Y por mi parte, yo sigo en mis trece: aunque la literatura pueda ser arte, la cultura está en la lectura.
Y más: mientras escribo esto hay dos periodistas retenidos por el islamismo extremo y con amenaza de ser ejecutados si no se deroga la reciente ley que prohibe cualquier simbolo externo de las religiones en las escuelas francesas. Y una no puede sino pensar en esos vientos sembrados, y recordar el fantástico cartel de Sábat para esa exposición: “prohibido prohibir”.
(de Pseudonimma)

5.4.04

Los manolos, amigos para siempre

La que se ha liado en Madrid. Un grupo de interés (o de intereses, porque cada uno tiene los suyos y no ha habido más que coincidirlos) al que ya se le empieza a llamar los manolos, que mira que nos gusta en Madrid lo del sarcasmo, intentó por la ilegítima hacerse con la AEPD, y no pudiendo por la vía democrática de ganar unas elecciones, que el batacazo fue de estruendo, va y se monta la suya propia. Ha sentado mal, sobretodo porque cada quisque tiene ahora que nadar entre estas dos aguas sin enfrentarse, y eso se hace incómodo. Y caro, que no está boyante el espíritu asociacionista como para duplicar cuotas.
Vaya por delante que servidora ha tomado ya partido y no es cuestión de andarse templando paños. Lo de acercar el asociacionismo a las instituciones y su dinero es legítimo y producente, todas lo hacen y así debe ser. Otra cosa es cuando se quiere o necesita articular el colectivo en función de esos apoyos institucionales y su dinero como objetivo, que parece que es más lo que está pasando. Pero una toma partido sobretodo porque cuando parece que la AEPD empieza a rejuvenecer su espíritu con una junta renovadamente entusiasta, de nuevos nombres y que ha demostrado un activismo fuera de dudas (sea a través de la lista de correo interna de la que han salido iniciativas interesantes, lo sea a partir de las llamadas "comisiones", caldo de cultivo de otras tantas) vuelve a ser que siempre tiene que aparecer una especie de núcleo duro o politburó que reniega de la evolución o ve peligrar lo suyo, o las dos cosas, y se aferra a lo que haga falta.
No les ha faltado nada: malas artes, desprecios, incluso extraños movimientos amenazantes para acallar las voces críticas. Y mientras, el bochornoso espectáculo que desde fuera podría interpretarse como que desde Madrid se quería dar de lado a los diseñadores de provincias, que siempre han tenido su espacio en AEPD, para tratar de enrrocarse de la mano de los políticos en esa inexistente identidad del diseño madrileño. Pues quédense tranquilos ellos, los de provincias, digo, que afortunadamente hay AEPD para rato, y estas cosas cuando no matan endurecen. Los otros, los manolos, me permito aventurar que durarán mientras los intereses que mueven esa máquina no se encuentren, y siempre que haya institución y su parné que pillar. Y si no, al tiempo.
Afortunadamente, a AEPD le pilla esto en un momento de actividad renovada, que se ha visto respaldada por un gran número de socios que si andaban en el siempre respetable terreno de la apatía han visto que era el momento de arrimar el hombro. Bien está.
(de Pseudonimma)

24.2.04

Los aspirantes

Alguna vez he oído (más en BCN que en MAD) quejarse a los jóvenes de ese "tapón" que suponen los "popes" y que dificulta el acceso al trozo dulce del pastel... pues, ¡ea!; en el análisis, prefiero discrepar (o matizar, cuando menos...).
Los popes son pocos, no más de diez en cada una de esas plazas, y ni siquiera tantos juntando todos los del resto del estado... y tienen su mercado muy vinculado a la firma o diseño de autor, con presencia preferente en la res publica. No, la amenaza no son los popes. Sobretodo porque están perfectamente identificados, son pocos y su actividad tiende a remitir (ley de vida). Y al margen, hay que agradecerles que marcan el listón por la parte alta, en calidad y precio, y eso beneficia a todos. La verdadera amenaza son los aspirantes a pope, una pequeña facción de la "generación intermedia" empeñada en subir al carro de los maestros, así sea a codazos o pisotones si el fregao lo pide en cada caso.
Una no es tan suicida (que yo también vivo de esto...) como para citar nombres, pero nadie ha de molestarse si la descripción viene por las actitudes, y si alguien se pica habrá que buscarle los ajos. Basta con estar atentos.

El stafista. Se le encuentra repetido siempre en los créditos, las fichas técnicas y los stafs. Omnipresente y polifacético donde los haya, suele llevar el nombre de su estudio y firmar con su nombre todo lo que de su casa sale, lo haya hecho quien lo haya hecho. Eso sí, si con los años alguno de sus anónimos tapados decide emprender vuelo en solitario, bien se encargará nuestro stafista de extender la sospecha de traición en el colectivo y enmerdarle la existencia en la medida que pueda.
Muchas veces, tanto le pierde el figurar al stafista que alcanzará el ridículo en extensas fichas técnicas en las que ocupará uno y otro y otro más cargos, algunos incompatibles (recuerdo uno que por error, en la euforia figurante, llegó a ponerse como ayudante de sí mismo...). Es especialmente doloso cuando extiende sus malas artes en los proyectos de paternidad compartida, en los que acabará siempre por parecer que todo lo hace él, o lo que es peor, que los demás son sólo comparsas de su liderazgo y responsabilidad. No hace mucho me sorprendió un caso de manual y estridente: se trataba de una gran exposición en el Reina, en los créditos iba por delante el diseño de catálogo que el diseño de la exposición (que evidentemente, por simple relación de causa-efecto, cuando no por envergadura proyectual, debería figurar en orden inverso). Pero no contento, al llegar al diseño de la exposición, iba también el diseño gráfico (logotipito y cartelas, supongo) por delante del diseño expositivo, con lo que el auténtico diseñador – concretamente Pedro G.R., ese que llaman el Boss, y que por cierto, lo había bordao y para mí es de los esenciales– quedaba casi como becario del stafista.

...el del libro. Este es otro ejemplar que, lejos del peligro de extinción, parece que prolifera. Como reza el dicho: plantar un árbol, montar en globo... y que te hagan un libro. Y no me refiero a esos librillos de "autopromo", objetitos de culto como los que de siempre se edita Pati (que son para la envidia cochina de bien hechos que están) o los de Isidro, no menos de culto y siempre con historia añadida. A los que me refiero es a esos otros en que el boato, la nata y sobretodo la guinda -no olvidar nunca la guinda-, los canapés en la presentación, la inversión y la dificultad gráfica y de manipulado son inmensamente proporcionales al nulo interés de su contenido. Y es entonces, al encontrar otra vez un libro de estos, cuando nos acordamos de todo lo que está sin editarse de los maestros (Huguet, G.Miracle, Diego Lara, Daniel Gil, Pla Narbona...), todo tan esencial e imprescindible, frente a la grandilocuencia con que se edita lo anecdótico. Tengo un par de estos librejos siempre cerca, para que me sirvan de recordación y disuasorio si un día tengo la tentación...

Los niños yunteros. Tomo la denominación prestada, que no es mía, de alguien que la usó en la imprescindible e impagable lista de correo de AEPD (más info: administracion@aepd.es). Supongo que lo de niños es cariñoso, y lo de yunteros se refiere a la condición de pertenencia a la junta directiva de alguna asociación. Vaya por delante mi admiración y respeto por todos los que desinteresadamente, de modo altruista, quitándoselo de su tiempo para la familia o la juerga, se dejan horas y esfuerzos en el cultivo de la flor asociacionista. No es a ellos. Pero hay también otros yunteros, que es a los que me refiero. Por las vías más peregrinas acceden a las juntas e incluso a las presidencias, y una vez instalados, simplemente trepan. Porque estar en una junta directiva da acceso a información antes y mejor, y ahí ya depende de cómo uno decida si la usa y cómo la usa.
Me cuentan la fábula reciente de que un presidente de asociación local entre Galicia y Cantabria, a instancia de los socios protestó formalmente por la manifiestamente desastrosa forma de convocarse un cierto concurso... que quedó desconvocado, siendo asignado el encargo por la vía directa... ¡a ese presidente! (por cierto, que ya lo echaron...).
Y en esta misma línea, habrá que hablar de los yunteros fantasmas: son los yunteros que simplemente hacen abstracción de sus funciones, no asistiendo a las juntas. Alguien dirá que para qué entonces ser yuntero. Pues por la estadística: es sabido que hay una costumbre en los ministerios y determinadas administraciones (es, como decía, pura estadística, no hago juicio de valor) en encargar sus trabajos de diseño a los yunteros. Podría ser que así quieran premiar a quienes desinteresadamente trabajan por el colectivo; hasta tendría su parte de romanticismo mal entendido. Pero también podría ser que el diseño va por un lado y la oficialidad por otro, de tal manera que acaba por crearse un endogámico grupo selecto formado por funcionarios y políticos, periodistas de género, activistas, comisarios y jurados habituales, yunteros y presidentes de asociaciones... y en su incestuoso modo de entender(se) acabaría por resultar que estar en las juntas de las asociaciones es una vía dulce por la que acceder al encargo, a ese determinado tipo de encargo.
No hace mucho dos de estos yunteros quisieron hacerse por la tremenda con la asociación de más representación fuera de Catalunya. Ni cortos ni perezosos, montaron una candidatura, que rellenaron con nombres de algunos que ni siquiera eran socios (ya se asociarían en caso de ganar, como se ha visto, puesto que ni ganaron ni se han asociado). Ante el desproposito y la impugnación a su candidatura (que de facto, les obligaba a retirarla para no hacer mayor el escándalo) al calor del berrinche y en el más puro estilo del anuncio de Escatergoris, se han montado un quiosco clientelar, que se les enfría por semanas. Se llama "Asociación de Estudiantes de Diseño de Madrid".

En fin: stafistas, libreros y yunteros. De momento es suficiente como primera entrega del análisis de fauna y flora. Quizá haya más. Permanezcan atentos...
(de Pseudonimma)

1.2.04

los Príncipe Felipe

El Ministerio de Industria, Turismo y Comercio ha concedido los Premios Príncipe Felipe a la Excelencia Empresarial. Estos Premios que se entregan en nueve categorías (aunque la de energías renovables y eficiencia energética quedó desierta) incluyen entre ellas una, la que nos ocupa, la de Diseño.
Este Premio tiene varias ventajas. Por un lado, su convocatoria nos da (aún más, si cabe) la razón a quienes venimos defendiendo que hay que replantearse la idoneidad del premio nacional de diseño a una empresa. Más que nada por aquello de la redundancia. Si a ello se le añade que unos (los Principe Felipe) y otros (los Nacionales de Diseño) serán convocados en sus próxima edición por el mismo ministerio y posiblemente dependan de la misma secretaría e incluso puede que del mismo departamento (o al menos hay que esperar que el papel del Ddi vaya a ser fundamental en ambos), cabe la posibilidad de que a alguien se le encienda la bombilla de la sensatez y se plantee que existiendo uno no tiene sentido el otro.
Por otra parte, el hecho de que sean honoríficos ahonda también en la idea de que este tipo de premios a empresas deben serlo así, mientras que los que se conceden a profesionales, ya sean bailarines, acróbatas, poetas o cocineros, todos –hasta los cuarentaitrés que hay– se acompañan de una dotación económica; a excepción, por motivos que siguen sin ser explicados, del que se otorga a los diseña�dores (“...esos premios que tienen dotación sólo para sí mismos”, que dijera Juli Capella).
Pero si saco a colación esto es porque este año se ha hecho un paréntesis para que el Premio de Diseño a la excelencia empresarial (que por inercia se suelen llevar fabricantes de producto, lo mismito que sucede en el nacional) se le diera a una empresa vinculada no sólo al diseño industrial sino también al gráfico, en el entendido que la señalización y la implementación de identidad visual conforman el espacio confluente de ambas disciplinas. Así, la magnífica noticia de que el Premio Principe de Asturias a la Excelencia Empresarial, en el apartado de Diseño, ha sido este año para SIGNES, más allá de la satisfacción que a algunos nos produce, se manifiesta como el reconocimiento a un modo de entender la cultura del diseño muy por encima del metro cuadrado o lineal de perfiles, luminosos o lonas. O lo que es lo mismo, se incide de un modo directo en destacar que la eficacia empresarial no siempre es sólo producción, facturación y resultados, sino que puede también ser cuando menos compatible con el compromiso, la cultura, el fomento de iniciativas propias y el respaldo a las ajenas en una actitud militante de defensa de la actividad del diseño. En el caso que nos ocupa, además, ello se hace de un modo especialmente enérgico con todo aquello que tenga que ver con el apoyo a los futuros diseñadores y la presencia del diseño como inquietante de la inteligencia en nuestra sociedad. Así, el reconocimiento es la consecuencia�� lógica de un modo de hacer distinto, mejor. Y para no poner ni quitar, como sucede a veces lo mejor de estos premios es la justificación redactada del Jurado, a saber: “por su significativo aporte creativo y la calidad de sus productos y servicios ofrecidos en su dilatada y singular trayectoria; porque han convertido su empresa en una herramienta fundamental para la eficiente evolución del diseño gráfico en el mercado y por su permanente, generoso y valiente apoyo a las nuevas generaciones de diseñadores”.
Alguien se preguntará cómo es posible que le haya de llegar a SIGNES de la mano de los genéricos Príncipe de Asturias en lugar del específico, que sería el Premio Nacional de Diseño; efectivamente, la cicatería y entreguismo de uno de los organizadores (el BCD) y las prácticas fraudulentas del otro (Ministerio) han desvirtuado los premios nacionales hasta ese extremo. Hoy, para SIGNES, a la coherencia de ni siquiera entrar en la oscura terna año tras año renunciando así de antemano a la posibilidad del Premio, se le suma el que sea otro Jurado, otro Premio, otro Ministerio el que le dé la razón.

Y ya que hablamos de Premios, se han convocado con retraso evidente los Nacionales de Diseño. Finalmente, y por la cosa de las partidas presupuestarias esta edición se convoca desde el ministerio de educación y ciencia (anda que no chirría...) aunque con toda la carga de provisionalidad, a la espera de su traslado en la siguiente convocatoria al de Industria, y más concretamente en el feudo del Ddi. Siendo así, por aquello de que la eventualidad es también un eximente, habrá que ser comedidos en la crítica, y bien estará que sirva de transici��ón entre las trampas flagrantes de la edición anterior (con la connivencia del BCD, que ahí siguen los mismos sin dar explicación alguna, que al menos los politiquillos implicados han llevado en el castigo la penitencia, y son ya historia por el trueque de poder), y el renovado Premio que nos cabe esperar a los ilusos cuando recale en forma y fondo en una entidad tan libre de sospecha como lo es el Ddi .
Pero algo debiéramos aprender de una vez: indefectiblemente, cuando surgen voces discordantes o críticas (recuérdese, desde aquella recogida de firmas en apoyo a Daniel Gil hasta el Talgo como animal de compañía del pasado año) el BCD convoca a las asociaciones y plataformas varias a reuniones para que se redacten propuestas y sugerencias... e indefectiblemente a estas reuniones nunca asiste representante alguno del ministerio, siendo precisamente el organizador consorte quien hace las veces de tamiz e intérprete (y algunos pensamos que de censor también)... es la famosa estrategia del cortafuegos, y que año tras año, escándalo tras escándalo, tan buenos resultados les está reportando. Pero esto no puede durar eternamente, si el Ddi quiere de verdad darle la vuelta a estos Premios deberá dejar de lado esa interlocución, que ya no resulta creíble, arremangarse y bajar a la arena del debate constructivo.
(de Pseudonimma)

30.1.04

Premio nacional plus


Para la inmensa de los mortales, este año sólo ha habido un premio nacional, y lo ha ganado el canalplus. En primer lugar, porque todas o casi todas las televisiones a excepción de la premiada, y al menos dos diarios de tirada estatal, han obviado cualquier referencia al fallo de un premio nacional que se le otorgaba a “la competencia”. Por contra, canalplus ha “rentabilizado” el hecho, están en su derecho, salpicando durante semanas su programación con una cortinilla de continuidad en la que sacaban pecho y la imagen gráfica de Mariscal, él sabrá si con su consentimiento; aunque obviamente, no mencionaban que ese premio les cae repartido a pachas con Talgo (que alguien me lo explique, que alguien me lo explique...) y que además, o habría que decir sobretodo, el premio nacional de diseño curiosamente se entrega, también a un diseñador (Toni Arola, enhorabuena). Aunque a éste de taparle y callarle la boca ya se encargarán los organizantes, no vaya a ser que le dé por hablar del diseño como elemento cultural y para el bienestar de las personas, y le quite protagonismo a la excelencia y competitividad y herramienta paralaexportaciónynosigáis poresecaminoquevamosatenerundisgusto quellevamosmuchotiempodiciendolohayquejoerse. Ea.
Con esas cortinillas (insisto, en su derecho están, aunque resulte enojoso y equívoco) han conseguido que para los afueras de esta profesión el premio nacional de diseño, que no se sabía ni que existía, ahora “es uno que se lo dan a una empresa y resulta que esta vez se lo han dado al plus; y fíjate que curioso, que todos pensando que eran una televisión, y ahora en lo que les dan un premio nacional es como diseñadores”.
Porque esa es la gran falacia, y no soy la primera en decirlo: lo del premio nacional de diseño a la empresa es como si le dieran a Planeta el nacional de literatura, a Kodak el de fotografía o a Movierecord el de cine. Por supuesto, hay aparte unos premios nacionales a las empresas (los premios Principe Felipe a la excelencia empresarial, que otorgan este mismo nuestro ministerio de cytología y el de economía, y en el que hay específica una categoría a la excelencia empresarial en el diseño, lo que además supone redundancia).
Tenemos lo que nos merecemos. Cuando nacieron los premios nacionales y empezaron a darse, apenas nadie protestó porque a las dos categorías de profesionales, industrial y gráfico, se añadiera, casi como una concesión, una tercera a la empresa. A pesar de que ese y no otro era el argumento que Mai Felip (está en las hemerotecas, gracias, Pierluiggi, por dejarlo por escrito y publicado) utilizó durante años para ni siquiera “imaginar” el tema de la dotación. Que también por escrito se lo tengo leído a un activista: “estos premios que no tienen dotación sino para sí mismos...”.
Lo malo fue que, por no atajarlo a tiempo, de dos premios al profesional y uno a la empresa hemos caído en la contraria, y de aquel perfil de empresa que a todos nos parecía el menos malo (quién iba a cuestionar un premio a Vinçon, a Camper, a Amat3, a Signes... huy, perdón, en que estaría pensando: a Signes, no), hemos derivado en lo de este año, pasando en la edición anterior por el intermedio de la de exportar bidés. Y lo que para nuestra desgracia es peor: a los organizadores les parece un adelanto que no se cansan de repetir con euforia el que se rompa esa barrera de las empresas más vinculadas al diseño y su cultura para que le llegue a quienquiera que fabrique pendulares (que alguien me lo explique, que alguien me lo explique...) o a una tele que ha sido exquisita y coherente en su imagen durante toda su existencia, pero solo eso (felicidades Pep Sempere, dondequiera que estés ahora, que no te encuentro: tú eres el auténtico merecedor de ese premio, aunque no te sacarán en la foto).
Y a vueltas como cada año, el penoso espectáculo de estos premios que habrían de ser para la proyección pero que no nos los creemos ya ni nosotros, hace que nos olvidemos siempre de quien es el premiado. En este caso tocaba industrial porque lo de dos premios pasó a la historia, y merecidamente es para Toni Arola, a quien no tengo el gusto pero que le conozco pinceladas de genialidad y registros rigurosos. Y es además, un industrial muy gráfico, que tiene en su haber el acierto de compartir y colaborar en proyectos mixtos con grafistas, con resultados excelentes. Y al respecto, tomo como propia la afirmación que tantas veces he oído al esencial Pedro G.-R: “que los premios nacionales sean un despropósito no quita para que reconozcamos que los profesionales que lo han recibido, lo merecían sobradamente, todos y cada uno de ellos”.
(de Pseudonimma)

20.12.03

El colegio de diseñadores

Anda el río revuelto con el asunto del Colegio de Diseñadores que se constituirá en Catalunya. Y es que parece que los diseñadores siempre llegamos los últimos a todas partes. Cuando la estructura colegial de las profesiones está abiertamente en crisis, incluso en aquellas que acumulan años y tradición en el asunto –arquitectos, médicos, abogados...– y se ve superada por la realidad misma, por las normativas europeas en lo que se refiere a la libre circulación de las personas y su ejercicio profesional, y por un modelo de sociedad que arrincona cada vez más los corporativismos gremiales, resulta que los diseñadores gráficos nos vamos a encontrar con unos colegios que ni hemos echado de menos, ni hemos pedido de manera consensuada, ni maldita la falta que nos hace.
Pero llegados a este punto, a mí, la verdad, me parece que el tema bien encauzado no debería traer consigo tanto revuelo ni polémica. Desde fuera, desde muy fuera, una tiene la sensación de que esto no es sino el final de viejas rencillas que parecían olvidadas, y que ahora despiertan de pronto con toda su magnitud. Y esto sucede seguramente porque el tema del colegio, en abstracto, es más para la divagación y la tertulia, pero cuando se convierte en algo concreto, en éste colegio, todo cambia de cariz. Y es que el colegio es, básicamente, poder. A diferencia de las asociaciones, que mantienen su lucha por ganarse el aprecio y la adscripción de unos profesionales que en su mayoría deciden invertir en otras partidas la miseria que supone una cuota, la pertenencia al colegio es por la vía del “trágala”, que suele resultar mucho más gratificante para quienes manejan el cotarro. Por otra parte, si las asociaciones deben luchar por repartirse una cuota de mercado, el colegio no tiene, porque así lo dice la ley, posibilidad de que nadie le compita. Con estas premisas, no será de extrañar que a partir de ahora los movimientos y requiebros de la política interna del diseño dejen en un juego de niños el asunto del arbitraje en el Mundial, por poner un ejemplo de actualidad.
La historia viene de muy atrás, hace más de veinte años, cuando un puñado de diseñadores deciden solicitar la creación del colegio. Han sido veinte años de lucha en solitario, y digo en solitario porque se les ha hecho menos caso que a Villar en la FIFA. Pero inasequibles al desaliento han seguido en lo suyo, a muchos cuerpos de distancia de la adegé, que ha sido la asociación “por defecto”, y que a nadie escapa que nunca fueron capaces de acercársele, ni por la cantidad de socios, ni por la relevancia de los nombres, ni por la repercusión de las actividades –permítaseme, al lado de los Premios Laus y del Fórum Laus, lo demás que se hace en Barcelona en materia de diseño gráfico desde las asociaciones es un esperpento–.
Y de golpe, por un estrambote legal, parece que se va a dar la vuelta a las tornas, y que el mango de la sartén va a tener ahora un nuevo dueño claro.
El asunto es finísimo: ¿cómo convencerán las asociaciones a sus miembros de que, abocados a la necesaria colegiación, mantengan sus fichas de asociados en lo que ahora es duplicidad de servicios? me recuerda a lo que sucede con la seguridad social y las sanitarias privadas. Éstas últimas podrán ser más baratas y mejores, pero la otra es de obligado cumplimiento. El colegio asumirá en exclusiva muchas de las funciones que hasta ahora han venido realizando las asociaciones (peritajes, relaciones con la administración, interlocuciones varias, respaldo y supervisión a las iniciativas de promoción del diseño, etc); mucho me temo que les van a quedar pocas más atribuciones de las que tendría un club social. Y no sé si con ello se va a justificar su existencia, ni si van a ser capaces de argumentar el pago de las cuotas a sus asociados.
Y en éstas, según me cuentan, parece que el Códig no está muy por la labor de compartir la bicoca que le ha caído por la gracia de los políticos. La postura es más bien la contraria: aquí ahora son ellos los que cortan el bacalao, y parece que van a hacerlo sin encomendarse a nadie y sin dar explicaciones. O al menos esa es la sensación que da.
Llama la atención también el mutismo de las escuelas, que pueden ser las principales afectadas, en la medida en que se parte de la premisa errónea de que las nuevas estructuras para la enseñanza del diseño son ya una realidad. Y eso dista mucho de ser cierto. Aunque su silencio también podría entenderse como un elemento a la defensiva, pues no están en condiciones de permitirse que sus alumnos, y los padres de esos alumnos, vivan de cerca una polémica que cuestiona la utilidad misma de seguir estudiando diseño.
Y en todo esto, empiezan a sentirse los primeros movimientos de las asociaciones en el resto del estado. Si hasta ahora nadie había sentido la necesidad, la existencia de un colegio de ambito autonómico puede abocar en la aparición en cadena de todos los demás. Nada sucede si no existen colegios, pero habiendo uno se hacen imprescindibles los demás. O sea, que se dará la paradoja de que los colectivos de diseñadores que nunca han querido tener colegio ni han hecho nada por tenerlo, tengan ahora que salir corriendo a pedir el suyo. Grotesco.

La anécdota

Es la anécdota, y como tal debe tomarse. Les contaré que cuando con mi amigo Google me puse a buscar documentación sobre este tema, había poca. Pero nos topamos que una web que nos llamó la atención:
www.pnlnet.com/colaboradores/a/2755 .
Es el curriculum de Pilar Y. Nada tendría de extraordinario, si no fuera porque entre sus méritos figura el de formadora en el Colegio Oficial de Diseñadores Gráficos de Catalunya. Es sabido que en los currículos, como en el sexo, todo el mundo miente. Pero debería alguien darle un toque, no sea que los malpensados crean que sin estar constituido el Colegio ya se están repartiendo las prebendas.
Álvaro Sobrino. Diseñador gráfico, periodista y editor.
Mantiene una columna en la revista VISUAL, con el nombre de Crónicas de Pseudonimma, donde recoge opiniones de otros y las suyas propias acerca de la actualidad del diseño español.